El primer libro de Subida
El curso pasado estuvimos estudiando y meditando el libro primero de Subida del monte Carmelo, de san Juan de la Cruz. Y en este curso vamos a adentrarnos en el libro segundo.
El libro primero tiene un matiz que, cuando se lee sin
contar con el resto de la obra, hace que pareca más un tratado de ascética que de
mística, un simple manual acerca
de la conveniencia de renunciar a dar gusto a los sentidos. El primer libro aconseja olvidarlo y dejarlo todo, soltar todo, y desear sólo a Dios. Pero no hay que mirarlo como un texto aislado, hay que considerarlo como un tratado que
prepara el terreno al libro segundo donde aparecerá la fe como el verdadero medio
de unión con Dios.
A la noche propia de quien deja lo material (noche del sentido) le va a seguir la noche del espíritu, que tendrá sus propias dificultades; y más dolorosas.
De principio Dios concede ciertos gustos y consuelos a quienes se inician. Es normal sentir la satisfacción de verse libres de cosas que impedían avanzar, pero los gustos y consuelos no son el fin de la vida espiritual. Hay quienes buscan en la meditación y oración una especie de limbo feliz, un estado de “ausencia de turbación”, ataraxia que dirían los estoicos, una fortaleza de ánimo que, por la ausencia de pasiones y deseos, afronta la adversidad con calma y serenidad. Para los estoicos el objetivo es permanecer en quietud y silencio (“keep calm & be quiet”), que no está mal si el silencio apunta a la escucha de Dios; el problema es que se suele aspirar más al quietismo, a confundir la meta, la felicidad o el “estar en Dios” con una especie de estado de abandono pasivo, un cielo en la tierra, donde no haya preocupaciones. Si es esto lo que buscas te aviso que el libro segundo de la Subida te lo va a desmontar. Dios no es la dopamina que necesitas para olcidar tus problemas La meta es el paraíso, pero el camino es el desierto; e ignorar la necesidad de cruzarlo es arriesgarse a quedar tendido en él. Como dice san Pablo, ¡atención!:
"No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y por el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto". Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo codiciaron ellos"¨(1 Cor 10,1-6)
El oasis está al final del desierto. Hay quienes quieren tenerlo antes de le travesía y se afanan por construirse su paraiso privado en esta vida; aunque sea un paraiso con tintes espirituales aparentemente poco mundanos. Instalarse en esta zona de confort es un error que conduce a la muerte espiritual. La renuncia ha de ser costante; como dice uno de los textos de la liturgia de Pascua al enumerar las seducciones del maligno.
¿Renunciáis a todas sus seducciones (de Satanás), como pueden ser: el creeros los mejores, el veros superiores, el estar muy seguros de vosotros mismos, el creer que ya estáis convertidos del todo, el quedaros en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos y no ir a Dios?
Como puedes comprobar si lees detenidamente todo lo dicho, se trata de hilar muy fino; porque Dios no es el camino sino la meta.
* * *
Clavcs del segundo libro
En el primer libro (noche del sentido) san Juan propone abandonar todo lo que el mundo exterior ofrece como objetivo necesario para ser feliz y vivir en
Dios; el libro segundo va a mostrarte que los mayores obstáculos no están fuera
sino dentro. A la sed del desierto (agua física) se le va a unir la desesperación del
sediento (sed de sentido).
San Juan de la Cruz presenta su itinerario como una progresiva purificación: primero los sentidos; después las potencias espirituales (mente, memoria y voluntad). Así explicó el Papa Benedicto XVI los pasos de la purificación del alma según el libro que seguimos:
“Subida al Monte Carmelo presenta el itinerario espiritual desde el punto de vista de la purificación progresiva del alma, necesaria para escalar la cima de la perfección cristiana, simbolizada por la cima del Monte Carmelo. Esta purificación se propone como un camino que el hombre emprende, colaborando con la acción divina, para liberar el alma de todo apego o afecto contrario a la voluntad de Dios. La purificación, que para llegar a la unión de amor con Dios debe ser total, comienza por la de la vida de los sentidos y prosigue con la que se obtiene por medio de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, que purifican la intención, la memoria y la voluntad”. (Audiencia del 16 de Febrero de 2011)
La clave ahora es pasar de "no apegarse" a "creer". Podríamos condensar así el movimiento: Libro primero: «No tomes la criatura como término». Libro segundo: "No tomes tampoco tus propias ideas de Dios como término: déjate conducir por la fe". Esto es muy importante.
En el primer libro san Juan de la Cruz se ocupa sobre
todo de los apetitos sensibles: gusto, posesión, experiencia, placer,
imágenes, cosas creadas... El problema no es que las criaturas sean malas, sino
que el alma puede convertirlas en objeto de su deseo y, por tanto, en
sustitutos de Dios. La famosa lógica de la «nada» comienza aquí: para llegar al
Todo hay que dejar de confundir cualquier cosa limitada con el Todo.
Pero cuando llegamos al Libro segundo Juan de la Cruz
hace algo todavía más radical: la purificación alcanza al entendimiento. Ya no
basta con desprenderse de las cosas; hay que desprenderse también de la
pretensión de comprender a Dios a nuestra medida; evitar caer en la trampa de hacer
de Dios un ídolo que mi imaginación fabrica guiada por intereses poco santos.
Por eso el segundo libro empieza a hablando de la fe
como noche. La fe no es oscuridad porque sea insegura, sino precisamente porque
la realidad que comunica —Dios— supera infinitamente la capacidad natural del
entendimiento. Si Dios no es como yo lo he imaginado y comprendido hasta ahora,
entonces ¿quién y cómo es Dios?
* * *
Al decir que el libro primero es preparación para el
segundo, hay que matizar la expresión “preparación”. No designa simplemente que el
primero sea ascético y el segundo de una doctrina más elevada, es más bien una
forma de decir que en el camino espiritual se da un cambio progresivo de sujeto
y de profundidad.
Observa este cuadro comparativo:
San Juan de la Cruz dice que de hecho la segunda
noche —la de la fe— que trata en el libro segundo de Subida es más
interior y oscura que la primera, porque afecta directamente al
entendimiento.
* * *
La tarea que tenemos por
delante este curso es ardua y pide perseverancia. Cualquier intento de querer avanzar en
el camino sin la práctica de la oración (“atención amorosa a Dios”) y sin una
vida física y moralmente correcta, hará imposible el avance. Por eso os animo a no
abandonar el cuidado de la salud corporal (descanso, ejercicio, buena alimentación) y el silencio (oración de contemplación); y tampoco abandonaf la autocrítica necesaria a las acciones que
cada día realizamos. Avanzar supone además cambiar automatismos mentales de
comportamiento (reacciones) que tenemos asumidos como normales y que pueden ser la tumba de nuestras más
nobles aspiraciones.
Feliz camino
Septiembre 2026
Casto Acedo


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