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jueves, 3 de noviembre de 2022

SP 6. Fuente del mayor consuelo.

Comentamos aquí el último verso de la primera estrofa se la Secuencia de PentecostésRecuerda que para leer la secuencia completa sólo tienes que clicar la foto. Este verso define al Espíritu Santo como fuente, o como agua que sacia la sed del peregrino. Invita a pedir el Espíritu Santo en los momentos duros cuando la vida aprieta con circunstancias adversas en lo material o en lo espiritual. En estos momentos se suele pedir el consuelo de Dios.


¡Ven, Espíritu divino, ...
FUENTE DEL MAYOR CONSUELO!

Todos hemos pasado alguna vez momentos en los que el corazón sufre desconsuelo,  sequedad, vacío absoluto; momentos en los que ni la cosas de Dios ni la de los hombres lograron dar sentido a la vida. Son como parones en seco en la vida espiritual, se ha gustado la miel y cuando se la pierde ya no se quiere otra cosa. 

En situaciones así la oración se hace tediosa. Por un lado estoy ahíto de una sociedad consumista y no me apetece volver a ella,  por el otro tengo la sensación de que Dios está ausente.  ¿Para qué seguir invocando el Nombre de Dios si parece haberme olvidado?

Aquí encuentra su lugar la invocación de hoy: ¡Ven, Espíritu divino, fuente del mayor consuelo! Ahora más que nunca debes volver la mirada a Dios y mantenerte en pie. Los santos místicos hablan de desolación o de noche oscura. 

En los momentos de sequedad se pone a prueba la fe, que saldrá fortalecida si se mantiene alerta por la esperanza presente. Con esta esperanza clama san Juan de la Cruz; “qué bien se yo la fonte que mana y corre, / aunque es de noche”.

Cuando camines por cañadas oscuras no abandones este clamor en la oración; para ello ejercita la virtud de la perseverancia, la persistencia en seguir caminando mientras las fuerzas lo permitan.  Confía: "Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas?  Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?". (Lc 18,7-8).

Ya has experimentado otros días difíciles en los que Dios respondió  enviando a tu vida la lluvia de su Espíritu. Te cogió de su mano, te llevó en volandas.

 Quiero que sepas que te volverá a soltar para que madures y aprendas a caminar por tu pie. Cuando lo haga y te parezca que ya no está, no dejes de regar el huerto de tu alma  con el  agua de la oración. 

Y muy importante: no olvides que hay una fuente de agua viva siempre abierta a la que te puedes encaminar cuando la fe flaquea: la Eucaristía. En ella puedes deleitarte con el agua del Espíritu, el mayor consuelo.  “Aquesta eterna fonte está escondida / en este vivo pan por darnos vida / aunque es de  noche”. 

¡Qué bien lo supo expresar con estos versos el maestro del Carmelo. "Aquesta viva fuente que deseo / en este pan de vida yo lo veo / aunque es de noche". 


* * *

MEDITACIÓN

1. Hoy te aconsejo que para orar, si te es posible, vayas a un lugar donde esté expuesto o reservado el Santísimo Sacramento. Haz que el camino que recorras hasta allí sea también oración. Te diriges en fe  (oscuridad) a ese lugar donde se halla la fuente que sacia tu sed.

2.  No olvides, antes de nada, dedicar tu oración: "Padre Creador, Hijo Redentor, Espíritu Santificador, Trinidad Santa. Que este espacio de oración sea para mayor gloria tuya, para bien dela humanidad y beneficio de toda la creación. Amén"

3. Puesto ante el Santísimo, tras hacer unas respiraciones abdominales suaves, serena tu alma: pensamientos, emociones, deseos… deja ir todo lo que oscurezca tu vida en estos momentos. Déjate envolver por el silencio.

4. La oración es un trabajo por el que, como dice santa Teresa, riegas el huerto que es tu alma. Hay días en que resulta más difícil y es como sacar agua con un cigüeñal o con cubos. Si vives un día así, de sequedad y necesidad de imponerte a ti mismo una disciplina mayor, no te desanimes. Míralo como una oportunidad de hacer una oración más pura, menos interesada, poniendo más de tu parte.

5. Dios va madurando tu vida con el sentimiento de su ausencia. Los días de sequedad hay que afrontarlos con fe. Haz, pues, un acto de fe y repite:  ¡Ven a mi alma; empapa con tu agua mi sequedad!. Fíjate en tu respiración y deja que el aire del Espíritu entre a ti regando tus entrañas, y salga arrojando fuera toda oscuridad. ¡VEN, ESPIRITU SANTO, ...FUENTE DEL MAYOR CONSUELO!...  Permanece así al menos 15 minutos (puedes acompañarte de sonido con agua de fondo: Sonidos de agua).

6. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

7. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

No abandones el ejercicio del silencio y  la oración diaria

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración y tus trabajos para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Octubre 2022.

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