Ven, Espíritu divino,
MANDA TU LUZ DESDE EL CIELO
Cuando atravesamos un momento difícil, complicado, confuso, solemos definirlo como tiempo de oscuridad, de noche. Esta noche puede ser fruto de nuestro no a Dios. Aferrados a los ídolos (posesiones materiales, poder, prestigio... ) creemos hallar luz en ellos, pero sólo son flashes efímeros que no iluminan lo suficiente y son incapaces de penetrar y llenar el hondón del alma.
Pero hay otra oscuridad, o mejor “ceguera”, que no es consecuencia del apego a los ídolos que empañan la mirada del alma sino don del mismo Dios que se revela en su ser como luz indefectible, cegadora, invisible por exceso. Es la luz del Espíritu Santo, luz de Dios, que deslumbra y ciega el alma con el fulgor y la potencia de su Rayo.
Dionisio Areopagita resume así lo que pretendo decirte:
“Renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son. Deja de lado tu entender y esfuérzate por subir lo más que puedas hasta unirte con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado espiritualmente hasta el divino Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia” (Teología mística, 1. 997 B - 1000 A).
Dios manda la Luz en el silencio de la noche (cf Sb 18,14-15). llegada a ti la noche, estáte atento a su venida mientras susurras: "¡Ven, Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo!"
MEDITACIÓN (Pautas)
1. Busca el lugar cómodo y apropiado para meditar y colócate en la postura más adecuada para mantener cuerpo y alma en quietud; luego haz unas breves inspiraciones y espiraciones abdominales. Observa como bajo el ombligo tu abdomen se hincha o encoge en cada movimiento respiratorio.
2. Recorre tu cuerpo relajando cada parte de él. desde la coronilla hasta los pies. Sin prisas.
3. Céntrate unos minutos en la respiración, “dejando ir” sin juicios ni condenas tus pensamientos o sentimientos, sean alegres o tristes. En cada inspiración imagina que inhalas luz, paz, serenidad ... en cada espiración imagina que exhalas espesura, oscuridad, inquietud, gravedad...
4. Toma conciencia de todo tu ser corporal (tacto): volumen, peso, temperatura roce de la piel… Todo tú presente en tu cuerpo.
5. Observa tu interioridad, mezcla de luz y oscuridad. ... Contémplate en tu existencia más o menos opaca y gris que suspira por brillar y ser más luminosa.
6. Vuelve a la respiración y repite: Espíritu divino, ¡MANDA TU LUZ DESDE ELCIELO! Mantén una actitud de apertura, de corazón abierto, y si te ayuda también de brazos abiertos, anhelando recibir la luz del Espíritu. Permanece así al menos diez minutos. Si te distraes vuelve al “mantra” o jaculatoria: Espíritu divino, ¡manda tu luz desde el cielo!
7. Puedes concluir con la audición En nuestra oscuridad.
8. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio de oración-meditación..
9. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones sentidas: deseos de despojarte de todo lo que oscurece tu vida, apertura a la Luz que es Dios, compromiso de ser luz para alguien de un modo concreto, etc.)
Que te sea de utilidad.
Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo.
Casto Acedo. Junio 2026










