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sábado, 22 de marzo de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 54

54.

QUE LA CONTEMPLACIÓN AGRACIA AL HOMBRE CON SABIDURÍA Y EQUILIBRIO Y LE HACE ATRACTIVO EN CUERPO Y ESPÍRITU

 A medida que la persona madura en la obra de la contemplación, descubrirá que este amor gobierna su comportamiento de una manera conveniente tanto interna como externamente. Cuando la gracia atrae a un hombre a la contemplación, parece transfigurarlo incluso físicamente de tal forma que, aunque sea contrahecho por naturaleza, aparece cambiado y agradable a la mirada. Toda su personalidad se vuelve tan atractiva, que las buenas personas se honran y se deleitan estando en su compañía, fortalecidas por el sentido de Dios que irradia de ellos.[1]

Haz, pues, lo que está de tu parte y coopera con la gracia para conseguir este gran don, pues te enseñará cómo el hombre que lo posee se sabe gobernar a sí mismo y todo lo que le atañe. Será capaz incluso de discernir el carácter y temperamento de otros cuando sea necesario. Sabrá cómo acomodarse a cualquiera (para asombro de todos), incluso a los pecadores empedernidos, sin pecar él. La gracia de Dios actuará por él, arrastrando a otros a desear ese mismo amor contemplativo que el Espíritu Santo despierta en él. Su comportamiento y conversación serán ricos en sabiduría espiritual, fuego y frutos de amor, pues hablará con una seguridad llena de calma y desprovista de falsedad y del fingido servilismo de los hipócritas.

Hay quienes canalizan todas sus energías físicas y espirituales para aprender a apoyar y rodear su inseguridad con serviles sollozos y afectada piedad. Están más preocupados por aparecer santos ante los hombres que por serlo ante Dios y ante sus ángeles. Tales personas se encuentran más confusas y avergonzadas por un falso gesto o por una falta de etiqueta en sociedad que por mil vanos pensamientos y feas inclinaciones al pecado, intencionadamente estimulados o jugando perezosamente con ellos, en la presencia de Dios y de sus ángeles. ¡Ah, Señor Dios! Una gran dosis de humilde afectación denota ciertamente un corazón orgulloso.

Es cierto que una persona verdaderamente humilde ha de conducirse con modestia en palabras y gestos, reflejando la disposición de su corazón. Pero no puedo soportar una voz humilde afectada, contraria a la sencillez natural de carácter. Si estamos diciendo la verdad, usemos un sencillo y sincero tono de voz que esté acorde con la propia personalidad. Una persona que, por naturaleza, tiene una voz franca y alta y que de modo habitual musita en un cuchicheo a media voz -excepto, naturalmente, si está enfermo o habla en privado a su confesor o en secreto a Dios- es ciertamente un hipócrita. Poco importa que sea novicio o que tenga una gran experiencia; es un hipócrita.

 ¿Qué más puedo decir sobre estos engaños traicioneros? Realmente, si el hombre no tiene la gracia de deshacerse de estos plañideros hipócritas, corre peligro. Pues entre el secreto orgullo de su corazón y la hipocresía de su conducta, el pobre desgraciado puede caer pronto en un terrible fracaso.

NOTAS 


[1] La persona virtuosa y amiga de Dios gana en belleza. En el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, hay varios pasajes donde se dice que el alma, al unirse con Dios y llenarse de su amor, gana  hermosura y atractivo espiritual. Un fragmento clave lo hallamos en la estrofa 36, donde el santo explica cómo el alma, al estar purificada y unida a Dios, se embellece y se hace más digna de amor; y con el alma, ¿no embellecerá también el cuerpo como parte indisoluble del ser?:

“Esto tiene el amor donde hizo asiento, que siempre se quiere andar saboreando en sus gozos y dulzuras, que son el ejercicio de amar interior y exteriormente, como habemos dicho; todo lo cual hace por hacerse más semejante al Amado. Y así, dice luego: “Y vámonos a ver en tu hermosura”.

Que quiere decir: hagamos de manera que por medio de este ejercicio de amor ya dicho lleguemos a vernos en tu hermosura, esto es: que seamos semejantes en hermosura, y sea tu hermosura de manera que, mirando el uno al otro, se parezca a ti en tu hermosura, y se vea en tu hermosura, lo cual será transformándome a mí en tu hermosura; y así te veré yo a ti en tu hermosura, y tú a mí en tu hermosura; y tú te verás en mí en tu hermosura, y yo me veré en ti en tu hermosura; y así parezca yo tú en tu hermosura y parezcas tú yo en tu hermosura, y mi hermosura sea tu hermosura, y tu hermosura mi hermosura; y seré yo tú en tu hermosura, y serás tú yo en tu hermosura, porque tu hermosura misma será mi hermosura.

Ante el hechizo de tanta hermosura el santo no puede resistirse a la creación poética. ¡Cuántas vece aparece "tu hermosura", que será "mi hermosura". Francisca de la Madre de Dios, carmelita descalza en Beas,  refiere: “Preguntándole (el Santo) un dia a esta testigo en qué traía la oración, le dijo que en mirar la hermosura de Dios y holgarse de que la tuviese. Y el santo se alegró tanto de esto que algunos días decía cosas muy levantadas,  que admiraban,  de la hermosura de Dios, y así, llevado de este amor, hizo unas cinco canciones sobre esto”.

En la unión con Dios, recibe el alma una belleza y una gracia que la hacen "agradable y atractiva":  En  esta transformación el alma se hace hermosa y agradable a los ojos de Dios, como también en algún modo a los ojos de los hombres." Esto sugiere que la virtud y la unión con Dios embellecen a la persona de una manera que trasciende lo físico y se convierte en un atractivo espiritual para quienes le miran.

Marzo 2025
C.A.

miércoles, 12 de marzo de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 53



53. 
DE LOS DIVERSOS AMANERAMIENTOS INADECUADOS EN QUE CAEN LOS PSEUDO CONTEMPLATIVOS

El comportamiento espiritual y físico de los que se entregan a cualquier tipo de pseudo-contemplación se presta a aparecer muy excéntrico, mientras que los amigos de Dios siempre se conducen con sencillez y naturalidad.

Cualquiera que conozca a estos ilusos en la oración podría ver cosas verdaderamente extrañas. Si sus ojos están abiertos, pueden llegar a mirar fijamente como los de un perturbado mental, o estar desorbitados de horror como quien ve al diablo, y bien podría ser, porque no está lejos. A veces sus ojos miran como los de una oveja herida próxima a la muerte. Unos inclinan la cabeza hacia un lado, como si llevaran un gusano en las orejas. Otros, cual espíritus, emiten sonidos estridentes y plañideros que suponen sustituyen al habla. Normalmente son hipócritas. Otros, finalmente, gimen y sollozan en su deseo y ansia de ser escuchados. Están a un paso de los herejes y de aquellas personas astutas y engañosas que arguyen contra la verdad.

Cualquiera que los observe podría advertir sin duda muchos otros amaneramientos grotescos e inadecuados, aunque algunos son tan inteligentes que logran mantener en público una actitud respetable. Si se los observara cuando están desprevenidos, creo que su vergüenza seria evidente, y todo aquel que con audacia se atreviera a contradecirlos seria objeto de su ira.
Creen, sin embargo, que todo lo que hacen lo hacen por Dios y en servicio a la verdad. Pero estoy convencido de que si Dios no interviene con un milagro para que renuncien a su engañosa locura, su «estilo de amar a Dios» los conduciría derechos a las garras del diablo rematadamente locos. No digo que todo el que esté bajo la influencia del diablo se vea afligido con todos estos achaques, aun que no lo considero imposible. Pero todos sus discípulos se hallan corrompidos por alguno de ellos o por otros semejantes, como explicaré ahora, si Dios quiere.

Hay algunos tan cargados con toda suerte de excentricidades y amaneramientos refinados, que cuando escuchan adoptan una forma recatada de retorcer la cabeza hacia arriba y hacia un lado, quedando boquiabiertos. ¡Diríase que tratan de escuchar con la boca en lugar de hacerlo con los oídos! Algunos, cuando hablan, apuntan con los dedos hacia sus propias manos o al pecho o hacia aquellos a los que están sermoneando. Otros no pueden estar sentados, ni de pie, ni acostados sin mover los pies o gesticular con las manos. Algunos reman con los brazos como si trataran de atravesar a nado una gran extensión de agua. Otros, finalmente, están siempre haciendo muecas o riéndose sin motivo a cada momento como chicos atolondrados o payasos absurdos sin educación. Cuánto mejor es una postura modesta, un porte tranquilo y compuesto, un candor alegre.

Con esto no pretendo dar a entender que estos amaneramientos sean un gran pecado en sí mismos o que todos aquellos que los emplean sean necesariamente grandes pecadores. Pero es mi opinión que si estas afectaciones dominan a una persona hasta el punto de tenerla esclavizada, son prueba de orgullo, de sofistería, exhibicionismo y curiosidad. Por lo menos, demuestran el corazón veleidoso y la inquieta imaginación de una persona que carece tristemente de un espíritu verdaderamente contemplativo. Si hablo de ellos es únicamente con el fin de que el contemplativo pueda preservar la autenticidad de su propia actividad evitándolos.

Marzo 2025
C.A.

miércoles, 5 de marzo de 2025

Miércoles de Ceniza

Comenzamos el tiempo de Cuaresma. Y creo que no nos viene mal hacer una breve reflexión sobre el silencio que nos ayude a practicar meditación durante estos cuarenta días.

El evangelio de este día -lo tienes al final de esta entrada- puede servirnos de apoyo. En él se menciona por tres veces la invitación a vivirnos en y desde  “lo secreto” o “escondido”: 

*Cuando des limosna, o sea, cuando hagas el bien, hazlo sin ruidos, y “tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará”. 
*En la oración no seas amigo de muchas palabras, tú, cuando ores entra en tu interior, cierra el paso a lo que te pueda molestar, “y tu padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. 
*Que tus renuncias (ayuno) no las conozca nadie más que tú y Dios, “y tu Padre que, que ve en lo escondido, te recompensará”. 

Podemos leer "lo secreto” y “lo escondido”, como el espacio de Dios, o incluso como el mismo Dios que ocupa su lugar allí donde no habita nada contrario a él. San Ignacio de Antioquía da a entender que Dios es silencio: “Hay un solo Dios, el cual se manifestó a sí mismo por medio de Jesucristo, su hijo, que es Palabra suya, que procedió del silencio, y de todo en todo agradó a Aquel que le había enviado”.[1] 

Del silencio de la Trinidad procede la Palabra, Jesucristo. Jesús vino a liberarnos de todos los ruidos que impiden oir la voz de Dios, y seguir el camino, la verdad y la vida que es Él (Jn 14,6). Cumplida su misión, vuelve al silencio del Padre en su ascensión, y nos espera allí, en el Silencio de la Trinidad de donde nosotros también procedemos, ya que fuimos creados por la Palabra misma de Dios:  "Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; ... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó" (Gn 1,26-27). 

Con el silencio entramos en el gozo del ser de Dios y se cumplen nuestras esperanzas: “Si hubiera alguien en quien callase el tumulto de la carne; callasen las imágenes de la tierra, del agua y del aire; callasen los mismos cielos y aun el alma misma callase y se remontara sobre sí, no pensando en sí; si callasen los sueños y revelaciones imaginarias, y, finalmente, si callase por completo toda lengua, … dirigiendo el oído hacia aquel que las ha hecho, y sólo él hablase, no por ellas, sino por sí mismo, …, ¿no sería esto el ´Entra en el gozo de tu Señor´?´”[2].

Aprovecha el tiempo de Cuaresma para dejarte en el Silencio.  Tus ejercicios de meditación consciente favorecen en ti la capacidad de:
*ayunar, es decir, de desapegarte de todo lo que engorda tu ego: consumismo, vanagloria, hedonismo, egolatría, etc.; 
*y la capacidad de dar limosna; la "libertad de" que facilita el ayuno ha de apuntar a la  "libertad para"  el cuidado del prójimo y de toda la creación.

Desde esa doble dimensión de tu libertad puedes salir en procesión desde tu centro  hacia afuera llevando a Dios contigo, y vivir así la bienaventuranza del Reino, como Jésus, "Palabra que procedió del silencio, y de todo en todo agradó a Aquel que le había enviado”.

¡Felíz Cuaresma! Y no olvides de encomendar al inico de tu oración a todos y  cada uno de los componentes de nuestro grupo de oración. 


[1]  IGNACIO DE ANTIOQUIA,  Carta a los magnesios, 8.

[2] SAN AGUSTIN: Confesiones, libro  IX, cap 10 ,nº 25.

* * *

EVANGELIO Mt 6,1-6.16-18 

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

*

5 de Marzo de 2025

Casto Acedo