Buscar en este blog

martes, 30 de mayo de 2023

SP 1 ¡Ven, Espíritu Divino!

 A medida que vaya teniendo tiempo e inspiración os voy a ir desgranando con comentarios breves la Secuencia de Pentecostés, por si puede serviros de  referencia para hacer los ratos de silencio. La secuencia completa la tenéis en este blog clickando en la foto que hay a continuación.

VEN ESPÍRITU DIVINO

Comienza la secuencia con esta invocación: “Ven, Espíritu Divino”. Toda oración debería iniciarse así, y con más razón cuando la oración es contemplativa. ¿Por qué? Porque la contemplación es ante todo don y regalo del Espíritu, atracción divina, contemplación de lo que Dios pone ante los ojos del espíritu... 

“El  Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Rm 8,16).

El Espíritu (con mayúsculas) es el que te lleva a la contemplación y disfrute de lo que eres: Hijo, hija, de Dios. Ser contemplativo no es sino percibir y gustar con los sentidos del cuerpo (vista, oído, olfato, gusto, tacto) y del alma (memoria, inteligencia y voluntad) que también soy espíritu (con minúscula); y esa chispa divina espiritual que chisporrotea en mi centro anhela arder en fusión (que no confusión) con el fuego divino.

Decir “ven, Espíritu divino” es expresar un anhelo que nace en el centro. No es deseo de nada exterior sino necesidad interior. Me gusta distinguir entre el deseo, que refiero a algo que está fuera y quiero alcanzar con esfuerzo para mi satisfacción, y el anhelo, fuerza interior espontánea que me invita a completarme en Cristo.

La oración de contemplación me dispone en libertad para que el Espíritu Santo llene totalmente mi vida por el encuentro del Espíritu con mi espíritu.  Anhelo que el Espíritu de Dios tome las riendas de mi espíritu y sea el motor de mi alma (mis pensamientos, mis sentimientos, mis aspiraciones) hacia la plenitud de la verdad (cf Jn 16,13).

Desde ese anhelo me nace la exclamación: ¡Ven, Espíritu divino!

MEDITACIÓN (Pautas) 

1. Toma la postura adecuada en el lugar más apropiado que tengas para meditar.

2. Haz unas breves inspiraciones y espiraciones (recuerda que eres espiración del Espíritu “Dios sopló en la nariz de Adán y cobró vida” (Gn 2,7).

3. Escanea tu cuerpo relajando cada parte. Sin prisas.

4. Céntrate unos minutos en la respiración “dejando ir” sin juicios ni condenas tus pensamientos o sentimientos, sean alegres o tristes.

5. Toma conciencia de todo tu ser corporal (tacto): volumen, peso, temperatura roce de la piel… Todo tú presente en tu cuerpo.

6. Vuelve a la respiración y repite: ¡VEN, ESPÍRITU DIVINO! Mantén una actitud de apertura, de corazón abierto, y si te ayuda también de brazos abiertos, anhelando recibir el soplo del Espíritu. Permanece así al menos diez minutos. Si te distraes vuelve al “mantra” o jaculatoria: ¡Ven, Espíritu divino!

7. Puedes concluir con la audición del veni creator spiritus. 

8. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

9. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

Que te sea de utilidad. 

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Septiembre 2022 

No hay comentarios:

Publicar un comentario