Vamos a por el tercer verso. Me ha salido muy teológico. Si no entiendes lo que pretendo decir no te preocupes; a Dios no se le puede ver por el intelecto, se le ve por intuición de amor. Te recuerdo que la Secuencia de Pentecostés la tienes completa clicando la foto.
Ven, Espíritu divino,...
...PADRE AMOROSO DEL POBRE.
Al pararme a comentar este verso, lo primero que me viene a la mente es la imagen de Dios en su Trinidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, misterio santo que inmerecidamente se me revela y me acoge en el amor.
La invocación de Dios como Padre es evidente en el verso: "Padre".
Con menos evidencia lingüística se le invoca como Espíritu en el adjetivo “amoroso”. San Agustín dice que en la Trinidad están el Padre-amante, el Hijo-amado y el Espíritu Santo-amor. “El Amor es de Dios y es Dios: por tanto, propiamente es el Espíritu Santo, por el que se derrama la caridad de Dios en nuestros corazones, haciendo morar en nosotros a la Trinidad” (Juan Pablo II).
En el bautismo de Jesús el Padre habla: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17). Algún artista ha figurado este momento con el descenso de la Paloma sobre la cabeza del Hijo representando el amor de predilección del Padre hacia Jesús; y a su vez, en la cruz, cuando Jesús espira se dice que "entregó el Espíritu" (Jn 19,30), escena que también hay quien ha pintado como una Paloma que vuelve al Padre (puedes verlo en la foto de entrada); la espiración de Jesús es el culmen de la misión del Hijo que entrega todo su Amor-Espíritu al Padre.
Menos evidente es ver en el verso que comentamos al Hijo en “el pobre”. Dice san Pablo que Jesucristo, “siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2 Cor, 8,9). El Hijo, “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres” (Flp 2,6-7). Dios, con su encarnación en Jesucristo, asume la pobreza humana, que queda enriquecida por Él al incorporar por amor a toda la humanidad a su propio cuerpo, Jesús "nos ha salvado mediante la redención realizada en Cristo Jesús" (Rm 3,24). Decir "padre amoroso del pobre" es decir, Padre amoroso que en el Hijo y por el Hijo muestra su amor a los pobres. En Cristo el Padre ama al pobre en enriqueciéndolo con su Espíritu.
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Comprendo que lo dicho es difícil de entender con una mente racional. Pero no lo es si se mira con los ojos del corazón. Basta con mirarte como amado en Cristo, e incorporado a la Trinidad por la fe en su amor. El Padre te ama y te bendice, te da su Espíritu de amor y de misericordia en el Hijo, Jesús pobre que te injerta en Él y te enriquece con su pobreza (1 Cor, 1,5).
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MEDITACIÓN (Pautas)
1. Como siempre, aquieta tu cuerpo y silencia tu mente dejando tu cuidado a la presencia de Dios. Date un tiempo para acallarte echando mano de la respiración. Espira y suelta tensiones y agobios; espira y llénate de quietud y paz.
2. Siente sobre ti la inmensidad y la riqueza de Dios que contrasta con la pequeñez y la pobreza que eres. ¡Eres Grande, Padre!, yo soy pequeño; Tú eres rico, yo soy pobre. No merezco recibir tu Espíritu de amor, pero te lo pido por tu Hijo, Jesucristo, mi Amado, que con su amor redime mi alma permitiéndole participar de tu Divinidad. Porque eres “Padre, amoroso del Pobre”, ¡ven, Santísima Trinidad!
3. Imagina al Padre sosteniéndote con sus manos, al Hijo sanando tus heridas, y al Espíritu Santo alentando tu ánimo (puedes contemplar la foto que acompaña). Siente la atracción de amor de Dios y déjate llevar al seno de su Trinidad amorosa. Acompasa tu oración con estas palabras: PADRE AMOROSO DEL POBRE. Mientras repites “Padre amoroso del pobre” contémplate pobre unido a Cristo pobre (despojado, crucificado, por amor a ti entregado) y sábete amado por el Padre en el mismo Cristo. Mírate cuidado, protegido, a salvo en el corazón de Dios (contempla la misma foto). Haz silencio al menos durante 15 minutos.
4. Puedes concluir con la audición Silencio de amor. Entrar en el Misterio de la Trinidad es entrar en un espacio de silencio, donde sobran las palabras e imágenes.
5. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio de oración-meditación..
6. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones sentidas: ¿Cómo siento a Dios? ¿Cómo describiría mi experiencia de lo divino?
Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de toda la creación y de todo la comunidad humana, especialmente por aquellos a los que amas menos.
Casto Acedo. Octubre 2022
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