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miércoles, 19 de octubre de 2022

SP.4 Don en tus dones espléndido

Va la cuarta entrega del comentario a la Secuencia de Pentecostés, Don en tus dones espléndido.  Es un misterio incomprensible que Dios infinito se de a sí mismo hasta entrar en comunión con la criatura finita. Dice san Juan de la Cruz, que "cuando el alma quitare totalmente de sí lo que repugna y no conforma con la voluntad divina, quedará transformada en Dios por amor" (S 2,5,3). "Dios se hizo hombre para hacernos Dios" (San Atanasio, CATIC 460).

Como siempre, puedes ver la secuencia de Pentecostés completa clicando la foto que sigue:


¡Ven, Espíritu divino, ...
DON EN TUS DONES ESPLÉNDIDO!

Dios es amor.  Amar es “darse”. La teología cristiana habla de autocomunicación de Dios. El Espíritu Santo no es un don (cosa) que Dios da, es Dios mismo en persona dándose. Dios se da Él mismo haciéndonos con su don "partícipes de la naturaleza divina"  (2 Pe 1,4).

San Juan de la Cruz dice que la vida cristiana no consiste en lograr la perfección de las virtudes cristianas sino en vivir la “unión de amor con Dios”.  Pero ¿cómo un ser finito como yo puede entrar en comunión con la infinitud de Dios? Es un misterio.

Algunos místicos de la iglesia ortodoxa dicen que en Dios hay Esencia y Energías; la esencia es Dios en tanto que permanece inagotable y misterioso en su inmensidad; las energías son Dios en cuanto amor que se parte y se comparte.

Dios es “don” y “dones”. La imagen del sol puede servirnos de ilustración. Tenemos el sol  y losrayos del sol. ¿Acaso el rayo de sol, la luz y el calor que me alcanzan,  no son también sol? 

El sol, que en la grandeza y distancia de su ser me supera,  me mataría si entro en él; pero en su comunicación, en la extensión de su energía en los rayos me hace partícipe de su mismo ser. Ya estamos y vivimos en Dios, pero todavía no en plenitud. “Nadie puede ver a Dios y seguir viviendo”  (Ex 33,20); nadie puede entrar en el sol sin morir; pero el sol sí puede iluminar y dar calor; y sin el sol no podría vivir.  

* * *

Orar, meditar, contemplar no es sino acercarte a Él, quitar impedimentos y ponerme al alcance de los rayos del sol que Dios es; ahí recibo sus dones, en la comunicación de amor con la luz del Espíritu que me ilumina e inhabita. Dios fuera y Dios dentro, don y dones, la misma divinidad, el mismo Espíritu que favorece la unión mística.

Entra en meditación. Admírate y sitúate al alcance de este misterio: Ven, Espíritu divino, don en tus dones espléndido.

* * *


MEDITACIÓN

1. Busca un lugar propicio para el silencio y colócate en una postura cómoda para la quietud.

2. Serena tu alma: pensamientos, emociones, deseos… Deja que el oleaje de tu alma se serene poniendo tu atención en la inmensidad del océano.

3. Primero mentalmente, luego por vía de intuición, dirige los ojos de tu corazón a Dios Espíritu Santo que como el Hijo es “sol que viene de lo alto” … Déjate , abrazar por la calidez de sus rayos y seducir por la belleza de su luz. Goza en ti sus dones de sabiduría, inteligencia, ciencia, … Repite: ¡VEN ESPÍRITU SANTO, … DON EN TUS DONES ESPLÉNDIDO! Deja que la mirada esplendente de Dios vaya calando en ti. Permanece así al menos 15 minutos.

4. Concluye el silencio con la audición del veni sancte spiritus

8. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

9. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

No abandones el ejercicio de la oración

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Octubre 2022.

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