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domingo, 30 de junio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 36

36.

DEL MODO DE MEDITAR PROPIO DE LOS CONTEMPLATIVOS

Los que, sin embargo, están continuamente ocupados en la contemplación, experimentan todo esto de modo diferente.[1] Su meditación se parece más a una intuición repentina o a una oscura certeza. Intuitiva y repentinamente se darán cuenta de sus pecados o de la bondad de Dios, pero sin haber hecho ningún esfuerzo consciente para comprender esto por medio de la lectura u otros medios. Una intuición como esta es más divina que humana en su origen.

De hecho, en este punto no me importa que dejes de meditar tanto en tu naturaleza caída como en la bondad de Dios. Supongo, naturalmente, que estás movido por la gracia y que has pedido consejo para dejar atrás estas prácticas. Pues entonces basta con centrar tu atención en una simple palabra tal como pecado o Dios (u otra que prefieras), y sin la intervención del pensamiento analítico puedes permitirte experimentar directamente la realidad que significa. No emplees la inteligencia lógica para examinar o explicarte esta palabra, ni consientas ponderar sus diferentes sentidos, como si todo ello te permitiera incrementar tu amor. No creo que el razonamiento ayude nunca en la contemplación. Por eso te aconsejo que dejes estas palabras tal cual, como un conjunto, por así decirlo.

Cuando pienses en el pecado, no te refieras a ninguno en particular; sino sólo a ti mismo, y tampoco a nada particular en ti mismo.[2]  Creo que esta oscura conciencia global del pecado (refiriéndote sólo a ti mismo, pero de una manera indefinida, como a conjunto) puede incitarte a la furia de un animal salvaje enjaulado. Cualquiera que te observe, sin embargo, no notará ningún cambio en tu expresión y supondrá que estás perfectamente tranquilo y en orden. Sentado, caminando, echado, descansando, de pie o de rodillas aparecerás completamente relajado y en paz.

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[1] Recuerda que el número 35 hablaba de la “lectura”, “el pensamiento” y "la oración" como modos de orar de los principiantes. Ahora habla a los contemplativos ya avanzados en la vida espiritual. De los principiantes se decía que “cuando un hombre de buena voluntad se ve a si mismo reflejado por las Escrituras o por la predicación de otros y se da cuenta de que su conciencia está manchada, corre inmediatamente a limpiarse". 

[2]Para quien ha dejado de ser principiante, en lo referente al pecado, "su meditación se parece más a una intuición repentina o a una oscura certeza". El adelantado no se obsesiona con el pensamiento, palabra u obra pecaminosa, lo cual puede generar cierta violencia interior, sino que contempla relajado y en paz, aunque no sin cierto "temor de Dios", su condición pecadora. El avanzado en la vida espiritual mira "la raíz del pecado", va más allá del acto negativo, más allá de la obra mala concreta (robar, matar, mentir, etc.), y toma conciencia de qué demonio (soberbia, ira, envidia, lujuria, gula, avaricia, pereza) le ha seducido. Acepta su fallo con seriedad, serenidad y honestidad; reconoce haberse dejado arrastrar por la seducción del mal y es consciente de su caída en desgracia. Aceptado esto se compadece y ama a sí mismo y eleva su corazón esperando el perdón de Aquel que le ama y se compadece de él.   

 Junio 2024

C.A, 

miércoles, 26 de junio de 2024

A vueltas con el silencio


Recuerdo de los inicios de nuestro grupo de oración la insistencia en la palabra “SILENCIO” como clave de nuestro camino. Poco a poco se abrió en nosotros la certeza de que sólo por el silencio se accede a la experiencia contemplativa; que lo único que podemos hacer nosotros es silenciar la mente y el corazón; para escuchar lo que san Juan de la Cruz llama la música callada que es “inteligencia sosegada y quieta, sin ruido de voces; y así, se goza en ella la suavidad de la música y la quietud del silencio”.

La “cultura práctica” que vivimos nos lleva una y otra vez a alejarnos de este principio que es fundamental en la vida contemplativa. Parece que no somos nadie si no nos aferramos a una idea,  un método y unos objetivos. De este modo sin darnos cuenta nos deslizamos hacia un modo de orar en el que los conceptos, las maneras y las expectativas se convierten en okupas que roban el espacio interior y no permiten al silencio habitar en él.

Herman Hesse, en Shidartha, pone en boca del protagonista unas palabras que resumen lo que pretendo decir: “cuando uno busca suele ocurrir que sus ojos solo ven aquello que anda buscando, y ya no logra encontrar nada ni se vuelve receptivo a nada porque solo piensa en lo que busca, porque tiene un objetivo y se halla poseído por él. Buscar significa tener un objetivo. Pero encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos”. 

Las pregunta que te haces una y otra vez cuando te dedicas a la meditación es esta: ¿qué espero sacar? ¿qué estoy buscando? ¿qué deseo alcanzar? Y la respuesta adecuada es esta: nada; no espero nada, no busco nada, no deseo nada. Al principio esta respuesta suena a despropósito: ¡algo espero, algo busco, algo deseo! ¿digo yo?. Y ciertamente que “algo habrá luego”, pero si lo imaginas, si lo defines, si le pones nombre, forma y figura, ese “algo” te impide ir más allá; tus conceptos, imaginarios y expectativas no dejan de ser un ídolo, un constructo de tu mente o de tu corazón. Y vives tan obsesionado por "lo que esperas" (lo que vendrá) que no percibes "lo que viene" (lo que es),  

La meditación es un camino de inmersión en la nada, en el vacío, en el silencio. Consiste en dejar que Dios sea Dios, no el dios que esperas con expectación e imaginas con fruición. El silencio es el territorio a explorar, la puerta de la realidad presente, el abismo al que lanzarse. Da miedo porque entrar en él pide soltar el ruido al que estás asido y en el que  anclas tu presunta seguridad. Pero intuyes e incluso sabes que solo en el silencio es posible la escucha y la libertad; y sin éstas la vida es sólo un monólogo (mi-yo-me), un diálogo de sordos.  El silencio abre a la experiencia de Dios.  Dice san Juan de la Cruz: “Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y esta sólo habla en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma”. 

Si quieres progresar en la contemplación no olvides que el camino es la tiniebla, el no-saber, el vacío: o sea, el silencio. En verano solemos disponer de más tiempo para soltar, dejar ir, vender, todo aquello que estorba y distorsiona la escucha de Dios en la “soledad sonora” y la “música callada”.

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Escribo esto para que no eches en olvido los principios de nuestro grupo; SILENCIO;  incluso yo mismo caigo con frecuencia en la tentación de dejarlo de lado. La atención al presente, que ejercitamos con la conciencia de la respiración, o atendiendo a las sensaciones del cuerpo, a la escucha sin imaginación de los sonidos exteriores u otras técnicas, sólo pretenden serenar y silenciar el alma para que en actitud silente sintonice con el Silencio que es Dios; sin pensar nada, sin imaginar nada, sin desear nada.

No desaproveches la oportunidad de las vacaciones para silenciar (meditar) con más intensidad. Buen verano.

Junio 2024
Casto Acedo

miércoles, 19 de junio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 35

35.

DE LA «LECTURA», EL «PENSAMIENTO» Y LA «ORACIÓN», TRES HÁBITOS QUE HA DE DESARROLLAR EL PRINCIPIANTE EN LA CONTEMPLACIÓN.

No obstante, todo aquel que aspira a la contemplación ha de cultivar el Estudio, la Reflexión y la Oración, o dicho de otra manera, la lectura, el pensamiento y la oración. Otros han escrito sobre estas disciplinas con más detenimiento de lo que yo puedo hacer aquí, por eso no hay necesidad de que trate de ellas ahora en detalle. Pero diré esto a los que puedan leer este libro, tanto principiantes como un poco avanzados (aunque no a los muy expertos en la contemplación): estas tres cosas son tan interdependientes que es imposible pensar sin primero leer o -lo que es lo mismo- haber oído leer a otros. Pues la lectura y la audición son realmente una misma cosa; los sacerdotes aprenden leyendo libros y los no letrados aprenden de los sacerdotes que predican la palabra de Dios. Los principiantes y los poco avanzados que no se esfuerzan por meditar la palabra de Dios no deberían sorprenderse si son incapaces de orar. La experiencia confirma esto.

La palabra de Dios, hablada o escrita, es como un espejoLa razón es tu ojo espiritual, y la conciencia tu semblante espiritual. Y así como empleas un espejo para detectar un defecto en tu persona -y sin un espejo o alguien que te diga dónde está la mota no podrías descubrirla-, de la misma manera, en el orden espiritual, sin la lectura o la audición de la palabra de Dios, el hombre, ciego espiritualmente a causa de su pecado habitual, es incapaz de ver la mancha en su conciencia.[1] 

Cuando una persona descubre en el espejo -o se entera por otra- que su cara está sucia, va inmediatamente a la fuente y se lava. De la misma manera, cuando un hombre de buena voluntad se ve a si mismo reflejado por las Escrituras o por la predicación de otros y se da cuenta de que su conciencia está manchada, corre inmediatamente a limpiarse. Si es una mala obra particular la que descubre, entonces la fuente que ha de buscar es la Iglesia y el agua que ha de aplicarse es la Confesión según la costumbre de la Iglesia. Pero si es la raíz ciega y la tendencia al pecado lo que ve, entonces la fuente que debe buscar es el Dios de toda misericordia y el agua que ha de emplear es la oración con todo lo que esto supone.

Por eso quiero que entiendas con claridad que para los principiantes y los poco avanzados en la contemplación, la lectura o la escucha ponderada de la palabra de Dios ha de ser lo primero, ya que sin un tiempo consagrado a la reflexión seria no puede haber oración genuina

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NOTAS

[1] La imagen o simil del espejo tiene resonancias bíblicas: “·Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara” (1 Cor 13,12). Se refiere a la visión de Dios. Ahora bien, esa visión va acompañada por una visión cada vez más clara de uno mismo. En la lectura y contemplación de la Palabra de Dios hallo el colirio que limpia mis ojos para verme a mí mismo y a Dios. Porque la Palabra tiene un efecto purificador, como dice Jesús a los suyos: “Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jn 15,3).  

Mirándome en la Palabra, reflexionando y contemplando cada versículo voy limpiando mi alma para poder ver reflejada en ella, como en un espejo,  la imagen de Cristo; y mirando a Cristo en mi interior puedo ver la belleza y bondad de mi ser; visión que suelen empañar mis pecados.  mis pecados empañan.  

Transcribo unos textos de santa Teresa  y san Juan de la Cruz sobre esa comparación con la visión en un espejo:

* “Orando una vez Jesucristo nuestro Señor por sus apóstoles -no sé adónde es- dijo, que fuesen una cosa con el Padre y con El, como Jesucristo nuestro Señor está en el Padre y el Padre en El. ¡No sé qué mayor amor puede ser que éste! Y no dejamos de entrar aquí todos, porque así dijo Su Majestad: No sólo ruego por ellos, sino por todos aquellos que han de creer en mi también, y dice: Yo estoy en ellos.¡Oh, válgame Dios, qué palabras tan verdaderas!, y ¡cómo las entiende el alma, que en esta oración lo ve por sí! Y ¡cómo lo entenderíamos todas si no fuese por nuestra culpa, pues las palabras de Jesucristo nuestro Rey y Señor no pueden faltar! Mas como faltamos en no disponernos y desviarnos de todo lo que puede embarazar esta luz, no nos vemos en este espejo que contemplamos, adonde nuestra imagen está esculpida”. (Teresa de Jesús. Moradas, 7ª, 2, 7-8)

*“Estando una vez en las Horas con todas, de presto se recogió mi alma, y parecióme ser como un espejo claro toda, sin haber espaldas ni lados ni alto ni bajo que no estuviese toda clara, y en el centro de ella se me representó Cristo nuestro Señor, como le suelo ver. Parecíame en todas las partes de mi alma le veía claro como en un espejo, y también este espejo -yo no sé decir cómo- se esculpía todo en el mismo Señor por una comunicación que yo no sabré decir, muy amorosa. Sé que me fue esta visión de gran provecho, cada vez que se me acuerda, en especial cuando acabo de comulgar. Dióseme a entender que estar un alma en pecado mortal es cubrirse este espejo de gran niebla y quedar muy negro, y así no se puede representar ni ver este Señor, aunque esté siempre presente dándonos el ser. Y que los herejes es como si el espejo fuese quebrado, que es muy peor que oscurecido. Es muy diferente el cómo se ve, a decirse, porque se puede mal dar a entender. Mas hame hecho mucho provecho y gran lástima de las veces que con mis culpas oscurecí mi alma para no ver este Señor. (Teresa de Jesús, Libro de la vida, 40,5)

.*"Así como los vapores oscurecen el aire y no le dejan lucir el sol claro; como el espejo tomado del paño no puede recibir serenamente en sí el rostro; o como (en) el agua envuelta en cieno, no se divisa bien la cara del que en ella se mira; así, el alma que de los apetitos está tomada, según el entendimiento está entenebrecida, y no da lugar para que ni el sol de la razón natural ni el de la Sabiduría de Dios sobrenatural la embistan e ilustren de claro. Y así dice David (Sal. 39,13), hablando a este propósito: Comprehenderunt me iniquitates meae, et non potui, ut viderem, que quiere decir: Mis maldades me comprehendieron, y no pude tener poder para ver” (Juan de la Cruz. Subida del monte Carmelo, l.1, cap 8,1)

*"A la M. Ana de san Alberto, Priora de Caravaca ... ¿Hasta cuándo piensa, hija, que ha de andar en brazos ajenos? Ya deseo verla con una gran desnudez de espíritu y tan sin arrimo de criaturas que todo el infierno no baste a turbarla. ¿Qué lágrimas tan impertinentes son esas que derrama estos días? ¿Cuánto tiempo bueno piensa que ha perdido con esos escrúpulos? Si desea comunicar conmigo sus trabajos, váyase a aquel espejo sin mancilla (Sab. 7, 26) del Eterno Padre (que es su Hijo), que allí miro yo su alma cada día, y sin duda saldrá consolada y no tendrá necesidad de mendigar a puertas de gente pobre” (Juan de la Cruz. Cartas, 4) 

Junio 2024

C.A.

viernes, 14 de junio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 34

34.

QUE DIOS DA EL DON DE LA CONTEMPLACIÓN LIBREMENTE Y SIN RECURRIR A MÉTODOS; LOS MÉTODOS SOLOS NUNCA PUEDEN SUSCITARLA

Si me preguntas ahora cómo se ha de proceder para realizar la obra contemplativa del amor, me pones en un aprieto. Todo lo que puedo decir es que pido a Dios todopoderoso que en su gran bondad y dulzura te enseñe él mismo. Pues debo admitir con toda honradez que yo no lo sé. Y no te has de extrañar, pues es una actividad divina y Dios puede realizarla en cualquiera que elija. Nadie puede merecerla. Por paradójico que pueda parecer, ni siquiera puede ocurrírsele a persona alguna -no, ni a un ángel ni a un santo- el desear el amor de contemplación en caso de que no estuviera ya vivo en él.[1]

Creo también que, con frecuencia, llama el Señor deliberadamente a trabajar en esta obra a los que han sido pecadores habituales con preferencia a aquellos que, en comparación, nunca le ofendieron gravemente. Sí, parece que lo hace con mucha frecuencia. Pues pienso que quiere hacernos comprender que es todo misericordia y poder, y que es perfectamente libre para obrar como, donde y cuando le plazca.

No da, sin embargo, su gracia ni realiza esta obra en una persona que no tenga aptitud para ella. Pero una persona que no tiene capacidad de recibir su gracia no la alcanzará tampoco a través de sus propios esfuerzos. Nadie, ni pecador ni inocente, puede conseguirla. Pues esta gracia es un don, y no se da a la inocencia ni es negada al pecado. Advierte que digo negada, no retirada. Cuidado con el error aquí, te lo suplico. Recuerda que cuanto más cerca está el hombre de la verdad, más sensible ha de ser al error. La advertencia que hago es correcta, pero si ahora no puedes captarla, déjala hasta que Dios te ayude a entenderla. Haz como te digo y no te devanes los sesos.

¡Alerta con el orgullo! Es una blasfemia contra Dios en sus dones y hace al pecador temerario. Si fueras realmente humilde entenderías lo que intento decir. La oración contemplativa es don de Dios, totalmente gratuito. Nadie puede merecerlo. Corresponde a la naturaleza de este don el que, quien lo recibe, reciba también la aptitud correspondiente. Nadie puede tener la aptitud sin el don mismo.

La aptitud para esta obra se identifica con la obra misma; son idénticas. Quien experimenta la acción de Dios en lo hondo de su espíritu tiene la aptitud para la contemplación y no otra cosa. Sin la gracia de Dios una persona sería tan insensible a la realidad de la oración contemplativa que seria incapaz de desearla o buscarla. La posees en la medida en que deseas poseerla, ni más ni menos. Pero nunca deseas poseerla hasta que aquel que es inefable e incognoscible te mueve a desear lo inefable e incognoscible. No seas curioso por saber más, te lo suplico. Sé constantemente fiel a esta obra hasta que llegue a ser toda tu vida.

Para expresarlo de una manera más simple, deja que la gracia misteriosa actúe en tu espíritu como quiera y síguela donde te lleve. Que ella sea el agente activo y tú el receptor pasivo. No te interfieras con ella (como si te fuera posible aumentar la gracia), más bien déjala actuar, no sea que la estropees totalmente. Tu parte es la de la madera con respecto al carpintero o la casa en relación al que la habita. Permanece ciego durante este tiempo desechando todo deseo de conocer, ya que el conocimiento es aquí un obstáculo. Conténtate con sentir cómo se despierta suavemente en lo hondo de tu espíritu esta gracia misteriosa. Olvídate de todo excepto de Dios y fija en él tu puro deseo, tu anhelo despojado de todo interés propio.[2]

Si esto de que hablo forma parte de tu experiencia, entonces llénate de confianza porque realmente es Dios, y él solo, quien despierta tu voluntad y deseo. Él no necesita técnicas ni tu asistencia. No tengas miedo del maligno, pues él no se atreve a acercarse a ti. Por astuto que sea, es incapaz de violar el santuario interior de tu voluntad, si bien algunas veces puede atentarlo por medios indirectos. Ni siquiera un ángel puede tocar directamente tu voluntad. Sólo Dios puede entrar aquí.[3]

Estoy tratando de aclarar con palabras lo que la experiencia enseña más convenientemente: que las técnicas y métodos son en última instancia inútiles para despertar el amor contemplativo.

Es inútil venir a esta actividad armado con ellos. Pues todos los buenos métodos y medios dependen de él, mientras que Él no depende de nada.

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[1] La persona puede estar en gracia de Dios y sin embargo no llevar una  vida contemplativa, estar bautizado y no estar iluminado. San Juan de la Cruz habla de estar en tinieblas (ciego a causa del pecado) y estar a oscuras (a pesar de no estar en  pecado): “Hablando espiritualmente, una cosa es estar a oscuras, otra es estar en tinieblas. Porque estar en tinieblas es estar ciego, como habemos dicho, en pecado; pero estar a oscuras, puédelo estar sin pecado. Y esto de dos maneras, conviene a saber: acerca de lo natural, no teniendo luz de algunas cosas naturales; y acerca de lo sobrenatural, no teniendo luz de las cosas sobrenaturales. Y acerca de estas dos cosas dice aquí el alma que estaba oscuro su entendimiento antes de esta preciosa unión”  (Llama 3,71).   

[2] Hablando de los que “no se dejan quietar, procurando considerar y discurrir, de donde se llenan de sequedad y trabajo para sacar el jugo que ya por allí no han de sacar”, añade san Juan de la Cruz: “A estos tales se les ha de decir que aprendan a estarse con atención y advertencia amorosa en Dios en aquella quietud, y que no se den nada por la imaginación ni por la obra de ella, pues aquí, como decimos, descansan las potencias y no obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra en ellas.” (2 Subid, 12,8; cf Ibid 14,12. 15,2).

Y más adelante aconseja: “Aprenda el espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco, y muy presto, se infundirá en su alma el divino sosiego y paz con admirables y subidas noticias de Dios, envueltas en divino amor. Y no se entremeta en formas, meditaciones e imaginaciones, o algún discurso, porque no desasosiegue al alma y la saque de su contento y paz, en lo cual ella recibe desabrimiento y repugnancia. Y si, como habemos dicho, le hiciere escrúpulo de que no hace nada, advierta que no hace poco en pacificar el alma y ponerla en sosiego y paz, sin alguna obra y apetito, que es lo que Nuestro Señor nos pide por David (Sal. 45, 11), diciendo: Vacate, et videte quoniam ego sum Deus; como si dijera: Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber, interior y exteriormente, y veréis cómo yo soy Dios. (Ibid 15,5)

[3] “La causa por que el alma en la oscuridad de esta contemplación va libre y escondida de las asechanzas del demonio, es porque la contemplación infusa, que aquí lleva, se infunde pasiva y secretamente en el alma a excusas de los sentidos y potencias interiores y exteriores de la parte sensitiva. Y de aquí es que no sólo del impedimento, que con su natural flaqueza le pueden ser estas potencias, va escondida y libre, sino también del demonio, el cual, si no es por medio de estas potencias de la parte sensitiva, no puede alcanzar ni conocer lo que hay en el alma, ni lo que en ella pasa. De donde, cuanto la comunicación es más espiritual, interior y remota de los sentidos, tanto menos el demonio alcanza a entenderla” (San Juan de la Cruz. 2 Noche, 23,2; cf también n.4,1112).

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Junio 2024

C.A.

sábado, 8 de junio de 2024

Apuntes sobre la oración, CEE.


El papa quiere que, dentro de la preparación del Jubileo 2025, se dedique el año 2024 a profundizar sobre el estudio y la práctica de la oración. Estas son sus palabras: 

El Jubileo Ordinario del 2025 está ya a la puerta. ¿Cómo prepararse a este evento tan importante para la vida de la Iglesia si no a través de la oración? El año 2023 estuvo destinado al redescubrimiento de las enseñanzas conciliares, contenidas sobre todo en las cuatro constituciones del Vaticano II. Es un modo para mantener viva la encomienda que los Padres reunidos en el Concilio han querido poner en nuestras manos, para que, a través de su puesta en práctica, la Iglesia pudiera rejuvenecer su propio rostro y anunciar con un lenguaje adecuado la belleza de la fe a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Ahora es el momento de preparar el año 2024, que está dedicado íntegramente a la oración. En efecto, en nuestro tiempo se revela cada vez con más fuerza la necesidad de una verdadera espiritualidad, capaz de responder a las grandes interrogantes que cada día se presentan en nuestra vida, provocadas también por un escenario mundial ciertamente no sereno. La crisis ecológica-económica-social agravada por la reciente pandemia; las guerras, especialmente la de Ucrania, que siembran muerte, destrucción y pobreza; la cultura de la indiferencia y del descarte, tiende a sofocar las aspiraciones de paz y solidaridad y a marginar a Dios de la vida personal y social… Estos fenómenos contribuyen a generar un clima adverso, que impide a tanta gente vivir con alegría y serenidad. Por eso, necesitamos que nuestra oración se eleve con mayor insistencia al Padre, para que escuche la voz de cuantos se dirigen a Él con la confianza de ser atendidos.

Papa Francisco.



Siguiendo las consignas del Papa, la Conferencia Episcopal Española, comenzó a publicar en el mes de marzo de este año una serie de cuadernos y videos muy sencillos e interesantes sobre el tema de la oración.

Me parecen temas básicos e iportantes como introducción a la oración cristiana. De momento han salido cuatro temas, uno por mes desde marzo, que se presentan en un cuadernillo explicativo, un podcast, un resumen en video y un pdf donde se dan incluso orientaciones y textos para orar.

Por su interés os enlazo aquí los videos y los resúmenes en podcast. Los videos son un resumen  sobre el tema. Los podcats una exposición de 10-12 minutos.  Podríamos trabajarlos durante el verano si os viene bien, ya sea presencial u online.

Ya hablamos en el grupo.

jueves, 6 de junio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 33

33

QUE LA PERSONA SE PURIFICA DE SUS PECADOS PARTICULARES Y DE SUS CONSECUENCIAS POR MEDIO DE LA CONTEMPLACIÓN; SIN EMBARGO, NUNCA LLEGA A LA SEGURIDAD PERFECTA EN ESTA VIDA

No entraré ahora directamente en otras técnicas. Si dominas estas, creo que estarás más capacitado para enseñarme a mí que yo a ti. Pues, a pesar de que todo lo que te he dicho es cierto, estoy muy lejos de ser un experto en ellas. Por eso espero sinceramente que me puedas ayudar progresando tú mismo en ellas.

Te animo a que te mantengas durante algún tiempo en esta tarea y si no puedes dominar inmediatamente estas técnicas, aguanta pacientemente el sufrimiento de las distracciones. Pero tu sufrimiento pasará y Dios comenzará a enseñarte sus propios métodos por medio de su gracia y a través de la experiencia. Entonces sabré que has sido purificado del pecado y de sus efectos; de los efectos de tus propios pecados personales, es decir, no de los del pecado original. Pues las secuelas del pecado original te asediarán hasta la tumba, a pesar de tus esfuerzos. No te molestarán tanto, sin embargo, como los efectos de tus pecados personales.

Has de comprender, no obstante, que en esta vida no podrás vivir sin gran angustia. Por lo que respecta al pecado original, cada día te traerá alguna nueva tentación al mal que habrás de derribar y cercenar con la vehemente espada de doble filo del discernimiento. La experiencia te enseñará que en esta vida no hay absoluta seguridad ni paz duradera.

Pero no cedas nunca ni te pongas demasiado nervioso por la posible caída. Pues si tienes la gracia de dominar los efectos de tus pecados personales con la ayuda de los recursos que he descrito (o si puedes con otras formas mejores), confía en que los efectos del pecado original y demás tentaciones que puedan derivarse de ellos apenas habrán de impedir tu crecimiento.

Junio 2024

C.A.