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lunes, 8 de mayo de 2023

SP 17. Sana el corazón enfermo

 ¡Ven, Espíritu divino,

... SANA EL CORAZÓN ENFERMO!

Una de las facetas de Jesús que hemos olvidado o relativizado en exceso, sobre todo en el ámbito católico, es el de Jesús como terapeuta. Y tal vez una de las claves posibles para la evangelización hoy sea el recuperar esta cualidad tan propia de Él hasta el punto de que san Pedro lo presente en su predicación como "ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo" (Hch 10,38).  Hizo el bien "curando", dice; Jesús es, por tanto, terapeuta. 

Parece que hemos “desencarnado” el evangelio hasta el punto de desligarlo de los problemas reales de la vida. Así, lo de “Jesús terapeuta” ha quedado reducido a “Jesús milagrero”, sanador mágico de enfermedades físicas; esas que no consiguen sanar los médicos del cuerpo. Pero poco se habla de Jesús como quien sana las enfermedades del alma (psiché). 

Pues bien, Jesús es sanador de la persona en su totalidad. En cada milagro que narran los evangelios suelen aparecer unas expresiones muy similares: "¿creeís que puedo hacerlo?" (Mt 9,28), dice a dos ciegos que le piden poder ver; “vete, tu fe te ha salvado” dice en varias ocasiones en que hace un milagro (Mt 9,22; Mc 10,52; Lc 7,50; Lc 17,19);  "vete, que te suceda según has creído" (Mt 8,13). "No hizo allí -en su pueblo- muchos milagros, por su falta de fe" (Mt 13,58). ¡Cuanta relación hay entre la fe (vida espiritual) y la sanación!

* * *

Son muchos los que acuden hoy a los centros de psicología para sanar sus heridas espirituales. Y estos mismos centros están ofreciendo terapias personales o grupales (mindfullnes, taichi, focusing, yoga, etc.) para ayudar a sanar aquello que  también Jesús vino a sanar. Porque ¿qué es lo que tratan los psicólogos sino las enfermedades del alma? Si despojamos la lista de los pecados capitales de los prejuicios propios de nuestra cultura laicista no veremos en ellos mas que un elenco de traumas o heridas psicológicas. ¿A qué se dedican los psicólogos? Son los sacerdotes de la modernidad. Quienes rechazan el confesionario abren sin embargo su  corazón al psicólogo. ¿Qué les confiesan? Sus "pecados capitales". 

* “Exceso de autoestima” o imagen exageradamente desproporcionada de uno mismo (SOBERBIA) y que se suele manifestar en la incapacidad de dominar los impulsos impositivos y violentos hacia la pareja, los hijos, vecinos u otras personas o realidades (IRA).

Pérdida del sentido de la vida, que se exterioriza en desmotivación y desgana para todo  (PEREZA).

Afectividad descontrolada que busca con fruición enfermiza el placer sensual del que se  cree merecedor (LUJURIA), olvidando que el amor tiene una dimensión de ida  (dar) mas que de vuelta (recibir).

Decepción y frustración provocada por no ser ni tener más que los demás (ENVIDIA) ya bien sean riquezas, títulos o influencia personal y social. 

Problemas con la comida (sobrealimentación, anorexia, etc.) o la bebida (alcoholismo), que afectan a la salud y a la autoestima (GULA).

Ansias de posesión de bienes, trabajo compulsivo y excesivo para tener y tener más, identificación de la propia personalidad con lo que se posee (AVARICIA).

Difícilmente encontrarás un problema digno de acudir al psicólogo que no puedas enmarcar en uno de los pecados capitales, que son un resumen de las enfermedades del corazón; y Jesús vino a nosotros y envió luego su Espíritu precisamente para sanar los corazones afligidos por estos males. Esta sanación la pedimos en la Secuencia diciendo:  “SANA EL CORAZÓN ENFERMO". El Espíritu Santo es “terapia de Dios”, bálsamo para el alma.

Sin desprecio a los profesionales de la psicología, me gusta decir de ellos que son profesionales del diagnóstico, “detectores de la enfermedad”, no sanadores. Supongo que ellos mismos reconocen que “es el paciente el que ha de dar con la solución”, ellos solamente orientan. Como se apuntó al señalar la relación entre sanación y fe, es indudable que lo que sana es la fe del paciente. 

Quien es creyente sabe que en última instancia -aunque el increyente lo ignore- , el único que sana es el Espíritu de Jesús que fortalece a nuestro espíritu. Cuando el alma (experiencias, pensamientos y deseos) abre su espacio a Dios y se deja iluminar y  llevar por el Espíritu que está en el centro del espíritu (cuando hay fe) sucede la sanación, porque es entonces cuando puedo ser lo que en verdad soy, imagen e hijo de Dios. 

* * *
¡Si te sientes dañado por alguno de los males señalados deja que el Espíritu sane tu corazón! Dile humildemente: ¡Sana este mi corazón enfermo de soberbia, de ira, de gula, de avaricia, de pereza, de lujuria, o de envidia! 

* * *

MEDITACIÓN 

1. Colócate en la posición más adecuada para la quietud corporal. Vacía tu alma (mente, corazón y voluntad), de toda ideación o sentimiento.

2. Comienza ofreciendo tu oración:
"Señor y Dios mío, 
 ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 
Gloria a Ti por siempre,
Señor del universo. Amén".

3. Párate un momento a pensar cuál es la enfermedad (pecado capital) que más espacio ocupa en tu corazón:¿Complejo de inferioridad o superioridad?, ¿Ambición económica?, ¿Deseos de imponer tus criterios a la fuerza?, ¿Envidia?, ¿Obsesión por los placeres de la carne?, ¿Excesiva dependencia del placer que proporciona alguna comida y/o bebida ?, ¿Desgana para el trabajo y el servicio? 

4. Escucha la voz de Jesús: "Tu fe te puede salvar, basta que tengas fe, fe en Mí y fe en ti, en tus posibilidades de salir de la enfermedad espiritual que padeces". Al ritmo de tu respiración imagina que recibes la fuerza del Espíritu como medicina sanadora (inspiración) y sueltas tus dependencias (espiración).

5. Abriendo tus palmas enmarcando tu pecho, repite "Ven, Espíritu Santo, SANA MI CORAZÓN ENFERMO!", mientras sientes que las herida o la herida de tu corazón especialmente meditada se cierra y cauteriza. Déjate envolver por el Espíritu de amor de Jesús. Su amor te sana. Abandona todo tu ser a su Ser. Permanece así, escuchando y sintiendo a Dios durante diez o quince minutos.

6. Puedes acabar escuchando este tema de ATHENAS, Espíritu Santo. Pide con insistencia a Jesús que derrame el fuego y el poder de su Espíritu sobre ti, que actúe en ti sanando las enfermedades de tu corazón.

6. Al terminar la oración toma nota de las mociones (sentimientos, anhelos, deseos profundos...) que hayas sentido en ella. Dios habla en la experiencia. 

Mayo, 2023

Casto Acedo.

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