Desde el mes de Junio no escribo acerca de la secuencia. Necesitaba el descanso. Hoy continuamos por dónde íbamos. A la petición: "¡Doma al espíritu indómito! añadimos otra: ¡Guía al que tuerce el sendero! Nos fijamos no tanto en los caminos torcidos que nos pierden sino en el sendero que hace que ganemos la vida para siempre.
Una de las imágenes más recurrentes para definir la andadura espiritual es la del camino. Nos imaginamos como perdidos en un desorden y un caos que hemos de ordenar situando cada cosa en su lugar, y así avanzar hacia un destino que normalmente identificamos como el final de la vida. El punto de partida es el nacimiento, la meta es la muerte; y miramos a esa puerta última con cierta expectación y temor.
¿Cuándo y cómo será ese lugar alque aspiramos? Jesús habla de una morada, una casa donde Él estará con nosotros: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas..., me voy a prepararos un lugar, ... para que donde estoy yo estéis también vosotros” (Jn 15,2-3).... ¿Entraremos finalmente en esa morada de luz y comunión que es el cielo? ¿o lo que hallaremos será una densa y monolítica oscuridad?
Para responder a estas preguntas solemos hacer balance de nuestra conducta, confiados en que el bien lleva al cielo y el mal al infierno. Y también sabemos que si nos desviamos del buen camino tenemos la oportunidad e volver a él. “Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá" (Ez 18,26-28). La meta dependerá de mi opción.
Aunque en última instancia el desenlace de mi vida está en manos de Dios, yo puedo en parte decidir. Pero no es fácil. ¿Qué camino seguir? Son muchas las luces que me ciegan y me despistan; el mundo me ofrece multitud de caminos. La petición que hoy va dirigida al Espíritu Santo pidiéndole luz ante la duda y energía para corregir mis rumbos errados. “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Jn 15,13), dice Jesús.
¿Qué caminos son los del Espíritu? Felipe, en la noche de la duda solicita una palabra a Jesús: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.” (Jn 14,8). "Yo soy el camino
y la verdad y la vida" (Jn 14,6). Para no perder el sendero recto, para llegar al Padre, basta que mires a Jesús, que te empapes de su persona; Jesús no está lejos, lo tienes cerca, dentro de ti. Permite que Él vaya sacando de ti la imagen suya que eres.
No pidas señales extraordinarias que te indiquen el camino. Muchas veces pedimos signos, como Felipe: “¡muéstranos al Padre y nos basta!”. Pensamos que el camino es cuestión de visiones extraordinarias; si vemos a Dios con los ojos físicos -pensamos- creeremos y caminaremos hacia Él. Pero el Padre se lamenta por nuestra falta de visión y de fe. Ay, ¡qué torpe eres!, "si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas. Porque tú pides locuciones y revelaciones en parte, y si pones en él los ojos, lo hallarás en todo; porque él es toda mi locución y respuesta y es toda mi visión y toda mi revelación” (2 S 22,5). Tanto tiempo con Jesús y su evangelio y aún no sabes el camino.
Quien equivoca el camino e invoca al Espíritu pidiendo ayuda: "VEN, ESPIRITU DIVINO, ... GUÍA AL QUE TUERCE EL SENDERO”, tiene la respuesta adecuada a su error en el mismo Jesús: me ves a mí, ves al Padre y ves el camino que lleva a Él. Yo soy el mapa para llegar a Dios, lee, medita y vive las Sagradas Escrituras inspiradas.
Cuando te sientas perdido, cuando atravieses cañadas oscuras y te aprieten las ganas de tirar la toalla, invoca al Espíritu Santo. Él pondrá ante tí la Persona misma de Jesús, su Palabra inspirada y su Iglesia como refugios que te ayudarán a volver al buen camino. ¡Déjate llevar por el Espíritu!
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MEDITACIÓN
"Yo soy el camino, la verdad y la vida"
1. Comienza con un ofrecimiento:
"Ofrezco esta oración, Señor,
para mayor gloria tuya,
para bien de toda la humanidad
y beneficio de todos los seres. Amén.
2. Como siempre relájate escaneando tu cuerpo como parte esencial de tu ser y acalla las distracciones de tu mente dispersa que te lleva por caminos no deseados. Sosiégate. Puedes echar mano de la respiración, o el escaneo de tu cuerpo parándote donde más tensiones percibas y procurando soltarlas con tu atención en ellas.
3. Vacía tu alma (mente, corazón y voluntad), de toda ideación y acoge tu realidad aquí ya ahora tal como las percibes.
4. Imagínate perdido por senderos que no sabes bien a dónde conducen. Vas perdido por un bosque o un cañaveral, ¿hacia dónde dirigirte? ¡Párate! Has de tomar una decisión. Tu imaginación tiende a llevarte al miedo: ¿estaré perdido?, o a la duda: ¿por dónde seguir? ¿acertaré a salir a un lugar más habitable? ¿Y si me pierdo? ...
4. Es el momento de sacar el mapa. Tomas en tu mano los Evangelios. Piensas en Jesús, que te habla: "Yo soy el camino y la verdad y la vida" (Jn 14,6). Párate en estas palabras. Contempla a Jesús en ella. Por él llegas a Dios, porque es el camino; en Él encuentras la verdad de la vida, tu verdad, lo que eres y lo que estás llamado a ser; e inserto en Él encuentras la vida, la que te sacia plenamente, la que no termina. Asido a Él tienes todo aquello en lo puedes confiar, lo que puedes creer y lo que puedes hacer para llegar a la Luz sin perderte.
5. Haces silencio y te sumerges en Jesús "Camino, Verdad y Vida". Lo puedes hacer abandonándote a la sencillez y belleza de la música que te enlazo. Se oyen las olas del mar; puedes imaginar a Jesús que te invita a subir a su barca y te dejas llevar por Él. Siéntete con Él y en Él camino (dinamismo interior), verdad (gústate y ámate en lo que eres: amor) y vida (deja que fluya por todo tu ser la gracia que te habita). El océano y el silencio. (13 minutos).
6. Al terminar la oración toma nota de las mociones (sentimientos, anhelos, deseos profundos...) que hayas sentido en ella. Dios habla en la experiencia.
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Septiembre, 2023
Casto Acedo.


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