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viernes, 24 de octubre de 2025

NUBE DEL NO-SABER 64

 64. 

DE LAS OTRAS DOS FACULTADES PRINCIPALES, LA RAZÓN Y LA VOLUNTAD; CÓMO FUNCIONABAN ANTES DEL PECADO ORIGINAL.

La razón es la facultad que nos permite distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo. O, según los casos, lo bueno de lo malo, lo malo de lo peor y lo peor de lo malísimo. Antes de pecar, el hombre hacía esto de una manera natural y fácil, pero ahora la razón, cegada a consecuencia del pecado original, yerra a menos que esté iluminada por la gracia.[1]

La memoria abarca tanto la razón como su objeto. Después de que la razón ha determinado lo que es bueno, la voluntad se dirige hacia ello con amor y deseo y descansa finalmente en ello con satisfacción, deleite y pleno consentimiento.[2]

Antes del pecado original, el hombre no se encontraba en peligro de elegir y de amar un falso bien, ya que en su integridad original experimentaba cada cosa como realmente era. Ninguna de sus facultades estaba perturbada y no era propenso a ser engañado por ninguna de ellas. Pero en el presente orden de cosas, el hombre no puede elegir el bien de una manera firme sin la asistencia de la gracia.[3] El pecado original le dejó herido y ciego, de manera que es fácilmente engañado por las apariencias y llevado a elegir un mal disfrazado de bien. La memoria abarca, asimismo, la voluntad y su objeto.



NOTAS

[1] Podemos decir que al hecho de saber “distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo”, se le llama sabiduría. La potencia del alma que llamamos inteligencia, entendimiento o razón, pierde con el pecado (apego a las cosa del mundo) la inteligencia de lo bueno y lo buenísimo. Si estudias con detenimiento los libros sapienciales (Job, proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría), puedes observar que se dan consejos sabios que iluminan para entender y actuar de modo que no nos alejemos de Dios. No es posible recuperar esa pureza de la inteligencia original  “a menos que esté iluminada por la gracia”,  y los libros sapienciales son luz divina, gracia de Dios para reorientar adecuadamente la vida pecadora.

[2] Esto también lo hemos comentando muchas veces. El primer paso que se da en la vida espiritual es la percepción (contacto directo con un objeto, persona o acontecimiento), a lo que le sigue un pensamiento (la razón o el entendimiento) que se ha de procurar sea “pensamiento de Dios”,  "porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (cf Is 55,8-11), dice Dios. Aquí juega un papel importante  la formación espiritual por medio del estudio, la meditación y la contemplación. Y el tercer paso es la acción, que corresponde a la voluntad, que quiere hallar en el cumplimiento de las obras la satisfacción y deleite del paraiso. 

[3] Tras el pecado original,  para realizar actos bondadosos se requiere de la gracia de Dios, sino se corre el peligro de “ser fácilmente engañado por las apariencias” de verdad y bondad; podemos elegir “un mal disfrazado de bien”, algo más común de lo que parece. Hay que contar con la gracia de Dios, estar dispuesto a que sea Él y no tú quien se erija en criterio de discernimiento.Con  la oración, la lectura de las Sagradas Escrituras, la Tradición  o/y la guía de un buen acompañante espiritual, podemos recibir la iluminación adecuada; y en el Bautismo, la Reconciliación, la Eucaristía  y los demás sacramentos recibimos la gracia-fuerza sobrenatural  necesaria para que nuestra voluntad se incline con determinación a obrar según las enseñanzas de Cristo.

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Octubre 2025

C.A.


lunes, 13 de octubre de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 63

63

DE LAS FACULTADES DEL ESPÍRITU EN GENERAL; CÓMO LA MEMORIA, COMO FACULTAD PRINCIPAL, ABARCA EN SÍ MISMA TODAS LAS DEMÁS FACULTADES Y SUS OBRAS

La razón, la voluntad, la imaginación y la percepción sensorial son las potencias con las que el hombre opera para elaborar los datos de la realidad.La memoria es la facultad comprehensiva que recibe, selecciona y retiene el conocimiento adquirido a través de las otras cuatro facultades.[1]  Puesto que la naturaleza de la función de la memoria es tan diferente de la de las otras facultades, no podemos decir propiamente que opera, en sentido activo, sino que más bien entiende en una actitud propiamente receptiva.

A unas facultades del hombre las llamo primarias y a otras secundarias, no porque el espíritu del hombre sea divisible, sino porque los datos que elaboran se pueden dividir en dos categorías principales. La primera incluye todos los datos relativos al espíritu, y la llamo primaria; la segunda incluye todo lo relativo a la materia, y la considero secundaria. Cuando las dos facultades principales, razón y voluntad, tratan directamente las cosas espirituales, pueden funcionar independientemente de la imaginación y de la percepción sensorial.

La imaginación y la percepción sensorial operan con lo material, tanto presente como ausente. Residen en el cuerpo y funcionan a través de los cinco sentidos del cuerpo. Pero mientras la razón y la voluntad funcionan de una manera autónoma, la imaginación y la percepción sensorial requieren la asistencia de la razón y de la voluntad a fin de poder captar incluso las cosas materiales en su totalidad. La esencia, las causas, las propiedades y diferencias de las cosas materiales son inaccesibles a la imaginación y a la percepción sensorial sin la ayuda de las facultades primarias.

Resumiendo, pues, la razón y la voluntad se llaman primarias, porque no son materiales y pueden funcionar independientemente de las otras facultades dentro de la esfera de lo espiritual. La imaginación y la percepción sensorial se llaman secundarias, porque operan con las cosas materiales y actúan en el cuerpo a través de los cinco sentidos. La memoria es una facultad primaria porque, si bien no opera directamente con los datos de la realidad, abarca en si misma las otras cuatro facultades, juntamente con el conocimiento que estas adquieren. Explicaré esto más detenidamente.

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[1] En la entrada anterior se especificaba a qué se refiere el autor de Nube cuando habla de la memoria: el autor escribe “Mind”, que significa “memoria” en el sentido agustiniano: sensibilidad psicosomática que abarca lo consciente y lo inconsciente, fondo del alma. Se traduce, según los casos, por memoria, mente o alma.  En este numero da a entender el autor que por “memoria” podríamos entender las facultades de la imaginación y la percepción.

Yo os he hablado muy a menudo de la “memoria” como las impresiones que quedan en el alma a raíz de las experiencias; el recuerdo de lo vivido genera un modo muy subjetivo de percibir e imaginar el mundo y la vida. El “silencio de la memoria” es necesario para crecer en la virtud de la esperanza; las experiencias gozosas o dolorosas determinan mucho esta virtud. Purificar la memoria supone volver al estado inicial de “silencio primigenio del alma”, donde la esperanza está puesta solo en Dios. “Solo Dios basta”.

Depurar la memoria es volver al estado primigenio. El cartujano autor de Las puertas de la esperanza apunta a que depurar la memoria es volver a la pureza original recibida en el Bautismo. Merece la pena meditar sus palabras: 

"Dios creó tu alma silenciosa en el Bautismo, en un silencio inviolado. La llenó de sí mismo al descender a ella toda la Trinidad santa; nada más que para Él. Fue más tarde, poco a poco cuando el mundo hizo irrupción. El ruido la invadió, cubriendo la dulce voz de Dios. Desde el barullo se amplifica 

¡Vuelve al silencio bautismal, hermano! El ruido tiene tres generadores: 1. los recuerdos, 2. la curiosidad, 3. las inquietudes. ¡Paraliza sus acciones!”

Eliminar ruidos, acallar recuerdos (memoria) curiosidad (intelecto) e inquietudes (voluntad), es un buen ejercicio para trabajar el silencio interior e impedir que la memoria interrumpa la unión con Dios en la oración.

Octubre 2025

C.A.