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miércoles, 16 de noviembre de 2022

SP 8. Descanso de nuestro esfuerzo

Seguimos el comentario a la segunda estrofa de la Secuencia, y nos centramos en el verso segundo: Descanso de nuestro esfuerzo. El primer impulso es el de pensar en una discontinuidad o separación entre esfuerzo y descanso: pedimos la gracia del descanso para liberarnos de la esclavitud del trabajo. Pero ¿no se apunta más bien a una continuidad o unidad en esta invocación?

"Bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando creó" (Gn 2,3).

Resulta cuanto menos curiosa la imagen de un Dios que trabaja durante siete días y descansa el séptimo. Aunque en realidad en el texto no se dice de Dios que trabajó seis días, sino que creó durante ese tiempo. Dios no se sometió a un castigo al trabajar. Hago esta apreciación porque el término trabajo sigue siendo entendido por muchos como un castigo divino; algo que noes, ya que al ser redimido por Cristo recupera su sentido de tarea gozosa con la que se completa la obra de la creación. Cuestión aparte es la idolatría del trabajo como fuente de dominio y enriquecimiento, que lógicamente lleva consigo el castigo o sufrimiento propio de quien no vive su vocación (profesión) como llamada divina de servicio a los demás, sino como sometimiento al capitalismo, la vanidad y el consumo. 

Nuestra visión de las cosas es dualista: trabajo-descanso, hacer-ser. Pero desde Dios la realidad es otra. Dios es Silencio (descanso) y Palabra creadora (trabajo). Ahora bien, el ser y el hacer de Dios se funden en uno; aunque tal vez sea más preciso decir que Dios está más allá del ser y del hacer. Se podría decir que entrar en Dios es entrar en su descanso, pero también sería correcto decir que es entrar en su dinamismo creador; descanso no es pereza.

* * *

Decir del Espíritu que es "descanso de nuestro esfuerzo" no es pedirle que nos ahorre el trabajo sino pedirle el don de vivir nuestros trabajos con gozo, sin agobios, sin estrés; o alabarle porque su presencia produce armonía y equilibrio, coherencia y comunión entre ser y hacer. 

El Espíritu Santo nos configura con Dios haciendo de nuestros trabajos un acto de amor similar al del mismo Creador. Parodiando a San Juan de la Cruz ("El mirar de Dios es amar") podemos decir que “el obrar de Dios es amar”. Como imagen de Dios que soy, todo lo que yo haga también está llamado a ser un gozoso acto de "amar". Me gusta más el verbo (amar) que el sustantivo (amor); Dios es más Verbo activo que sustancia pasiva.

Dios quiere que amemos, que vivamos en compasión, que todo nuestro obrar sea un acto de sanación-redención para el universo. Donde hay amor el esfuerzo y el descanso se complementan hasta ser una sola cosa. Al rogar al Espíritu Santo que sea “descanso de nuestro esfuerzo”, no le pido que me libere de los trabajos, sino que pueda hacer mis tareas en amor, por amor y con amor, viviendo lo que canta el santo del Carmelo: 

Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio;
ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio. 
(CB 28)

Y comenta: “Cuando el alma llega a este estado, todo el ejercicio de la parte espiritual y de la parte sensitiva, ahora sea en hacer, ahora en padecer, de cualquiera manera que sea, siempre la causa más amor y regalo en Dios” (CB 28,9)

* * *
Que todo lo que hagas sea por amor: para gloria de Dios, el bien de los hermanos y beneficio de la creación. Déjate impregnar en tu ser y en tu obrar por el amor del Espíritu Santo, y sabrás por experiencia, como lo supo san Juan de la Cruz,  que “el alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa” (D, 96), descansa en Dios.

¡Ven, Espíritu Santo, 
 descanso de nuestro esfuerzo”

* * *


MEDITACIÓN

No olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo: 

"Padre creador, 
Hijo redentor, 
Espíritu santificador, 
Trinidad santa.

 Ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria a Ti, 
Señor del universo,
por los siglos de los siglos. 
Amén".

1. Como siempre, descansa tu cuerpo con la postura adecuada para la inmovilidad,  y descarga tu alma de  pensamientos, emociones, deseos. Hazte presente a ti para estar con Él. 

2.  El Espíritu Santo es "espíritu de comunión y reconciliación"; unifica todo mi ser, me hace vivir consciente de que acostado o levantado, en el descanso y en el trabajo, está conmigo. "El alma que anda en amor ni cansa ni se cansa".  Andar en amor es poner en el centro de mi persona, como energía vital primera, el amor de Dios, su Santo Espíritu. 

3. Por eso hago de su invocación el leitmotiv de mi oración con la jaculatoria: ¡VEN, ESPIRITU DIVINO, DESCANSO DE NUESTRO ESFUERZO! Al ritmo sosegado de mi respiración repito estas palabras y me dejo invadir por el viento del Espíritu que en cada inhalación se adentra en mi cuerpo y en mi alma.  Si me distraigo vuelvo a la repetición y a la jaculatoria. Permanezco así, en silencio, 15 minutos. 

4. Puedes terminar escuchando el canto: El alma que anda en amor.

5.  Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

6. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

Noviembre 2022

Casto Acedo

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