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martes, 21 de enero de 2025

NUBE DEL NO-SABER 50

 

50.

QUÉ SE ENTIENDE POR AMOR PURO; QUE ALGUNAS PERSONAS EXPERIMENTAN POCA CONSOLACIÓN SENSIBLE MIENTRAS QUE OTRAS EXPERIMENTAN MUCHA

Espero que veas ahora por qué es tan importante que concentremos toda nuestra energía y atención en este suave movimiento de amor en la voluntad. Con toda la reverencia debida a los dones de Dios, mi opinión es que debemos estar completamente despreocupados de los deleites y consuelos del sentido o del espíritu, por muy agradables o sublimes que sean. Si vienen, bien venidos sean, pero no te detengas en ellos por miedo a quedarte vacío; créeme, gastarás mucha energía si te mantienes mucho tiempo en dulces sentimientos y lágrimas.

Es posible, además, que comiences a amar a Dios por esas cosas y no por él mismo. Puedes saber si sucede esto o no, si te sientes aburrido e irritable cuando no las experimentas[1]. Si hallares que este es tu caso, entonces tu amor no es todavía casto o perfecto. Cuando el amor es casto y perfecto, puede permitir que los sentidos se nutran y fortalezcan por suaves emociones y lágrimas,[2] pero nunca se turba si Dios permite que desaparezcan. Sigue gozándose en Dios de la misma manera.

Algunas personas experimentan cierto grado de consolación casi siempre, mientras que otras sólo raras veces. Dios, en su gran sabiduría, determina lo que es mejor para cada uno. Ciertas personas son espiritualmente tan frágiles y delicadas que, a menos que sean siempre confortadas con un poco de consolación sensible, serían incapaces de aguantar las diversas tentaciones y sufrimientos que las afligen mientras luchan en esta vida contra sus enemigos interiores y exteriores. Y hay otros tan frágiles físicamente, que son incapaces de purificarse a través de una rigurosa disciplina. Nuestro Señor, en su gran bondad, purifica a estas personas espiritualmente por medio de consuelos y lágrimas.

Hay, sin embargo, otros tan viriles espiritualmente, que encuentran suficiente consuelo en el reverente ofrecimiento de este sencillo y pequeño amor y en la suave armonía de sus corazones con el de Dios. Encuentran tal fortalecimiento espiritual en su interior, que necesitan poco de otro consuelo. Cuál de estas personas es más santa o cercana a Dios, sólo él lo sabe. Yo, ciertamente, no lo sé.[3]

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NOTAS

[1] Hablando de la  "avaricia espiritual" san Juan de la Cruz dice que  “tienen muchos principiantes a veces mucha avaricia espiritual, porque apenas les verán contentos en el espíritu que Dios les da; andan muy desconsolados y quejosos porque no hallan el consuelo que querrían en las cosas espirituales. Muchos no se acaban de hartar de oír consejos y aprender preceptos espirituales y tener y leer muchos libros que traten de eso, y váseles más en esto el tiempo que en obrar la mortificación y perfección de la pobreza interior de espíritu que deben. Porque, a más de esto, se cargan de imágenes y rosarios bien curiosos; ahora dejan unos, ya toman otros; ahora truecan, ahora destruecan; ya los quieren de esta manera, ya de esotra, aficionándose más a esta cruz que a aquélla, por ser más curiosa. Y veréis a otros arreados de "agnusdeis" y reliquias y nóminas, como los niños de dijes. / En lo cual yo condeno la propiedad de corazón y el asimiento que tienen al modo, multitud y curiosidad de cosas, por cuanto es muy contra la pobreza de espíritu, que sólo mira en la sustancia de la devoción, aprovechándose sólo de aquello que basta para ella, y cansándose de esotra multiplicidad y de la curiosidad de ella; pues que la verdadera devoción ha de salir del corazón, sólo en la verdad y sustancia de lo que representan las cosas espirituales, y todo lo demás es asimiento y propiedad de imperfección, que, para pasar a alguna manera de perfección, es necesario que se acabe el tal apetito” (Noche, Libro primero  3,1). Como dice Nube, tal vez esas devociones que tanto nos gustan sean un buen comienzo, no es nada malo "que comiences a amar a Dios por esas cosas y no por él mismo"; pero hay que vigilar para no estancarse en los gustos subjetivos, que nos distraen y no nos dejan ir a Dis. 

[2] Comentando el “me hice perdidiza y fui ganada” del verso 29 del Cántico: “Pues ya si en el ejido de hoy más no fuere vista ni hallada, diréis que me he perdido; que, andando enamorada, me hice perdidiza, y fui ganada”, dice san Juan de la Cruz. "Tal es el que anda enamorado de Dios, que no pretende ganancia ni premio, sino sólo perderlo todo y a sí mismo en su voluntad por Dios, y ésa tiene por su ganancia; y así lo es, según dice san Pablo (Fil.1,21), diciendo: Mori lucrum, esto es: Mi morir por Cristo es mi ganancia, espiritualmente a todas las cosas y a sí mismo. Y por eso dice el alma: fui ganada, porque el que a sí no se sabe perder no se gana, antes se pierde, según dice Nuestro Señor en el Evangelio (Mt. 16, 25), diciendo: El que quisiere ganar para sí su alma, ése la perderá; y el que la perdiere para consigo por mí, ése la ganará. / Y si queremos entender el dicho verso más espiritualmente y más al propósito que aquí se trata, es de saber que, cuando un alma en el camino espiritual ha llegado a tanto que se ha perdido a todos los modos y vías naturales de proceder en el trato con Dios, que ya no le busca por consideraciones ni formas ni sentimientos ni otros medios algunos de criatura y sentido, sino que pasó sobre todo eso y sobre todo modo suyo y manera, tratando y gozando a Dios en fe y amor, entonces se dice haberse de veras ganado a Dios, porque de veras se ha perdido a todo lo que no es Dios, y a lo que es en sí".  (Cantico espiritual, 29,11)

 

[3] San Juan de la Cruz indica que a quienes se estancan en los gustos y contentos Dios no los abandona, se los sigue dando si lo ve necesario. En un lugar que no recuerdo Santa Teresa dice que los gustos y contentos los da Dios a quienes son flacos en la fe; quien tiene una fe sólida y soporta con entereza la noche no necesita esos regalos. Veamos lo de san Juan: "A los muy flacos con mucha remisión y flacas tentaciones mucho tiempo les lleva por esta noche, dándoles ordinarias refecciones al sentido porque no vuelvan atrás, y tarde llegan a la pureza de perfección en esta vida, y algunos de éstos nunca; que ni bien están en la noche, ni bien fuera de ella; porque, aunque no pasan adelante, para que se conserven en humildad y conocimiento propio, los ejercita Dios algunos ratos y días en aquellas tentaciones y sequedades; y les acude con el consuelo otras veces y temporadas, para que desmayando no se vuelvan a buscar el del mundo. A otras almas más flacas anda Dios con ellas como pareciendo y trasponiendo, para ejercitarlas en su amor, porque sin desvíos no aprendieran a llegarse a Dios". (Noche oscura, Libro primero, 14,5). Como dice Nube, hay quienes "Encuentran tal fortalecimiento espiritual en su interior, que necesitan poco de otro consuelo", les basta la fe y el sentimiento de la presencia de Dios dentro y no necesitan regalos de fuera.

Algo similar dice al comentar el verso de Llama " ¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro! Pues ya no eres esquiva, acaba ya, si quieres; ¡rompe la tela de este dulce encuentro!. La experiencia de la unión, a decir del santo, requiere una purgación o purificación muy grande, y afirma que “esta purgación en pocas almas acaece tan fuerte; sólo en aquellas que el Señor quiere levantar a más alto grado de unión, porque a cada una dispone con purga más o menos fuerte, según el grado a que la quiere levantar, y según también la impureza e imperfección de ella, y así, esta pena se parece a la del purgatorio; porque así como se purgan allí los espíritus para poder ver a Dios por clara visión en la otra vida, así, en su manera, se purgan aquí las almas para poder transformarse en él por amor en ésta”  (Llama 1,24).

Enero 2025

Casto Acedo

miércoles, 8 de enero de 2025

NUBE DEL NO-SABER 49


49.

QUE LA ESENCIA DE TODA PERFECCIÓN ES UNA BUENA VOLUNTAD; LOS CONSUELOS SENSIBLES NO SON ESENCIALES PARA LA PERFECCIÓN EN ESTA VIDA.

Y así puedes apoyarte confiadamente en este limpio impulso del amor que brota de tu corazón y seguirle donde te lleve, pues es tu guía seguro en esta vida y te llevará a la gloria de la venidera[1].

Este pequeño amor es la esencia de una buena vida y sin él nada bueno es posible. Básicamente, el amor significa una radical y personal entrega a Dios. Esto supone que tu voluntad está armoniosamente sintonizada a la suya en una permanente alegría y entusiasmo por cuanto él hace.[2]

Una buena voluntad como esta es la esencia de la más alta perfección. El goce y consolaciones del espíritu y del sentido, por sublimes que sean, son meramente accidentales en comparación con ella y de ella dependen totalmente.

Digo que son accidentales, porque importa poco el que una persona las experimente o no. Son contingentes a la vida en la tierra;  pero en la eternidad serán elementos esenciales de la gloria final del hombre, tan pronto como su cuerpo (que las siente ahora) se una real y esencialmente para siempre con su espíritu.,[3]

Pero en la tierra el meollo de toda consolación es la realidad íntima de una buena voluntad. Estoy seguro, además, de que la persona que ha madurado en la perfección de su voluntad (al menos en lo que le es posible en esta vida) no experimenta delicia o consolación a la que no pudiera renunciar voluntaria y gozosamente si Dios quisiera.

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NOTAS 

[1] En el número que hoy leemos se insiste en lo que ya exponía Nube en el número 3: "He aquí lo que has de hacer. Eleva tu corazón al Señor; con un suave movimiento de amor, deseándole por sí mismo y no por sus dones. Centra tu atención y deseo en él y deja que sea ésta la única preocupación de tu mente y de tu corazón”. Hoy se reitera: “Puedes apoyarte confiadamente en este limpio impulso del amor que brota de tu corazón y seguirle donde te lleve, pues es tu guía seguro en esta vida y te llevará a la gloria de la venidera

Ese guía seguro en esta vida es la fe, que es “seguridad en la oscuridad”. Me fío de la Palabra de Dios, a veces oscura para el entendimiento, pero que “aunque tenebrosa es agua, y por eso no ha de dejar de reficionar y fortalecer al alma en lo que más le conviene, aunque a oscuras y penosamente. Porque, desde luego, el alma ve en sí una verdadera determinación y eficacia de no hacer cosa que entienda ser ofensa a Dios, ni de dejar de hacer lo que parece cosa de su servicio” (San Juan de la Cruz, Noche oscura  2,16,14). Busco la voluntad de Dios y la sigo.

Dios te lleva hacia Él cuando te pones en sus manos con fe. El texto citado de san Juan de la Cruz lo hace al hilo del versículo del poema de la Noche oscura que canta que el alma sale al encuentro del amado “a oscuras y segura”. “A oscuras y segura /por la secreta escala, disfrazada, / ¡oh dichosa ventura!, / a oscuras y en celada, / estando ya mi casa sosegada”. Es preciso sosegar el alma, excitada por el egocentrismo y nerviosa por la oscuridad o dudas de la fe, e invitarla a poner su seguridad en Aquel hacia quien dirige su impulso de amor en la oscuridad.


[2] "Y todos cuantos vagan de ti me van mil gracias refiriendo, y todos más me llagan, y déjame muriendo un no sé qué que quedan balbuciendo” (San Juan de la Cruz) . El alma camina, dice san Juan de la Cruz, entusiasmada por las noticias que de Dios recibe en la contemplación de las criaturas; de esta visión queda llagada o tocada de amor, “los ángeles me inspiran y los hombres de ti me enseñan, de ti más me enamoran; y así, todas de amor más me llagan “ (Cántico 7,7). El impulso de amor es suscitado por los toques de luz que se dan en la oscuridad; como los ojos que se sienten dañados por una fuerte luz cuando ésta surge de repente en medio de la noche.

[3] Dios nunca da la visión completa de su Ser en esta vida. Siempre habrá un “más” que conocer y sentir de Él. Se da la paradoja de que a quien entiende claro lo único que le queda claro es que le queda todo por entender. Las llagas de amor que provocan la contemplación de Dios en las criaturas dejan “un no sé qué que quedan balbuciendo”, una forma de decir: dejan la experiencia, pero no consiguen explicar el Misterio. Transcribo literalmente de san Juan de la Cruz: 

“Acaece a veces a las almas que están ya aprovechadas, a las cuales hace Dios merced de dar en lo que oyen o ven o entienden, y a veces sin eso y sin esotro, una subida noticia en que se les da a entender o sentir alteza de Dios y grandeza. Y en aquel sentir siente tan alto de Dios, que entiende claro se queda todo por entender; y aquel entender y sentir ser tan inmensa la Divinidad, que no se puede entender acabadamente; es muy subido entender. Y así, una de las grandes mercedes que en esta vida hace Dios a un alma por vía de paso, es darle claramente a entender y sentir tan altamente a Dios, que entienda claro que no se puede entender ni sentir del todo. Porque es, en alguna manera, al modo de los que le ven en el cielo, donde los que más le conocen entienden más distintamente lo infinito que les queda por entender; porque aquellos que menos le ven son a los cuales no les parece tan distintamente lo que les queda por ver como a los que más ven.
Esto creo no lo acabará bien de entender el que no lo hubiere experimentado; pero el alma que lo experimenta, como ve que se le queda por entender aquello de que altamente siente, llámalo un no sé qué; porque así como no se entiende, así tampoco se sabe decir, aunque, como he dicho, se sabe sentir. Por eso dice que le quedan las criaturas balbuciendo, porque no lo acaban de dar a entender; que eso quiere decir balbucir, que es el hablar de los niños, que es no acertar a decir y dar a entender qué hay que decir". (Cantico 7,9-10).

En medio de los gustos y consolaciones que podamos recibir en el camino Nube nos dice que no nos enganchemos a ellos, porque  "en la tierra el meollo de toda consolación es la realidad íntima de una buena voluntad"; como si dijera: busca la voluntad de Dios y ama como Él. No busques gtu consolación sino el consuelo de Dios en sus hijos. "Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y lo demás se os dará por añadidura". (Mt 6,33). "Ama y haz lo que quieras", en palabras de san Agustín. 

Enero 2025
C. A.