Buscar en este blog

martes, 18 de abril de 2023

SP 16. Riega la tierra en sequía

¡Ven, Espíritu divino,
... RIEGA LA TIERRA EN SEQUÍA!

Estamos atravesando meses de sequía. El agua que se supone habrá de llegar en Abril no llega. Y la situación comienza a preocupar.

¿Por qué esta sequía? Sospechamos que tras el fenómeno está la mano de Dios, y eso nos hace dudar. ¿Qué hacer? Cuando llegan momentos en los que parece que la cosecha de la vida espiritual se va a echar a perder a causa de la sequía o sequedad hay quien modera sus días abriéndose a una austeridad calculada que le mantenga en la esperanza; otros, sin embargo, caen en la desesperación y optan por dar la espalda a la situación quemando sus últimos cartuchos: “comamos y bebamos, que mañana moriremos”, un “carpe diem” que no es disfrute pacífico del presente sino huida de él.

Los periodos de sequía espiritual hay que mirarlos como lenguaje de Dios. Podemos aprender de ellos humildad. Cuando creíamos que ya lo controlábamos todo la vida muestra su desierto,  crece la tentación de volver al Egipto de la vida anterior, y humildemente hay que echar mano a la virtud, a la poca fuerza interior que aún nos quede (Dios nunca nos deja totalmente huérfanos de ella) tomando la decisión de mantenernos en la esperanza contra toda esperanza, en la caridad como irrenunciable, la paciencia, la justicia y la perseverancia en la oración: "¡VEN, ESPIRITU DIVINO, ... RIEGA LA TIERRA EN SEQUÍA!".

San Juan de la Cruz advierte que no debemos confundir la sequedad con la tibieza espiritual. La tibieza se define por la “flojedad y remisión en la voluntad y en el ánimo, sin solicitud de servir a Dios”, mientras que en la sequedad no se apaga el deseo de servir y se siente pena de no servirle adecuadamente. Importante el matiz; la tibieza es signo de una espiritualidad superficial que mira por uno mismo, la sequedad es señal de una espiritualidad profunda que mira a Dios y siente no responderle como es debido. 

La sequedad se experimenta en contraste con la fe, y purifica esta virtud porque te permite ver la fragilidad de tus experiencias. En la desolación sientes con más vehemencia el deseo de Dios. Por eso, dice el santo carmelita, “más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor que todas las consolaciones y visiones espirituales y meditaciones que puedas tener” (D 14).  Y además, la firmeza en la sequedad facilita el crecimiento en  humildad: "Saca también el alma en las sequedades y vacíos de esta noche del apetito humildad espiritual, que es la virtud contraria al primer vicio capital que dijimos ser soberbia espiritual; por la cual humildad, que adquiere por el dicho conocimiento propio, se purga de todas aquellas imperfecciones en que caía acerca de aquel vicio de soberbia en el tiempo de su prosperidad" (2 N 12,7).
* * *


Hay momentos en los que Dios parece apartar su Espíritu de mí y entro en sequedad. Y a menudo me siento culpable por ello. No te culpabilices. Al contrario, aunque parezca una contradicción, siéntete agradecido por ello, porque si sientes sed es porque ya has probado el agua y se te ha revelado que hay una fuente un poco más adelante.

La sequedad no es sino la cara oculta de la necesidad de Dios, una experiencia que te conduce hasta Él, porque suscita en ti la sed de un profundo deseo de unión:

"Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua" (Sal 62,2).

La sed o sequedad espiritual hace saber a mi alma que necesita el agua de la presencia y gracia de Dios para seguir viviendo. “El espíritu es el que da vida” (Jn 6,63a). ¿Qué puedo hacer para que no me falte el agua del Espíritu? A menudo me equivoco buscando salir del malestar dándome a la concupiscencia de la carne (títulos, poderes, propiedades, placeres efímeros...), pero “la carne para nada aprovecha” (63,b), porque no logra saciar mi sed.

Cuando siento sequedad espiritual he de aprender a considerar que la sed es un indicador que me señala el camino espiritual. El mismo Jesús sintió la sed: “Dame de beber” (Jn 4,7) le dijo a la Samaritana dando a saber que “tenía sed de la fe de ella y que deseaba comunicarle el Espíritu Santo. Y en la cruz dijo: “Tengo sed” (Jn 19,28), sed de la fe de aquellos por los cuales ha derramado su sangre”. (San Agustín).

Pídele a Dios que no te falte nunca el Agua viva. Y si te manda sequía y sed no desesperes.  "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados" (Mt 5.6). 

* * *

MEDITACIÓN 

1. Relaja tu cuerpo en la postura que más te facilite la serenidad corporal. Vacía tu alma (mente, corazón y voluntad), de todo lo que la perturba en este momento.

2. Haz tuya la oración de ofrecimiento de tu meditación: 

"Señor y Dios mio, 
 ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 
Gloria a Ti por siempre,
Señor del universo. Amén".

3. Si estás en sequedad contempla tu necesidad. Mira tu interior "como tierra reseca, agostada, sin agua". ... Tu interior como un desierto, como un campo de tierra fértil reseco y agrietado. Si no vives tiempos de sequía espiritual retrotráete a algún momento en que viviste esa experiencia. En esa situación déjate mirar por Jesús.

4. Escucha la voz de Jesús: "Dame de beber". Te está pidiendo que sacies su sed de amor, que le des la satisfacción de escuchar su palabra y creer en Él. El Señor pidiendo agua al siervo. ¡Qué humildad tan estremecedora! "Tengo sed". Míralo en la Cruz, llevado a ella "por ti" (por tu causa y por tu salvación).... La cruz es grito de Dios: "Tengo sed de ti"; yo, tu Dios, te amo hasta el punto de vaciarme y anonadarme hasta la sequedad. Contempla ese amor incomprensible.

4. Ahora vuelve de nuevo a tí. Dice Saint Exupèry en El principito que “lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo”. Respira e intuye que en tu profundidad hay un manantial de agua, un pozo que quiere aflorar.  Respira. Con cada espiración ve soltando todo lo que entorpece tu acceso a la interioridad (pensamientos, ensoñaciones, malestar, ...) y deja que el aire que entra en cada inspiración vaya excavando tu pozo interior, hasta alcanzar el manantial de agua divina que hay en tu más profundo centro.

5.Anhelando que esa agua brote de tu hondura y riegue tu alma en sequía repite la  jaculatoria:  VEN, ESPIRITU SANTO, RIEGA MI TIERRA EN SEQUÍA!". Ve horadando tu alma con esta frase, como si fuera la barrena de un pozo de sondeo que desciende cada vez más a lo profundo. Observa como se va dejando atrás la tierra seca hasta llegar a la humedad, al barro, y finalmente explota en un chorro de agua que brota del corazón. Déjate empapar y expande mentalmente ese agua hacia toda la humanidad y toda la creación.

6. Puedes terminar escuchando el tema De noche iremos. La sequedad es experiencia de "noche". En esos momentos sólo la sed, el anhelo de Dios, nos alumbra. Déjate llevar por tu sed y busca con ella el agua que salta hasta la vida eterna. "El que bebe de esta agua -las aguas materiales- vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,13-14)

6. Al terminar la oración toma nota de las mociones (sentimientos, anhelos, deseos profundos...) que hayas sentido en ella. Dios habla en la experiencia. 

Abril, 2023

Casto Acedo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario