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miércoles, 19 de junio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 35

35.

DE LA «LECTURA», EL «PENSAMIENTO» Y LA «ORACIÓN», TRES HÁBITOS QUE HA DE DESARROLLAR EL PRINCIPIANTE EN LA CONTEMPLACIÓN.

No obstante, todo aquel que aspira a la contemplación ha de cultivar el Estudio, la Reflexión y la Oración, o dicho de otra manera, la lectura, el pensamiento y la oración. Otros han escrito sobre estas disciplinas con más detenimiento de lo que yo puedo hacer aquí, por eso no hay necesidad de que trate de ellas ahora en detalle. Pero diré esto a los que puedan leer este libro, tanto principiantes como un poco avanzados (aunque no a los muy expertos en la contemplación): estas tres cosas son tan interdependientes que es imposible pensar sin primero leer o -lo que es lo mismo- haber oído leer a otros. Pues la lectura y la audición son realmente una misma cosa; los sacerdotes aprenden leyendo libros y los no letrados aprenden de los sacerdotes que predican la palabra de Dios. Los principiantes y los poco avanzados que no se esfuerzan por meditar la palabra de Dios no deberían sorprenderse si son incapaces de orar. La experiencia confirma esto.

La palabra de Dios, hablada o escrita, es como un espejoLa razón es tu ojo espiritual, y la conciencia tu semblante espiritual. Y así como empleas un espejo para detectar un defecto en tu persona -y sin un espejo o alguien que te diga dónde está la mota no podrías descubrirla-, de la misma manera, en el orden espiritual, sin la lectura o la audición de la palabra de Dios, el hombre, ciego espiritualmente a causa de su pecado habitual, es incapaz de ver la mancha en su conciencia.[1] 

Cuando una persona descubre en el espejo -o se entera por otra- que su cara está sucia, va inmediatamente a la fuente y se lava. De la misma manera, cuando un hombre de buena voluntad se ve a si mismo reflejado por las Escrituras o por la predicación de otros y se da cuenta de que su conciencia está manchada, corre inmediatamente a limpiarse. Si es una mala obra particular la que descubre, entonces la fuente que ha de buscar es la Iglesia y el agua que ha de aplicarse es la Confesión según la costumbre de la Iglesia. Pero si es la raíz ciega y la tendencia al pecado lo que ve, entonces la fuente que debe buscar es el Dios de toda misericordia y el agua que ha de emplear es la oración con todo lo que esto supone.

Por eso quiero que entiendas con claridad que para los principiantes y los poco avanzados en la contemplación, la lectura o la escucha ponderada de la palabra de Dios ha de ser lo primero, ya que sin un tiempo consagrado a la reflexión seria no puede haber oración genuina

*

NOTAS

[1] La imagen o simil del espejo tiene resonancias bíblicas: “·Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara” (1 Cor 13,12). Se refiere a la visión de Dios. Ahora bien, esa visión va acompañada por una visión cada vez más clara de uno mismo. En la lectura y contemplación de la Palabra de Dios hallo el colirio que limpia mis ojos para verme a mí mismo y a Dios. Porque la Palabra tiene un efecto purificador, como dice Jesús a los suyos: “Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jn 15,3).  

Mirándome en la Palabra, reflexionando y contemplando cada versículo voy limpiando mi alma para poder ver reflejada en ella, como en un espejo,  la imagen de Cristo; y mirando a Cristo en mi interior puedo ver la belleza y bondad de mi ser; visión que suelen empañar mis pecados.  mis pecados empañan.  

Transcribo unos textos de santa Teresa  y san Juan de la Cruz sobre esa comparación con la visión en un espejo:

* “Orando una vez Jesucristo nuestro Señor por sus apóstoles -no sé adónde es- dijo, que fuesen una cosa con el Padre y con El, como Jesucristo nuestro Señor está en el Padre y el Padre en El. ¡No sé qué mayor amor puede ser que éste! Y no dejamos de entrar aquí todos, porque así dijo Su Majestad: No sólo ruego por ellos, sino por todos aquellos que han de creer en mi también, y dice: Yo estoy en ellos.¡Oh, válgame Dios, qué palabras tan verdaderas!, y ¡cómo las entiende el alma, que en esta oración lo ve por sí! Y ¡cómo lo entenderíamos todas si no fuese por nuestra culpa, pues las palabras de Jesucristo nuestro Rey y Señor no pueden faltar! Mas como faltamos en no disponernos y desviarnos de todo lo que puede embarazar esta luz, no nos vemos en este espejo que contemplamos, adonde nuestra imagen está esculpida”. (Teresa de Jesús. Moradas, 7ª, 2, 7-8)

*“Estando una vez en las Horas con todas, de presto se recogió mi alma, y parecióme ser como un espejo claro toda, sin haber espaldas ni lados ni alto ni bajo que no estuviese toda clara, y en el centro de ella se me representó Cristo nuestro Señor, como le suelo ver. Parecíame en todas las partes de mi alma le veía claro como en un espejo, y también este espejo -yo no sé decir cómo- se esculpía todo en el mismo Señor por una comunicación que yo no sabré decir, muy amorosa. Sé que me fue esta visión de gran provecho, cada vez que se me acuerda, en especial cuando acabo de comulgar. Dióseme a entender que estar un alma en pecado mortal es cubrirse este espejo de gran niebla y quedar muy negro, y así no se puede representar ni ver este Señor, aunque esté siempre presente dándonos el ser. Y que los herejes es como si el espejo fuese quebrado, que es muy peor que oscurecido. Es muy diferente el cómo se ve, a decirse, porque se puede mal dar a entender. Mas hame hecho mucho provecho y gran lástima de las veces que con mis culpas oscurecí mi alma para no ver este Señor. (Teresa de Jesús, Libro de la vida, 40,5)

.*"Así como los vapores oscurecen el aire y no le dejan lucir el sol claro; como el espejo tomado del paño no puede recibir serenamente en sí el rostro; o como (en) el agua envuelta en cieno, no se divisa bien la cara del que en ella se mira; así, el alma que de los apetitos está tomada, según el entendimiento está entenebrecida, y no da lugar para que ni el sol de la razón natural ni el de la Sabiduría de Dios sobrenatural la embistan e ilustren de claro. Y así dice David (Sal. 39,13), hablando a este propósito: Comprehenderunt me iniquitates meae, et non potui, ut viderem, que quiere decir: Mis maldades me comprehendieron, y no pude tener poder para ver” (Juan de la Cruz. Subida del monte Carmelo, l.1, cap 8,1)

*"A la M. Ana de san Alberto, Priora de Caravaca ... ¿Hasta cuándo piensa, hija, que ha de andar en brazos ajenos? Ya deseo verla con una gran desnudez de espíritu y tan sin arrimo de criaturas que todo el infierno no baste a turbarla. ¿Qué lágrimas tan impertinentes son esas que derrama estos días? ¿Cuánto tiempo bueno piensa que ha perdido con esos escrúpulos? Si desea comunicar conmigo sus trabajos, váyase a aquel espejo sin mancilla (Sab. 7, 26) del Eterno Padre (que es su Hijo), que allí miro yo su alma cada día, y sin duda saldrá consolada y no tendrá necesidad de mendigar a puertas de gente pobre” (Juan de la Cruz. Cartas, 4) 

Junio 2024

C.A.

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