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DE LA PRIMERA FACULTAD SECUNDARIA, LA IMAGINACIÓN; CÓMO FUNCIONA Y CÓMO LA HA DAÑADO EL PECADO ORIGINAL. [1]
Con la facultad de la imaginación reproducimos para nosotros la imagen de las cosas presentes o ausentes. La imaginación y todas las imágenes que reproduce se hallan contenidas en la memoria.
Antes del pecado original, la imaginación cooperaba totalmente con la razón. Como una criada, reflejaba fielmente cada imagen de acuerdo con la realidad, y así la razón nunca era engañada en sus juicios por una imagen deformada de cualquier cosa, fuera material o espiritual. Ahora, sin embargo, esta integridad de nuestra naturaleza se ha perdido, y la imaginación no cesa día y noche de deformar la imagen de las criaturas materiales, de tergiversar su esencia espiritual o de engendrar en nuestra memoria fantasmas de cosas espirituales. Sin la ayuda de la gracia corremos el peligro de tener grandes errores de percepción, produciéndose así muchas deformaciones de la realidad.
La naturaleza indisciplinada de la imaginación es evidente en la experiencia de los neófitos que acaban de dejar el mundo y que están en el comienzo de la vida contemplativa. No sin gran dificultad apartan su alma de millares de pensamientos e imágenes placenteras, o de fantasías en torno a su pasado que la imaginación desbocada proyecta continuamente sobre la pantalla de su alma. Esta habitual actividad indisciplinada de la imaginación es una de las consecuencias dolorosas del pecado original.
A medida que estos neófitos progresan en las prácticas de la vida contemplativa, meditando fielmente en su humana fragilidad, en la Pasión de Cristo, su bondad trascendente y en las demás verdades de la vida interior, la razón va gradualmente sanando, recuperando su justo predominio sobre la imaginación.
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NOTAS
[1] Me parece que podríamos entender este número de Nube como una invitación a recuperar una sana “razón” o la "verdadera filosofía" (amor al saber verdadero, búsqueda de la verdad).
Es verdad que nuestra imaginación, dañada por el pecado (aparición del ego) tergiversa la verdad de lo que vemos y vivimos. Imaginamos mundos maravillosos, placeres inagotables, espiritualidades fantásticas que nos acercan a una felicidad sensualmente eterna, etc. El “yo aparente o ego” lleva al alma a mirar la realidad no como es sino como nos gustaría que fuera.
Como si fueramos un ordenador (hardware), la imaginación graba en nuestro interior una memoria (software) concreta que puede ser sanadora o enfermiza. Si es el ego quien manda sobre el alma, hará que nuestras experiencias personales (gozos, sufrimientos, alegrías, dolores, etc.) las guardemos y recordemos desde sus parámetros, y al recordar nuestras experiencias recaeremos en nuestros errores; pero si en la contemplación ponemos la imaginación al servicio de Dios, “meditando fielmente en su humana fragilidad, en la Pasión de Cristo, su bondad trascendente y en las demás verdades de la vida interior, la razón va gradualmente sanando, recuperando su justo predominio sobre la imaginación”.
Podríamos decir que hay una razón o sabiduría mundana, que alimenta la imaginación manipulada por el ego, y una razón o sabiduría divina, que imprime en el alma el Espíritu Santo, y que se cultiva en la contemplación de las realidades divinas.
El mundo actual, por medio de las redes, suscita unas expectativas, una realidad que imaginamos generalmente según los parámetros mundanos. Hacer silencio contemplativo, “imaginar a Dios”, o mejor “dejar que Dios llene el vacío de nuestra imaginación”, es una buena medicina para sanar el alma y volverla a su belleza, verdad y bondad original. Antes del pecado,“la imaginación cooperaba totalmente con la razón -alimentaba los pensamientos y las acciones dejándose llevar por la sabiduría divina-. Como una criada, reflejaba fielmente cada imagen de acuerdo con la realidad, y así la razón nunca era engañada en sus juicios por una imagen deformada de cualquier cosa, fuera material o espiritual."
Merece la pena “contemplar las cosas de Dios”, moldear la memoria desde el realismo de la sabiduría divina, porque sirven al cuidado de una vida saludable según la voluntad de quien de veras nos ama. La oración y los sacramentos nos ayudan a vivir en "lo que es de veras" (realidad) y a escapar del engaño de "lo que es sólo fantasía" de nuestra imaginación. "Sin la ayuda de la gracia -dice el texto- corremos el peligro de tener grandes errores de percepción, produciéndose así muchas deformaciones de la realidad". El noveno mandamiento previene de esto cuando aconseja: "no consentirás pensamientos ni deseos impuros"; es la imaginación la que pone esos pensamientos y ensoñaciones en nuestra mente; ser dueño de ella no dejando que se corompa con la mentira y poniéndola al servicio de los "pensamientos de Dios" (Is 55,8-9) es un trabajo obligado para quien quiere progresar en la vida espiritual.
El trabajo de sanar la memoria, liberándola de miedos y de ensoñaciones engañosas es fundamental. Es preciso que nos preguntemos cada día: ¿cómo alimentamos nuestra razón (interioridad, mente)?, ¿dónde buscamos la sabiduría (verdad)?. Más que las experiencias concretas vividas son los constructos que la imaginación hace de ellas loque determina en gran parte nuestra visión de la vida y las decisiones que tomamos. ¿En qué te basas o con qué elementos gestionas tus experiencias, con qué enfoques o desde qué mirada imaginas lo que vives y lo guardas en tu memoria? Un cultivo sano de la imaginación es ponerla al servicio de Dios en la oración y en la práctica de las virtudes.
Noviembre 2025
C.A.

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