¡Ven, Espíritu divino,
... ¡LAVA LAS MANCHAS,
INFUNDE CALOR DE VIDA EN EL HIELO!
No me gusta el nombre de “mancha” referido al pecado. Tal vez la razón sea que en la formación que recibí en la infancia se insistía mucho en esa imagen del alma como una túnica blanquísima que se iba manchando con las faltas cometidas. Eso suponía someterme regularmente al paso por la lavandería de la penitencia. A cada comunión eucarística precedía por necesidad una inmediata confesión.
¿Por qué no me agrada la comparación alma-vestido, pecado-mancha? Pues porque parece reducir la vida espiritual a conseguir un perfeccionismo imposible; y porque una meta así vista me inclina a la hipocresía como subterfugio para no aceptar mi impotencia para cumplir los mandamientos. Me engañaba a mí mismo. "Quien dice que no tiene pecado es un mentiroso y la verdad no está en él” (1 Jn 1,10). Centrado en el pecado, obsesionado por la perfección de la ley me perdía la visión y el disfrute del amor de Dios. A medida que me fui aceptando como débil y pecador me volví más humano conmigo mismo y con los demás.
No niego y respeto que haya personas a quienes la imagen de la mancha le sirva para su visión del pecado, pero ahora me inclino más a concebirlo como un voluntario alejamiento de Dios. Por eso comento la invocación al Espíritu que pide LAVAR LAS MANCHAS junto con la que anhela salir de una vida fría y gris: INFUNDE CALOR DE VIDA EN EL HIELO. El pecado no me parece ya algo tan simple como un crimen que salpica al alma con su sangre cuanto una actitud interior de no aceptación y alejamiento de Dios. La curación no la veo tanto como un paso por la lavandería sino cómo un ejercicio de amor a la limpieza y transparencia que Dios puede proporcionar a mi vida.
Mi pecado tiene raíz; creo que está ahí, en la hondura. Los frutos malos o frustrados que muestra mi vida, las malas palabras y acciones, salen de adentro: “de dentro, del corazón, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades salen de dentro, y contaminan al hombre” (Mc 7,21-23). Deseos interiores que se exteriorizan en actos malos.
Las faltas enumeradas por san Marcos son propias de la frialdad o tibieza del alma que abandona su cuidado. Cuando flaquea mi fe me alejo de Dios. No es Dios quien se aleja de mí, él se queda en casa; soy yo quien me alejo de él y al mismo tiempo me distancio de mi propio ser. Lejos del Espíritu mi corazón se enfría y se endurece como el hielo. Por eso pido la gracia de volver a Dios y a mí mismo: “VEN, ESPIRITU DIVINO, ... INFUNDE CALOR DE VIDA EN EL HIELO”. Tomando conciencia del amor de Dios, acercándome a la Llama de amor viva que arde sin consumirse (cf Ex 3,2), pido que Dios purifique y ablande la dureza de mi corazón. No para jactarme creyéndome mejor que nadie sino para gozarme con humidad por el hecho de estar cada vez más cerca y dentro de Dios.
Jesucristo no predicó el pecado sino la Gracia. No te obsesiones, pues, con tu pecado; reconócelo, contémplalo como prueba de tu debilidad y preséntalo sin miedos ante el tribunal de Dios, que “no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salve por Él” (Jn 3,17).
El Espíritu Santo, tal como dice Jesús, tiene el poder del perdón: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados” (Jn 20,23). Siente hoy la llamada del Amor de Dios, el calor de su Espíritu que te llama a arrojar en la hoguera de su amor todas tus basuras. Lo puedes hacer preparando y acerándote con fe y mucho amor al Sacramento de la reconciliación. Con fe, con humidad, sabiendo que lo que importan no son tus debilidades sino la fuerza del Espíritu, el infinito amor de Dios, que acude en tu socorro y limpia tu pecado.
* * *
MEDITACIÓN
1. Colócate en la posición más adecuada para la quietud corporal. Vacía tu alma (mente, corazón y voluntad), de toda ideación o sentimiento.
2. Comienza ofreciendo tu oración:
"Señor y Dios mío,
ofrezco esta oración
para mayor gloria tuya,
para bien de toda la humanidad
y beneficio de toda la creación.
Gloria a Ti por siempre,
Señor del universo. Amén".
3. Observa tu cuerpo de teniéndote especialmente en aquellas partes donde notas tensión o contracturas. Imagínalas como debilidades espirituales (pecados). Ahí donde las haya acéptalas, y relájate esperando con a que desaparezcan.
4. Escucha la voz de Jesús: "De dentro salen las maldades que contaminan al hombre". Al ritmo de tu respiración imagina que al exhalar el aire expulsas aquello que te aleja de Dios y te quita la paz y al inhalar recibes la bendición y sanación de Dios.
5. Abriendo tus palmas enmarcando tu pecho, repite "Ven, Espíritu Santo, INFUNDE CALOR DE VIDA EN EL HIELO". Percibe como el aire entra en tu cuerpo fresco y va calentando tu nariz, traquea, pulmones. Deja que el Espíritu de Dios llene todo tu ser sanando lo que te impide ser libre. Conecta tu corazón con el corazón del Espíritu de Jesús. Permanece así, sintiendo al Espíritu en tu espíritu.
6. Puedes orar el tema de J. Adrián Romero Como la brisa (Tienes la letra al final de esta entrada), o Espíritu de Dios, llena mi vida.
7. Al terminar la oración toma nota de las mociones (sentimientos, anhelos, deseos profundos...) que hayas sentido en ella. Dios habla en la experiencia.
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COMO LA BRISA
J.Adrián Romero
Abro el corazón y las ventanas
cuando empieza la mañana
por si quieres hoy venir.
Eres como el viento que no avisa
cuando sopla y trae la brisa.
Ven y sopla sobre mí.
Y mi corazón vuelve a latir
y se renueva si estás aquí.
Y mi corazón vela por ti
porque te espera. ¡Vuelve a venir!
Espíritu de dios, ven a mi vida,
como lluvia que tardó
y al desierto vida dio;
desciende sobre mí como la brisa;
que destile sobre mí;
tu poder en mí haz fluir
Abro el corazón y las ventanas
cuando empieza la mañana
por si quieres hoy venir....
*
Mayo, 2023
Casto Acedo.


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