Muy espaciada en el tiempo con la anterior, va esta nueva entrada sobre la Secuencia de Pentecostés
Es muy común oír de labios amigos y personas cercanas aquello de que “me siento vacío”. Lo sorprendente de esto es que en ocasiones lo dicen personas que aparentemente lo tienen todo: un trabajo y una familia estable, unos recursos económicos que permiten vivir una comodidad envidiable, unos amigos con los que pueden compartir su tiempo de ocio, etc.; sin embargo, algo les falta; o algo les sobra; o, yendo más allá, lo que poseen les estorba para ser felices.
“¡Ven, Espíritu divino, mira el vacío del hombre”. El vacío al que se refiere este verso de la secuencia es ese que, paradójicamente, suele estar demasiado lleno de cosas. Y tiene su lógica, porque las cosas materiales o, mejor dicho, los apegos a las cosas materiales, cuando okupan mi “espacio para Dios” impiden que éste sea habitado por quien es Dueño y Señor del mismo.
La sabiduría espiritual sugiere que sólo Dios puede llenar la vida, y para ello se ha de vaciar primero de todo lo que ocupa en ella un lugar indebido. ¿Por qué? San Juan de la Cruz, hablando de los apetitos (apegos), explica con sencillez la incompatibilidad que se da entre los bienes de Dios y los bienes de la tierra:
cuando “el alma se aficiona a una cosa que cae debajo de nombre de criatura, cuanto aquel apetito tiene de más entidad en el alma, tiene ella de menos capacidad para Dios, por cuanto no pueden caber dos contrarios, según dicen los filósofos, en un sujeto,...
... Y afición de Dios y afición de criatura son contrarios; y así, no caben en una voluntad afición de criatura y afición de Dios. ...
Por tanto, así como en la generación natural no se puede introducir una forma sin que primero se expela del sujeto la forma contraria que precede, la cual estando, es impedimento de la otra, por la contrariedad que tienen las dos entre sí, así, en tanto que el alma se sujeta al espíritu sensual, no puede entrar en ella el espíritu puro espiritual” (Subida 6,1-2).
Muy claro san Juan. Hay, pues, un vacío existencial que tiene su origen en la ausencia de Dios cuando el alma, "sujeta al espíritu sensual", está llena de deseos o aspiraciones que desprecian su soberanía. Es el “vacío del alma si Tú le faltas por dentro” que indica la secuencia. Ahora bien, hay otro vacío que es plenitud, las “nadas” de las que el santo carmelita nos habla en el dibujo del monte:
Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada...............
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo
has de dejarte del todo en todo,
y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.“En esta desnudez halla el espíritu su descanso, porque no comunicando (es decir, no estando en relación de dependencia con) nada, nada le fatiga hacia arriba, y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad” (1 S 13,11-12)
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Hay vacío existencial en mi corazón “si Tú le faltas por dentro”, Señor; y plenitud cuando me vacío de todo para llenarme de Ti. Este segundo vacío puede ser trabajado por la oración y la práctica de las virtudes.
La clave está en hacer de la vida un acto de amor verdadero, que no es sino un acto de “kénosis”, de vaciamiento, un acto de amor puro que no es sólo cambio de hábitos exteriores sino verdadera transformación interior; lo que san Pablo entiende por desnudarse del hombre viejo y revestirse del hombre nuevo unido a Cristo (cf Ef 4,17-27).
“Para buscar a Dios se requiere un corazón desnudo y fuerte, libre de todos los males -relaciones pecaminosas- y bienes que puramente no son Dios -cosas que me son lícitas pero que retrasan mi avance hacia la unión-“ (CB 3,5). Para estar en Dios y hallar la paz deseada, se requiere la desnudez y el vacío de todo.
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Cuando pides al Espíritu Santo que mire, atienda y remedie tu vacío medita si este es fruto de un exceso de caprichos o dependencias, ya sean éstas lícitas o ilícitas. Si es el caso, vacíate de todo, porque “amar a Dios sobre todas las cosas no puede ser sin desnudez y vacío de todas ellas” (Ll 3,51). Y sé constante en la práctica de las virtudes y la meditación; aconseja san Juan que quien busque la unión con Dios “no pierda cuidado de orar y espere en desnudez y vacío que no tardará su bien” (3 S 3,6). A la noche le sucede la aurora y la luminosidad del día.
"Señor y Dios mío,ofrezco esta oraciónpara mayor gloria tuya,para bien de toda la humanidady beneficio de toda la creación.Gloria a Ti por siempre,Señor del universo. Amén".
Marzo, 2023
Casto Acedo.

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