DE LA OTRA FACULTAD SECUNDARIA, LA PERCEPCIÓN SENSORIAL; CÓMO FUNCIONA Y CÓMO HA SIDO DAÑADA POR EL PECADO ORIGINAL
La percepción sensorial es la facultad de nuestra alma que se vale de los sentidos y es dueña de ellos. Esta facultad es una bendición para nosotros porque nos permite conocer y experimentar todas las criaturas materiales y determinar si son buenas o no para nosotros. La percepción sensorial incluye tanto los sentidos externos como los internos. Los sentidos externos atienden a la satisfacción de nuestras necesidades físicas, y los internos sirven a la inteligencia. Es la facultad que se rebela cuando el cuerpo experimenta alguna necesidad y la que nos puede mover también a excedemos en la satisfacción de cualquier necesidad. Refunfuña ante la privación del placer y cuando se le inflige un dolor, alegrándose vivamente cuando se le quita el dolor y se le devuelve el placer. La memoria abarca también la facultad de la percepción sensorial y todo lo que experimenta.
Así como la imaginación es la criada de la razón, la percepción sensorial es la esclava de la voluntad. Antes de que el hombre pecara, era una esclava perfecta, puesto que cualquier deleite o dolor suyo estaba en perfecta consonancia con la realidad. No comunicaba a la voluntad ninguna sensación desordenada acerca de criatura alguna material, ni el demonio despertaba experiencia espiritual engañosa en los sentidos internos.
Pero ya no es así. Debido al pecado original, experimenta dolor cuando se ve privada de placeres desordenados, por los que suspira ciegamente, y cuando se ve sometida a una disciplina saludable, que rechaza. La gracia ha de fortalecer la voluntad para que acepte humildemente su parte en las consecuencias del pecado original, manteniendo a raya la percepción sensorial para que no se exceda en los placeres legítimos y adquiera el gusto por una disciplina saludable. Sin la gracia, la percepción sensorial se entregaría caprichosamente a los placeres de la vida y de la carne degradando al hombre hasta convertirlo más en una bestia que en un ser humano, que tiene un destino espiritual.
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LA IGNORANCIA RESPECTO AL FUNCIONAMIENTO DE
LAS POTENCIAS DEL ALMA PUEDE LLEVAR FÁCILMENTE A ERROR Y A ENTENDER MAL LA
INSTRUCCIÓN SOBRE LA CONTEMPLACIÓN; DE CÓMO LA PERSONA SE HACE CASI DIVINA[1]
POR LA GRACIA
Mi querido amigo en Dios, fíjate a qué riesgos nos vemos expuestos por el pecado original. ¿Ha de extrañarnos el que estemos ciegos y engañados a la hora de interpretar el significado espiritual de ciertas expresiones, especialmente si somos tan ignorantes de nuestras propias facultades y de su funcionamiento?
Has de darte cuenta de que siempre que estás ocupado en cosas materiales, por buenas que sean en si mismas, estás ocupado en algo que es exterior a ti y que está por debajo de ti en el orden de la creación. Otras veces estarás absorto en introspección en el ámbito más sutil de tu conciencia, pues a medida que crezcas en el conocimiento propio y en la humana perfección, tus facultades espirituales se dirigirán hacia tu desarrollo espiritual, los buenos hábitos que vas adquiriendo, los malos que vas dominando y tus relaciones con los demás. En tales momentos estás ocupado en algo que es interior a ti mismo y que está a tu mismo nivel de hombre. Pero habrá veces también en que tu alma se vea libre de toda ocupación en algo material o espiritual y totalmente absorta en el ser de Dios mismo. Esta es la actividad contemplativa que he venido describiendo en este libro. En esos momentos te trasciendes a ti mismo, haciéndote casi divino, si bien permaneciendo por debajo de Dios.
Digo que te trasciendes a ti mismo, haciéndote casi divino, porque has conseguido por la gracia lo que te es imposible por naturaleza, ya que esta unión con Dios en espíritu, en amor y en la unidad de deseo es el don de la gracia. Casi divino; si, tú y Dios sois tan uno que tú (y todo verdadero contemplativo) puedes ser llamado divino en un sentido verdadero. De hecho, las Escrituras nos dicen esto.[2] Naturalmente, tú no eres divino en el mismo sentido en que lo es Dios; pues él, sin principio ni fin, es divino por naturaleza. Tú, en cambio viniste al ser desde la nada y en un determinado momento en el tiempo. Además, después que Dios te creó con el inmenso poder de su amor, tú te hiciste menos que nada por el pecado. Por el pecado no merecías nada, pero el Dios de toda misericordia te recreó amorosamente en gracia, haciéndote, como si dijéramos, divino y uno con él en el tiempo y en la eternidad. Pero, aunque eres verdaderamente uno con él por gracia, sigues siendo menor que él por naturaleza.
Mi querido amigo, ¿comprendes todo lo que estoy diciendo? Todo aquel que desconoce sus propias facultades espirituales y su funcionamiento es propenso a tergiversar las palabras usadas en sentido espiritual. ¿Ves ahora más claramente por qué no me atrevía a decirte: «Muestra tu deseo a Dios»? Te enseñé, por el contrario, a usar tu ingenuidad y a ocultarlo alegremente (ver n .47 y 51). Temía que llegaras a interpretar literalmente lo que había querido expresar espiritualmente.
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NOTAS
(1) Resulta escandalosa la afirmación de san Atanasio (siglo IV) cuando dice "El Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera hacerse Dios". Esta frase hay que entenderla no en el sentido de volverse deidad igual a Dios, sino de ser "participes de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4). San Ireneo dice algo semejante: "Dios se hizo hombre para hacernos hijos de Dios"; y san Agustín vio en el Verbo encarnado la esencia del proyecto de Dios, la invitación a la "divinización" (theosis) del hombre. Jesús, en fin, se encarnó para salvar (sanar), redimir y reconciliar a la humanidad con Dios, dándoless la potestad de ser hijos de Dios (Juan 1:12). La unión mística es la participación en la plenitud de este misterio de santificación-perfección del hombre.
(2) 2.0. Sal 81,6: “Yo declaro: «Aunque seáis dioses, | e hijos del Altísimo todos” Jn 10,34:. “¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”?.
*2.1. Dice san Juan de la Cruz: El alma es como una vidriera en la que siempre está embistiendo o morando la divina luz del ser de Dios; “en dando lugar el alma -al paso de luz- (que es
quitar de sí todo velo y mancha de criatura, lo cual consiste en tener la
voluntad perfectamente unida con la de Dios, porque el amar es obrar en
despojarse y desnudarse por Dios de todo lo que no es Dios) luego queda
esclarecida y transformada en Dios, y le comunica Dios su ser sobrenatural de
tal manera, que parece el mismo Dios y tiene lo que tiene el mismo Dios. Y se
hace tal unión cuando Dios hace al alma esta sobrenatural merced, que todas las
cosas de Dios y el alma son unas en transformación participante. Y el alma más
parece Dios que alma, y aun es Dios por participación; aunque es verdad que su
ser naturalmente tan distinto se le tiene del de Dios como antes, aunque está
transformada, como también la vidriera le tiene distinto del rayo, estando de
él clarificada". (2 Subida 5,7).
*2.2. Y comentando el verso del Cántico “Mira que la dolencia / de amor,
que no se cura / sino con la presencia y la figura.”, dice san Juan de la Cruz que “el amor nunca
llega a estar perfecto hasta que emparejan tan en uno los amantes, que se
transfiguran el uno en el otro, y entonces está el amor todo sano. Y, porque
aquí el alma se siente con cierto dibujo de amor, que es la dolencia que aquí
dice, deseando que se acabe de figurar con la figura cuyo es el dibujo, que es
su Esposo el Verbo, Hijo de Dios, el cual, como dice san Pablo (Heb. 1, 3), es
resplandor de su gloria y figura de su sustancia (porque esta figura es la que
aquí entiende el alma en que se desea transfigurar por amor)” (Cántico 11,12; Cf
también Cántico 12,7-8; 31,1).
*2.3. Y en Llama de amor vida dice: "El alma que está en estado de transformación de
amor, podemos decir que su ordinario hábito es como el madero que siempre está
embestido en fuego; y los actos de esta alma son la llama que nace del fuego de
amor, que tan vehemente sale cuanto es más intenso el fuego de la unión: en la
cual llama se unen y suben los actos de la voluntad arrebatada y absorta en la
llama del Espíritu Santo, que es como el ángel que subió a Dios en la llama del
sacrificio de Manué (Jc. 13, 20). Y así, en este estado no puede el alma hacer
actos, que el Espíritu Santo la mueve a ellos; y por eso, todos los actos de
ella son divinos, pues es hecha y movida por Dios. De donde al alma le parece
que cada vez que llamea esta llama, haciéndola amar con sabor y temple divino,
la está dando vida eterna, pues la levanta a operación de Dios en Dios" (Ll 1,4; Cf también 1,13; 2,32-34)
*2.4. La unión con Dios o la divinización “es como el aire
que está dentro de la llama encendido y transformado en fuego, porque la llama
no es otra cosa sino aire inflamado, y los movimientos que hace aquella llama
ni son sólo de aire, ni son sólo de fuego, sino junto de aire y fuego, y el
fuego hace arder al aire que en sí tiene inflamado” (Ll 3,9; Cf Ll 3,78)
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