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domingo, 14 de junio de 2026

SP.2 Manda tu luz desde el cielo.

Nos adentramos en la segunda frase de la secuencia, en la que pedimos al Espíritu Santo que mande su luz. Esa luz no es sino el Espíritu Santo de Jesús ("Yo soy la luz del mundo").  Ya sabes  que "Dios es luz, y  en él no hay tiniebla alguna"(1 Jn 1,5).

Ven, Espíritu divino,

MANDA TU LUZ DESDE EL CIELO

Cuando atravesamos un momento difícil, complicado, confuso, solemos definirlo como tiempo de oscuridad, de noche. Esta noche puede ser fruto de nuestro no a Dios. Aferrados a los ídolos (posesiones materiales, poder, prestigio... ) creemos hallar luz en ellos, pero sólo son flashes efímeros que no iluminan lo suficiente y son incapaces de penetrar y llenar  el hondón del alma.

Pero hay otra oscuridad, o mejor “ceguera”, que no es consecuencia del apego a los ídolos que empañan la mirada del alma sino don del mismo Dios que se revela en su ser como luz indefectible, cegadora, invisible por exceso. Es la luz del Espíritu Santo, luz de Dios, que deslumbra y ciega  el alma con el fulgor y  la potencia de su Rayo.

Para ser iluminado por la Luz de Dios has de crear en ti un espacio de vacío renunciando a todo lo que hasta ahora has considerado luz. Una vez tu alma suelta todo aquello que la tuvo cautivada sobreviene una oscuridad desconcertante, la “noche de la fe” que, lejos de rehuir has de aceptar, porque es el camino para el deleite de la unión con Dios. 

* * *

"En los deleites de mi pura contemplación y unión con Dios, la noche de la fe será mi guía... -dice san Juan de la Cruz-. ... El alma ha de estar en tiniebla para tener luz para este camino” (2 S 3,6).

Tras un tiempo espiritual de luz, cuando más seguro estás, aparece la oscuridad y la duda. ¿Qué hacer entonces? Abandonarte a Dios. ¿A qué Dios? Desde luego no al "ya visto", al "gozosamente experimentado" en los primeros pasos, o al "ya cristalizado en tu imaginación". Deja ir a ese Dios. Agradece el amor que te dio en su momento y mira hacia adelante; Dios te tiene reservado gozos más grandes. Sólo si acallas la imaginación y quedas suspendido o suspendida en la silente y pura oscuridad de la fe tendrás la oportunidad de ver la luminosa novedad de un Dios que es siempre nuevo. 

Dionisio Areopagita resume así lo que pretendo decirte: 

“Renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son. Deja de lado tu entender y esfuérzate por subir lo más que puedas hasta unirte con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado espiritualmente hasta el divino Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia” (Teología mística, 1. 997 B - 1000 A).

Dios manda la Luz en el silencio de la noche (cf Sb 18,14-15). llegada a ti la noche, estáte atento a su venida mientras susurras: "¡Ven, Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo!" 

MEDITACIÓN (Pautas) 

1. Busca el lugar cómodo y apropiado para meditar y colócate en la postura más adecuada para mantener cuerpo y alma en quietud; luego haz unas breves inspiraciones y espiraciones abdominales. Observa como bajo el ombligo tu abdomen se hincha o encoge en cada movimiento respiratorio.

2. Recorre tu cuerpo relajando cada parte de él. desde la coronilla hasta los pies. Sin prisas.

3. Céntrate unos minutos en la respiración, “dejando ir” sin juicios ni condenas tus pensamientos o sentimientos, sean alegres o tristes. En cada inspiración imagina que inhalas luz, paz, serenidad ...  en cada espiración imagina que exhalas espesura, oscuridad, inquietud, gravedad... 

4. Toma conciencia de todo tu ser corporal (tacto): volumen, peso, temperatura roce de la piel… Todo tú presente en tu cuerpo. 

5. Observa tu interioridad, mezcla de luz y oscuridad. ... Contémplate en tu existencia más o menos opaca y gris que suspira por brillar y ser más luminosa.

6. Vuelve a la respiración y repite: Espíritu divino, ¡MANDA TU LUZ DESDE ELCIELO! Mantén una actitud de apertura, de corazón abierto, y si te ayuda también de brazos abiertos, anhelando recibir la luz del Espíritu. Permanece así al menos diez minutos. Si te distraes vuelve al “mantra” o jaculatoria: Espíritu divino, ¡manda tu luz desde el cielo!

7. Puedes concluir con la audición En nuestra oscuridad.

8. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio de oración-meditación..

9. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones sentidas: deseos de despojarte de todo lo que oscurece tu vida, apertura a la Luz que es Dios, compromiso de ser luz para alguien de un modo concreto, etc.) 

Que te sea de utilidad. 

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Junio 2026

martes, 30 de mayo de 2023

SP 1 ¡Ven, Espíritu Divino!

 A medida que vaya teniendo tiempo e inspiración os voy a ir desgranando con comentarios breves la Secuencia de Pentecostés, por si puede serviros de  referencia para hacer los ratos de silencio. La secuencia completa la tenéis en este blog clickando en la foto que hay a continuación.

VEN ESPÍRITU DIVINO

Comienza la secuencia con esta invocación: “Ven, Espíritu Divino”. Toda oración debería iniciarse así, y con más razón cuando la oración es contemplativa. ¿Por qué? Porque la contemplación es ante todo don y regalo del Espíritu, atracción divina, contemplación de lo que Dios pone ante los ojos del espíritu... 

“El  Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Rm 8,16).

El Espíritu (con mayúsculas) es el que te lleva a la contemplación y disfrute de lo que eres: Hijo, hija, de Dios. Ser contemplativo no es sino percibir y gustar con los sentidos del cuerpo (vista, oído, olfato, gusto, tacto) y del alma (memoria, inteligencia y voluntad) que también soy espíritu (con minúscula); y esa chispa divina espiritual que chisporrotea en mi centro anhela arder en fusión (que no confusión) con el fuego divino.

Decir “ven, Espíritu divino” es expresar un anhelo que nace en el centro. No es deseo de nada exterior sino necesidad interior. Me gusta distinguir entre el deseo, que refiero a algo que está fuera y quiero alcanzar con esfuerzo para mi satisfacción, y el anhelo, fuerza interior espontánea que me invita a completarme en Cristo.

La oración de contemplación me dispone en libertad para que el Espíritu Santo llene totalmente mi vida por el encuentro del Espíritu con mi espíritu.  Anhelo que el Espíritu de Dios tome las riendas de mi espíritu y sea el motor de mi alma (mis pensamientos, mis sentimientos, mis aspiraciones) hacia la plenitud de la verdad (cf Jn 16,13).

Desde ese anhelo me nace la exclamación: ¡Ven, Espíritu divino!

MEDITACIÓN (Pautas) 

1. Toma la postura adecuada en el lugar más apropiado que tengas para meditar.

2. Haz unas breves inspiraciones y espiraciones (recuerda que eres espiración del Espíritu “Dios sopló en la nariz de Adán y cobró vida” (Gn 2,7).

3. Escanea tu cuerpo relajando cada parte. Sin prisas.

4. Céntrate unos minutos en la respiración “dejando ir” sin juicios ni condenas tus pensamientos o sentimientos, sean alegres o tristes.

5. Toma conciencia de todo tu ser corporal (tacto): volumen, peso, temperatura roce de la piel… Todo tú presente en tu cuerpo.

6. Vuelve a la respiración y repite: ¡VEN, ESPÍRITU DIVINO! Mantén una actitud de apertura, de corazón abierto, y si te ayuda también de brazos abiertos, anhelando recibir el soplo del Espíritu. Permanece así al menos diez minutos. Si te distraes vuelve al “mantra” o jaculatoria: ¡Ven, Espíritu divino!

7. Puedes concluir con la audición del veni creator spiritus. 

8. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

9. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

Que te sea de utilidad. 

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Septiembre 2022 

martes, 14 de marzo de 2023

SP.15 "Mira el poder del pecado...-!


¡Ven, Espíritu divino,
...MIRA EL PODER DEL PECADO
CUAN DO NO ENVÍAS TU ALIENTO!"

Trae a  tu memoria a personas a quienes no eres capaz de amar, que te generan aversión o les guardas rencor; personas a las que temes o envidias, y que desprecias en tu corazón.  O piensa en algún acontecimiento reciente que te ha molestado y descolocado especialmente. Eso que te pasó y que te enfadó contigo mismo porque no supiste estar a la latura o/y con otras personas.

¿No te has dado cuenta de que cuando entras en oración e intentas acallarte interiormente lo primero que haces es apartar a un lado las situaciones o personas que te incomodan? Al hacerlo muestras que tu oración no es muy decente. Cuando no encaras el todo de tu vida en la oración haces que ésta sea, más que una medicina terapéutica para tus heridas, un narcótico que oculta o suaviza tu sufrimiento. Así no sólo no sanas sino que empeoras. ¿No te has preguntado nunca por qué no eres feliz a pesar de tus muchos rezos? Indaga y busca el fondo de donde te viene tanta infelicidad. 

Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12), dices en el Padrenuestro. Es una forma de poner en valor el hecho de que mientras no se active en ti un auténtico espíritu de compasión no hallarás paz en tu corazón. “Porque si no perdonáis, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas" (6,15). No puedes hallar paz ni ser feliz mientras tu corazón guarde rencor, ya sea hacia ti mismo, hacia las situaciones que vives, hacia tu prójimo o hacia Dios.  Paz y guerra no pueden habitar juntas el alma.

* * *

Pero ¿por qué cuesta tanto amar a los enemigos? Quieres perdonar pero no puedes. Quieres cultivar la bondad y crece en ti la maldad, quieres vivir en la virtud, pero lo que te sale es el vicio. Esto es un signo del poder del pecado. Y en la oración de la secuencia, consciente de ese poder, pides al Espíritu Santo que se fije en ese poder que te esclaviza.

“MIRA EL PODER DEL PECADO CUANDO NO ENVÍAS TU AL IENTO! Estas palabras son en sí mismas un gesto de humildad, de reconocimiento de la propia debilidad. Quieres y no puedes amar, perdonar, acoger. Necesitas de Dios. Te das cuenta de que es verdad lo que Jesús dice: “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5), pero si tienes fe, si confías en mi poder “le dirías a aquel monte: ´trasládate desde ahí hasta aquí´, y se trasladaría. Nada te sería imposible” (Mt 17,20).

No dejes de pedir a Dios su poder; pero por su orden: primero haz un buen examen de tu vida; luego pon ante Él tu pecado y dile “mira hacia donde me ha llevado mi ira,  mi envidia, mi pereza, mi avaricia, etc.; busqué la vida por caminos equivocados que sólo me han conducido a la muerte; y ahora me encuentro exhausto, agotado, asfixiado, ¡oh, Señor, envía tu Espíritu, sé tú el aliento de mi alma!”  

No eres tú quien con tus solas fuerzas lograrás verte libre de pecado. ¿Quién, entonces, te librará de este cuerpo de muerte? (Rm 7,24). El Espíritu acude en ayuda de tu debilidad (Rm 8,25). El Espíritu vendrá a ti e iniciará en tu corazón un movimiento de amor capaz vencer al maligno; porque al odio sólo se le vence al amor. “Así como el agua mata al fuego -dice san Juan de Dios- así el amor de caridad al pecado”. Quien se confía al amor del Espíritu Santo “no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza (Sal 126,5b)

Sin tí no puedo hacer nada, Señor. Contigo todo lo puedo. ¡Ven, Espíritu Santo!.

* * *



MEDITACIÓN 

1. Comienza sentándote en la postura adecuada, relaja tu cuerpo, tu mente, tu ánimo y tu voluntad, dando largas a todo lo que te pone nervioso. Nada de lo que te inquieta es de Dios; déjalo ir.

2. Haz tuya la oración de ofrecimiento de tu meditación: "Señor y Dios mío, 
 ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria a Ti por siempre, 
Señor del universo. Amén".
1. Trae a tu memoria alguna persona que te incomode, te resulte molesta o que crees que te odia. O recuerda alguna situación desagradable que quieres olvidar y te cuesta. ... Observa cómo en tu relación con esa persona o acontecimiento es el pecado el que ha tomado las riendas. Tus pensamiento suelen arrojar más leña al fuego, más basura a lo que sientes de esa persona o piensas de ese acontecimiento. ... No te dejes llevar por tus sentimientos,  no arrojes lejos e ti ni a las personas ni a los hechos que te obsesionan.

2. Céntrate en una persona o hecho. No rehúyas la mirada directa. Dejando a un lado lo ocurrido entre vosotros, intenta enviar un rayo de amor a la persona que rechazas; o a ti mismo en la situación que no aceptas. ... Vas a decir al Espíritu. "Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento!" .

3. Oye ahora la voz de Jesús: "Sin mí no puedes hacer nada ... Conmigo lo puedes todo" ... Luego, repite con san pablo : "Todo lo puedo en aquel que me conforta" (Flp 4,13) ... Con el Espíritu, con Dios, "mira", contempla la fuerza del pecado... cómo te lleva a donde no quieres ir; y cómo con Dios vuelves a tu centro, y vas aceptando la situación que te preocupa o relajando la tensión que te genera la persona a la que odias. Todo fluye adecuadamente cuando dejas pasar por ti el amor de Dios. Observa como arraiga en tus entrañas y deja que fluya hacia fuera, que envuelva incluso aquello que antes te costaba amar... Sé consciente de como  a medida que tu compasión se expande se va debilitando el poder del pecado, tu tendencia a alimentar el odio .

4. Espíritu Santo y Amor de Dios son una misma cosa. Lee estas palabras de san Pablo en esa clave: 
"El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta: no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca." (1 Cor, 13,5-7)

5. Puedes terminar escuchando el mismo  Himno al amor musicalizado. Y no olvides que "el amor todo lo puede ...y no pasa nunca". Cuando permites que en la oración, en los sacramentos o en la práctica de misericordia el Espíritu en tu alma, todo lo puedes. Con Dios todo es posible.

6. Al terminar la oración toma nota de las mociones (sentimientos, anhelos, deseos profundos...) que hayas sentido en ella. Dios habla en la experiencia. 

Marzo, 2023

Casto Acedo.


sábado, 11 de febrero de 2023

SP. 13 Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.

Hace tiempo que no encontraba momento ni inspiración para seguir con mis comentarios a la Secuencia de Pentecostés. Abordo aquí el verso en el que se pide la Luz de Dios a fin de iluminar las oscuridades del alma.


¡Ven, Espíritu divino,
... ENTRA HASTA EL FONDO DEL ALMA, 
DIVINA LUZ, Y ENRIQUÉCENOS!

Solemos vivir en la superficialidad, ocupados en distraernos cada día con algo, pasando la vida sin entrar a fondo en ella. Sólo cuando surge un contratiempo serio (enfermedad, decepción, pérdida, etc.) tocamos fondo y nos preguntamos sobre el sentido de la vida, el por qué y para qué de todo. 

Al invocar al Espíritu Santo para que se adentre hasta el fondo de mi alma estoy pidiendo respuestas a preguntas que tarde o temprano afloran: ¿Quién o qué soy? ¿Porqué y para qué vivo? ¿Cuál es el destino último de mi vida? ¿Por qué el dolor y el sufrimiento? Rehúyo con frecuencia responder estas cuestiones, pero llegan momentos en los que se hace inevitable encontrar una respuesta so pena de caer en el vacío, el absurdo, el sinsentido o la depresión del ánimo.

Cuando la noche se apodera del alma y el pábilo vacilante de la fe amenaza con apagar la esperanza parece instintivo volverse a Dios. "¡Ven, Espíritu divino, entra hasta el fondo del alma!", sopla en sus rescoldos y aviva el fuego de tu amor en mi! 

El Espíritu ya te ha escuchado y te ha respondido en la Palabra inspirada. En ella lo tiene ya todo dicho. Puedes acudir a ella para remover las cenizas de tu interioridad y ver su estado mortecino. “La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta” (Hb 4,12-13). Cuando la Palabra de Dios alcanza los tuétanos de mi yo más profundo me permite verme a mí mismo tal como soy: una pobre persona cegada por la soberbia. ¿Quién me librará de esta oscuridad?  

"Dios es la luz y el objeto del alma. Cuando ésta no la alumbra, a oscuras está, aunque la vista tenga muy subida. Cuando está en pecado o emplea el apetito en otras cosas, entonces está ciega" (San Juan de la Cruz, Ll 3,70). La antorcha de la Palabra inspirada es una herramienta privilegiada con la que el Espíritu accede a las profundidades del alma y pone en ella la claridad que anhela. 

“Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 118,105). La luz del Espíritu que arde en la Palabra alumbra "las profundas cavernas del sentido". "Estas cavernas son las potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad; las cuales son tan profundas cuanto de grandes bienes son capaces, pues no se llenan con menos que infinito" (Ibid Ll 3,18). Dice el dominico J. Taulero que Dios no puede resistirse al vacío. Dios se ve atraído irresistiblemente por un alma libre de posesiones, orgullo y hostilidad. Purificadas, vacías o silenciadas las potencias, Dios ocupa todo el espacio del alma, quedando ésta llena del  "Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son luz y fuego de amor en ella" (Ibid Ll 3,80).

¿Hay mayor riqueza para un alma enamorada que hacerse luz con la Luz del Amado? 

* * *

La poesía de san Juan de la Cruz describe de modo insuperable esta experiencia del amor que enciende e ilumina el hondón del alma hasta hacer de ella una sola cosa en Dios:

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!
Que a vida eterna sabe
y toda deuda paga ;
matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

!Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras.

Recitar este poema con el corazón puesto en Dios es toda una oración. Recitarlo pausadamente y meditarlo con detenimiento puede abrir las puertas de la contemplación. 


MEDITACIÓN 

No olvides comenzar ofreciendo tu oración para bien de todos y de todo: 

"Señor y Dios mío, 
 ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria a Ti por siempre, 
Señor del universo. Amén".

1. Como siempre, relaja tu cuerpo en la postura más adecuada para la quietud,  y descarga tu alma de  pensamientos, emociones, deseos. Hazte presente a ti para estar con Él. 

2.  Recita pausadamente el poema de san Juan de la Cruz "Oh llama de amor viva" y déjate cautivar. Ahí donde te sientas interpelado párate y repite; deja que tu imaginación y tu corazón vayan y vengan sobre lo que te ha conmovido.

3. Silénciate y contempla el contraste de tus oscuridades con esa Luz que se te regala. Permite que alcance la hondura de tu alma, ahí "donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos"... Deja que al Amor de Dios juzgue "los deseos e intenciones de tu corazón".  Nada se le oculta. Déjate mirar por Dios. Abandónate a su mirada misericordiosa. Sus ojos son luz en los que puedes ver tus sombras y recuperar una visión nueva.

4. Sintiendo los ojos misericordiosos de Dios, plegándote a su amor sin medida,  acalla tu mente (ideas, emociones, pulsiones) y haz silencio al ritmo de tu respiración apoyado en la frase: ¡ENTRA HASTA EL FONDO DE MI ALMA, DIVINA LUZ, Y ENRIQUÉCELA! (Permanece en oración al menos quince minutos)

4. Puedes terminar escuchando e interiorizando el canto  de Amancio Prada,  Oh llama de amor viva. 

Febrero, 2023

Casto Acedo

miércoles, 19 de octubre de 2022

SP.4 Don en tus dones espléndido

Va la cuarta entrega del comentario a la Secuencia de Pentecostés, Don en tus dones espléndido.  Es un misterio incomprensible que Dios infinito se de a sí mismo hasta entrar en comunión con la criatura finita. Dice san Juan de la Cruz, que "cuando el alma quitare totalmente de sí lo que repugna y no conforma con la voluntad divina, quedará transformada en Dios por amor" (S 2,5,3). "Dios se hizo hombre para hacernos Dios" (San Atanasio, CATIC 460).

Como siempre, puedes ver la secuencia de Pentecostés completa clicando la foto que sigue:


¡Ven, Espíritu divino, ...
DON EN TUS DONES ESPLÉNDIDO!

Dios es amor.  Amar es “darse”. La teología cristiana habla de autocomunicación de Dios. El Espíritu Santo no es un don (cosa) que Dios da, es Dios mismo en persona dándose. Dios se da Él mismo haciéndonos con su don "partícipes de la naturaleza divina"  (2 Pe 1,4).

San Juan de la Cruz dice que la vida cristiana no consiste en lograr la perfección de las virtudes cristianas sino en vivir la “unión de amor con Dios”.  Pero ¿cómo un ser finito como yo puede entrar en comunión con la infinitud de Dios? Es un misterio.

Algunos místicos de la iglesia ortodoxa dicen que en Dios hay Esencia y Energías; la esencia es Dios en tanto que permanece inagotable y misterioso en su inmensidad; las energías son Dios en cuanto amor que se parte y se comparte.

Dios es “don” y “dones”. La imagen del sol puede servirnos de ilustración. Tenemos el sol  y losrayos del sol. ¿Acaso el rayo de sol, la luz y el calor que me alcanzan,  no son también sol? 

El sol, que en la grandeza y distancia de su ser me supera,  me mataría si entro en él; pero en su comunicación, en la extensión de su energía en los rayos me hace partícipe de su mismo ser. Ya estamos y vivimos en Dios, pero todavía no en plenitud. “Nadie puede ver a Dios y seguir viviendo”  (Ex 33,20); nadie puede entrar en el sol sin morir; pero el sol sí puede iluminar y dar calor; y sin el sol no podría vivir.  

* * *

Orar, meditar, contemplar no es sino acercarte a Él, quitar impedimentos y ponerme al alcance de los rayos del sol que Dios es; ahí recibo sus dones, en la comunicación de amor con la luz del Espíritu que me ilumina e inhabita. Dios fuera y Dios dentro, don y dones, la misma divinidad, el mismo Espíritu que favorece la unión mística.

Entra en meditación. Admírate y sitúate al alcance de este misterio: Ven, Espíritu divino, don en tus dones espléndido.

* * *


MEDITACIÓN

1. Busca un lugar propicio para el silencio y colócate en una postura cómoda para la quietud.

2. Serena tu alma: pensamientos, emociones, deseos… Deja que el oleaje de tu alma se serene poniendo tu atención en la inmensidad del océano.

3. Primero mentalmente, luego por vía de intuición, dirige los ojos de tu corazón a Dios Espíritu Santo que como el Hijo es “sol que viene de lo alto” … Déjate , abrazar por la calidez de sus rayos y seducir por la belleza de su luz. Goza en ti sus dones de sabiduría, inteligencia, ciencia, … Repite: ¡VEN ESPÍRITU SANTO, … DON EN TUS DONES ESPLÉNDIDO! Deja que la mirada esplendente de Dios vaya calando en ti. Permanece así al menos 15 minutos.

4. Concluye el silencio con la audición del veni sancte spiritus

8. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

9. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

No abandones el ejercicio de la oración

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Octubre 2022.

jueves, 13 de octubre de 2022

SP.3 Padre amoroso del pobre

 Vamos a por el tercer verso. Me ha salido muy teológico. Si no entiendes lo que pretendo decir no te preocupes; a Dios no se le puede ver por el intelecto, se le ve por intuición de amor. 

Ven, Espíritu divino,...

...PADRE AMOROSO DEL POBRE.

Al pararme a comentar este verso, lo primero que me viene a la mente es la imagen de Dios en su Trinidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, misterio santo que inmerecidamente se me revela y me acoge en el amor.

La invocación de Dios como Padre es evidente en el verso: "Padre".

Con menos evidencia lingüística se le invoca como Espíritu en el adjetivo “amoroso”. San Agustín dice que en la Trinidad están el Padre-amante, el Hijo-amado y el Espíritu Santo-amor. “El Amor es de Dios y es Dios: por tanto, propiamente es el Espíritu Santo, por el que se derrama la caridad de Dios en nuestros corazones, haciendo morar en nosotros a la Trinidad” (Juan Pablo II).

En el bautismo de Jesús el Padre habla: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17). Algún artista ha figurado este momento con el descenso de la Paloma sobre la cabeza del Hijo representando el amor de predilección del Padre hacia Jesús; y a su vez, en la cruz, cuando Jesús espira se dice que "entregó el Espíritu" (Jn 19,30), escena que también hay quien ha pintado  como una Paloma que vuelve al Padre (puedes verlo en la foto de entrada); la espiración de Jesús es el culmen de la misión del Hijo que entrega todo su Amor-Espíritu  al Padre. 

Menos evidente en el verso que comentamos es reconcoer al Hijo en “el pobre”. Dice san Pablo que Jesucristo, “siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2 Cor, 8,9). El Hijo, “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres” (Flp 2,6-7). Dios, con su encarnación en Jesucristo, asume la pobreza humana, que queda enriquecida por Él al incorporar por amor a toda la humanidad a su propio cuerpo, Jesús "nos ha salvado mediante la redención realizada en Cristo Jesús" (Rm 3,24). Decir "padre amoroso del pobre" es decir, Padre amoroso que en el Hijo y por el Hijo muestra su amor  a los pobres. En Cristo el Padre ama al pobre enriqueciéndolo con su Espíritu. 

* * *

Comprendo que lo dicho es difícil de entender con una mente racional. Pero no lo es si se mira con los ojos del corazón. Basta con mirarte y sentirte amado por Dios en Cristo, e incorporado a la Trinidad por la fe en su amor. El Padre te ama y te bendice, te da su Espíritu de amor y de misericordia en el Hijo, Jesús pobre, que te injerta en Él y te enriquece con su pobreza (1 Cor, 1,5). Eso sí, sólo quien se sabe pobre (humilde, necesitado) es capaz de captar el regalo del "Padre amoroso del pobre".

* * *

MEDITACIÓN (Pautas)

1. Como siempre, aquieta tu cuerpo y silencia tu mente dejando tu cuidado a la presencia de Dios. Date  un tiempo para acallarte echando mano de la respiración. Espira y suelta tensiones y agobios; espira y llénate de quietud y paz. 

2. Siente sobre ti la inmensidad y la riqueza de Dios que contrasta con la pequeñez y la pobreza que eres. ¡Eres Grande, Padre!, yo soy pequeño; Tú eres rico, yo soy pobre. No merezco recibir tu Espíritu de amor, pero te lo pido por tu Hijo, Jesucristo, mi Amado, que con su amor redime mi alma permitiéndole  participar de tu Divinidad. Porque eres “Padre, amoroso del Pobre”, ¡ven, Santísima Trinidad!

3.  Imagina al Padre sosteniéndote con sus manos, al Hijo sanando tus heridas, y al Espíritu Santo alentando tu ánimo (puedes contemplar la foto que acompaña). Siente la atracción de amor de Dios y déjate llevar al seno de su Trinidad amorosa. Acompasa tu oración con estas palabras: PADRE AMOROSO DEL POBREMientras repites “Padre amoroso del pobre” contémplate pobre unido a Cristo pobre (despojado, crucificado, por amor a ti entregado) y sábete amado por el Padre en el mismo Cristo. Mírate cuidado, protegido, a salvo en el corazón de Dios (contempla la misma foto). Haz silencio al menos durante 15 minutos. 

4. Puedes concluir con la audición Silencio de amor. Entrar en el Misterio de la Trinidad es entrar en un espacio de silencio, donde sobran las palabras e imágenes.

5. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio de oración-meditación..

6.  Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones sentidas: ¿Cómo siento a Dios? ¿Cómo describiría mi experiencia de lo divino?

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de toda la creación y de todo la comunidad humana, especialmente por aquellos a los que amas menos.

Casto Acedo. Octubre 2022