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jueves, 15 de diciembre de 2022

SP 10. Brisa en las horas de fuego.

Siguiendo los pasos de la Secuencia de Pentecostés contemplamos ahora a Dios Espíritu Santo como "brisa en las horas de fuego". Cuando todo parece quemarse en nuestro corazón y la vida espiritual amenaza con convertirse en una nada de cenizas, entra en escena el Espíritu Santo, brisa fresca que reaviva el rescoldo del alma y la vuelve hacia el Amado.

¡Ven, Espíritu Santo! ...
 ¡BRISA EN LAS HORAS DE FUEGO!

Agua, viento y fuego son símbolos ambivalentes; pueden significar vida o muerte; el agua limpia y refresca pero también ahoga; el viento puede ser refrescante pero también puede ser aire solano que todo lo seca; y el fuego ilumina, da calor y purifica pero también quema y destruye. Decir del Espíritu Santo que es “brisa en las horas de fuego” supone tener en cuenta estas ambivalencias.

Cuando perdemos los ánimos y nos arrebata la ira solemos decir “estoy que ardo”, o “la cosa está que arde”, y tal parece que es, porque echamos fuego y humo por boca y ojos.  También solemos decir “estoy quemado” cuando vivo momentos que considero infructuosos a pesar de los esfuerzos, o cuando caigo en un activismo insensato y el estrés hace su aparición.

En estas situaciones de sequedad espiritual invocamos al Espíritu como “brisa en las horas de fuego” a fin de que riegue con su suave frescor al alma y le restituya la salud primera. Nos puede ayudar a entender esto el comentario de san Juan de la Cruz a esta estrofa del Cantico espiritual:

Detente, cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran sus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

Si consideras al viento cierzo como un fuego que aunque frío por su sequedad quema las plantas y al austro como suave brisa que refresca y reverdece, puedes iluminar lo que la secuencia de Pentecostés quiere decirte al definir al Espíritu Santo como brisa en las horas de fuego:

Detente, cierzo muerto. “El cierzo -dice el santo carmelita- es un viento frío y seco, y marchita las flores; y porque la sequedad espiritual hace ese mismo efecto en el alma donde mora, la llama cierzo, y muerto, porque apaga y mata la suavidad y jugo espiritual; por el efecto que hace, la llama cierzo muerto. Y deseando la esposa conservarse en la suavidad de su amor, dice a la sequedad que se detenga...

Ven, austro, que recuerdas los amores. "El austro es otro viento, que vulgarmente se llama ábrego. Este es aire apacible, causa lluvias y hace germinar las yerbas y plantas, y abrir las flores y derramar su olor; tiene los efectos contrarios al cierzo. Y así, por este aire entiende aquí el alma al Espíritu Santo, el cual dice que recuerda los amores; porque cuando este divino aire embiste en el alma, de tal manera la inflama toda y regala y aviva, y recuerda la voluntad y levanta los apetitos (que antes estaban caídos y dormidos) al amor de Dios, que se puede bien decir, que recuerda los amores de él y de ella". (Cantico 26, 2-3; C B,17)

¡Qué bien lo expresa san Juan de la Cruz! El Espíritu Santo es brisa que en las horas de fuego, cuando el amor parece haberse helado y secado en el corazón, revive el rescoldo de los amores habidos entre el alma y Dios levantando así los deseos de recobrarlos por el retorno al Amado.

Ya sabes: cuando el cansancio y la sequedad espiritual hacen mella en tu alma invoca al Espíritu. "Ven, Espíritu divino, ... brisa en las horas de fuego!

* * *


MEDITACIÓN

No olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo: 

"Señor y Dios mío,
 ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria a Ti, 
Señor del universo.
Amén".

1. Es importante la quietud del cuerpo que ayude a la quietud total de cuerpo y alma; así pues descansa tu cuerpo en la postura más adecuada para mantener la quietud; y descarga tu alma de  pensamientos, emociones, deseos. Hazte presente a ti para estar con Él. 

2.  Haz unas respiraciones abdominales sintiendo como tu vientre se mueve empujado por el diafragma. Déjate llevar por ese movimiento y deja que su onda se vaya expandiendo a todas las partes de tu cuerpo.

3. Hoy te puedes dejar llevar especialmente por la respiración en tu meditación. Siente que el aire fresco que entra por tu nariz cada vez que inhalas es el Espíritu Santo, brisa suave que refresca todo tu ser; siente como riega la tráquea y los bronquios hasta llenar de vida los pulmones. En la exhalación siente que el aire sale más cálido, como si soltaras preocupaciones, tensiones, estrés, miedos. Disfruta del Espíritu que revitaliza tu alma y suelta los venenos al ritmo de tu  respiración.   ¡Ven, Espíritu Divino, ... brisa en las horas de fuego!  Permanezco así, en silencio, 15 minutos. Si me distraigo vuelvo a la conciencia de mi respiración sintiendo al Espíritu  como "brisa en las horas de fuego!
 
4. Puedes terminar escuchando con serenidad el canto Ven, espíritu divino.

6.  Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

6. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (movimientos interiores, deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

Diciembre 2022

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