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lunes, 23 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 43

 

43.

QUE EL HOMBRE HA DE PERDER LA CONCIENCIA RADICAL DE CONCENTRACIÓN EN SU PROPIO SER, SI ES QUE QUIERE LLEGAR A LAS ALTAS CIMAS DE LA CONTEMPLACIÓN EN ESTA VIDA

Sé cauto al vaciar tu mente y tu corazón de todo excepto de Dios durante el tiempo de esta obra. Rechaza el conocimiento y la experiencia de todo lo que es inferior a Dios, dejándolo bajo la nube del olvido. Y has de aprender también a olvidar no sólo a toda criatura y sus obras sino también a ti mismo, juntamente con cuanto has hecho por el servicio de Dios. Pues un verdadero amante no sólo quiere a su amado más que a si mismo sino que en cierto sentido se olvida de si mismo en relación al único que ama.[1]

Y esto es lo que has de aprender a hacer. Has de llegar a abominar y detestar todo lo que ocupa tu mente excepto a Dios, pues todo es un obstáculo entre él y tú. Apenas si te ha de extrañar el que llegues a odiar el pensar sobre ti mismo en vistas a tu mayor comprensión del pecado. Esta mancha fétida y detestable llamada pecado no es sino tú mismo, y aunque no lo consideres con todo detalle, ahora sabes que es parte y parcela de tu mismo ser y algo que te separa de Dios.

Rechaza, pues, el pensamiento y la experiencia de todas las cosas creadas, pero aprende más especialmente a olvidarte de ti mismo, ya que todo tu conocimiento y experiencia depende del conocimiento y sentimiento de ti mismo. Todo lo demás se olvida fácilmente en comparación con uno mismo. Comprueba si la experiencia no me da a mí la razón. Aun mucho después de haberte olvidado con éxito de las criaturas y de sus obras, te darás cuenta de que un elemental conocimiento y sentimiento de tu ser sigue permaneciendo entre ti y Dios. Créeme, no serás perfecto en el amor hasta que esto sea también destruido.

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NOTAS


[1] “La afición y asimiento que el alma tiene a la criatura iguala a la misma alma con la criatura, y cuanto mayor es la afición, tanto más la iguala y hace semejante, porque el amor hace semejanza entre lo que ama y es amado. Que por eso dijo David (Sal. 113, 8), hablando de los que ponían su afición en los ídolos: ´Sean semejantes a ellos los que ponen su corazón en ellos. Y así, el que ama criatura, tan bajo se queda como aquella criatura, y, en alguna manera, más bajo; porque el amor no sólo iguala, mas aun sujeta al amante a lo que ama. Y de aquí es que, por el mismo caso que el alma ama algo, se hace incapaz de la pura unión de Dios y su transformación; porque mucho menos es capaz la bajeza de la criatura de la alteza del Criador que las tinieblas lo son de la luz. ... Así como no comprehende a la luz el que tiene tinieblas, así no podrá comprehender a Dios el alma que en criaturas pone su afición; de la cual hasta que se purgue, ni acá podrá poseer por transformación pura de amor, ni allá por clara visión. Y para más claridad, hablaremos más en particular. (San Juan de la Cruz, 1 Subida 4,3)

* ¨No puede dejar de desear el alma enamorada la paga y salario de su amor, por el cual salario sirve al Amado, porque, de otra manera, no sería verdadero amor. El cual salario y paga no es otra cosa, ni el alma puede querer otra, sino más amor, hasta llegar a estar en perfección de amor, el cual no se paga sino de sí mismo, según lo dio a entender el profeta Job (Jb 7, 2) por estas palabras, diciendo: ...  ´Como el ciervo desea la sombra y como el mercenario espera el fin de su obra, así yo también tuve los meses vacíos y contaba las noches trabajosas y prolijas para mí. Si me acostare a dormir, diré: ¿cuándo llegará el día en que me levantaré? Y luego volveré a esperar la tarde, y seré lleno de dolores hasta las tinieblas de la noche´. De esta manera, el alma que anda estando encendida en amor de Dios, desea el cumplimiento y perfección del amor para tener allí cumplido refrigerio... El alma que ama a Dios no ha de pretender ni esperar otra cosa de él sino la perfección del amor. (Ibid Cántico,  9,6)

* ¨El endiosamiento y levantamiento de mente en Dios, en que queda el alma como robada y embebida en amor, toda hecha en Dios, no la deja advertir a cosa alguna del mundo; porque no sólo de todas las cosas, mas aun de sí queda enajenada y aniquilada, como resumida y resuelta en amor, que consiste en pasar de sí al Amado” (Ibid 26,14)

Septiembre 2024

C.A.

martes, 17 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 42

42

QUE NO TENIENDO MODERACIÓN EN LA CONTEMPLACIÓN, EL HOMBRE PUEDE LLEGAR A LA PERFECTA MODERACIÓN EN TODO LO DEMÁS [1]

Quizá estés preguntándote ahora cómo determinar la medida adecuada en la comida, la bebida, el sueño y demás. Te contestaré brevemente: conténtate con aceptar las cosas según vienen. Si te entregas generosamente a la obra del amor, estoy seguro de que sabrás cuándo has de comenzar y terminar cualquier otra actividad. No puedo creer que una persona entregada con toda su alma a la contemplación pueda errar por exceso o por defecto en estos asuntos externos, a menos que sea una persona que siempre yerre.

¡Ojalá yo pudiera estar siempre preocupado y ser fiel a la obra del amor en mi corazón! Dudo que entonces me preocupase mucho de mi comida, bebida, sueño y conversación. Pues ciertamente se consigue antes moderación en estas cosas por despreocupación de las mismas que a través de una introspección angustiosa, como si esta ayudara a determinar la medida adecuada. Con seguridad nada de lo que haga o diga puede realmente conseguirlo. Que otros digan lo que quieran; la experiencia es mi testigo.

Por eso te digo, una vez más, eleva tu corazón con un ciego impulso de amor, consciente ora del pecado, ora de Dios, deseando a Dios y detestando el pecado. A este lo conoces demasiado bien, pero tu deseo tiende hacia Dios. Pido que el buen Dios venga en tu ayuda, pues al llegar a este punto le necesitarás muchísimo

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NOTAS

[1] ¿De fuera hacia dentro?  ¿O de dentro hacia fuera? ¿Llegar a la moderación (medida justa) en la vida -en el caso concreto que se menciona: moderación en la comida y en la bebida- imponiéndome una disciplina exterior o simplemente cultivando mi interior?. Si aplicamos aquí el texto evangélico que habla de las intenciones de corazón  indicando que de dentro,“del corazón salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias. Estas cosas son las que hacen impuro al hombre” (Mt 15,18), podemos también decir que las cosas que hacen puro al hombre, es decir la moderación en las costumbres, salen también de dentro. Y de esta conclusión sobre  la importancia de la exterioridad y la interioridad extraemos  unas lecciones interesantes:

1) La primera es que si queremos moderación y finura exterior debemos comenzar por serenar y pulir lo interior: ”Si te entregas generosamente a la obra del amor, estoy seguro de que sabrás cuándo has de comenzar y terminar cualquier otra actividad”.

2) La segunda enseñanza es que observando tu moderación exterior puedes discernir tu estado espiritual interior: “No puedo creer que una persona entregada con toda su alma a la contemplación pueda errar por exceso o por defecto en estos asuntos externos”. 

3) Una tercera enseñanza  es que cuando se quiere conseguir la moderación exterior recurriendo a la culpabilidad o autocondena, “a través de una introspección angustiosa”, se fracasará en el intento.

4) Finalmente, como cuarta enseñanza tenemos la conclusión del autor de la Nube: lo importante es dedicar el tiempo y las energías a la contemplación para alcanzar amor: “eleva tu corazón con un ciego impulso de amor”; o dicho en lenguaje más bíblico: "Busca primero el reino de Dios y su justicia; y todo lo demás se te dará por añadidura" (Mt 6,33)

Septiembre 2024
C. A.

lunes, 2 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 41


41.

 QUE EN TODO, EXCEPTO EN LA CONTEMPLACIÓN, LA PERSONA HA DE SER MODERADA

 Si me preguntas ahora qué clase de moderación has de observar en la obra de la contemplación, te responderé lo siguiente: ninguna. En todo lo demás, como el comer, beber y dormir, la moderación es la regla. Evita los extremos de calor y frío; guárdate contra el exceso por más o por menos en la lectura, la oración o el compromiso social. En todas estas cosas, repito, sigue el sendero del medio.[1] Pero en el amor no guardes medida. En realidad, desearía que nunca cesaras en esta obra del amor.

Has de darte cuenta, en efecto, de que en esta vida te será imposible continuar en esta obra con la misma intensidad durante todo el tiempo. La enfermedad, los achaques del cuerpo y del espíritu y otras innumerables necesidades de la naturaleza te dejarán indispuesto y apartado de sus alturas. Al mismo tiempo, sin embargo, te aconsejo que te mantengas siempre con buen ánimo y si quieres, con alegría. Lo que quiero decir es que con el deseo puedes permanecer en ella aun cuando interfieran otras cosas.

Por amor de Dios, evita, pues, la enfermedad en cuanto te sea posible, a fin de que no seas responsable de una enfermedad innecesaria. Te hablo seriamente cuando digo que esta obra exige una disposición relajada, sana y vigorosa tanto de cuerpo como de espíritu. Por amor de Dios, disciplínate en el cuerpo y en el espíritu a fin de mantener tu salud el mayor tiempo posible.

 Pero si, a pesar de tus mejores esfuerzos, la enfermedad te domina, sé paciente en soportarla y espera con humildad la misericordia de Dios.[2] Esto basta. En efecto, tu paciencia en la enfermedad y en la aflicción puede ser a menudo más grata a Dios que los tiernos sentimientos de devoción en tiempos de salud

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NOTAS 


[1] Es curioso que Nube cite el "sendero del medio", una expresión esta muy budista. Ya comentamos que este "en medio" era una invitación a no fijar la mirada en quien va más adelante que nosotros (en este caso de la moderación en el comer, el beber y el trabajo físico o entrega al servicio del prójimo), ni tampoco fijar tu mirada en quien aún no alcanza tu nivel de compromiso. El camino del medio es el de fijarte en ti, en tu momento, y mirarte en Jesucristo y en cómo alimentarte y cuidarte para mejor servirle a él y al prójimo. Desde esa mirada deberías organizarte en el cuidado de tu cuerpo a fin de cultivar la salud física. Pero, como dice Nube a continuación, en el amor no seas moderado.

[2] Cuando se está enfermo es claro que no apetece nada hacer oración contemplativa. No te culpes por ello. ¿Cómo centrarte en tu corazón cuando el dolor apremia? La enfermedad es una prueba de fuego desde la que evaluar el camino espiritual. Y hablo tanto de enfermedades físicas como psicológicas (depresión, desgana, dispersión mental excesiva, etc.). La enfermedad forma parte de las adversidades o cruces de la vida y pueden ayudarnos a tomar conciencia de nuestra debilidad y movernos a la humildad.

Quien lleva una vida ordinaria de oración y contemplación se supone que debería tener ciertos recursos espirituales para sobrellevar la enfermedad. Pero no necesariamente todos serán “faquires” que aguanten estoicamente el dolor. Las hagiografías, biografías de los santos, ofrecen unos testimonios a veces exagerados acerca de ellos afirmando a veces que no dejaban escapar de su corazón ni una queja ante el sufrimiento y el dolor en la enfermedad. Esto puede dar la impresión de que quien es espiritual debe alcanzar una apatía (apatheia, ausencia de pasión) tal que aguante estoicamente todo dolor y sufrimiento. 

No idealices esto. Los santos, como Jesús, tuvieron momentos en los que desahogaron su sufrimiento, aunque l amayor parte de ellos sin llegar a la blasfemia. Y si llegaron no tardaron en pedir perdón.  El mismo Jesús desahogó la incomprensión de su sufrimiento en la cruz: "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46). ¿Acaso piensas que esa expresión fue una ofensa a Dios? No. Más bien fue una confesión de su humanidad. Su corazón se mantuvo firme: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46). 

Cuando llega el sinsentido de la enfermedad pide fuerzas al Espíritu; y si tu mente o tu lengua cae en debilidad aprovecha para hacer un acto de fe y paciencia que te ayudarán a madurar en poco tiempo lo que en un banquito, silla o cojín de meditación te costaría años. 

Y seamos sensibles (empáticos) al sufrimiento de los enfermos, como Jesús, que “tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades” (Mt 8,17). En su Evangelio  del Reino los enfermos ocupan un lugar privilegiado.

Septiembre 2024

C. A