Una reflexión e invitación a orar en la fiesta de Cristo rey. Se trata de meditar (mente) sobre la grandeza-humildad de Cristo Rey, cuya realeza se manifiesta de modo especial en el Calvario, y contemplar (mirar con el corazón) tu interior como "palacio del Rey", dejando que el Reino de Dios invada todo tu ser. Todo lo demás, se apunta, se te dará por añadidura.
Al llegar a aquel lugar tan pobre, me encontré a una niña pequeña que llevaba a su espalda a su hermanito.
- Hija mía –le dije-, llevas una carga pesada.
Me miró y me repuso:
- ¡No llevo una carga pesada, llevo a mi hermano!
No supe qué replicarle. Las palabras de esa niña me llegaron a lo más profundo del corazón. Cuando parece que los problemas de la gente van a hundirme con su peso, hasta el punto de que mi corazón casi se siente vencido, me vienen a la memoria las palabras de aquella niña: “No llevo una carga pesada. ¡Llevo a mi hermano!”.
- Hija mía –le dije-, llevas una carga pesada.
Me miró y me repuso:
- ¡No llevo una carga pesada, llevo a mi hermano!
No supe qué replicarle. Las palabras de esa niña me llegaron a lo más profundo del corazón. Cuando parece que los problemas de la gente van a hundirme con su peso, hasta el punto de que mi corazón casi se siente vencido, me vienen a la memoria las palabras de aquella niña: “No llevo una carga pesada. ¡Llevo a mi hermano!”.
* * *
La fiesta de Cristo Rey corre siempre el riesgo de ser leída en clave triunfalista. No son pocos los que han hecho un uso blasfemo del grito “¡Viva Cristo Rey!" justificando monarquías absolutistas o no sé que otras políticas dictatoriales más o menos teocráticas.
¡Qué lejos de la imagen de mi Cristo Rey Crucificado! Su trono, la cruz; su corona, un trenzado de espinas; su cetro, una caña cascada a golpes en su cabeza; su manto, un trapo rojo que sirve de mofa; sus honores, los escupitajos de unos desalmados y embrutecidos soldados; su gloria, la soledad y el abandono de los suyos; … Mirado desde el prisma de los reyes de este mundo, Jesucristo es el anti-rey; y así lo veía el malhechor que le insultaba y se burlaba desahogando en Él su frustración (Lc 23,39).
Sin embargo, la piedra que desecharon los arquitectos es la piedra angular del edificio espiritual cristiano (Mt 21,42). El Reino de Dios es la clave del mensaje de Jesús. Casi todas sus parábolas hablan del Reino (“El reino de los cielos se parece a…”), un Reino, dice:
* que no vendrá de forma espectacular sino calladamente, como la semilla de mostaza que sorprende por ser capaz de llegar a lo más alto desde lo más pequeño; o la levadura que en silencio fermenta y da crecimiento a la masa (Mt 13,31-33);
* un reino que es banquete de bodas del Hijo del Rey, al que son invitados los más pobres (Lc 14,12-24),
* reino que está ya aquí y que pedimos que venga (Mt 6,10; Lc 11,2);
* el reino de la bienaventuranza de los pobres, de los que sufren, de los perseguidos por causa de la justicia, de los que trabajan por la paz (Mt 5,3-12)…
Al final del camino el meditador descubre que Rey y Reino, Jesús y su mensaje, son una misma cosa; porque donde está el Reino del amor, allí está Él.
Ese reino tiene una constitución: las bienaventuranzas; y una ley fundamental: amar como ama el Rey (Jn 13,34); y un estandarte que contemplado con fe ilumina y salva: la cruz (Jn 3,13-17).
¡Qué lejos de la imagen de mi Cristo Rey Crucificado! Su trono, la cruz; su corona, un trenzado de espinas; su cetro, una caña cascada a golpes en su cabeza; su manto, un trapo rojo que sirve de mofa; sus honores, los escupitajos de unos desalmados y embrutecidos soldados; su gloria, la soledad y el abandono de los suyos; … Mirado desde el prisma de los reyes de este mundo, Jesucristo es el anti-rey; y así lo veía el malhechor que le insultaba y se burlaba desahogando en Él su frustración (Lc 23,39).
Sin embargo, la piedra que desecharon los arquitectos es la piedra angular del edificio espiritual cristiano (Mt 21,42). El Reino de Dios es la clave del mensaje de Jesús. Casi todas sus parábolas hablan del Reino (“El reino de los cielos se parece a…”), un Reino, dice:
* que no vendrá de forma espectacular sino calladamente, como la semilla de mostaza que sorprende por ser capaz de llegar a lo más alto desde lo más pequeño; o la levadura que en silencio fermenta y da crecimiento a la masa (Mt 13,31-33);
* un reino que es banquete de bodas del Hijo del Rey, al que son invitados los más pobres (Lc 14,12-24),
* reino que está ya aquí y que pedimos que venga (Mt 6,10; Lc 11,2);
* el reino de la bienaventuranza de los pobres, de los que sufren, de los perseguidos por causa de la justicia, de los que trabajan por la paz (Mt 5,3-12)…
Al final del camino el meditador descubre que Rey y Reino, Jesús y su mensaje, son una misma cosa; porque donde está el Reino del amor, allí está Él.
Ese reino tiene una constitución: las bienaventuranzas; y una ley fundamental: amar como ama el Rey (Jn 13,34); y un estandarte que contemplado con fe ilumina y salva: la cruz (Jn 3,13-17).
Para que ilumine se necesita una “mirada convertida”. Porque no salva mirar la cruz como signo del sufrimiento que es preciso aguantar para aplacar la ira de un Dios revanchista; tampoco salva la cruz de una ascética sin amor. Salva la cruz del amor generoso, la cruz mirada con los ojos de la niña que no sabe de teologías ni de asfixiantes leyes morales, pero sí sabe de fraternidad y misericordia. ¡No llevo una carga pesada, llevo a mi hermano!
Esa Cruz es la del Reino, la cruz del amor. Y en ella está el Rey, clavado como diamante en el engaste de una joya. Tú eres el engaste, Cristo es el diamante; porque el Reino de este Rey está dentro de ti. “Que si bien lo consideramos –dice santa Teresa- no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?” (1 M 1,2).
* * *
Contempla a la niña que carga con su hermano. ¿Cuál es su secreto? Lleva a Cristo en su interior, y con Él su hermano no es una carga sino una gracia, un don maravilloso. ¿Entiendes ahora aquello de que lo más importante en la vida es buscar el Reino que es Jesús?
Aprovecha la solemnidad de Cristo Rey para contemplarte como palacio de Rey, como hábitat del Reino de Dios, como lugar donde Cristo pone su amor. Como Dios en el Edén, con la brisa de la tarde, Él baja al jardín que es tu interioridad a estar y pasear contigo. En ti se delita, ¿no te parece grandioso? Facilítale su estancia. Deja que reine en tu vida; permite que te invada su Presencia Soberana, y todo lo demás se te dará en, con y por Él (Mt 6,33).
* * *
EVANGELIO
Lucas 23,35-43
En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo:
—«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
—«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
—«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro lo increpaba:
—«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada».
Y decía:
—«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le respondió:
—«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Casto Acedo. Noviembre 2019



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