Novena enseñanza y oración sobre la Secuencia. En este caso contemplamos a Dios Espíritu Santo como "tregua en el duro trabajo". Dios nunca va a hacer por ti lo que tú puedes hacer por ti mismo, tanto en tu interioridad como en tus compromisos cristianos exteriores. Pero ten la confianza y la seguridad de que cuando tus fuerzas desfallecen Él acudirá en tu ayuda concediéndote una tregua, un descanso reparador en la batalla que libras.
La vida espiritual tiene sus dificultades: dudas que buscan respuestas, cansancio que inclina al abandono, caídas de las que hay que levantarse, etc. Madurar en la vida espiritual, que de principio parece fácil, supone un esfuerzo constante y paciente.
San Pablo pide a Timoteo que tome parte en “los duros trabajos del evangelio según las fuerzas que Dios te dé”(1 Tm 1,10). Si evangelizar es duro en un mundo secularizado e indiferente a lo religioso como el nuestro no es menos dura la renovación espiritual de cada persona que se embarca en procurarse un cambio en profundidad. El proceso de cambio interior encuentra tanta oposición al interior de la persona como en el entorno social; no olvides que el individuo no deja de ser parte de la totalidad. La resistencia que el mundo presenta al evangelio es la suma de la resistencia que cada persona ofrece. El egocentrismo (pecado) personal es tan difícil de erradicar como el estructural.
A las tareas espirituales necesarias para soltar los apetitos del alma san Juan de la Cruz las llama “trabajos”· Y no ve en ellos un obstáculo sino una oportunidad para crecer: “Más vale estar cargado junto al fuerte que aliviado junto al flaco: cuando estás cargado, estás junto a Dios, que es tu fortaleza, el cual está con los atribulados; cuando estás aliviado, estás junto a ti, que eres tu misma flaqueza; porque la virtud y fuerza del alma en los trabajos de paciencia crece y se confirma”. (Dichos de luz y amor, 4)
Dios sabe que no es fácil llevar la carga de trabajos interiores. Cuando se sueltan los lazos de lo que hasta ahora ha sostenido la vida sobreviene un vacío que da miedo. Intentas vivir en la dificultad y lo desagradable, pero ¿quién puede con esto? Nadie, a no ser que Dios venga en ayuda del alma. Sin él no podemos nada; con Él todo es posible.
Cuando Elías huía de Jezabel, el hambre, el cansancio y el sueño le pudieron hasta el punto de desearse la muerte: pero Dios no le abandonó. “El ángel del Señor lo tocó y dijo: «Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo». Elías se levantó, comió, bebió y, con la fuerza de aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios” (1 Re 19,7-8). Esta escena Bíblica ilustra muy bien el sentir del verso que nos ocupa: El Espíritu Santo como “tregua en el duro trabajo”, descanso que repara fuerzas y anima a seguir adelante.
¡Qué mejor momento para invocar al Espíritu que esos momentos en los que el alma desfallece! Y sin duda será oída por Dios que no falta a la cita con quien le invoca en la tribulación (Rm 10,13)!.
Pues ya sabes; cuando el cansancio debido a los duros trabajos de la fidelidad te abruma, grita: ¡Ven, Espíritu Santo, … tregua en el duro trabajo!
6. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.
Noviembre 2022


No hay comentarios:
Publicar un comentario