Quinta entrega de la Secuencia de Pentecostés, Luz que penetra las almas. La luz de Dios, cuando irrumpe en el corazón humano, con su inmenso amor eleva las potencias del alma, purifica la mirada y hace nuevas todas las cosas en ella. Para leer la Secuencia de Pentecostés entera, como siempre clicar en la foto.
¡Ven, Espíritu divino, ...
LUZ QUE PENETRA LAS ALMAS.
"Luz que penetra las almas". Afirmar esto del Espíritu Santo es como un prefacio de todo lo que va a seguir: fuente del mayor consuelo, descanso de nuestro esfuerzo, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
La entrada de Dios en el alma, a nivel experiencial, transporta al alma en un éxtasis más o menos intenso. Así cuenta santa Teresa que le ocurrió algunas veces:
"Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe ... Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento" (Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida, 29,13).
No es la primera experiencia de Dios que cuenta la santa de Ávila. Cuando le ocurre esto ya está en la sexta morada, a punto de entrar en la cima de la santidad, la séptima. El relato deja ver cómo cuando el Espíritu abraza y fecunda al alma, que abierta a su amor se abandona a Él, experimenta un gozo profundo e inefable que, desde la interioridad, fluye en abundancia hacia fuera iluminándolo todo.
El Espíritu muestra su ser siendo claridad en la noche. Cuando vivo una experiencia fuerte de Dios mi realidad pasada, presente y futura adquieren una perspectiva diferente, y lo que antes sufrí como tiniebla recibe el bálsamo de la luz. ¿No es necesario que ocurra todo esto para que venga la luz? (cf Lc 24,26). El esplendor del Espíritu cambia mi forma de ser y mi mirada sobre el mundo. Mis pensamientos pasan a ser los de Dios, mis deseos sus deseos, en mi naturaleza brilla el resplandor la suya. La vida virtuosa, que antes me pareció tediosa y áspera se suaviza; el yugo de mis trabajos se torna suave y su carga ligera (cf Mt 12,28-30). ¡Cómo no desear ser penetrado por la luz del Espíritu!
Ahora entiendo a san Pablo aconsejando ponerse bajo la lámpara del Espíritu para escapar a las tinieblas: “No andéis ya, como es el caso de los gentiles, en la vaciedad de sus ideas, con la razón a oscuras y alejados de la vida de Dios; por la ignorancia y la dureza de su corazón. …Renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas". (Ef 4, 17-18.23-24)
* * *
Una experiencia tal merece ser contada. Y Santa Teresa lo hace. Es una suerte que podamos recibir de su pluma el evangelio de su encuentro. Ella desea que también tú y yo vivamos lo mismo: "Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento".
Agradece a Dios los momentos de gozo espiritual que te ha regalado. Pero no los busques; deja que sea Él quien marque el ritmo de vuestra relación. A cada cual toca solamente disponerse al don amando; por eso meditamos.
MEDITACIÓN
1. Que el lugar y el momento que escojas para meditar sea el más adecuado para la quietud y el silencio.
2. Tras hacer unas respiraciones abdominales suaves serena tu alma: pensamientos, emociones, deseos… Percíbete como un lago en calma acariciado por la brisa del amanecer. Observa cómo te envuelve el silencio.
3. Al disponerte a meditar lo haces para el encuentro de la Luz (Espífritu Santo) con tu luz (tu espíritu). Contempla a Dios como rayo de luz que con su resplandor ilumina y difumina las tinieblas que adheridas a tu alma oscurecen la visión de tu espíritu: "Oh, Señor, eres luz que penetra las almas". Siente como con cada inspiración la luz de Dios penetra en ti y con cada espiración arrojas fuera tus oscuridades (inquietudes, miedos, confusión, ...) Repite: ¡VEN, ESPIRITU SANTO, ... LUZ QUE PENETRA LAS ALMAS!... Siente su abrazo, acoge todo el amor que te regala. Permanece así al menos 15 minutos.
4. Concluye el silencio con la audición del Canon de Pachebel
5. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.
6. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.
No abandones el ejercicio del silencio y la oración diaria
Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración y tus trabajos para bien de todos y de todo.
Casto Acedo. Octubre 2022.
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