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lunes, 26 de enero de 2026

Deseo de Dios y deseo de las criaturas.

El texto de esta entrada está tomado del libro de Marc Foley, San Juan de la Cruz, una mística para vivir, libro que aconsejo que adquiráis si veis que os resulta de fácil la lectura y comprensión esta entrada de blog. Los temas los iré desarrollando desde este libro. Sólo pasaré al blog los textos de san Juan de la Cruz, a veces completos, y a veces resumidos.



APETITO Y APETITOS

Una cosa pido al Señor,  eso buscaré:  
habitar en la casa del Señor 
por los días de mi vida; 
gozar de la dulzura del Señor, 
contemplando su templo. (Salmo 27,4)

Deseo y deseos

Todo viaje espiritual tiene un conflicto: queremos hacer la voluntad de Dios (que consideramos un bien), pero no nos gusta sufrir; querríamos crecer en el amor de Dios, pero “sin tener que pasar” por ninguna noche oscura. Dios quiere llevar al alma (persona) por el camino del bien, pero ésta se resiste, se hacen “semejantes a los niños que, queriendo sus madres llevarlos en brazos, ellos van pateando y llorando, porfiando por se ir ellos por su pie, para que no se pueda andar nada, y, si se anduviere, sea al paso del niño” (S prólog. 3)

En realidad vivimos divididos, en conflicto constante con nosotros mismos; es la condición universal de nuestra naturaleza irredenta. Así lo expresa san  Pablo: En efecto, no entiendo mi comportamiento, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco; .. querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no. Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo”. (Rm 7, 15.18-19).

Tenemos el deseo de hacer el bien, pero no siempre el poder para realizarlo. Queremos ser felices, pero hacemos elecciones en la vida que nos hacen miserables. En la raíz de todo esto están, según san Juan, nuestros apetitos y deseos “desordenados”, es decir, no ordenados a nuestro bienestar y felicidad.

“Apetito” no es en san Juan una palabra peyorativa, es sinónimo de hambre, impulso o deseo. Según la teología clásica escolástica que estudió san Juan, el deseo es el impulso que habita en el corazón humano que nos lleva a buscar en Dios la plenitud. De hecho somos seres que deseamos a Dios; y esto es así porque descubrimos su Deseo, es decir, su Espíritu, instalado en lo más hondo de nuestro corazón: El nos ha deseado primero. En el cristianismo descubrimos una dinámica de los deseos: la espiritualidad cristiana no es sino un éxodo o salida de los deseos compulsivos (vehementes, apasionados) hacia el deseo de Dios.

Escondido en el subsuelo de nuestros deseos hay un deseo común: el deseo de felicidad, que no es un pasarlo bien o sentirse a gusto, o cualquier otro sentimiento placentero o pasajero. La felicidad es más bien una cualidad del alma que se obtiene cuando ésta alcanza la plenitud, algo que solo se da en la unión con Dios, ya que hemos sido hechos a su imagen y semejanza.

Todos nuestros deseos, dice la teología escolástica, tienen una dimensión finita y otra infinita. La comida suscita un deseo finito de alimentarnos físicamente y eliminar así el hambre física, pero la misma hambre es expresión de nuestra hambre de Dios; de igual modo el deseo sexual es un impulso fisiológico, psicológico y emocional parea calmar la separación o estar unido a otro, pero también oculta el deseo de estar unido al Otro. Los deseos finitos y el deseo infinito han de ordenarse, sino podemos caer en el error de pretender llenar nuestro deseo de infinito con la ayuda de los objetos finitos que son las criaturas.

*

Las criaturas son migajas

“Las criaturas -las cosas creadas- son meajas que cayeron de la mesa de Dios” (1 S 6,3; cf Mt 15,26-27)[1], dice san Juan; como si dijera que son el exceso de la bondad de Dios que desciende hasta nosotros e incentiva nuestro deseo de Él. Las criaturas son como “meajas en hambre grande” que “hacen crecer el hambre y apetito (del alma) de verle a él (Dios) como es” (C 6.4).[1] Por una parte ofrecen las criaturas un destello de Dios (de su bondad, su belleza, etc) y despiertan en nosotros el deseo de lo que está aún por revelar; pero por otra parte, al no poder satisfacer y cumplir el deseo que evocan, nos dejan penando por algo más.

Podemos dejarnos cegar por las cosas y desearlas como si fueran capaces de satisfacer plenamente nuestra vida; éste camino suele terminar en insatisfacción (nunca saciados)  y frustración (fracadados). San Juan dice que cuando buscamos satisfacer nuestros deseos más profundos con las criaturas es como si caváramos cisternas rotas “que no pueden tener aua para satisfacer la sed... porque aquel no es su manjar” (1 S 6,6; cf Jr 2,13). Es este un camino equivocado.

Ahora bien, también podemos hacer como la esposa del Cántico espiritual,  que sabe que las criaturas no pueden satisfacer su deseo más profundo y  ha aceptado este hecho. Y aceptando esto asume el sufrimiento presente en la vida humana, sobrellevando el dolor interior y el anhelo que no pude cumplirse en esta vida. Se trata de elegir soportar el dolor implícito a la finitud rechazando anestesiarse con nada que no sea Dios; es decir, no elegir el imposible de lo infinito en lo finito.

La búsqueda desordenada de la felicidad nos conduce a la miseria. Así podemos ir tropezando por la vida ciegamente, de desilusión en desilusión. “Al fin lo he encontrad: la compañía perfecta, el trabajo ideal, la casa de mis sueños, la dieta mágica, ...”; los deseos desordenados conducen a una sucesión de promesas que no pueden cumplirse. Y  ”la propiedad” que de ahí se sigue es o que se sigue -dice san Juan- es “que andamos descontentos y  desabridos” (1 S 6,3)

Si siempre estamos comparando todo en la vida con algún modelo de perfección irreal, todo nos decepcionará y nada podrá satisfacernos. Nuestra vida se agriará y llegaremos a vivir amargados. Los amargados culpan al mundo de su miseria. Son los demás los culpables de mi miseria. La vida me ha tratado mal. Nada me ha sido favorable. Los demás me han hecho mal. En la Divina Comedia de Dante las almas que va a entrar en el infierno vomitan una letanía de culpas: “Blasfemando de Dios, de sus padres, de la especie humana, del sitio, del día de su nacimiento, de la prole de su prole y de su descendencia”. Están en el infierno porque han renunciado a toda responsabilidad por decisión personal.

Es una imagen pavorosa de aquello en lo que podemos convertirnos: gente resentida y llena de amargura. San Juan de la Cruz dice que en el camino espiritual no podemos pararnos: siempre avanzamos o retrocedemos. O conformamos nuestra vida a la voluntad de Dios o nos alejamos de ella. La elección es nuestra.

Para meditar

No destaría mal que meditaras hasta qué punto buscas realmente a Dios o si estas buscando otra cosa, que puede ser un dios que te dé el gusto y satisfacción en otras cosas. A veces buscamos la felicidad en cosas que al final nos hacen "miserables". ¿Dónde acaba la felicidad que buscaban muchos bebedores o aficionados a las drogas? En un centro de rehabilitación o en una muerte anunciada. ¿Dónde ha acabado la felicidad de quien esperaba ser feliz cuando tuviera mucho dinero? En una vida asqueada de todo, que no se satisface con nada.  ¿Dónde está la felicidad de quienes creían que la hallarían alcanzando un alto cargo? Muchos siguen penando por un cargo mayor, y tan enganchados en la droga como los que la buscan por desesperación. ¿Dónde ha terminado la felicidad de tantos que la pusieron en "poseer", que no amar, a una pareja que cumpliera sus caprichos? En muchos casos acabaron ejerciendo la violencia de género como reacción por su felicidad frustrada, ... Muchas veces la búsqueda de la felicidad nos hace miserables. Medita: ¿te has sentido alguna vez así, miserable, por querer hallar la felicidad a toda costa en las creaturas?

*
NOTAS

[1] Así dice el alma en el Cántico Espiritual: “¡Ay, quién podrá sanarme! Acaba de entregarte ya de vero; no quieras enviarme de hoy más ya mensajero, que no saben decirme lo que quiero”. Las cosas y las noticias del Amado (Dios) no puueden satisfacer plenamente al alma; sólo el trato directo (la unión) con Dios, la unión con Él, puede satisfacernos totalmente.

[2] El texto al que se refiere san Juan de la Cruz es este:

“Una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».  El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». El les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».  Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija” (Mt 15,22-28).

Jesús pone a prueba a la mujer acerca de qué busca, ¿sólo la sanación de su hija? ¿O algo más? La mujer no sólo lleva una petición  centrada en los físico y  creatural, también lleva consigo la fe en que lo que realmente es grande es poder tener a Dios ante ella.  Reconoce que las creaturas (migajas) apuntan a algo más grande (Dios, la mesa de su reino), ... Por eso alaba Jesús a la mujer y le concede el milagro.

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Enero 2026

Casto Acedo


La noche

 Transcribo aquí el texto completo de san Juan de la Cruz definiendo o dando a entender qué es la noche. Es el primer tema que tratamos de san Juan, y es un poco difícil porque supone que ya tenemos algunos conocimientos y experiencias de lo que seguirá. Aunque resulta un tanto difícil de leer os lo paso. Procurad acostumbraros al lenguaje del Santo. No hay nada como leerlo diréctamente. Lo que no entendáis lo podemos compartir en el próximo encuengtro. 

NOCHE OSCURA DEL ALMA

LIBRO PRIMERO

CAPÍTULO 1

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

1. En esta primera canción canta el alma la dichosa suerte y ventura que tuvo en salir de todas las cosas afuera, y de los apetitos e imperfecciones que hay en la parte sensitiva del hombre, por el desorden que tiene de la razón. Para cuya inteligencia es de saber que, para que una alma llegue al estado de perfección, ordinariamente ha de pasar primero por dos maneras principales de noches, que los espirituales llaman purgaciones o purificaciones del alma, y aquí las llamamos noches, porque el alma, así en la una como en la otra, camina como de noche, a oscuras.

2. La primera noche o purgación es de la parte sensitiva del alma, de la cual se trata en la presente canción, y se tratará en la primera parte de este libro. Y la segunda es de la parte espiritual, de la cual habla la segunda canción que se sigue; y de ésta también trataremos en la segunda y tercera parte, cuanto a lo activo; porque, cuanto a lo pasivo, será en la cuarta.

3. Y esta primera noche pertenece a los principiantes al tiempo que Dios los comienza a poner en el estado de contemplación, de la cual también participa el espíritu, según diremos a su tiempo.

Y la segunda noche o purificación pertenece a los ya aprovechados, al tiempo que Dios los quiere ya poner en el estado de la unión con Dios; y ésta es más oscura y tenebrosa y terrible purgación, según se dirá después.

DECLARACIÓN DE LA CANCIÓN

4. Quiere, pues, en suma, decir el alma en esta canción que salió -sacándola Dios- sólo por amor de él, inflamada en su amor, en una noche oscura, que es la privación y la purgación de todos sus apetitos sensuales acerca de todas las cosas exteriores del mundo y de las que eran deleitables a su carne, y también de los gustos de su voluntad. Lo cual todo se hace en esta purgación del sentido. Y, por eso, dice que salía, estando ya su casa sosegada, que es la parte sensitiva, sosegados ya y dormidos los apetitos en ella, y ella en ellos. Porque no se sale de las penas y angustias de los retretes de los apetitos hasta que estén amortiguados y dormidos.

Y esto dice que le fue dichosa ventura, salir sin ser notada, esto es, sin que ningún apetito de su carne ni de otra cosa se lo pudiese estorbar. Y también porque salió de noche, que (es) privándola Dios de todos ellos, lo cual era noche para ella.

5. Y esto fue dichosa ventura, meterla Dios en esta noche, de donde se le siguió tanto bien, en la cual ella no atinara a entrar, porque no atina bien uno por sí solo a vaciarse de todos los apetitos para venir a Dios.

6. Esta es, en suma, la declaración de la canción. Y ahora nos habremos de ir por cada verso escribiendo sobre cada uno, y declarando lo que pertenece a nuestro propósito. Y el mismo estilo se lleva en las demás canciones, como en el prólogo dije, que, primero, se pondrá cada canción y se declarará, y después, cada verso.

 

CAPÍTULO 2

Declara qué noche oscura sea esta por que el alma dice haber pasado a la unión.

En una noche oscura.

1. Por tres cosas podemos decir que se llama noche este tránsito que hace el alma a la unión de Dios.

La primera, por parte del término (de) donde el alma sale, porque ha de ir careciendo el apetito de todas las cosas del mundo que poseía, en negación de ellas; la cual negación y carencia es como noche para todos los sentidos del hombre.

* La segunda, por parte del medio o camino por donde ha de ir el alma a esta unión, lo cual es la fe, que es también oscura para el entendimiento, como noche.

La tercera, por parte del término adonde va, que es Dios, el cual, ni más ni menos, es noche oscura para el alma en esta vida. Las cuales tres noches han de pasar por el alma, o, por mejor decir, el alma por ellas, para venir a la divina unión con Dios.

2. En el libro del santo Tobías (6, 18­22) se figuraron estas tres maneras de noches por las tres noches que el ángel mandó a Tobías el mozo que pasasen antes que se juntase en uno con la esposa.

En la primera le mandó que quemase el corazón del pez en el fuego, que significa el corazón aficionado y apegado a las cosas del mundo; el cual, para comenzar a ir a Dios, se ha de quemar y purificar todo lo que es criatura con el fuego del amor de Dios. Y en esta purgación se ahuyenta el demonio, que tiene poder en el alma por asimiento a las cosas corporales y temporales.

3. En la segunda noche le dijo que sería admitido en la compañía de los santos patriarcas, que son los padres de la fe. Porque pasando por la primera noche, que es privarse de todos los objetos de los sentidos, luego entra el alma en la segunda noche, quedándose sola en fe (no como excluye la caridad, sino las otras noticias del entendimiento -como adelante diremos-) que es cosa que no cae en sentido.

4. En la tercera noche le dijo el ángel que conseguiría la bendición, que es Dios, el cual, mediante la segunda noche, que es fe, se va comunicando al alma tan secreta e íntimamente, que es otra noche para el alma, en tanto que se va haciendo la dicha comunicación muy más oscura que estotras, como luego diremos. Y pasada esta tercera noche, que es acabarse de hacer la comunicación de Dios en el espíritu, que se hace ordinariamente en gran tiniebla del alma, luego se sigue la unión con la esposa que es la sabiduría de Dios. Como también el ángel dijo a Tobías que, pasada la tercera noche, se juntaría con su esposa con temor del Señor; el cual temor de Dios cuando está perfecto, está perfecto el amor, que (es) cuando se hace la transformación por amor del alma (con Dios).

5. Estas tres partes de noche todas son una noche; pero tiene tres partes como la noche. Porque

la primera, que es la del sentido, se compara a prima noche, que es cuando se acaba de carecer del objeto de las cosas.

Y la segunda, que es la fe, se compara a la media noche, que totalmente es oscura.

Y la tercera, al despidiente, que es Dios, la cual es ya inmediata a la luz del día. Y, para que mejor lo entendamos, iremos tratando de cada una de estas causas de por sí.

Enero 2026

C. A.

martes, 13 de enero de 2026

Nueva etapa con San Juan de la Cruz

 

Comenzamos este año con un nuevo enfoque de nuestra formación espiritual en el grupo. Coincidiendo con el Año Jubilar de san Juan de la Cruz, con motivo de los doscientos años de su canonización, nos adentraremos en el conocimiento del santo (aspectos biográficos) y su espiritualidad (aspectos místicos).

En el primer encuentro del lunes 12 de Enero, y al hilo del número 68 de Nube del no-saber, (clickar para ver) y fijándonos sobre todo en las notas a pie, hemos comentando algo referente al concepto de noche oscura en los escritos de san Juan; noche no es “tiempo de crisis” sino una definición de  lo que es para él la contemplación: adentrarse en la oscuridad que trae consigo el silencio de la mente, la memoria y la voluntad, que da “lugar a que arda y se encienda en el espíritu el amor que esta oscura y secreta contemplación trae consigo y pega al alma. Porque contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, inflama al alma en espíritu de amor” (San Juan de la Cruz, Noche Oscura, L. 2º,  10,5-6). Noche no es por tanto un concepto negativo sino positivo. A Dios se le encuentra en la noche.

En otro lugar dice. “No repares en parte ni en todo lo que tus potencias pueden comprehender. Quiero decir que nunca te quieras satisfacer en lo que entendieres de Dios” (Cántico 1,12), como si dijera que no te dejes deslumbrar por lo que te parece que entiendes de Dios, sino permanece en la oscuridad, porque, como dice la teología apofántica, para hablar y comprender a Dios más apropiadas son las negaciones que las afirmaciones.

Para intentar comprender algo el complejo término sanjuanista de noche, os invito a escuchar con atención la conferencia que sobre el tema tiene J. A. Marcos, La noche es la contemplación, que podéis consulta y escuchar en youtube (clickar para acceder) .

El ritmo de los encuentros presenciales será quincenal, manteniendo encuentros online intermedios. Aunque sin ceñirnos expresamente al texto, seguiremos en nuestra formación el libro “San Juan de la Cruz, una mística para vivir”, de Marc Foley, que expone  de una forma sencilla la mística del santo a partir de su obra Subida del Monte Carmelo.

Quien tenga paciencia y decisión para ello, puede leer directamente la obra de san Juan de la Cruz; advierto de que no es fácil su comprensión, sobre todo por el lenguaje propio del siglo XVI y porque rompe esquemas mentales muy arraigados en nosotros; de todos modos, en cada encuentro iré facilitando textos claves sobre los puntos que toquemos.

También anotaros que para Septiembre, una vez aflojen las calores, tenemos previsto un viaje jubilar a Úbeda, Baeza y Granada, lugares sanjuanistas del Sur, y donde escribió sus principales obras.

Me gustaría que los que estéis interesados en seguir esta formación sanjuanista lo comuniquéis y os comprometáis a asistir a las sesiones de formación y oración presenciales de los lunes en Salesianos (19:30 h), donde podemos compartir cara a cara nuestras dudas, luces y experiencias. Podéis comunicar vuestro interés a través del grupo de  Washap.

Que San Juan nos acerque a Dios y nos ilumine en esta nueva etapa.

13 Enero 2026

Casto Acedo.

 

lunes, 12 de enero de 2026

NUBE DEL NO-SABER 68

68.

Que no estar en ninguna parte físicamente significa estar en todas espiritualmente; que nuestro yo superficial puede ridiculizar la contemplación como una pérdida de tiempo.

A lo mejor otro te diría que has de replegar tus facultades y sentidos dentro de ti mismo para allí dar culto a Dios. Diría bien, esto es cierto, y ninguna persona sensata podría negarlo. Sin embargo, por miedo a un posible engaño y a que puedas interpretar literalmente lo que digo, yo no quiero expresar la vida interior de esta manera. Me expresaré más bien en paradojas. No trates de replegarte dentro de ti mismo, pues, para decirlo de un modo simple, no quiero que estés en ninguna parte; no, ni fuera, ni arriba, ni detrás o al lado de ti mismo.

Pero a esto dices: «¿Dónde he de estar entonces? Según dices, ¡no he de estar en ninguna parte!». Exacto. De hecho, lo has expresado bastante bien, pues efectivamente quisiera que no estuvieras en ninguna parte. ¿Por qué? Porque no estar en ninguna parte físicamente equivale a estar en todas partes espiritualmente. Procura entender esto claramente: tu actividad espiritual no

está localizada en ningún lugar particular. Pero cuando tu mente se centra conscientemente en algo, tú estás en ese lugar espiritualmente, de la misma manera que tu cuerpo está localizado ahora en un lugar determinado. Tus sentidos y facultades quedarán frustrados por falta de algo donde agarrarse y te increparán por no hacer nada.[1] Pero no te preocupes. Sigue con esta nada, movido solamente por tu amor hacia Dios. No lo dejes nunca, persevera firme y fijamente en esta nada, ansiando vivamente poseer siempre a Dios por amor, a quien nadie puede poseer por conocimiento. En cuanto a mí, prefiero perderme en esta falta de lugar, debatiéndome con esta ciega nada, antes que ser un gran señor que viaja por todas partes y disfruta del mundo como si fuera dueño de él.[2]

Olvídate de este modo de estar en todas partes y de todo el mundo. Su riqueza palidece junto a esta bendita nada y falta de lugar. No te inquietes si tus facultades no pueden captarla. En realidad, así debe ser, ya que esta nada es tan sutil que los sentidos no pueden alcanzarla. No puede explicarse, tan sólo experimentarse.

A los que acaban de encontrarla les puede parecer muy oscura e inescrutable. Pero, en realidad, están cegados por el esplendor de su luz espiritual más que por cualquier oscuridad ordinaria. ¿Quién crees que se mofa de ella como de una vacuidad? Nuestro yo superficial, naturalmente. No nuestro verdadero yo; no, nuestro verdadero e íntimo yo la aprecia como una totalidad por encima de toda medida. Pues en esta oscuridad experimentamos una comprensión intuitiva de todo lo material y espiritual sin prestar atención alguna especial a nada en particular.



NOTAS 

[1] “ Y aunque más escrúpulos se vengan de que pierde tiempo y que sería bueno hacer otra cosa, pues en la oración no puede hacer ni pensar nada, súfrase y estése sosegado, como que no va allí más que a estarse a su placer y anchura de espíritu; porque, si de suyo quiere algo obrar con las potencias interiores, será estorbar y perder los bienes que Dios por medio de aquella paz y ocio del alma está asentando e imprimiendo en ella; bien así como si algún pintor estuviera pintando o alcoholando (perfeccionado con retoques)  un rostro, que si el rostro se menease en querer hacer algo, no dejaría hacer nada al pintor, y deturbaría (afearía, mancharía) lo que estaba haciendo. Y así, cuando el alma se quiere estar en paz y ocio interior, cualquiera operación o afición o advertencia que ella quiera entonces tener, la distraerá y desquietará y hará sentir la sequedad y vacío del sentido, porque, cuanto más pretendiere tener algún arrimo de afecto y noticia, tanto más sentirá la falta, de la cual no puede ya ser suplida por aquella vía.

  De donde a esta tal alma le conviene no hacer aquí caso que se le pierdan las operaciones de las potencias, antes ha de gustar que se le pierdan presto, porque, no estorbando la operación de la contemplación infusa que va Dios dando, con más abundancia pacífica la reciba, y dé lugar a que arda y se encienda en el espíritu el amor que esta oscura y secreta contemplación trae consigo y pega al alma. Porque contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, inflama al alma en espíritu de amor(San Juan de la Cruz, Noche Oscura, L. 2º,  10,5-6)

 

[2] "Muy bien haces, ¡oh alma!, en buscarle siempre escondido, porque mucho ensalzas a Dios y mucho te llegas a él teniéndole por más alto y profundo que todo cuanto puedes alcanzar. Y, por tanto, no repares en parte ni en todo lo que tus potencias pueden comprehender. Quiero decir que nunca te quieras satisfacer en lo que entendieres de Dios, sino en lo que no entendieres de él; y nunca pares en amar y deleitarte en eso que entendieres o sintieres de Dios, sino ama y deléitate en lo que no puedes entender y sentir de él; que eso es, como habemos dicho, buscarle en fe. Que, pues es Dios inaccesible y escondido, como también habemos dicho, aunque más te parezca que le hallas y le sientes y le entiendes, siempre le has de tener por escondido y le has de servir escondido en escondido. Y no seas como muchos insipientes, que piensan bajamente de Dios, entendiendo que, cuando no le entienden o le gustan o sienten, está Dios más lejos y más escondido; siendo más verdad lo contrario, que cuanto menos distintamente le entienden, más se llegan a él, pues, como dice el profeta David (Sal. 17, 12): Puso su escondrijo en las tinieblas. Así, llegando cerca de él, por fuerza has de sentir tinieblas en la flaqueza de tu ojo. Bien haces, pues, en todo tiempo, ahora de adversidad, ahora de prosperidad espiritual o temporal, tener a Dios por escondido, y así clamar a él, diciendo: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 1,12)

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12 Enero 2026

C. A.