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lunes, 12 de enero de 2026

NUBE DEL NO-SABER 68

68.

Que no estar en ninguna parte físicamente significa estar en todas espiritualmente; que nuestro yo superficial puede ridiculizar la contemplación como una pérdida de tiempo.

A lo mejor otro te diría que has de replegar tus facultades y sentidos dentro de ti mismo para allí dar culto a Dios. Diría bien, esto es cierto, y ninguna persona sensata podría negarlo. Sin embargo, por miedo a un posible engaño y a que puedas interpretar literalmente lo que digo, yo no quiero expresar la vida interior de esta manera. Me expresaré más bien en paradojas. No trates de replegarte dentro de ti mismo, pues, para decirlo de un modo simple, no quiero que estés en ninguna parte; no, ni fuera, ni arriba, ni detrás o al lado de ti mismo.

Pero a esto dices: «¿Dónde he de estar entonces? Según dices, ¡no he de estar en ninguna parte!». Exacto. De hecho, lo has expresado bastante bien, pues efectivamente quisiera que no estuvieras en ninguna parte. ¿Por qué? Porque no estar en ninguna parte físicamente equivale a estar en todas partes espiritualmente. Procura entender esto claramente: tu actividad espiritual no

está localizada en ningún lugar particular. Pero cuando tu mente se centra conscientemente en algo, tú estás en ese lugar espiritualmente, de la misma manera que tu cuerpo está localizado ahora en un lugar determinado. Tus sentidos y facultades quedarán frustrados por falta de algo donde agarrarse y te increparán por no hacer nada.[1] Pero no te preocupes. Sigue con esta nada, movido solamente por tu amor hacia Dios. No lo dejes nunca, persevera firme y fijamente en esta nada, ansiando vivamente poseer siempre a Dios por amor, a quien nadie puede poseer por conocimiento. En cuanto a mí, prefiero perderme en esta falta de lugar, debatiéndome con esta ciega nada, antes que ser un gran señor que viaja por todas partes y disfruta del mundo como si fuera dueño de él.[2]

Olvídate de este modo de estar en todas partes y de todo el mundo. Su riqueza palidece junto a esta bendita nada y falta de lugar. No te inquietes si tus facultades no pueden captarla. En realidad, así debe ser, ya que esta nada es tan sutil que los sentidos no pueden alcanzarla. No puede explicarse, tan sólo experimentarse.

A los que acaban de encontrarla les puede parecer muy oscura e inescrutable. Pero, en realidad, están cegados por el esplendor de su luz espiritual más que por cualquier oscuridad ordinaria. ¿Quién crees que se mofa de ella como de una vacuidad? Nuestro yo superficial, naturalmente. No nuestro verdadero yo; no, nuestro verdadero e íntimo yo la aprecia como una totalidad por encima de toda medida. Pues en esta oscuridad experimentamos una comprensión intuitiva de todo lo material y espiritual sin prestar atención alguna especial a nada en particular.



NOTAS 

[1] “ Y aunque más escrúpulos se vengan de que pierde tiempo y que sería bueno hacer otra cosa, pues en la oración no puede hacer ni pensar nada, súfrase y estése sosegado, como que no va allí más que a estarse a su placer y anchura de espíritu; porque, si de suyo quiere algo obrar con las potencias interiores, será estorbar y perder los bienes que Dios por medio de aquella paz y ocio del alma está asentando e imprimiendo en ella; bien así como si algún pintor estuviera pintando o alcoholando (perfeccionado con retoques)  un rostro, que si el rostro se menease en querer hacer algo, no dejaría hacer nada al pintor, y deturbaría (afearía, mancharía) lo que estaba haciendo. Y así, cuando el alma se quiere estar en paz y ocio interior, cualquiera operación o afición o advertencia que ella quiera entonces tener, la distraerá y desquietará y hará sentir la sequedad y vacío del sentido, porque, cuanto más pretendiere tener algún arrimo de afecto y noticia, tanto más sentirá la falta, de la cual no puede ya ser suplida por aquella vía.

  De donde a esta tal alma le conviene no hacer aquí caso que se le pierdan las operaciones de las potencias, antes ha de gustar que se le pierdan presto, porque, no estorbando la operación de la contemplación infusa que va Dios dando, con más abundancia pacífica la reciba, y dé lugar a que arda y se encienda en el espíritu el amor que esta oscura y secreta contemplación trae consigo y pega al alma. Porque contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, inflama al alma en espíritu de amor(San Juan de la Cruz, Noche Oscura, L. 2º,  10,5-6)

 

[2] "Muy bien haces, ¡oh alma!, en buscarle siempre escondido, porque mucho ensalzas a Dios y mucho te llegas a él teniéndole por más alto y profundo que todo cuanto puedes alcanzar. Y, por tanto, no repares en parte ni en todo lo que tus potencias pueden comprehender. Quiero decir que nunca te quieras satisfacer en lo que entendieres de Dios, sino en lo que no entendieres de él; y nunca pares en amar y deleitarte en eso que entendieres o sintieres de Dios, sino ama y deléitate en lo que no puedes entender y sentir de él; que eso es, como habemos dicho, buscarle en fe. Que, pues es Dios inaccesible y escondido, como también habemos dicho, aunque más te parezca que le hallas y le sientes y le entiendes, siempre le has de tener por escondido y le has de servir escondido en escondido. Y no seas como muchos insipientes, que piensan bajamente de Dios, entendiendo que, cuando no le entienden o le gustan o sienten, está Dios más lejos y más escondido; siendo más verdad lo contrario, que cuanto menos distintamente le entienden, más se llegan a él, pues, como dice el profeta David (Sal. 17, 12): Puso su escondrijo en las tinieblas. Así, llegando cerca de él, por fuerza has de sentir tinieblas en la flaqueza de tu ojo. Bien haces, pues, en todo tiempo, ahora de adversidad, ahora de prosperidad espiritual o temporal, tener a Dios por escondido, y así clamar a él, diciendo: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 1,12)

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12 Enero 2026

C. A.

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