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martes, 1 de octubre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 44


44.

CÓMO SE HA DE DISPONER LA PERSONA A FIN DE DESTRUIR LA CONCIENCIA ELEMENTAL DE CONCENTRACIÓN EN SU PROPIO SER [1]

Me preguntas ahora cómo podrás destruir este elemental conocimiento y sentimiento de tu propio ser. Quizá tú llegas a comprender por fin que, si destruyes esto, cualquier otro obstáculo quedaría destruido. Si has llegado a entender esto, ya es mucho. Pero para responderte he de explicar que sin una gracia especial de Dios, libremente otorgada, y sin la perfecta correspondencia a esta gracia por tu parte, no puedes nunca esperar la destrucción de ese elemental conocimiento y sentimiento de tu ser. La perfecta correspondencia a esta gracia consiste en un fuerte y profundo dolor o tristeza interior.

Pero es de suma importancia modelar este dolor. Has de ser cauto para no forzar nunca de forma irreverente tu cuerpo o tu espíritu. Siéntete relajado y tranquilo pero sumergido en el dolor. El dolor del que hablo es genuino y perfecto, y bendito el hombre que lo experimente. Todo hombre tiene muchos motivos de tristeza, pero sólo entiende la razón universal y profunda de la tristeza el que experimenta que es (existe).[2] Todo otro motivo palidece ante este. Sólo siente auténtica tristeza y dolor quien se da cuenta no sólo de lo que es sino de que es. [3] Quien no ha sentido esto debería llorar, pues nunca ha experimentado la verdadera tristeza. Esta tristeza purifica al hombre del pecado y del castigo del pecado. Aún más, prepara su corazón a recibir aquella alegría por medio de la cual trascenderá finalmente el saber y el sentir de su ser.

Cuando esta tristeza es auténtica, está henchida del anhelo reverente de la salvación de Dios, pues de otra manera ningún hombre podría aguantarla.[4] Si el hombre no estuviera un tanto alentado por el consuelo de la oración contemplativa, quedaría completamente aplastado por el conocimiento y sentimiento de su ser. Pues cuántas veces quiere llegar a un conocimiento y sentimiento verdaderos de Dios en pureza de su espíritu (hasta el punto que es posible en esta vida) y siente luego que no puede -pues se da cuenta constantemente de que su conocer y su sentir están como ocupados y llenos de una fétida y pestilente mancha de si mismo, que siempre ha de odiarse, despreciarse y desecharse, si se quiere ser perfecto discípulo de Dios y enseñado por él solo en el monte de la perfección-, casi se desespera por la tristeza que siente, llorando, gimiendo, retorciéndose, imprecando y reprochándose a sí mismo. Siente, en una palabra, el peso de si mismo de una manera tan trágica que ya no se cuida de si mismo con tal de poder amar a Dios.

Y sin embargo, en todo esto no desea dejar de existir, pues esto es locura del diablo y blasfemia contra Dios. De hecho, se alegra de existir y desde lo hondo de su corazón rebosante de agradecimiento da gracias a Dios por el don y el bien de su existencia. Al mismo tiempo, sin embargo, desea incesantemente verse libre del conocimiento y sentimiento de su ser. Antes o después todos han de darse cuenta en alguna medida tanto de esta tristeza como de este anhelo de libertad. Dios, en su sabiduría, enseñará a sus amigos espirituales, según la fuerza física y moral de cada uno, a soportar esta verdad, de acuerdo con el progreso y la apertura a su gracia de cada uno.[5] Él los instruirá poco a poco hasta que sean completamente uno en la plenitud de su amor; esa plenitud posible en la tierra con su gracia.

* * *

[1] El texto no es fácil de comprender; en él se insiste en algo que no suele gustar: el olvido de sí. Debemos partir de que “soy”, es decir, tengo un ser; me conozco y me experimento a mí mismo, e identifico ese conocimiento y esos sentimientos con mi “yo”, mi ser;  y me da pánico el no-ser, la muerte.  Sin embargo, llega un momento en el camino espiritual en el que Dios me pide dar muerte a ese “yo” aparentemente autosostenible para empezar a “vivir en Otro”, sostenido por Dios. Aquí yo no puedo hacer nada si Dios no lo hace: “ sin una gracia especial de Dios, libremente otorgada, y sin la perfecta correspondencia a esta gracia por tu parte, no puedes nunca esperar la destrucción de ese elemental conocimiento y sentimiento de tu ser”.

[2] “Todo hombre -dice Nube 44-  tiene muchos motivos de tristeza, pero sólo entiende la razón universal y profunda de la tristeza el que experimenta que es (existe)”. Al adentrarme en las profundidades del espíritu el alma toma  conciencia de que este ser que soy es débil y está sometido a las pasiones de gozo, tristeza, temor y esperanza. Ante mi fragilidad e insignificancia me vengo abajo. ¿Qué me queda? Nada. Entonces me invade una profunda tristeza. Es la noche oscura del sentido a la que se suma la noche oscura del espíritu, cuando ya ni las cosas de Dios ni las de los hombres satisfacen.  En la noche más profunda suele hacer su aparición una tristeza purificadora. ¿Purificadora por qué? Porque es la consecuencia de soltar todo lo que sustuvo hasta entonces mi ego. Soltados todos mis apetitos sensuales y espirituales debería leer esa tristeza como germen de algo nuevo; pasó la luz de la víspera, entré en oscuridad y ahora estoy más cerca de la aurora. En plena noche sólo me queda la gracia del amor de Dios. Él es lo único que tengo, lo único a donde asirme. Él me sacará de las tinmieblas, del abatimiento de mi ser.  “Dios -dice el autor de Nube-, en su sabiduría, enseñará a sus amigos espirituales, según la fuerza física y moral de cada uno, a soportar esta verdad, de acuerdo con el progreso y la apertura a su gracia de cada uno”.

[3]Lo que es” se refiere a lo se tiene: existencia, cuerpo, alma, cualidades, etc... “Qué es” se refiere al “ser”, el yo-profundo que se esconce bajo “lo que somos”. Es bueno meditar no sólo en lo que somos sino también en el hecho de que somos. Y el propio ser acabará reconociendo su contingencia. Cuando se admite esto puede venir la “tristeza purificadora”, que es como decir la “humildad salvadora”. La humildad, cuando se ejercita, lleva consigo grandes dosis de tristeza; ¿no le pasó a Jesús en Getsemaní? El abajamiento o kénosis conduce a una sensación de muerte, y de hecho es una muerte social y una muerte personal en lo que tiene de despojo de todo aquello en lo que solemos poner nuestra vida: riquezas, salud, ideas, creencias, costumbres, etc. «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo» (Mt 26,38). Al final Jesús fue abandonado por los suyos y se quedó sólo, desnudo y descolgado de todo lo que humanamente daba sentido a su vida. Y su alma, en gtal trance, permaneció firmemente unida al Padre en la tristeza. Es en estos momentos donde la fe muestra su cualidad de luz en la oscuridad y experimetna un crecimiento excelente.

[4] En Cántico Espiritual se llama a esta etapa de la noche nimbada de tristeza “cierzo”. Comentando el verso “deténte, cierzo muerto” dice san Juan de la Cruz: “El cierzo es un viento frío y seco, y marchita las flores; y porque la sequedad espiritual hace ese mismo efecto en el alma donde mora, la llama cierzo, y muerto, porque apaga y mata la suavidad y jugo espiritual; por el efecto que hace, la llama cierzo muerto. Y deseando la esposa conservarse en la suavidad de su amor, dice a la sequedad que se detenga; lo cual se ha de entender que este dicho es cuidado de hacer obras que la detengan” (Cantico B 17, 2)

[5] ¿Qué obras pueden detener o al menos suavizar el sentimiento de abatiiento de la noche espiritual? ¿Qué obras pueden detener al “cierzo muerto” de la tristeza? San Juan de la Cruz propone: “Para mortificar las cuatro pasiones naturales, que son: gozo, tristeza, temor y esperanza, aprovecha lo siguiente: Procurar siempre inclinarse no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso. No a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino a lo que no da gusto. No inclinarse a lo que es descanso, sino a lo más trabajoso. No a lo que es consuelo, sino a lo que no es consuelo; no a lo más, sino a lo menos. No a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado. No a lo que es querer algo, sino a lo que no es querer nada. No andar buscando lo mejor de las cosas, sino lo peor, y traer desnudez y vacío y pobreza por Jesucristo de cuanto hay en el mundo”·.

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Octubre 2024

Casto Acedo.

 

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