64.
DE LAS OTRAS DOS FACULTADES PRINCIPALES, LA RAZÓN Y LA VOLUNTAD; CÓMO FUNCIONABAN ANTES DEL PECADO ORIGINAL.
La razón es la facultad que nos permite distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo. O, según los casos, lo bueno de lo malo, lo malo de lo peor y lo peor de lo malísimo. Antes de pecar, el hombre hacía esto de una manera natural y fácil, pero ahora la razón, cegada a consecuencia del pecado original, yerra a menos que esté iluminada por la gracia.[1]
La memoria abarca tanto la razón como su objeto. Después de que la razón ha determinado lo que es bueno, la voluntad se dirige hacia ello con amor y deseo y descansa finalmente en ello con satisfacción, deleite y pleno consentimiento.[2]
Antes del pecado original, el hombre no se encontraba en peligro de elegir y de amar un falso bien, ya que en su integridad original experimentaba cada cosa como realmente era. Ninguna de sus facultades estaba perturbada y no era propenso a ser engañado por ninguna de ellas. Pero en el presente orden de cosas, el hombre no puede elegir el bien de una manera firme sin la asistencia de la gracia.[3] El pecado original le dejó herido y ciego, de manera que es fácilmente engañado por las apariencias y llevado a elegir un mal disfrazado de bien. La memoria abarca, asimismo, la voluntad y su objeto.
NOTAS
[1] Podemos decir que al hecho de saber “distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo”, se le llama sabiduría. La potencia del alma que llamamos inteligencia, entendimiento o razón, pierde con el pecado (apego a las cosa del mundo) la inteligencia de lo bueno y lo buenísimo. Si estudias con detenimiento los libros sapienciales (Job, proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría), puedes observar que se dan consejos sabios que iluminan para entender y actuar de modo que no nos alejemos de Dios. No es posible recuperar esa pureza de la inteligencia original “a menos que esté iluminada por la gracia”, y los libros sapienciales son luz divina, gracia de Dios para reorientar adecuadamente la vida pecadora.
[2] Esto
también lo hemos comentando muchas veces. El primer paso que se da en la vida
espiritual es la percepción (contacto directo con un objeto, persona o
acontecimiento), a lo que le sigue un pensamiento (la razón o el
entendimiento) que se ha de procurar sea “pensamiento de Dios”, "porque mis pensamientos no son vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (cf Is 55,8-11), dice
Dios. Aquí juega un papel importante la
formación espiritual por medio del estudio, la meditación y la contemplación. Y
el tercer paso es la acción, que corresponde a la voluntad, que quiere hallar en el cumplimiento de las obras la satisfacción y deleite del paraiso.
[3] Tras el pecado original, para realizar actos bondadosos se requiere de la gracia de Dios, sino se corre el peligro de “ser fácilmente engañado por las apariencias” de verdad y bondad; podemos elegir “un mal disfrazado de bien”, algo más común de lo que parece. Hay que contar con la gracia de Dios, estar dispuesto a que sea Él y no tú quien se erija en criterio de discernimiento.Con la oración, la lectura de las Sagradas Escrituras, la Tradición o/y la guía de un buen acompañante espiritual, podemos recibir la iluminación adecuada; y en el Bautismo, la Reconciliación, la Eucaristía y los demás sacramentos recibimos la gracia-fuerza sobrenatural necesaria para que nuestra voluntad se incline con determinación a obrar según las enseñanzas de Cristo.
* * *
Octubre 2025
C.A.
No hay comentarios:
Publicar un comentario