Trae a tu memoria a personas a quienes no eres capaz de amar, que te generan aversión o les guardas rencor; personas a las que temes o envidias, y que desprecias en tu corazón. O piensa en algún acontecimiento reciente que te ha molestado y descolocado especialmente. Eso que te pasó y que te enfadó contigo mismo porque no supiste estar a la latura o/y con otras personas.
¿No te has dado cuenta de que cuando entras en oración e intentas acallarte interiormente lo primero que haces es apartar a un lado las situaciones o personas que te incomodan? Al hacerlo muestras que tu oración no es muy decente. Cuando no encaras el todo de tu vida en la oración haces que ésta sea, más que una medicina terapéutica para tus heridas, un narcótico que oculta o suaviza tu sufrimiento. Así no sólo no sanas sino que empeoras. ¿No te has preguntado nunca por qué no eres feliz a pesar de tus muchos rezos? Indaga y busca el fondo de donde te viene tanta infelicidad.
“Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12), dices en el Padrenuestro. Es una forma de poner en valor el hecho de que mientras no se active en ti un auténtico espíritu de compasión no hallarás paz en tu corazón. “Porque si no perdonáis, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas" (6,15). No puedes hallar paz ni ser feliz mientras tu corazón guarde rencor, ya sea hacia ti mismo, hacia las situaciones que vives, hacia tu prójimo o hacia Dios. Paz y guerra no pueden habitar juntas el alma.
* * *
Pero ¿por qué cuesta tanto amar a los enemigos? Quieres perdonar pero no puedes. Quieres cultivar la bondad y crece en ti la maldad, quieres vivir en la virtud, pero lo que te sale es el vicio. Esto es un signo del poder del pecado. Y en la oración de la secuencia, consciente de ese poder, pides al Espíritu Santo que se fije en ese poder que te esclaviza.
“MIRA EL PODER DEL PECADO CUANDO NO ENVÍAS TU AL IENTO! Estas palabras son en sí mismas un gesto de humildad, de reconocimiento de la propia debilidad. Quieres y no puedes amar, perdonar, acoger. Necesitas de Dios. Te das cuenta de que es verdad lo que Jesús dice: “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5), pero si tienes fe, si confías en mi poder “le dirías a aquel monte: ´trasládate desde ahí hasta aquí´, y se trasladaría. Nada te sería imposible” (Mt 17,20).
No dejes de pedir a Dios su poder; pero por su orden: primero haz un buen examen de tu vida; luego pon ante Él tu pecado y dile “mira hacia donde me ha llevado mi ira, mi envidia, mi pereza, mi avaricia, etc.; busqué la vida por caminos equivocados que sólo me han conducido a la muerte; y ahora me encuentro exhausto, agotado, asfixiado, ¡oh, Señor, envía tu Espíritu, sé tú el aliento de mi alma!”
No eres tú quien con tus solas fuerzas lograrás verte libre de pecado. ¿Quién, entonces, te librará de este cuerpo de muerte? (Rm 7,24). El Espíritu acude en ayuda de tu debilidad (Rm 8,25). El Espíritu vendrá a ti e iniciará en tu corazón un movimiento de amor capaz vencer al maligno; porque al odio sólo se le vence al amor. “Así como el agua mata al fuego -dice san Juan de Dios- así el amor de caridad al pecado”. Quien se confía al amor del Espíritu Santo “no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza (Sal 126,5b)
Sin tí no puedo hacer nada, Señor. Contigo todo lo puedo. ¡Ven, Espíritu Santo!.
ofrezco esta oraciónpara mayor gloria tuya,para bien de toda la humanidady beneficio de toda la creación.Gloria a Ti por siempre,Señor del universo. Amén".
"El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta: no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca." (1 Cor, 13,5-7)
Marzo, 2023
Casto Acedo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario