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lunes, 28 de octubre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 46

46.

UNA INSTRUCCIÓN PROVECHOSA PARA EVITAR ESTOS ENGAÑOS; QUE EN LA CONTEMPLACIÓN SE HA DE CONFIAR MÁS EN UN ENTUSIASMO GOZOSO QUE EN LA SIMPLE FUERZA BRUTA

Por el amor de Dios, pues, sé cauto y no te fuerces imprudentemente en esta obra. Confía más en un alegre entusiasmo que en la simple fuerza bruta.[1] Pues cuanto más alegremente procedas, más humilde y espiritual se hará tu contemplación. Si, por el contrario, te conduces morbosa mente, los frutos resultantes serán toscos y no naturales. Por eso, sé cauto. En efecto, todo el que pretende acercarse a esta encumbrada montaña de la oración contemplativa por medio de la simple fuerza bruta, será arrojado con piedras.

Sabes que las piedras son cosas ásperas y secas que hieren terriblemente cuando golpean. Sin duda que una represión morbosa dañará tu salud, pues carece del rocío de la gracia y está completamente seca. Causará, además, un gran daño a tu mente alocada, llevándola a tropezar en ilusiones diabólicas. Por eso te vuelvo a decir que evites todo impulso no natural y que aprendas a amar con alegría con una suave y dulce disposición de cuerpo y de alma. Espera con alegre y modesta finura la iniciativa del Señor y no trates de arrebatar impacientemente la gracia cual codicioso lebrel muerto de hambre.

Hablo ahora medio en broma, pero trata de dominar el agudo y espontáneo suspiro de tu espíritu e intenta ocultar el ansia de tu corazón a los ojos del Señor. Quizá desprecies esto que te digo como algo infantil y frívolo, pero créeme, quien tenga la luz para entender lo que estoy diciendo y la gracia de seguirlo, experimentará, en efecto, las delicias de los gozos del Señor. Pues como un padre que juguetea con su hijo, estrechará y besará a quien viene a él con un corazón de niño.

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NOTAS 

[1] * El que siempre se quisiere ir arrimando a la habilidad y discurso natural para ir a Dios no será muy espiritual. Porque hay algunos que piensan que a pura fuerza y operación del sentido, que de suyo es bajo y no más que natural, pueden venir y llegar a las fuerzas y alteza del espíritu sobrenatural; al cual no se llega sino el sentido corporal con su operación anegado y dejado aparte” (Llama de amor viva, 2,14).

* ”¡Oh, pues, almas! Cuando Dios os va haciendo tan soberanas mercedes que os lleva por estado de soledad y recogimiento, apartándoos de vuestro trabajoso sentir, no os volváis al sentido. Dejad vuestras operaciones, que, si antes os ayudaban para negar al mundo y a vosotros mismos que érades principiantes, ahora que os hace ya Dios merced de ser el obrero, os serán obstáculo grande y embarazo. Que, como tengáis cuidado de no poner vuestras potencias en cosa ninguna, desasiéndolas de todo y no embarazándolas, que es lo que de vuestra parte habéis de hacer en este estado solamente, junto con la advertencia amorosa, sencilla, que dije arriba, de la manera que allí lo dije, que es cuando no os hiciere desgana el tenerla, porque no habéis de hacer ninguna fuerza al alma si no fuere en desasirla de todo y libertarla, porque no la turbéis y alteréis la paz y tranquilidad. Dios os las cebará de refección celestial, pues que no se las embarazáis” (Ibid 3,65) .

Octubre 2024
C. A

viernes, 11 de octubre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 45

45.

UNA BUENA EXPOSICIÓN DE CIERTOS ENGAÑOS QUE PUEDEN ACECHAR AL CONTEMPLATIVO [1]

Te debo advertir que un joven novicio, sin experiencia en la contemplación, está expuesto a una gran decepción si no está constantemente alerta y no es lo suficientemente sincero para buscar un guía seguro. El peligro es que puede dar al traste con su fortaleza física y caer en aberraciones mentales por medio del orgullo, la sensualidad y una engañosa sofistería.

He aquí cómo puede insinuarse la decepción. Un joven o una joven recién iniciado en el camino de la contemplación empieza a oír hablar del deseo por el que el hombre eleva su corazón a Dios, ansiando incesantemente experimentar su amor; oye hablar también sobre la tristeza que acabo de describir. Considerándose vanamente diestro y sofisticado en la vida espiritual, no tarda en comenzar a interpretar lo que oye en términos literales y materiales, perdiendo completamente de vista el sentido espiritual más profundo. Y por eso violenta locamente sus recursos físicos y emocionales más allá de toda razón. Despreciando la inspiración de la gracia y excitado por la vanidad y la presunción, fuerza su aguante tan mórbidamente que en poco tiempo se encuentra fatigado y extenuado en cuerpo y espíritu. Después siente la necesidad de aliviar la tensión creada buscando una compensación baladí, material o física, como relajación del cuerpo y del espíritu.[2]

Suponiendo que salga de esto, su ceguera espiritual y el abuso que inflige a su cuerpo en esta pseudo-contemplación (pues difícilmente se puede llamar espiritual) le pueden llevar a fomentar sus pasiones de forma no natural o a crear en él un estado frenético.[3] Y todo ello es el resultado de una pseudo-espiritualidad y de un mal trato del cuerpo. Está instigado por su enemigo, el demonio, que se vale de su orgullo, sensualidad y presunción intelectual para engañarle.[4]

Esta clase de personas creen, por desgracia, que la exaltación que sienten es el fuego del amor encendido en sus pechos por el Espíritu Santo. De este engaño y otros semejantes surgen males de todas clases, mucha hipocresía, herejía y error. Esta especie de pseudo-experiencia trae consigo el falso conocimiento propio de la escuela del diablo, de la misma manera que la auténtica experiencia comporta la comprensión de la verdad enseñada por Dios.[5] Créeme cuando te digo que el diablo tiene sus contemplativos como Dios tiene los suyos.

La falsedad de las pseudo-experiencias y del falso conocimiento se da de mil maneras y situaciones según las diferentes mentalidades y disposiciones de los engañados, de la misma manera que la experiencia verdadera asume muy diferentes formas subjetivas. Pero voy a detenerme aquí. No quiero cargarte con más conocimientos de los que necesitas para hacer seguro tu camino. ¿De qué puede servirte el oír que el maligno ha engañado a grandes clérigos y en diferentes etapas de su vida? De nada, estoy seguro. Por eso, sólo describiré aquellas trampas que puedes encontrar con más facilidad a medida que avanzas en esta obra. Te digo que puedes ser avisado de antemano y evitarías.


[1] Un número este de Nube del no saber que pone en guardia acerca de los peligros de la contemplación. Es importante este número, porque nos avisa. En el siguiente nos dará consejos para evitar los engaños, aquí avisa de que esos engaños existen, y son muy sutiles, tanto como “el demonio”.

[2] Es muy común caer en la tentación de confundir  los avances espirituales con sensaciones placenteras y agradables, confundiendo el don de los gustos y contentos que Dios da con merecimientos fruto de conquistas personales. Se evita todo lo que desagrada “perdiendo completamente de vista el sentido espiritual más profundo”. Llegado a este punto el falso espiritual “violenta locamente sus recursos físicos y emocionales más allá de toda razón”, es decir, pierde el sentido común de la fe y busca sólo la satisfacción personal. Quien inicia este camino suele terminar agotado, incluso físicamente, por ejercicios desmesurados en busca de “novedades”. “En poco tiempo se encuentra fatigado y extenuado en cuerpo y espíritu. Después siente la necesidad de aliviar la tensión creada buscando una compensación baladí, material o física, como relajación del cuerpo y del espíritu”. La frustración de no experimentar lo que busca obsesivamente le llevará a buscar compensaciones fuera (avaricia, lujuria, ira, pereza, etc.). Cuando estas compensaciones dan la cara conviene revisar a fondo la vida espiritual.

[3] “Un estado frenético”, acelerado, obsesivo, amante del ruido y experiencias espectaculares. Todo lo contrario de la calma y serenidad que  da el Espíritu y que ilumina con su paz el camino a seguir.

[4] Iluminador en esto de los tejemanejes del demonio es el el capítulo 4 de las Moradas quintas de santa Teresa; advierte de que ha “conocido personas muy encumbradas llegar a este estado (desposorios) y con gran sutileza y ardid del demonio tornarlas a ganar para sí; porque debe juntarse todo el infierno para ello, porque, como muchas veces digo, no pierden un alma sola sino gran multitud” (4,6). Es decir, que la caída de un avanzado en el camino es escándalo para los que le tienen por vituoso, igual que su testimonio es de ánimo para muchos.  A media que uno se acerca a la Luz las tinieblas se defienden queriendo arrastrar al espiritual hacia ellas. 

[5] El conocimiento propio:  dice santa Teresa que “es cosa tan importante este conocernos que no querría en ello hubiese jamás relajación, por subidas que estéis en los cielos; pues mientras estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la humildad” (1 M 2,9). Aquí Nube del no saber habla de “conocimiento propio de la escuela del diablo”, al que lógicamente no hay cosa que más le importe que la vanidad y la soberbia. Santa Teresas apunta que el remedio contra el ángel de luz que es el demonio que se presenta bajo forma de bien, no puede ser otro que buscar sinceramente la voluntad de Dios: “si esta alma se estuviese siempre asida a la voluntad de Dios, que está claro que no se perdería; mas viene el demonio con unas sutilezas grandes, y debajo de color de bien vala desquiciando en poquitas cosas de ella y metiendo en algunas que él le hace entender que no son malas, y poco a poco oscureciendo el entendimiento y entibiando la voluntad y haciendo crecer en ella el amor propio, hasta que de uno en otro la va apartando de la voluntad de Dios y llegando a la suya.”. ¿Dónde hallar la voluntad de Diosque santa Teresa recomienda como remedio a las tentaciones y desviaciones en la oración? Buscándola en la meditación y estudio de la Sagrada Escritura y estando bajo la dirección de maestros espirituales adecuados. Como dice a su inico este número de Nube, quien es tentado "está expuesto a una gran decepción si no está constantemente alerta y no es lo suficientemente sincero para buscar un guía seguro". 

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Octubre 2024
Casto Acedo

martes, 8 de octubre de 2024

San Pablo

 

Pablo de Tarso

Cada mes hablaremos y profundizaremos en la vida y enseñanzas de místicos relevantes en la historia de nuestra Iglesia. El libro que seguimos para ello, Testigos de la experiencia de fe, nos presenta a doce santos que han marcado las líneas de la espiritualidad cristiana.

Comenzamos con SAN PABLO (Páginas 11-22). ¿Puede ser considerado un místico? Esa es la pregunta que abre el tema. No hay duda de que la predicación de Pablo, que fue capaz de revolucionar y extender el cristianismo por todo el imperio Romano, tiene en sus inicios una experiencia de Dios, un “encuentro místico con Jesucristo”. Eso le lleva a una “conversión” progresiva, hasta poder decir “estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,19-20).

La experiencia del encuentro conduce a una conciencia de la Presencia de Dios en la vida diaria. Eso es la fe, virtud que “no se reduce en absoluto a la adhesión a unas verdades que exceden la capacidad de la razón humana. Es una experiencia que afecta a la persona toda, que impregna toda su vida y origina una vida nueva” (Pg 13).

En la próxima reunión podemos preguntarnos y compartir:

1) ¿Qué es lo que más me llama la atención de san Pablo? 

2) ¿Qué es para mi la fe?

3) ¿Qué relación veo entre fe y “experiencia mística”?

4) ¿Cómo entiendo la expresión de san Pablo: “El justo vive por la fe” (Gal 3,11; Rm 1,17)

5) ¿Cómo entiendo que se “ejercita” la fe?

Las preguntas son orientativas; se trata de que compartamos lo que más nos haya impresionado de lo leído sobre san Pablo en el libro que seguimos o en lo aprendido en otras lecturas o foros.

Como trasfondo del tiempo de silencio ponemos el texto de Gal 2,19-21 que está en la pg. 21:
“Estoy crucificado con Cristo, y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mi. Ahora, en mi vida mortal, vivo creyendo en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí. No quiero hacer estéril la gracia de Dios; pero si la salvación se alcanza por la ley, entonces Cristo habría muerto en vano”.
Los demás textos recogidos al final del capítulo dedicado a san Pablo pueden servir para profundizar en los silencios personales que cada cual haga durante este mes. Cada mes nos ocuparemos de un testigo de la fe.

Octubre 2024
Casto Acedo.

martes, 1 de octubre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 44


44.

CÓMO SE HA DE DISPONER LA PERSONA A FIN DE DESTRUIR LA CONCIENCIA ELEMENTAL DE CONCENTRACIÓN EN SU PROPIO SER [1]

Me preguntas ahora cómo podrás destruir este elemental conocimiento y sentimiento de tu propio ser. Quizá tú llegas a comprender por fin que, si destruyes esto, cualquier otro obstáculo quedaría destruido. Si has llegado a entender esto, ya es mucho. Pero para responderte he de explicar que sin una gracia especial de Dios, libremente otorgada, y sin la perfecta correspondencia a esta gracia por tu parte, no puedes nunca esperar la destrucción de ese elemental conocimiento y sentimiento de tu ser. La perfecta correspondencia a esta gracia consiste en un fuerte y profundo dolor o tristeza interior.

Pero es de suma importancia modelar este dolor. Has de ser cauto para no forzar nunca de forma irreverente tu cuerpo o tu espíritu. Siéntete relajado y tranquilo pero sumergido en el dolor. El dolor del que hablo es genuino y perfecto, y bendito el hombre que lo experimente. Todo hombre tiene muchos motivos de tristeza, pero sólo entiende la razón universal y profunda de la tristeza el que experimenta que es (existe).[2] Todo otro motivo palidece ante este. Sólo siente auténtica tristeza y dolor quien se da cuenta no sólo de lo que es sino de que es. [3] Quien no ha sentido esto debería llorar, pues nunca ha experimentado la verdadera tristeza. Esta tristeza purifica al hombre del pecado y del castigo del pecado. Aún más, prepara su corazón a recibir aquella alegría por medio de la cual trascenderá finalmente el saber y el sentir de su ser.

Cuando esta tristeza es auténtica, está henchida del anhelo reverente de la salvación de Dios, pues de otra manera ningún hombre podría aguantarla.[4] Si el hombre no estuviera un tanto alentado por el consuelo de la oración contemplativa, quedaría completamente aplastado por el conocimiento y sentimiento de su ser. Pues cuántas veces quiere llegar a un conocimiento y sentimiento verdaderos de Dios en pureza de su espíritu (hasta el punto que es posible en esta vida) y siente luego que no puede -pues se da cuenta constantemente de que su conocer y su sentir están como ocupados y llenos de una fétida y pestilente mancha de si mismo, que siempre ha de odiarse, despreciarse y desecharse, si se quiere ser perfecto discípulo de Dios y enseñado por él solo en el monte de la perfección-, casi se desespera por la tristeza que siente, llorando, gimiendo, retorciéndose, imprecando y reprochándose a sí mismo. Siente, en una palabra, el peso de si mismo de una manera tan trágica que ya no se cuida de si mismo con tal de poder amar a Dios.

Y sin embargo, en todo esto no desea dejar de existir, pues esto es locura del diablo y blasfemia contra Dios. De hecho, se alegra de existir y desde lo hondo de su corazón rebosante de agradecimiento da gracias a Dios por el don y el bien de su existencia. Al mismo tiempo, sin embargo, desea incesantemente verse libre del conocimiento y sentimiento de su ser. Antes o después todos han de darse cuenta en alguna medida tanto de esta tristeza como de este anhelo de libertad. Dios, en su sabiduría, enseñará a sus amigos espirituales, según la fuerza física y moral de cada uno, a soportar esta verdad, de acuerdo con el progreso y la apertura a su gracia de cada uno.[5] Él los instruirá poco a poco hasta que sean completamente uno en la plenitud de su amor; esa plenitud posible en la tierra con su gracia.

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[1] El texto no es fácil de comprender; en él se insiste en algo que no suele gustar: el olvido de sí. Debemos partir de que “soy”, es decir, tengo un ser; me conozco y me experimento a mí mismo, e identifico ese conocimiento y esos sentimientos con mi “yo”, mi ser;  y me da pánico el no-ser, la muerte.  Sin embargo, llega un momento en el camino espiritual en el que Dios me pide dar muerte a ese “yo” aparentemente autosostenible para empezar a “vivir en Otro”, sostenido por Dios. Aquí yo no puedo hacer nada si Dios no lo hace: “ sin una gracia especial de Dios, libremente otorgada, y sin la perfecta correspondencia a esta gracia por tu parte, no puedes nunca esperar la destrucción de ese elemental conocimiento y sentimiento de tu ser”.

[2] “Todo hombre -dice Nube 44-  tiene muchos motivos de tristeza, pero sólo entiende la razón universal y profunda de la tristeza el que experimenta que es (existe)”. Al adentrarme en las profundidades del espíritu el alma toma  conciencia de que este ser que soy es débil y está sometido a las pasiones de gozo, tristeza, temor y esperanza. Ante mi fragilidad e insignificancia me vengo abajo. ¿Qué me queda? Nada. Entonces me invade una profunda tristeza. Es la noche oscura del sentido a la que se suma la noche oscura del espíritu, cuando ya ni las cosas de Dios ni las de los hombres satisfacen.  En la noche más profunda suele hacer su aparición una tristeza purificadora. ¿Purificadora por qué? Porque es la consecuencia de soltar todo lo que sustuvo hasta entonces mi ego. Soltados todos mis apetitos sensuales y espirituales debería leer esa tristeza como germen de algo nuevo; pasó la luz de la víspera, entré en oscuridad y ahora estoy más cerca de la aurora. En plena noche sólo me queda la gracia del amor de Dios. Él es lo único que tengo, lo único a donde asirme. Él me sacará de las tinmieblas, del abatimiento de mi ser.  “Dios -dice el autor de Nube-, en su sabiduría, enseñará a sus amigos espirituales, según la fuerza física y moral de cada uno, a soportar esta verdad, de acuerdo con el progreso y la apertura a su gracia de cada uno”.

[3]Lo que es” se refiere a lo se tiene: existencia, cuerpo, alma, cualidades, etc... “Qué es” se refiere al “ser”, el yo-profundo que se esconce bajo “lo que somos”. Es bueno meditar no sólo en lo que somos sino también en el hecho de que somos. Y el propio ser acabará reconociendo su contingencia. Cuando se admite esto puede venir la “tristeza purificadora”, que es como decir la “humildad salvadora”. La humildad, cuando se ejercita, lleva consigo grandes dosis de tristeza; ¿no le pasó a Jesús en Getsemaní? El abajamiento o kénosis conduce a una sensación de muerte, y de hecho es una muerte social y una muerte personal en lo que tiene de despojo de todo aquello en lo que solemos poner nuestra vida: riquezas, salud, ideas, creencias, costumbres, etc. «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo» (Mt 26,38). Al final Jesús fue abandonado por los suyos y se quedó sólo, desnudo y descolgado de todo lo que humanamente daba sentido a su vida. Y su alma, en gtal trance, permaneció firmemente unida al Padre en la tristeza. Es en estos momentos donde la fe muestra su cualidad de luz en la oscuridad y experimetna un crecimiento excelente.

[4] En Cántico Espiritual se llama a esta etapa de la noche nimbada de tristeza “cierzo”. Comentando el verso “deténte, cierzo muerto” dice san Juan de la Cruz: “El cierzo es un viento frío y seco, y marchita las flores; y porque la sequedad espiritual hace ese mismo efecto en el alma donde mora, la llama cierzo, y muerto, porque apaga y mata la suavidad y jugo espiritual; por el efecto que hace, la llama cierzo muerto. Y deseando la esposa conservarse en la suavidad de su amor, dice a la sequedad que se detenga; lo cual se ha de entender que este dicho es cuidado de hacer obras que la detengan” (Cantico B 17, 2)

[5] ¿Qué obras pueden detener o al menos suavizar el sentimiento de abatiiento de la noche espiritual? ¿Qué obras pueden detener al “cierzo muerto” de la tristeza? San Juan de la Cruz propone: “Para mortificar las cuatro pasiones naturales, que son: gozo, tristeza, temor y esperanza, aprovecha lo siguiente: Procurar siempre inclinarse no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso. No a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino a lo que no da gusto. No inclinarse a lo que es descanso, sino a lo más trabajoso. No a lo que es consuelo, sino a lo que no es consuelo; no a lo más, sino a lo menos. No a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado. No a lo que es querer algo, sino a lo que no es querer nada. No andar buscando lo mejor de las cosas, sino lo peor, y traer desnudez y vacío y pobreza por Jesucristo de cuanto hay en el mundo”·.

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Octubre 2024

Casto Acedo.