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sábado, 21 de diciembre de 2019

Siéntate en tu celda

 
Somos todos muy dados a buscar maestros o especialistas que nos enseñen los caminos del espiritu. Y está bien siempre que lo que esperemos de ellos sólo sea una orientación y nunca una receta mágica que nos ahorre la responsabilidad personal.

Cada cual tiene su camino espiritual, y querer seguir literalmente el de otro es una equivocación. Lo único que nos une es que partimos de un mismo anhelo y caminamos hacia un mismo destino. Pero cada persona ha de caminar según los concretos planes de Dios para él.

El siguiente apotegma de los padres del desierto, es muy sugerente al respecto:

Cierto hermano fue al abad Moisés de Scitia y le pidió una palabra bondadosa. Y el anciano le dijo: Ve, siéntate en tu celda y ella te lo enseñará todo”.
[1]
 
¿Se puede decir tanto con tan pocas palabras? La verdadera sabiduría no se adquiere a partir de lecciones magistrales o edificantes, sino desde el silencio. “¡Siéntate en tu celda!”, es decir, entra en el silencio de tu interioridad, y ella te lo enseñará todo.

No busques maestros y doctores que te expliquen las cosas del espíritu, porque no es cuestión de “saber” sino de “sabor”; no se trata de teorizar sobre la fórmula H20 sino de sumergirse en el agua.
 
Cada momento o meditación de silencio es una gran lección. La tentación es la de buscar fuera las muletas que crees necesitar para entrar dentro; sueles embarcarte en esas aventuras exteriores cuando no quieres entrar en la celda; tal vez cuando solo pretendes añadir a tu ego la imagen de “persona de silencio”.

Jesús disuade de ello: “Cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará”, no seas como los fariseos ególatras, “a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente” (Mt 6,5-6).

Aprovecha estos días de Navidad para entrar con más frecuencia en tu celda. Ya sabes que allí, donde habita el silencio, nace la Sabiduría (cf Sb 18,14-15).
 
¡Feliz y contemplativa Navidad!

Puedes descargar una audiomeditación sobre esto en:

Casto Acedo.
paduamerida@gmail.com. Diciembre 2019


[1] Este apotegma lo recoge Thomas Merton en Sabiduría del desierto. Dichos de los padres del desierto del siglo IV.

domingo, 15 de diciembre de 2019

La perfecta elegría (florecilla franciscana)

Hace años me topé con este texto y me llamó fuertemente la atención. Se trata de una anécdota o "florecilla" de san Francisco, que si no es cierta en su historicidad, es decir, si no sucedió realmente, sin embargo creo que está bien aplicada al sentir general del santo; como dicen los italianos: "se non è vero, è ben trovato".
 
Traigo a colación la florecilla con motivo del tercer domingo de Adviento, que llamamos "domingo gaudete", o sea, de "¡alégrate!", domingo de la alegría

¿Dónde está la verdadera alegría? La historia en cuestión no tiene desperdicio y requiere leerse con el corazón, en caso contrario no se entenderá en absoluto.

Al final tienes el texto de la Primera Lectura de la liturgia del domingo, un canto de liberación: "Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros. Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás la pena y la aflicción".
* * *

 

El bienaventurado Francisco, en Santa María de la Porciúncula, llamó a fray León, que acudió a su lado y se dispuso a escuchar y escribir:

-Heme aquí preparado.

-Escribe –dijo– ¿cuál es la verdadera alegría?.

Imagina que viene un mensajero y dice que todos los maestros de la universidad de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría.  

Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra entran a formar parte de nuestra hermandad. Escribe: No es la verdadera alegría.

Imagina también que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; o que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.

Pero, entonces, ¿cuál es la verdadera alegría? -repuso el hermano León-.

Piensa, hermano, que volvemos de Perusa y en mitad de una noche oscura llegamos aquí, a nuestra casa. Es tiempo de invierno, de lodos y de frío, hasta el punto de que se forman canelones de agua congelada en las extremidades de la túnica que hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas.

Envueltos en lodo, frío y hielo, llegamos a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, molesto por lo intempestivo de la hora, acude el hermano portero y pregunta: -¿Quién es? Yo respondo: -El hermano Francisco y el hermano León. Y él dice: Fuera; no os conozco, melindres, no es una hora decente para andar mendigando por los caminos; no entraréis. E insistiendo yo de nuevo, me responde otra vez: no os conozco, no os puedo abrir a esta hora.

Y yo de nuevo de pie en la puerta le digo: Por amor de Dios, abridnos. Y él responde: No lo haré. Iros al lugar de los Crucíferos y pedid allí.

Sigo insistiendo, y el hermano portero, perdida la paciencia, con un palo nudoso en sus manos, sale afuera y nos apalea a los dos dejándonos ensangrentados, bañados en lodo y ateridos de frío en la oscuridad de la noche.

Si en esas circunstancias, hermano, hemos tenido paciencia y no nos hemos alterado ni siquiera un ápice, y no hemos proferido palabra de reproche o deseado mal alguno al hermano portero, ahí está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la verdadera caridad.

Escribe, hermano León.
 
 
* * *
Que cada cual saque sus conclusiones. Pero  no dejes de meditar a fin de silenciar los ruidos de la queja, el odio o el deseo de revancha. Sólo entrando en el Silencio, se puede llegar a la verdadera alegría. Sólo ahí se da la verdadera Navidad.
 
 
* * *
 
Lectura del libro de Isaías      
35,  1-6a.  10    


El desierto y el yermo se regocijarán,  se alegrará la estepa y florecerá,  germinará y florecerá como flor de narciso,  festejará con gozo y cantos de júbilo. 

Le ha sido dada la gloria del Líbano,  el esplendor del Carmelo y del Sarón.  Contemplarán la gloria del Señor,  la majestad de nuestro Dios.

Fortaleced las manos débiles,  afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos:  «Sed fuertes, no temáis.  ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite,  la retribución de Dios.  Viene en persona y os salvará».

Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,  los oídos de los sordos se abrirán;  entonces saltará el cojo como un ciervo  y cantará la lengua del mudo. Llegarán a Sión con cantos de júbilo:  alegría sin límite en sus rostros.  Los dominan el gozo y la alegría.  Quedan atrás la pena y la aflicción.
 
Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Diciembre 2019
 
 


lunes, 2 de diciembre de 2019

Orar en adviento (repetición)

Este es un viejo escrito que vuelvo a colgar en el blog. Alguien del grupo me dice que no tenga miedo a repetir, porque aunque el "material" sea el mismo cada uno es distinto cada día, y lo que no  sirvió de luz hace un año  puede servir ahora. Por eso transcribo esta entrada de otros años. Lo vuelvo a enlazar sobre todo para los que no lo conocen, pero también para los que quieran seguir buceando por los mismos mares y darse la oportunidad de encontrar cosas que dejaron pasar en la última inmersión; bien por despiste o porque sus intereses espirituales han cambiado desde entonces.   
 

* * *

“Me pongo en silencio
 y actitud de escucha
ante Dios que viene". 
(Unas claves para la oración en el tiempo de Adviento)

 1.- ME PONGO (YO)

Soy yo quien me pongo ante Dios. Pero mi “yo real”, no el “yo” que quiero que Dios vea. A Él no le puedo engañar. Tal vez a los otros y a mí mismo sí, pero a Él no.


Dice Joan Chittister: “La tentación a la que debemos hacer frente, si queremos verdaderamente aprender a orar, consiste en orar como si fuéramos más de lo que somos. Quizá más piadosos; puede que más dispuestos a aceptar la voluntad de Dios; más espirituales en cuanto a nuestras preocupaciones; más despegados del mundo; más ciudadanos del otro mundo que peregrinos en este… Pero cuando lo único que llevamos a la oración es nuestra santidad, ¿qué estamos haciendo? … ”.
 
 Lo primero que necesitamos para orar bien es “conocimiento personal”, un conocimiento sincero que “nos salva de nosotros mismos”. (Baste como ilustración la parábola del fariseo y el publicano de Lc 18,10-13). Cuando oro, ¿quién se pone ante Dios? ¿Mi "yo ideal" falso? ¿O mi "yo real", mi “yo imperfecto”, pecador, limitado?

2.- EN SILENCIO.

Uno de los títulos más hermosos de María es el de “mujer silente”, madre de Silencio. He de acallar mis ruidos para orar. Sin silencio no hay escucha, que es el siguiente paso. El silencio es la condición necesaria para la música, el seno donde se gesta. Silencio exterior: ¿acaso los lugares bulliciosos son los más adecuados para orar?, silencio mental (acallar los pensamientos, dejarlos a un lado; ¿pienso luego existo? Dios está más allá de nuestras ideas y creencias), silencio del corazón (Es el silencio sagrado que procura serenar el corazón ante el misterio; podéis imaginar a José y María contemplando el misterio del recién nacido; a los pastores, a los magos, … postrados ante Él, callados, contemplando, … El Gran Silencio de la Nochebuena  propició oír la voz del ángel que anunciaba el nacimiento del Salvador...

“Dios dijo a Elías: «Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor». Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva" (1 Re 19,11-13).

El silencio abona el terreno para la escucha; la voz de Dios no es violenta ni arrolladora, sino suave y susurrante; “No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará Manifestará la justicia con verdad”. (Is 42,2-3). Dios no amedrenta ni amenaza, se acerca al hombre en el silencio, en la suavidad de su palabra.
 
3.- ACTITUD DE ESCUCHA.
 
Cuando me dispongo a escuchar música suelo preparar el equipo de sonido, elegir el canal o el disco o soporte que contiene lo que quiero escuchar; selecciono la composición escogida y modulo el volumen para disfrutar de un plato que yo mismo me he preparado.

Muy interesantes todo lo  previo: la programación, la técnica,  los modos, etc. Pero, en la oración, aunque los preparativos para la escucha (charla, lectura espiritual, texto, postura física, control de la respiración,  mantra-jaculatoria, etc…), tienen su importancia, estas cosas no son lo definitivo;  pueden ayudar, pero no constituyen una garantía de encuentro con Dios. Preparo la mesa, pero el alimento es un don. No se puede forzar la venida de Dios, porque ésta es una gracia. Hay quien cree que el encuentro con el Misterio puede ser obtenido por técnicas; creencia propia de los que confunden la experiencia de Dios con sentir ciertos fenómenos provocados.  
 
Lo que se busca en la oración no son extrañas experiencias que engorden el propio "ego", sino el encuentro con Dios. Y éste sólo Dios lo concede. Es tan así que a veces incluso sobra la preparación. Hay que ser humildes y reconocer la evidencia: Dios se revela a quien quiere y como quiere, y nuestros esfuerzos son sólo expresión de buena voluntad hacia él.  

No podemos ir a la oración exigiendo nada.  Escuchar a Dios requiere ponerse ante Él humildemente, hacer silencio, y… esperar. Eso sí, esperar con una conciencia abierta, lanzada hacia fuera. No indago en mis ensoñaciones y vacíos, no me embobo con el eco de mis soledades, no me miro el ombligo, no hago oración encorvado sobre mi propia persona, sino que me abro en silencio hacia fuera... porque, aún estado dentro de nosotros, el Señor nos sale al encuentro desde fuera; no es un encuentro con un desdoblamiento de mi yo, sino con "Otro".

Por tanto, la preparación para el encuentro debe estar más en la actitud  interna que en los modos o actos externos. Santa Teresa resume muy escuetamente cómo orar recurriendo al ejemplo impactante de la mirada entre amantes:   "mira que te mira"  o “los ojos en Él”. Estar abiertos a un cruce de miradas con Dios es un buen principio para orar.
 
 
4.- ANTE DIOS QUE VIENE.
 


La vida de Dios es “gracia”. No está en mis manos alcanzar a Dios. Digámonoslo por enésima vez: no se trata de llegar a Dios sino de disponernos para que Dios se nos allegue. Es cierto que necesitamos una disciplina orante: la "determinada determinación" de santa Teresa; pero ahí acaba todo por nuestra parte.
 
Estamos en el tiempo de  oración: la preparación, el silencio… ¿ahora qué? … Pues como Abrahám a su Hijo Isaac subiendo al monte Moria: “Padre, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?" ¡Te has olvidado de lo esencial!; y "Abrahám respondió: “Dios proveerá” (cf Gn 22). En la oración ocurre los mismo: Dios proveerá su presencia en la oración. Si quiere. Tú déjate llevar por el silencio… No pienses, no especules, no te ates a ideas y conceptos; que tus emociones no te lleven a la distracción de los pensamientos; deja que pasen todos esos ruidos, sin enfadarte, sin alterar tu voluntad íntima de silencio  para Él … Dios, si quiere, pasará ante ti en el susurro, rozando tu piel como un viento suave… No quieras atraparlo, sólo déjate acariciar por Él y disfruta su presencia. Luego, terminada la oración, tendrás tiempo de especular y recapitular, tiempo de hablar e intentar explicar lo inexplicable.

 Orando así preparas el Adviento: tiempo para orar, para despertar, para ejercitar  tu alma en haciéndote consciente del paso de Dios por tu historia y por la historia de tu mundo.
 

II.
Criterios para escuchar a Dios;
empatía, respeto, no juzgar...
 
Dios viene y hay que aprender a escucharle. Ten claro que orar no es ensimismarte, ni lanzarte a un alocado e interminable monólogo contigo mismo o con Dios, sino abrir el oído a la voz-presencia  de Dios; por eso no está mal tener unos acertados criterios para sintonizar con su comunicado.
 
Lo  mismo que son básicos en una acertada comunicación de ayuda entre dos personas unos criterios de escucha, así en Adviento, podríamos ejercitarnos también en la escucha de Dios, del prójimo (próximos) y del mundo.
 

 Para escuchar se requiere, en primer lugar empatía, o lo que viene a ser lo mismo: capacidad de ponerse en lugar del otro, de sentir como el otro, de ver las cosas como las ve el otro… Empatía no es un “hacer como si escuchara”… requiere “autenticidad”…


o Adviento, pues, te invita a “ponerte en lugar de Dios”. ¿Difícil? Tal vez no tanto como solemos creer. Si Dios quiere tu bien y tu vida, ¿cómo se siente cuando ve que te alejas de él? ¿Qué experimentará como Padre cuando como hijo te desmadras?... Se trata de “sentir con el Padre su mirada sobre tí”… Sentir al mismo Dios, el que Jesús te revela,  no te aferres al Dios que a ti te gustaría que fuera.


o Empatiza también con los que te rodean. ¿Cómo los miras? Ponte en su lugar: ¿Qué esperan de ti? ¿Cómo crees que te ven? … ¿Qué espera de ti tu marido, tu hijo, tu vecino, tu compañero de trabajo…?  ... Deja de pretender ser el dueño de la verdad, porque la verdad también está en los otros.


o Y observa el mundo con sus problemas de terrorismo, guerras, consumismo, agnosticismo, etc… Mira, contempla, el mundo… empatiza con un mundo que a veces no te gusta, pero del que formas parte sí o sí. Es tu mundo, y debes amarlo si quieres cambiarlo. 

 o Dios, tus próximos y el mundo te están hablando. Con un lenguaje verbal o no verbal. El Adviento te está invitando a escucharles, con respeto. Respetar a una persona es dejarla ser ella misma, dejar que tu hijo sea tu hijo, no el que tú quieres que sea, que el mundo sea el mundo, con sus grietas a corregir, ese es tu mundo, no el que tu quieres que sea, respetar a Dios es dejar que Dios sea Dios
 

o Tenemos la tendencia a no respetar, a hacer * un Dios a mi medida, a *querer que los que me rodean sean conformes con lo que me gustaría que fueran, *que el mundo funcionara como a mi me gustaría que fuera… Cuando los otros nos son como yo quiero me cierro en banda y no les escucho, no les dejo entrar en mi vida, “cierro los ojos a la realidad” (técnica del avestruz)… me aíslo. Así entro en la oscuridad y la desesperanza.
 
o Escuchar requiere también, como algo ligado íntimamente al respeto, evitar los juicios, las visiones moralistas… ¡Deja que Dios sea el único juez!
 
* Deja de juzgar a Dios (entiendo juzgar como condenar) … "Si Dios me quisiera…", "si Dios fuera bueno…". Gran atrevimiento es este de juzgar a Dios (cf Job 40,4)… Nunca sabemos lo que se esconde detrás de sus acciones… Bueno, si tenemos fe, estamos dispuestos a aceptar que en Dios se esconde una buena voluntad que a menudo no entendemos… Has de saber que “tú no eres tus pensamientos”, no eres lo que crees que eres, y el mundo no es lo que piensas, y por supuesto Dios no es el Dios que tú crees que es. Dios supera cualquier previsión de tu mente; tanto es así que para decir algo de Él convienen más las negaciones que las afirmaciones (teología apofática).

* Deja de juzgar al prójimo. ¿Acaso no serías tú peor que el peor de los humanos si Dios no estuviera contigo? Cuando Juzgas a tu hermano no ves a tu hermano, ves sus actos, … no has entrado en el misterio de su persona… Sé como el mismo Dios que viene: "No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas" (Is 11,3), su juicio será de amor, desde su  corazón compasivo a tu corazón herido por la violencia. Recuerda el “diamante” que es tu hermano. En su más profundo centro lleva la presencia de Dios.  Tal vez no tiene, como tú, la suerte de saberlo.

* Y, en fin,  deja de juzgar al mundo… Abandona la “cultura de la queja”, del victimismo, del “¡salvádme!”… Pasa mejor a la cultura de la acción… Dios se revela “obrando” (Soy el que soy siendo) …


o Nuestras “valoraciones morales” se ponen entre nosotros y la realidad, oscurecen el entorno, no nos dejan ver la luz… Las lágrimas impiden ver el sol…  Los juicios "de oídas y desde la apariencia", el “lastimeo” (la pena, el pesimismo), los prejuicios sobre Dios, sobre la Iglesia, el mundo o los hombres,  paralizan; el optimismo y  la confianza  lanza a la acción con alegría. Frente a la "escuela de sospecha" (no hay Dios, no hay honradez, no hay verdad, no hay justicia...) y sus maestros (Feuerbach, Marx, Nietzsche, Freud)  el orante opone una "escuela de confianza" (Hay camino, hay verdad, hay vida) y un maestro (Jesús de Nazaret). Desde aquí oramos.

ADVIENTO ESTA PIDIENDO “ATENCION”, “ESCUCHA”, “ESPERANZA”… Vivir atentos (attendre, esperar)… salir de nosotros mismos para situarnos en el Otro, los otros y lo otro (apertura, observación, contemplación pura –sin prejuicios, sin condenas, ..- Un buen ejercicio para estos días: hacer silencio (de creencias, de ideas, de preocupaciones, de prejuicios… y contemplar desde el corazón)…

Estar atentos a Cristo que Pasa, que nace en belén, en el mundo, en el hermano, en ti mismo. Eso es orar. En silencio, sin prejuicios, abiertos a la esperanza. No dejes escapar la oportunidad que en este tiempo se te ofrece.

Y no olvides que Dios no te pide que subas al cielo para venir a ti; no te pide ser perfecto; Dios te encuentra donde tú estas, con tus bondades y tus deficiencias. Como a María,  a Abrahán, a Moisés, a Pedro, a Mateo, a Zaqueo, ... y a tantos otros, DIOS TE ENCUENTRA DONDE TÚ ESTAS. Permanece atento, en escucha.
 
Casto Acedo.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Esperanza

 Comienza el tiempo de Adviento, unas semanas para disponer el corazón al encuentro con Dios. Toda oración, y especialmente la contemplativa, es un ejercicio de adviento, de disponibilidad para recibir al que viene, o de abrirnos al que siempre ha estado.  En estos días ponemos de fondo la esperanza, virtud que solemos valorar por debajo de la fe y el amor. Fe, esperanza y caridad son virtudes "teologales", es decir,  antes que nada  son don de Dios. No puedo alcanzar la fe, la esperanza y el amor por mis propias artes; Dios las da a quien quiere, cuando quiere y como quiere; a mi solo me corresponde disponerme a recibir estas virtudes poniendo los medios necesarios. Uno de esos medios es la meditación.  Digamos algo sobre la esperanza.
 
 
"Siempre me ha gustado el desierto.
Puede uno sentarse en una duna,
nada se ve, nada se oye
y sin embargo,
algo resplandece en el silencio…
- Lo que más embellece al desierto
-dijo el principito-
es el pozo que oculta en algún sitio…”.

La cita es de Saint-Exupèry en El principito… Habla de desierto, de descansar sobre algo tan inestable y hermoso como una duna, de contemplar algo que resplandece en el silencio. Nada se ve, nada se oye. Pero bajo la simplicidad del paisaje aparentemente estéril,  se vislumbra el manantial. Un pozo de agua bajo la arena del desierto. ¡Se puede definir de un modo más bello la esperanza?
 
Símbolo clásico de esta virtud es el ancla, que estabiliza la nave en el puerto cuando corre el riesgo de ser mecida por el mar embravecido. El pozo que oculta el desierto, la fuente que se esconde en el hondón de cada persona,  ¿no es ancla que estabiliza y sosiega en la tormenta? 
 
Santa Teresa, en Camino de perfección habla del agua hacia la que se encamina el buscador de Dios. El manantial se halla en el centro del alma, “queramos que no, hijas mías, todos caminamos hacia esta fuente, aunque de diferentes maneras. Que no  os engañe nadie en mostraros otro camino para llegar a beberla sino el de la oración” (21,7).
 
El deseo, la “sed de Dios”, es el punto de partida de la práctica de la meditación. El pozo oculto en el corazón es la esperanza que anima al meditador. Se trata de ahondar en el propio ser, de conocerse a sí mismo para conocer a Dios, y de conocer a Dios  para conocerse a sí mismo.   ¿Por qué os digo que la meta del camino espiritual es llegar a beber de la fuente de Agua Viva? -añade  santa Teresa-. “Para que no os congojéis del trabajo y contradicción que hay en el camino, y vayáis con ánimo, y no os canséis” (19,14). O sea, para que no perdáis la esperanza.

Cercana la Navidad no viene mal tomar conciencia del Adviento, de la venida de Dios a nosotros. Viene para cambiar el pesimismo social que  respiras, las alucinaciones consumistas que te seducen y la dispersión en que vives. No viene mal ejercitarte (meditar) en descubrir que bajo la arena de las navidades se esconde la Navidad. Para verla te has de despojar de lo que te distrae. "Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfrenos, nada de envidias y rivalidades" (Rom 11,13), es decir, nada de "ego"; y  despertar el "yo".

“La noche está avanzada, el día está cerca” (Rm 11,12).No seas pesimista porque estos no son tiempos oscuros; no estamos entrando en la oscuridad sino saliendo de ella. La esperanza del místico está puesta en el día que despunta; espera el amanecer con ojos abiertos y esperanzados. Una voz le grita: ¡Es hora de despertar del sueño, porque la aurora está cada vez más cerca! (Rm 11,11).

 

 * * *
 La esperanza no está fuera de ti, está dentro, en lo más íntimo de ti mismo.  Lo más bello del desierto es que en algún lugar esconde un manantial. También ese secreto es lo más hermoso que tú mismo tienes; y los demás. En tu desierto cierra los ojos, acalla todo,  y percibe el torrente de la Vida que fluye en ti. Está en  tu interior; Cada día, en cada instante.  Ahí, en eterna presencia, está la esperanza que no defrauda.
 
Siéntate en la duna de tu desierto. Vacíate  de ideas, sentimientos y deseos. Y ora al ritmo de tu anhelo:  
 
Maranatha,
¡Ven, Señor, Jesús!
 

*  *  *
 
CARTA DEL APOSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS
13, 11-14a
 
Hermanos:

Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.
 
Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo.
 
Casto Acedo. Noviembre 2019
 

sábado, 23 de noviembre de 2019

Cristo Rey

 
Una reflexión e invitación a orar en la fiesta de Cristo rey. Se trata de meditar (mente) sobre la grandeza-humildad de Cristo Rey, cuya realeza se manifiesta de modo especial en el Calvario, y contemplar (mirar con el corazón) tu interior como "palacio del Rey", dejando que el Reino de Dios invada todo tu ser. Todo lo demás, se apunta, se te dará por añadidura.
 
 
Al llegar a aquel lugar tan pobre, me encontré a una niña pequeña que llevaba a su espalda a su hermanito.
- Hija mía –le dije-, llevas una carga pesada.
Me miró y me repuso:
- ¡No llevo una carga pesada, llevo a mi hermano!

No supe qué replicarle. Las palabras de esa niña me llegaron a lo más profundo del corazón. Cuando parece que los problemas de la gente van a hundirme con su peso, hasta el punto de que mi corazón casi se siente vencido, me vienen a la memoria las palabras de aquella niña: “No llevo una carga pesada. ¡Llevo a mi hermano!”.

* * *
 
La fiesta de Cristo Rey corre siempre el riesgo de ser leída en clave triunfalista. No son pocos los que han hecho un uso blasfemo del grito “¡Viva Cristo Rey!" justificando monarquías absolutistas o no sé que otras políticas dictatoriales más o menos teocráticas.

¡Qué lejos de la imagen de mi Cristo Rey Crucificado! Su trono, la cruz; su corona, un trenzado de espinas; su cetro, una caña cascada a golpes en su cabeza; su manto, un trapo rojo que sirve de mofa; sus honores, los escupitajos de unos desalmados y embrutecidos soldados; su gloria, la soledad y el abandono de los suyos; … Mirado desde el prisma de los reyes de este mundo, Jesucristo es el anti-rey; y así lo veía el malhechor que le insultaba y se burlaba desahogando en Él su frustración (Lc 23,39).

Sin embargo, la piedra que desecharon los arquitectos es la piedra angular del edificio espiritual cristiano (Mt 21,42). El Reino de Dios es la clave del mensaje de Jesús.  Casi todas sus parábolas hablan del Reino (“El reino de los cielos se parece a…”), un Reino, dice:


* que no vendrá de forma espectacular sino calladamente, como la semilla de mostaza que sorprende por ser capaz de llegar a lo más alto desde lo más pequeño; o la levadura que en silencio fermenta y da crecimiento a la masa (Mt 13,31-33);
* un reino que es banquete de bodas del Hijo del Rey, al que son invitados los más pobres (Lc 14,12-24),
* reino que está ya aquí y que pedimos que venga (Mt 6,10; Lc 11,2); 
* el reino de la bienaventuranza de los pobres, de los que sufren, de los perseguidos por causa de la justicia, de los que trabajan por la paz (Mt 5,3-12)…

Al final del camino el meditador descubre que Rey y Reino, Jesús y su mensaje, son una misma cosa; porque donde está el Reino del amor, allí está Él.

Ese reino tiene una constitución: las bienaventuranzas; y una ley fundamental: amar como ama el Rey (Jn 13,34); y un estandarte que contemplado con fe ilumina y salva: la cruz (Jn 3,13-17). 

Para que ilumine se necesita una “mirada convertida”. Porque no salva mirar la cruz como signo del sufrimiento que es preciso aguantar para aplacar la ira de un Dios revanchista; tampoco salva la cruz de una ascética sin amor. Salva la cruz del amor generoso, la cruz mirada con los ojos de la niña que no sabe de teologías ni de asfixiantes leyes morales, pero sí sabe de fraternidad y misericordia. ¡No llevo una carga pesada, llevo a mi hermano!

Esa Cruz es la del Reino, la cruz del amor. Y en ella está el Rey, clavado como diamante en el engaste de una joya. Tú eres el engaste, Cristo es el diamante; porque el Reino de este Rey está dentro de ti. “Que si bien lo consideramos –dice santa Teresa- no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?” (1 M 1,2).

* * *
 

Contempla a la niña que carga con su hermano. ¿Cuál es su secreto? Lleva a Cristo en su interior, y con Él su hermano no es una carga sino una gracia, un don maravilloso. ¿Entiendes ahora aquello de que lo más importante en la vida es buscar el Reino que es Jesús?
 
Aprovecha la solemnidad de Cristo Rey para contemplarte como palacio de Rey, como hábitat del Reino de Dios, como lugar donde Cristo pone su amor. Como Dios en el Edén,  con la brisa de la tarde, Él  baja al jardín que es tu interioridad a estar y pasear contigo. En ti se delita, ¿no te parece grandioso? Facilítale su estancia. Deja que reine en tu vida; permite que te invada su Presencia Soberana, y todo lo demás se te dará en, con y por Él (Mt 6,33).
 
 
* * *
 
 
EVANGELIO
Lucas 23,35-43

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo:
—«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
—«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

—«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro lo increpaba:
—«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada».

Y decía:
—«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le respondió:
—«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

 
Casto Acedo. Noviembre 2019

sábado, 16 de noviembre de 2019

Permanecer en Cristo

Nuevamente, una reflexión sobre el Evangelio del domingo, que espero que también nos sirva para el próximo encuentro (Miércoles, 20 a las 19,30 ). Como textos complementarios tenéis al final el Evangelio y la oración "Adora y confía" de Theilard de Chardin, que ya conocemos, pero que es bueno meditarla desde la perspectiva que se propone en esta entrada. 
 

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Imagínate con otros amigos o amigas entrando con Jesús en la Catedral de Santiago a la que habéis llegado tras varios días de peregrinación. El ambiente que se respira en el templo es de alegría, de satisfacción por el camino recorrido.

Todos quedáis gratamente impresionados contemplando las grandiosidad de la plaza del Obradoiro, la belleza del pórtico de la gloria y la magnificencia de la Catedral. ¡Ha merecido la pena!
 
De pronto, ante los ojos sorprendidos de los peregrinos, Jesús exclama:  “Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra, todo será destruido”. (Lc 21,6). La sorpresa del momento se cambia en estupefacción. ¡A este hombre no hay quien lo entienda! Luego comienza a hablar de malas noticias: guerra, destrucción, persecuciones, disensiones familiares…, y termina invitando a ser perseverantes. ¿En qué?
 
Jesús, cuando la grandiosidad de la exterioridad te tiene atrapado, aprovecha el momento para volver a la interioridad y poner ante ti lo que el budismo llama la impermanencia. Todo pasa, todo cambia, nada permanece; sólo puedes  vivir el momento, y desde el instante presente observar el ir y venir de todas las cosas.

Observando la impermanencia de todo te das cuenta de que el sufrimiento es fruto del apego a cosas que no tienen consistencia, porque están en constante cambio. Te apegas no sólo a la materialidad de las cosas, sino también a las ideas y creencias acerca de ellas, un apego mucho más sutil y complicado de discernir. Así, por ejemplo, crees que estas apegado al dinero, pero en realidad estás atado aal prestigio que te da, o a la idea de los beneficios que crees que el  te reporta; o crees que estás apegado a tu familia o a otras personas cuando lo que te preocupa es tu soledad.
 
Si todo es impermanencia, ¿no hay nada donde asirse?  El budismo queda esta pregunta en el aire, sin respuesta concreta, como indicando sólo la conveniencia de desligarse del sufrimiento que suele generar el estar aferrados a algo. La virtud está en la habilidad de fluir con las cosas y en la contemplación de los valores que se vislumbran eternos.
 
Jesús avisa: todo lo que veis es caduco. ¡Que nadie os engañe! No vayáis tras ello; dejadlo pasar.

Pero hay algo que no acabáis de ver, algo que es eterno, que no pasa nunca. Un puerto interior donde tender el ancla   y hacer frente a la tormenta de la exterioridad .¿De qué se trata? De Él mismo. Jesús es eternidad. Aunque fluye contigo en el devenir de la historia, es, sin embargo, imperecedero. Es el misterio de la encarnación.


Parangonando un texto bíblico, “Cristo, que es rico en su eternidad, abrazó la pobreza de la impermanencia, para enriquecernos a todos con ese gesto” (cf 2 Cor 8,9). La clave está en permanecer en Cristo.  “Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn , 31-32). Cristo es el eje que siempre permanece, que no pasa nunca (cf Mt 24,35). 
 
 En cierta ocasión le preguntaron acerca de él mismo: ¿Quién eres? “¿Qué signos nos muestras para obrar así?. Y él contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo.  (Jn 2,18-21). Aunque los templos de este mundo están sometidos a ley del devenir, hay un templo que escapa a esta ley y es eternamente estable: Jesucristo, Dios humanado, eternidad encarnada, permanencia eterna.
 
Quien permanece en Cristo persevera con él en los conflictos y los cambios. “Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él“ (1 Jn 4,15-16). Frente a la caducidad de las cosas, la permanencia del amor (cf 1 Cor 13,8).  ¿No es hermoso? Permanecer en Dios, permanecer en Cristo, permanecer en el amor. Sólo eso. 
 
Cuando vives agobiado, cuando a tu alrededor se oyen tambores de guerras y conflictos, cuando te ves desplazado en tu cargo, menospreciado o desconsiderado por otros,... sufres. Pero no son esas realidades las que te hacen sufrir, sino la impermanencia del ego que se resiste a morir y te seduce para que te aferres a tus ilusiones, tus aspiraciones, tus deseos.
 
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Relájate, acalla tus potencias, contempla el fluir de tus pensamientos, preocupaciones y deseos.  No te vayas tras ellos, son inconsistentes. Como dice Theilard de Chardin, "todo cuanto te inquiete es falso", impermanente. ¡Los ojos en Cristo!, dice santa Teresa. No tienes nada que temer (Rm 8,31-38). Permanece en Él y deja fluir todo lo demás. En Cristo encuentras tu identidad , tu armonía. Contempla en Él tu verdad de hijo amado de Dios.
 
No pienses en nada que no sea Él, no te dejes influir por nada que no venga de Él, no desees nada que no desee Él. Ancla tu corazón en Cristo, respira en Él, permanece en su amor. Adora y confía.
 
 
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EVANGELIO (Lucas 21,5-19). 

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».


Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.

Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».

Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.

Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.

 
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
 
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ADORA Y CONFIA
No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.

Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.

Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado;
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí;
y que llegará hasta ti,
aunque jamás le veas.
Piensa que estas en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz. Te lo suplico.
Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica.
Ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro,
una dulce sonrisa,
reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.

Y en el fondo de tu alma
coloca, antes que nada,
como fuente de energía
y criterio de verdad,
todo aquello que te llene
de la paz de Dios.

Recuerda:
cuanto te reprima e inquiete
es falso.
Te lo aseguro en el nombre
de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
por eso, cuando te sientas
apesadumbrado, triste,
adora y confía.

                                                                                              Teilhard de Chardin, SJ

 
Casto Acedo. Noviembre 2019