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lunes, 3 de abril de 2023

ORACIÓN (Jueves Santo)

Entrar en la noche del Jueves Santo es entrar en la noche del espíritu, que para el creyente no es una desgracia sino una oportunidad para crecer; se trata, por tanto, de un tiempo de oscuridad purificadora y por eso luminosa. La noche es el vientre donde se gestan las virtudes cardinales: fe, esperanza y caridad.

Cristo se adentró en la terrible y bendita noche del Jueves al Viernes santos con el dolor y el sufrimiento del mundo sobre sus espaldas. Poco antes había dicho adelantando su destino: “Esta es mi sangre derramada por vosotros y por muchos -por todos- para el perdón -para la luz-”. Antes de curar al ciego de nacimiento reveló: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo" (Jn 9,4-5). Mantener encendida la mecha humeante del amor le costó lo suyo. 

Propongo aquí un modelo de Hora Santa para esta noche. Aunque también podría servir para orar en cualquier otro día. Espero que os ayude a meditar, y a alguno le pueda servir como subsidio para la oración en su comunidad, grupo o parroquia.

 * * *

MOMENTO 1


 SILENCIAR MIS PENSAMIENTOS
Abandonar 
los pensamientos del mundo.
Adoptar 
los pensamientos de Jesús

Evangelio de san Juan.
15,18-21

"Dijo Jesús: Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo". Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardan la vuestra. Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió" .

* * *

¿Qué es le mundo? 

*Es un modo de pensar sin Dios, el sistema social (neoliberal o social-comunista) que pone los intereses económicos o estatales por encima de la persona:

*El mundo es la ideología que impone que “una guerra puede ser buena” e invita a embarcarse en ella pensando que con la muerte de unos pocos se pueden salvar las vidas de otros muchos. Lo mismo sobre el aborto. El mundo consagra el principio de Pilatos. “Es preferible que muera uno antes de que la nación perezca" (Jn 11,50).

*El mundo es la filosofía que sitúa al individuo por encima de cualquier cosa, consagrando el individualismo y su correlativo egoísmo como motor de la historia.  San Pedro pensaba con criterios del mundo  cuando reprochó a Jesús unas palabras que hablaban de cruz. El mismo Jesús le censura su mundanidad:  "Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios" (Mt 16,21).

*El mundo, en fin, es ese modo de pensar que nos hace creernos muy espirituales y religiosos, cuando en realidad somos más bien materialistas y ritualistas.

La noche de Jueves Santo invita a soltar pensamientos, a silenciar la mente  mundana, para dejar que Dios sea Dios y puedas ser escuchado en su silencio esencial. EL SILENCIO DE TUS PENSAMIENTOS TE ABRE A LA FE.  Cuando renuncias a tus criterios parece que entras en oscuridad; y es cierto, pero es una oscuridad pasajera, que espera la Luz del pensamiento nuevo que es Jesús.

* * *

Respira, llena tus pulmones de aire nuevo, suelta el viejo  modo de pensar. Deja ir tus pensamientos persistentes, tu modo interesado de ver la vida, tus principios egoístas inamovibles, las obsesiones compulsivas que no te dejan dormir. Vacíate de todo lo que no sea pensar a Dios desde el corazón.

Durante unos minutos deja pasar tus pensamientos; fija tu mente en sólo Dios. 

*Piensa con Dios. “El pensar de Dios es amar”, dice san Juan de la Cruz. 

*Mira como Dios te piensa a ti: con el corazón, con amor .

*Mira como piensa Jesús a la humanidad: amor absoluto, fraternidad universal. 

La noche de Jueves Santo invita a la conversión, a cambiar de mente, cambiar de pensamiento. Permítete vaciar tu mente de obsesiones mundanas, de prejuicios sociales, de pensamientos que te quieren encumbrar sobre otras personas. Y llénate de pensamientos positivos y  nobles. Piensa como Dios.  “El pensar de Dios es amar”.

 Jesucristo es el pensamiento (logos) del Padre hecho carne.

(5-10 minutos de silencio)

MUSICA:  Escucha este canto... Imagina a Jesús ante Pilato; ha llegado ahí por ti, por puro amor, por ser fiel a los pensamientos de Dios cuando los pensamientos mundanos le invitaban a huir, a responder con desplantes a quienes le desplantaron...


(clik sobre el título)

Ahí estás Tú
esperando la sentencia en silencio.
Se alza un grito entre la gente
que prefiere a un criminal antes que a ti

Y allí estás Tú,
tan llagado que cuesta reconocerte,
entre burlas e insultos, sin amor, sin amigos.
Hemos huido todos de la cruz

Pues yo también he sido uno de ellos.
He preferido cualquier cosa antes que a ti,
te he dado la espalda un sinfín de veces.
No he dejado que te muevas en mí

Y aún así dices que me amas.
No sé qué viste en mí.

¿Qué viste en mí?
Sabes que yo no merezco tanto,
pero yo necesito tu amor infinito.
Por favor, no me dejes sin ti.

Ayúdame a que valga la pena.
Me he dado cuenta que no puedo estar sin ti.
Que valga la pena, que viva tu condena
junto a María de rodillas ante ti

Perdóname.
Ahora aquí me tienes
derramado a tus pies

Sé que cometí el error
de anteponer a tus caminos la razón.
Sé que volveré a caer,
más de mil veces fallaré a tu perdón

Y aún así dices que me amas.
No sé que viste en mí.

 * * *


MOMENTO 2


 SILENCIAR MIS SENTIMIENTOS

Desmitificar 
mis sentimientos.
Tener 
los sentimientos de Jesús.

Carta a los Filipenses
2,1-4

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

* * *

En esta noche, para superar la prueba, Jesús además de regirse por los criterios del Padre, hubo de hacer suyos sus sentimientos de amor universal. Ha venido para que “todos los hombres se salven”, para que todos sean felices. Y ese sentimiento de amor universal Jesús lo mantuvo por encima de todo lo agradable o desagradable que le saliera al paso.

Nuestra cultura ha elevado los “sentimientos gratificantes” a categoría divina. Lo importante es sentirme bien. Por eso huyo de  todo lo que me hace sentir mal, porque creo que lo que me desagrada no puede ser bueno; sin embargo, todo lo que me apetece lo considero bueno y positivo. Es más, he llegado a establecer para mi el principio de que la bondad o maldad de las cosas depende de los sentimientos que me producen . Yo y mi bienestar somos el centro del universo, pienso.

Es una trampa terrible. Repudiando como un mal todo lo que me desagrada  justifico mis desmanes. ¿Me crea sufrimiento el embarazo no deseado?, justifico el aborto. ¿Me siento mal en mi matrimonio?, justifico la ruptura. ¿Me disgusta esta persona? No considero un mal pasar de largo ante ella. ¿Me desagrada atender a mis padres, a mi familiar enfermo? ¿Qué hay de malo en ello? ... Es triste que el “miedo al sufrimiento” sea lo que marque mi comportamiento, mi  estilo de vida.

¿Qué puedo hacer? Primeramente ser conscientes de que también los otros tienen sentimientos. Si a mi me gusta ser amado, bien considerado, atendido en mis necesidades, los otros también. Cristo quiere convertirte a “los sentimientos de Dios”, que ama a todos incondicionalmente. Jesús puso el amor al prójimo y con él el amor a Dios por encima del “me apetece”. ¿O acaso crees que la cruz fue para él un placer? Le hubiera gustado librarse de ella, pero aceptando su destino puso  el “amor como decisión”, cruz,  (ágape)  el amor como donación total (ágape) por encima del amor como sentimiento (eros).

Jesús te invita esta noche a unirte a Él en un “amor de decisión”, a amar aunque te duela. Para ello has de SILENCIAR TUS SENTIMIENTOS, destronarlos; renunciar a la idolatría de tus "experiencias".

*Silencia cualquier gozo o satisfacción que te lleve a creerte superior a otros. Así ocurre cuando te sientes más afortunado o afortunada que otras personas y las miras por encima del hombro.

*No des canche a tus sentimientos “victimistas” que esconden la reivindicación de una atención mayor a tu persona y unos privilegios en compensación por el maltrato que dices que has sufrido;

*No des paso a tus sentimientos de miedo, ese pánico que tienes a perder algo de tus bienes materiales, tus estados emotivos placenteros o tu consideración social.

¿No te das cuenta de que toda tu tristeza y tu frustración son sentimientos que provienen de experiencias frustrantes del pasado o de expectativas futuras viciadas por tu egoísmo? Pides que todo el mundo esté plegado a ti para ser feliz. Con esta premisa nunca lo serás.

EL SILENCIO DE TUS EXPERIENCIAS PASADAS Y DE TUS EXPECTATIVAS TE ABRE A LA ESPERANZA. Al soltar tus miedos y seguridades pasadas y tus ilusorias  esperanzas futuras, vives el presente, el mejor momento de tu vida, tu única realidad. Ahí te encuentra Dios y te ama,  ¿hay algo más sólido en la vida?. La esperanza no consiste en la ensoñación de un futuro ideal sino en la seguridad de que aquí y ahora mi vida está anclada en el amor de Dios. Estoy sólidamente asentado, por eso tengo esperanza.

* * *

Mira ahora a Jesús... ¿Qué sentimientos le embargan en esta noche? No cabe duda de que vive sentimientos de gozo en la última cena. “¡Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer” (Lc 22,15). Pero también en esta noche le abruma una losa de tristeza. Llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.  Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».” (Mt 26,37-39).

A pesar de la tristeza, en la profundidad del alma de Jesús prevaleció el sentimiento de amor al Padre, a toda la humanidad y a toda la creación. No puso primero su satisfacción inmediata sino que antepuso la satisfacción del amor a Dios y el cumplimiento de su voluntad. Debió dar paso a una “aceptación total” de la realidad que se estaba dando ante Él. Apostó por los planes del Padre, que no eran de condena y castigo sino de perdón y misericordia.

Mira a Jesús, mira sus sentimientos de fraternidad universal corrigiendo el deseo de huir hacia unos sentimientos ególatras. ¡Qué buenos sería llenarnos todos de ese sentimiento! ... Amar a pesar del rechazo, del asco, del dolor, ... “amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”; estos fueron los sentimientos de Jesús. Déjate seducir por ellos

(5-10 minutos de silencio)

MUSICA:  Hacer míos los sentimientos de Jesús es encontrar la felicidad. Quien vive el presente del amor vive en esperanza. ¡Miradle y quedaréis radiantes!

(clik sobre el título)

Despojado, siervo humilde:
dame un corazón puro,
con espíritu firme,
dispuesto a venderlo todo,
pronto para servir.

Obediente hasta la muerte en la cruz:
dame un corazón noble,
con espíritu generoso,
firme en la contrariedad,
en el Padre abandonado.

Amor compasivo:
dame un corazón bondadoso,
maduro en el amor
por la fuerza de tu Espíritu,
afincado entre los tuyos.
¡Miradle y quedaréis radiantes!
Será perpetua vuestra alegría.

* * *

MOMENTO - 3


SILENCIAR MI VOLUNTAD. 

Crucificar 
mis impulsos (caprichos).
Hacer mía (aceptar) 
la voluntad de Dios.

Evangelio de san Lucas
 22, 39-46

"Después de cenar, Jesús “salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: «Orad, para no caer en tentación». Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación".

* * *

Solemos pasar la vida la queriendo imponer a otros los propios caminos, la propia verdad y el propio modo de vida. Cuesta silenciar los pensamientos, los  criterios y las creencias. Tampoco es fácil silenciar los propios sentimientos y experiencias para estar en el presente. Y no es menor la dificultad para silenciar la voluntad, los propios caprichos y deseos.

En este tercer momento de reflexión y oración vamos a contemplar cómo Jesús hubo de cambiar el rumbo de su vida para adoptarla al ritmo que le marcaba el Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra” (Jn 4,34).

Al principio tuvo un éxito fulgurante en su misión. Las masas le seguían. Se hacían lenguas de su bondad y sus enseñanzas. Pero pronto debió desengañarse del éxito. Se dio cuenta de que la multitud le seguía motivada por razones poco altruistas: “Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros” (Jn 6,26). Poco a poco, tras hacerles ver a muchos su oculto egoísmo, fue quedándose más sólo. Uno de su mismo grupo le traicionará. E incluso Pedro, Santiago y Juan, los  más íntimos entre los apóstoles, huyen al ser detenido en Getsemaní.

Jesús hubo de superar la prueba de elegir entre salir huyendo con los suyos o permanecer fiel en el lugar que le ha asignado el Padre. Permaneció fiel y se quedó totalmente solo. No es fácil entender el sufrimiento de Getsemaní.  Es el sufrimiento de quien vive la soledad más absoluta, el vacío más insoportable. Sabes que puedes echarte atrás, que puedes huir, está en tu mano; pero la fidelidad te pide mantenerte en pie, esperar en silencio, no imponer sino dejar que Dios sea Dios. Silenciar tu voluntad dando paso a la del Padre.

El silencio de la voluntad es el silencio de Abrahán subiendo al monte Moria: “Dios proveerá”, dice (Gn 22, 8), el silencio de Job, que se mantuvo fiel a la ininteligible voluntad de Dios: "Una vez he hablado y no volveré a hablar" (Job 40,5), el silencio del Siervo de Yahvé, que “fue oprimido y afligido, Pero no abrió su boca. Como cordero llevado al matadero” (Is 53,7), el silencio, en fin, de Jesús:  «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

* * *

Contempla  a Jesús en Getsemaní y aprende de Él a silenciar tus impulsos de huida  o rechazo. Acepta que el mundo, la sociedad, la familia, tú misma vida, no tienen por qué funcionar según tus caprichosos designios. Lo mejor es callar tu voluntad dando preferencia  a que "sea lo que Dios quiera"

Este silencio no es pasividad, sino disponibilidad para hacer y vivir según criterios divinos. 

*Silenciar tu voluntad no es permanecer pasivo dando vía libre al caos, sino ponerte al servicio de Dios para que se impongan en el mundo sus planes.

*Silenciar la voluntad es ser realista. ¿Crees que todo va a salir como tú quieres que salga?  Toda la creación y la historia deberían confabularse para servirte a ti. ¿No te parece pretencioso?

*Acallar tu voluntad es soltar tus impulsos violentos, crecer en mansedumbre,  comprender que si aplicas el “ojo por ojo” el mundo estaría ciego;

*El silencio de la voluntad es la cima de la unión con Dios. Nunca subes tan alto como cuando te niegas a ti mismo, tomas tu cruz y sigues a Jesús hasta el Calvario. "Los últimos serán los primeros" (Mt 20,16) Ahí, en la cima de ese monte, según dice san Juan de la Cruz, “solo mora honra y gloria de Dios”; cuando subes a ese estado de abajamiento total -¡oh paradoja!- tu honra (voluntad) y tu gloria son la suya.

Mañana es Viernes Santo. Es un día para adentrarse en misterioso silencio de Dios. ¿Dónde está Dios mientras Jesús muere? Está ahí, muriendo en la cruz. Jesús en la Cruz es sumisión a la voluntad del Padre, disponibilidad total para el amor. 

* * *

Termina tu oración rindiéndote ante Dios, arrodillándote ante Jesús, dejando que el Espíritu de Dios haga en ti su obra. El silencio de tus caprichos y deseos,  el olvido de tus poderes, EL SILENCIO DE LA VOLUNTAD PERFECCIONA LA CARIDAD. Cuando rindes a Dios tu voluntad parece que no vales nada, que nadie te ama, que Dios te ha olvidado. Falso. Ahí es donde descubres que no hay nada más hermoso que  sentir el amor de  Jesús y vivir como Jesús, en pura compasión y misericordia, primando el bien del Otro y de los otros sobre el bien propio.

Permite que Dios reine en tu vida. Interioriza: “Padre, si puede ser, que pase de mí el cáliz del dolor y el sufrimiento, pero no sea lo que a mí me apetece sino lo que tú consideres más oportuno” (cf Mt 26,39). Esto es caridad, buscar ante todo el amor-obediencia a Dios en servicio a los hermanos.

Termina contemplando la imagen del crucificado. ¿Qué ves? ¿Sólo un hombre que sufre? Puedes ver algo más: el amor de Dios que elige el perdón ante que la venganza; y también puedes ver  en la misma cruz el odio del hombre, que da rienda suelta a su insatisfacción culpando y rechazando a Dios.

Amor de Dios y pecado del hombre; dos realidades patentes en el nuevo árbol del paraíso. La cruz hace visible la voluntad amorosa de Dios,  y también hace patente el pecado, la voluntad asesina de la humanidad, el odio de los que le crucifican. Es un don de Dios poder ver con ojos de fe la confluencia del pecado y de la salvación (gracia). Cuando en la cruz ves tu pecado y al mismo tiempo el abrazo del amor -perdón de Dios-, todo se ilumina. En el cruce de estas dos realidades tan dispares se hace efectiva la salvación. Si te conmueve el amor de Cristo en la cruz algo se está moviendo para bien dentro de ti. "Donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia" (Rm 6,20).

(5-10 minutos de silencio)

* * *

MUSICA:  Escucha el canto. Ríndete ante el amor de Jesús. Deja que él venza en la batalla que mantienes con el mundo y contigo mismo. Cuesta rendir la propia voluntad a la voluntad de Dios. A esa rendición se le llama amor, vivir en la voluntad del Otro. 


(clik sobre el título)

Cuántas virtudes han de adornar
mi corazón al consagrarse en el altar
al Dios indefenso que ha nacido en un portal
y ha muerto en la cruz para las almas salvar

¿Será posible tanto amor para mí?
¿Tendré yo el valor para amarte solo a ti?

Me rindo ante ti, Jesús
Me rindo ante ti
Me rindo ante ti, Jesús
Me rindo ante ti

Con todo mi ser
y mi amor
te consagro el corazón.
Me rindo ante ti
mi dulce Jesús, me rindo ante ti.

¿Será posible tanto amor para mí?
¿Tendré yo el valor para amarte solo a ti?

Me rindo ante ti, Jesús,
me rindo ante ti.
Me rindo ante ti, Jesús
me rindo ante ti

Con todo mi ser
y mi amor
te consagro el corazón.
Me rindo ante ti
mi dulce Jesús, me rindo ante ti.

Con todo mi ser
y mi amor
te consagro el corazón
Me rindo ante ti
mi dulce Jesús, me rindo ante ti

* * *

CONCLUSIÓN

ORAR AL PADRE CON JESÚS

Jesús, en la tarde de Jueves Santo, instituyó el sacramento del amor, la Eucaristía. En ella, al “por vosotros que sois sois pecadores y me crucificáis", responde con un “por vosotros, para bien vuestro, me entrego". La sangre derramada “por vosotros que le matasteis", se transforma en sangre derramada “por vosotros, a favor vuestro, para vuestro remedio". Con su sangre nos ha redimido (cf Ap 5,9-10).

MUSICA. Cristo Jesús sigue orando con nosotros y por nosotros en la Eucaristía, memorial de su pasión. Ante el Santísimo Sacramento, memorial de su entrega-oración por todos, pidámosle que no nos olvide. Hagamos nuestra su enseñanza y su oración al Padre. Por su medio, le pedimos por las realidades del mundo necesitadas de su redención:

HAKUNA. Noche

Por tu iglesia
que te espera a oscuras
Por tu pueblo
que te reza aguardando la aurora,
te rogamos
te rogamos.

Por las naciones paganas
que tienen sed de ti
sin saberlo.
Ten piedad.
Ten piedad.

Por los pueblos oprimidos
por el totalitarismo
y la opresión de la mentira

Por aquellos perseguidos
por tu nombre
que se ocultan para orar.
Y aquellos extraídos
de su hogar

Por sus perseguidores
cegados por el odio.
Perdónales, Padre,
no saben lo que hacen

Por los que no nos aman,
por los que no sabemos amar,
por los que sufren y agonizan
y hoy duermen en el hospital

Por los que hoy es su última noche,
cuyos ojos no verán el nuevo día.
Ten piedad.
Ten piedad.

Por todos los que sufren la tentación
del suicidio.
Por los dispuestos
a dejar ganar al mal

Por aquellos cuyas noches
son interminables
y a los que en la angustia
les ha quitado la paz

Kyrie eleison
Kyrie eleison
...
Por aquellos que trabajan en la prostitución
y se ven obligados
a vender su amor.
Por los que caen en la trampa
del vicio y las drogas.

Por los que hoy duermen en prisión.
Por los que hoy esperan su ejecución.
Por aquellos
a los que torturan.

Por criminales.
Por los ladrones.
Por los que erran en soledad.
Por los que sufren
la indiferencia de los demás

Kyrie eleison
Kyrie eleison

Por la ciudad,
por todos sus habitantes
que en sus sueños
solo existas Tú (solo existas Tú)
Por nuestros difuntos
que aún no han visto tu rostro,
por los alejados entre la multitud

Por los niños que descansan
en el seno de su madre.
Por las mujeres
que van a dar a luz

Para que reine
tu paz en cada hogar.
Por los que quieren
saciar tu sed de amar.

Kyrie eleison
Kyrie eleison
...
Ten piedad
Ten piedad

*

Abril 2023
Casto Acedo.

domingo, 2 de abril de 2023

Orar en Semana Santa

Unas sugerencias para vivir la Semana Santa
en clave contemplativa.

¿Y si hacemos de la Semana Santa una peregrinación interior? Las numerosas procesiones que tienen lugar estos días no deberían ser actos para sacarnos de nosotros mismos llevándonos por las calles en busca de la mejor fotografía, sino liturgias que sirvan para entrar en Semana Santa, o, dicho de otro modo, que ayuden a que la semana Santa entre en nosotros. ¿Por qué no probamos que sea así? Vamos a intentarlo.

El DOMINGO DE RAMOS 

procura comenzar mirando hacia dentro. Evita ser uno de los muchos turistas que transitan estos días por las calles con espíritu despistado mirando todo con curiosidad indiferente. Fotografían las calles, los pasos de Semana Santa, las gentes, las anécdotas llamativas, pero sin entrar en ello ni permitir que lo que ve entre en él. No hagas turismo espiritual, por muy de moda que esté. Su interés no es espiritual sino material. 

Tú, más que evadirte de tu cansancio vital viendo cómo pasan ante ti imágenes de cristos o dolorosas sufrientes, deja que el olor del Jesús real que se respira en el Evangelio empape tu alma y la llene de alegría. Abre tus sentidos espirituales al olor, el sabor, la visión y la experiencia de Cristo. 

Tu alma es Jerusalén, el lugar donde este domingo Jesús entra, predica, celebra, sufre y triunfa. No quiere avasallarte, por eso no viene a ti subido a lomos de un caballo sino en un humilde borrico, para que comprendas que lo suyo es ponerse a tu nivel, no viene a que le rindas pleitesía sino a compartir contigo la vida, de igual a igual. Acógelo como a un amigo y a un maestro.

No tomes en tu mano un ramo de olivo para aclamarle si no estás dispuesto a abrirle de par en par la puerta de tu corazón y dejarle entrar: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! El Señor viene a ti, no le cierres la puerta. Recíbelo. Deja que procesiones por tus moradas interiores.


El LUNES MARTES, MIERCOLES SANTOS 

escucha al mismo Jesús predicando en tu templo interior. Contémplalo en la madurez de su misión. Observa cómo desgrana la sabiduría de las bienaventuranzas y de todo el sermón del monte; toma nota de cómo se compadece de los que sufren y no se resiste a hacer  milagros que remedien sus dolores; y observa también cómo se produce el encuentro con los que andan perdidos; incluso sin ellos esperarlo fueron encontrados por Él: Pedro, Zaqueo, María Magdalena, Nicodemo, el centurión que tenía un criado enfermo, la mujer adúltera, tú, ...

Fueron muchos los que quedaron impactados por su personalidad dulce y firme a la vez. Si te sientes su amigo rememora en estos días los mejores momentos pasados con Él y afiánzate en la sabiduría que has adquirido investigando y practicando lo escrito en los evangelios. 


El JUEVES SANTO 

dedícalo a contemplar la inmensa misericordia que te revela Dios en la persona del Hijo. En la Última Cena Jesús se da a conocer a los suyos, pone sobre la mesa el alimento de la fraternidad universal, revela el misterio de su amor incondicional a la humanidad, da a conocer su amor a todos y su amor a ti. Lo hace con un gesto para el recuerdo y la actualización: toma primero pan y luego vino y dice: “esto es mi cuerpo, y esta es mi sangre, que se dan como comida y bebida; soy yo que me doy a vosotros en un gesto de amor que espero que comprendáis”. 

Lo entenderás mejor si miras como el Señor lava los pies a sus siervos, se inclina y te dice: “sé que eres débil, que tienes momentos de dudas, que a veces das pasos hacia atrás, pero eso te lo perdono, porque he venido no para los perfectos sino para los pecadores”. Si te impresiona este gesto de amor estás dejándole entrar muy dentro de ti; has comprendido que tienes mucho que aprender y recibir de Jesús. ¡Haced esto en memoria mía! Quien se deja tocar por Él, quien se prenda de su persona, se hace discípulo. Si decides hacer lo que Él, repetir en tu vida su memoria, dejarás de ser sólo un bautizado para pasar a otro nivel: el de discípulo, seguidor de sus enseñanzas.


El VIERNES SANTO, 

si has dejado a Jesús entrar en ti y  has hecho un voto de fidelidad a su persona, medita cómo el ser discípulo de Jesús te crea problemas. Y no me refiero sólo a los conflictos con tu entorno (familia, amigos, autoridades, sistema social consumista...) sino contigo mismo. Seguir a Jesús conlleva unas dosis de contradicción interior. Porque la lucha entre las tinieblas y la luz no se da sólo entre Jesús y las autoridades políticas y religiosas de Israel, se da también en el interior de cada persona que se encuentra con Él. No admite componendas y te va a obligar a tomar decisiones nada fáciles para quien está acostumbrado al ritmo de nuestro mundo paganizado.

La noche forma parte de tu proceso espiritual. No olvides que el mayor enemigo de tu crecimiento no son los obstáculos exteriores, sino tú mismo. Dentro de ti se da una confrontación,  un choque entre optar por una vida de perdón total como el de Jesús o bien por la mediocridad de un “nadar y guardar la ropa”, un cristianismo de etiqueta pero sin cambio personal. 

Deberías sentir y obrar de tal manera que mostraras al mundo el mismo porte que Jesús llevando la cruz, para que los que te vean “morir” (me refiero a dar muerte a tu personaje narcisista y prepotente) digan,  como el centurión al ver la paciencia (paz) con que murió Jesús: “Verdaderamente, este era Hijo de Dios”.


El SÁBADO SANTO 

contempla la tumba de Jesús, su “anonadamiento”, su reducción al silencio. 

Mira como desciende a los infiernos, a las zonas más oscuras de tu alma. Déjalo bajar y desciende con Él hasta ahí, a ese lugar que temes, a tus infiernos interiores, tus cobardías, tus miedos, a tus falsedades malamente disimuladas, a la podredumbre de tu tibieza, a tus rencores ocultos; deja que baje a las sombras de tu alma, y ¡qué gran honor!, mira como te tiende su mano para sacarte de ese lugar tan frío e inhóspito para llevarte a su gloria. 

Escúchale: “Por ti he vivido, por ti he pasado multitud de penalidades, he muerto por ti. ¿vas a rechazar la mano que te tiendo?”. Permite que tu alma, acostumbrada a la oscuridad, se acostumbre poco a poco a la luz que Él es. ¡Ven afuera!, te dice, ven a caminar por el nuevo paraíso que he creado para ti; ¡pasa al banquete de amor de tu Señor!


El DOMINGO DE RESURRECCIÓN 

se disipan las sombras para quien crucificó su carne con Jesús renunciando a todo lo perecedero e impermanente y no se ha resistido a salir de su infierno de pecado. En este día, si has seguido sus pasos, si te has dejado arrastrar a una muerte y una entrega de amor  como la suya, te has ganado el poder aspirar a una resurrección como la suya. Si confías en el poder de su misericordia y te abandonas a ella verás que es posible vivir andando sobre las aguas del mar, sobre los miedos, los problemas, las provocaciones del maligno; lo podrás todo en Él, por Él  y con Él. 

Para quien se adentra en el camino de la conversión sincera, la que toca al corazón, el grito ¡Cristo ha resucitado! no es un eslogan recurrente para una puntual campaña pastoral y misionera, es mucho más: una corriente de vida que fluye por sus venas, un gozo indescriptible, una certeza que disipa todas las dudas. 

Si te sumerges de lleno en el misterio de Cristo haciéndolo tuyo se completa en ti la Pascua; das muerte a tu vieja forma de vida y vives el nacimiento a una vida nueva. 

* * *

No dejes que estos días pasen sin que Cristo pase por ti.

¡Provechosa y Feliz  Semana Santa!

Abril 2023
Casto Acedo

martes, 14 de marzo de 2023

SP.15 "Mira el poder del pecado...-!


¡Ven, Espíritu divino,
...MIRA EL PODER DEL PECADO
CUAN DO NO ENVÍAS TU ALIENTO!"

Trae a  tu memoria a personas a quienes no eres capaz de amar, que te generan aversión o les guardas rencor; personas a las que temes o envidias, y que desprecias en tu corazón.  O piensa en algún acontecimiento reciente que te ha molestado y descolocado especialmente. Eso que te pasó y que te enfadó contigo mismo porque no supiste estar a la latura o/y con otras personas.

¿No te has dado cuenta de que cuando entras en oración e intentas acallarte interiormente lo primero que haces es apartar a un lado las situaciones o personas que te incomodan? Al hacerlo muestras que tu oración no es muy decente. Cuando no encaras el todo de tu vida en la oración haces que ésta sea, más que una medicina terapéutica para tus heridas, un narcótico que oculta o suaviza tu sufrimiento. Así no sólo no sanas sino que empeoras. ¿No te has preguntado nunca por qué no eres feliz a pesar de tus muchos rezos? Indaga y busca el fondo de donde te viene tanta infelicidad. 

“Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12), dices en el Padrenuestro. Es una forma de poner en valor el hecho de que mientras no se active en ti un auténtico espíritu de compasión no hallarás paz en tu corazón. “Porque si no perdonáis, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas" (6,15). No puedes hallar paz ni ser feliz mientras tu corazón guarde rencor, ya sea hacia ti mismo, hacia las situaciones que vives, hacia tu prójimo o hacia Dios.  Paz y guerra no pueden habitar juntas el alma.

* * *

Pero ¿por qué cuesta tanto amar a los enemigos? Quieres perdonar pero no puedes. Quieres cultivar la bondad y crece en ti la maldad, quieres vivir en la virtud, pero lo que te sale es el vicio. Esto es un signo del poder del pecado. Y en la oración de la secuencia, consciente de ese poder, pides al Espíritu Santo que se fije en ese poder que te esclaviza.

“MIRA EL PODER DEL PECADO CUANDO NO ENVÍAS TU AL IENTO! Estas palabras son en sí mismas un gesto de humildad, de reconocimiento de la propia debilidad. Quieres y no puedes amar, perdonar, acoger. Necesitas de Dios. Te das cuenta de que es verdad lo que Jesús dice: “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5), pero si tienes fe, si confías en mi poder “le dirías a aquel monte: ´trasládate desde ahí hasta aquí´, y se trasladaría. Nada te sería imposible” (Mt 17,20).

No dejes de pedir a Dios su poder; pero por su orden: primero haz un buen examen de tu vida; luego pon ante Él tu pecado y dile “mira hacia donde me ha llevado mi ira,  mi envidia, mi pereza, mi avaricia, etc.; busqué la vida por caminos equivocados que sólo me han conducido a la muerte; y ahora me encuentro exhausto, agotado, asfixiado, ¡oh, Señor, envía tu Espíritu, sé tú el aliento de mi alma!”  

No eres tú quien con tus solas fuerzas lograrás verte libre de pecado. ¿Quién, entonces, te librará de este cuerpo de muerte? (Rm 7,24). El Espíritu acude en ayuda de tu debilidad (Rm 8,25). El Espíritu vendrá a ti e iniciará en tu corazón un movimiento de amor capaz vencer al maligno; porque al odio sólo se le vence al amor. “Así como el agua mata al fuego -dice san Juan de Dios- así el amor de caridad al pecado”. Quien se confía al amor del Espíritu Santo “no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza (Sal 126,5b)

Sin tí no puedo hacer nada, Señor. Contigo todo lo puedo. ¡Ven, Espíritu Santo!.

* * *



MEDITACIÓN 

1. Comienza sentándote en la postura adecuada, relaja tu cuerpo, tu mente, tu ánimo y tu voluntad, dando largas a todo lo que te pone nervioso. Nada de lo que te inquieta es de Dios; déjalo ir.

2. Haz tuya la oración de ofrecimiento de tu meditación: "Señor y Dios mío, 
 ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria a Ti por siempre, 
Señor del universo. Amén".
1. Trae a tu memoria alguna persona que te incomode, te resulte molesta o que crees que te odia. O recuerda alguna situación desagradable que quieres olvidar y te cuesta. ... Observa cómo en tu relación con esa persona o acontecimiento es el pecado el que ha tomado las riendas. Tus pensamiento suelen arrojar más leña al fuego, más basura a lo que sientes de esa persona o piensas de ese acontecimiento. ... No te dejes llevar por tus sentimientos,  no arrojes lejos e ti ni a las personas ni a los hechos que te obsesionan.

2. Céntrate en una persona o hecho. No rehúyas la mirada directa. Dejando a un lado lo ocurrido entre vosotros, intenta enviar un rayo de amor a la persona que rechazas; o a ti mismo en la situación que no aceptas. ... Vas a decir al Espíritu. "Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento!" .

3. Oye ahora la voz de Jesús: "Sin mí no puedes hacer nada ... Conmigo lo puedes todo" ... Luego, repite con san pablo : "Todo lo puedo en aquel que me conforta" (Flp 4,13) ... Con el Espíritu, con Dios, "mira", contempla la fuerza del pecado... cómo te lleva a donde no quieres ir; y cómo con Dios vuelves a tu centro, y vas aceptando la situación que te preocupa o relajando la tensión que te genera la persona a la que odias. Todo fluye adecuadamente cuando dejas pasar por ti el amor de Dios. Observa como arraiga en tus entrañas y deja que fluya hacia fuera, que envuelva incluso aquello que antes te costaba amar... Sé consciente de como  a medida que tu compasión se expande se va debilitando el poder del pecado, tu tendencia a alimentar el odio .

4. Espíritu Santo y Amor de Dios son una misma cosa. Lee estas palabras de san Pablo en esa clave: 
"El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta: no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca." (1 Cor, 13,5-7)

5. Puedes terminar escuchando el mismo  Himno al amor musicalizado. Y no olvides que "el amor todo lo puede ...y no pasa nunca". Cuando permites que en la oración, en los sacramentos o en la práctica de misericordia el Espíritu en tu alma, todo lo puedes. Con Dios todo es posible.

6. Al terminar la oración toma nota de las mociones (sentimientos, anhelos, deseos profundos...) que hayas sentido en ella. Dios habla en la experiencia. 

Marzo, 2023

Casto Acedo.


Eucaristía y contemplación

Transcribo al blog este excelente texto de Rainiero Cantalamessa sobre la Eucaristía y la contemplación. Los conceptos en que se expresa son muy teológicos, pero no por ello poco profundos. Merece la pena leerlo detenidamente.

Eucaristía y contemplación[1]

Eucaristía y contemplación han sido vistas a veces como dos vía distintas y casi paralelas a la  perfección cristiana. La primera es conocida como vía mistérica,  u objetiva, que da el primado al os sacramentos (misterios) y, sobre todo, a la Eucaristía; la segunda se le conoce como vía mística, o subjetiva, que da el primado a la contemplación. Se dice que la espiritualidad patrística (época ortodoxa) se ha mantenido más en los misterios, mientras que la espiritualidad moderna (occidental), influenciada por algunos místicos modernos se fundamenta más en la contemplación o vida de oración.

Creo que ha llegado el momento de redescubrir la síntesis que hasta los umbrales de la época moderna ha existido sobre este punto, y que por diversas razones se ha ido perdiendo. En la base de todo está la vida sacramental, "los misterios”,  que nos ponen en contacto  inmediato y objetivo con la salvación obrada por Dios en Cristo Jesús. Pero por sí solos estos no bastan para hacer progresar en el camino espiritual; es necesario  que a la vida sacramental se añada una vida interior o de contemplación. La contemplación es el medio por el que nosotros “recibimos”, en sentido fuerte, los misterios, el medio por el que los interiorizamos y nos abrimos a su acción; la contemplación es el equivalente de los misterios en el plano existencial y subjetivo; es una forma de permitir a la gracia, recibida en los sacramentos, plasmar nuestro universo interior, es decir, nuestros pensamientos, nuestros afectos, la voluntad, la memoria.

Sólo después de que la vida divina, llegada  a nosotros a través de los sacramentos, ha sido asimilada en la contemplación, podrá expresarse también en las acciones, es decir, en el ejercicio de las virtudes, y sobre todo en la caridad. Del mismo modo que no hay una acción humana que no se desprenda de un pensamiento (y si la hay, no tiene valor alguno o es muy peligrosa), tampoco hay una virtud cristiana que no brote de la contemplación. Escribe san Gregorio de Nisa: “Hay tres cosas que manifiestan y distinguen  la vida del cristiano: la acción, la manea de hablar y el pensamiento. De ellas ocupa el primer lugar el pensamiento; viene en segundo lugar la manera de hablar,  que descubre y expresa con palabras  el interior de nuestro pensamiento; en este orden de cosas, el pensamiento, al pensamiento y a la manera de hablar sigue la acción,  con lo cual se pone por obra lo que antes se ha pensado. Siempre, pues, que nos sintamos impulsados a obrar, pensar o hablar, debemos procurar que todas nuestras palabras, obras y pensamientos tiendan a conformarse con la norma divina del conocimiento de Cristo, de manera que no pensemos, digamos ni hagamos cosa alguna que se aparte de esta regla”.[2]

La contemplación es, pues, la vía obligada para pasar de la comunión con Cristo en la misa o de  la adoración eucarística,  a la imitación de Cristo en la vida. Por ello, del mismo modo que en el Vaticano II se habla de una universal vocación a la santidad de todos los bautizados[3], así también se debe hablar de una llamada universal de todos los bautizados a la contemplación. La vía de la perfección cristiana va de los misterios a la contemplación y de la contemplación a la acción. Estos tres elementos, unidos, forman un único camino de santidad abierto a todos los bautizados. En sí mismo, el “primado de la contemplación” sobre la acción no quiere decir que la contemplación sea “más grande” que la práctica de las virtudes y que la vida activa, sino que está “antes”, es su fuente.



* * *

Para asimilarnos a Cristo no basta con comer su cuerpo y beber su sangre; es necesario también contemplar este misterio. Existe una gran afinidad entre la eucaristía y la encarnación. En la encarnación –dice san Agustín- “María concibió el Verbo antes en la mente que en el cuerpo”. La Virgen María fue más dichosa recibiendo la fe de Cristo que concibiendo la carne de Cristo. Es más, añade, tampoco hubiera aprovechado nada el parentesco material a María si no hubiera sido más feliz por llevar a Cristo en su corazón que en su carne.[4]

Así pues, María, después de la encarnación, estaba llena de Jesús no solo en su cuerpo, sino también en su espíritu; estaba llena de Jesús porque pensaba en Jesús, esperaba en Jesús (¡y cómo lo esperaba!), amaba a Jesús. Como cualquier mujer que “espera” un niño, pero en mediada mucho más perfecta, estaba toda ella centrada y recogida en sí misma. Sus ojos miraban más hacia dentro que hacia fuera, porque dentro estaba su tesoro, dentro llevaba el dulce secreto que la dejaba sorprendida y sin palabras. María, por su parte –está escrito en el evangelio de Lucas- guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19). En esto ella se nos propone como el modelo más perfecto de lo que entendemos por contemplación eucarística: así debe ser el cristiano que acaba de recibir a Jesús en la Eucaristía. También él debe acoger a Cristo en su mente, después de haberlo acogido en su cuerpo (concebir significa acoger dentro de sí). Y acoger a Cristo en la mente significa, concretamente, pensar en él, tener la mirada dirigida hacia él, acordarse de él. Es precisamente esta una palabra-clave para nuestra meditación; acordarnos de Cristo, hacer memoria de Él.

Al Instituir la Eucaristía, Jesús consagró estas palabras: “haced esto en memoria mía” (Lc 22,19). En sentido teológico esta memoria o memorial, consiste en hacer memoria de Jesús, e invitar al Padre a recordar todo aquello que Jesús ha hecho por nosotros. Es como si Jesús, al decir “haced esto en memoria mía” estuviera diciéndonos: “Haced esto para que el Padre se acuerde de mí”; como si recordando el amor de Jesús en la Cruz dijéramos al Padre: ¡Padre, nosotros somos débiles, no podemos con el peso de nuestros pecados,  pero acuérdate de todo lo que tu Hijo Jesús ha hecho por nosotros, y ten piedad! Como se dice en la liturgia eucarística: “Acuérdate de todos aquellos por quienes se ofrece este sacrificio”, “Acuérdate, Señor, de tu Iglesia”.



Pero la invitación a hacer memoria eucarístico no sólo se refiere a Dios (sentido teológico); también se refiere a nosotros (sentido antropológico): recordar lo que ha hecho Jesús, no ya al Padre, sino a nosotros mismos. Acordarnos nosotros de Él. Es lo que se expresa en la Eucaristía inmediatamente después de la consagración: “Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo…”. Debemos valorar adecuadamente el potencial que encierra este recuerdo de Jesús. Es importante hacerlo a menudo. “Dulce es el recuerdo de Jesús que otorga el verdadero gozo del corazón”, dice un canto litúrgico.[5] El recuerdo, al asomarse a la mente, tiene el poder de catalizar todo nuestro mundo interior y arrastrarlo hacia ese objeto del recuerdo, especialmente cuando no se trata de una cosa sino de una persona, y de una persona amada.

La memoria es una de las facultades más misteriosas y grandiosas del espíritu humano. San Agustín escribió cosas muy hermosas sobre la memoria, que para él era incluso signo y vestigio de la Trinidad: “ Grande es esta virtud de la memoria, grande sobremanera. Dios mío, penetral amplio e infinito. ¿Quién ha llegado a su fondo? En cierto modo, ella hace sentir vértigo… Desde que te conocí, permaneces en mi memoria, y aquí  te hallo cuando me acuerdo de ti y me deleito en ti”.[6] Recordar viene el latín recordare  y significa, literalmente, hacer presente de nuevo (re) en el corazón (cor). Por lo tanto, no se trata solo de una actividad de la inteligencia, sino también de la voluntad y del corazón; recordar es pensar con amor.

Haced esto en memoria mia. Los padres de la Iglesia consideraban que el fruto de la eucaristía no es otro que la memoria continua de Jesucristo. Por medio de ese recuerdo constante Dios establece su morada en el templo que es el alma haciéndola templo suyo. La contemplación asidua de este misterio es clave en la vida cristiana; se trata de contemplar (hacer memorial, actualizar) el misterio del amor que es la Eucaristía. Cuando tu pensamiento-memoria se mantiene unido a Cristo, también tu lengua y tus obras (virtudes) lo estarán. El espíritu contemplativo impregna entonces todo tu ser.

R. CANTALAMESA



[1] Extracto con ligeras variaciones de R. CANTALAMESSA, La Eucaristía, nuestra santificación,  pgs. 67-75

[2] SAN GREGORAO DE NISA: Tratado sobre el perfecto modelo del cristiano;:  PG 46,283s.

[3] Cf Lumen Gentium,  39-40.

[4] Cf SASN AGUSTIN, Sobre la santa virginidad, 3; PL 40,398.

[5] Himno Iesus dulcis memoria

[6] Confesiones, X, 8-24

sábado, 11 de febrero de 2023

SP. 13 Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.

Hace tiempo que no encontraba momento ni inspiración para seguir con mis comentarios a la Secuencia de Pentecostés. Abordo aquí el verso en el que se pide la Luz de Dios a fin de iluminar las oscuridades del alma.


¡Ven, Espíritu divino,
... ENTRA HASTA EL FONDO DEL ALMA, 
DIVINA LUZ, Y ENRIQUÉCENOS!

Solemos vivir en la superficialidad, ocupados en distraernos cada día con algo, pasando la vida sin entrar a fondo en ella. Sólo cuando surge un contratiempo serio (enfermedad, decepción, pérdida, etc.) tocamos fondo y nos preguntamos sobre el sentido de la vida, el por qué y para qué de todo. 

Al invocar al Espíritu Santo para que se adentre hasta el fondo de mi alma estoy pidiendo respuestas a preguntas que tarde o temprano afloran: ¿Quién o qué soy? ¿Porqué y para qué vivo? ¿Cuál es el destino último de mi vida? ¿Por qué el dolor y el sufrimiento? Rehúyo con frecuencia responder estas cuestiones, pero llegan momentos en los que se hace inevitable encontrar una respuesta so pena de caer en el vacío, el absurdo, el sinsentido o la depresión del ánimo.

Cuando la noche se apodera del alma y el pábilo vacilante de la fe amenaza con apagar la esperanza parece instintivo volverse a Dios. "¡Ven, Espíritu divino, entra hasta el fondo del alma!", sopla en sus rescoldos y aviva el fuego de tu amor en mi! 

El Espíritu ya te ha escuchado y te ha respondido en la Palabra inspirada. En ella lo tiene ya todo dicho. Puedes acudir a ella para remover las cenizas de tu interioridad y ver su estado mortecino. “La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta” (Hb 4,12-13). Cuando la Palabra de Dios alcanza los tuétanos de mi yo más profundo me permite verme a mí mismo tal como soy: una pobre persona cegada por la soberbia. ¿Quién me librará de esta oscuridad?  

"Dios es la luz y el objeto del alma. Cuando ésta no la alumbra, a oscuras está, aunque la vista tenga muy subida. Cuando está en pecado o emplea el apetito en otras cosas, entonces está ciega" (San Juan de la Cruz, Ll 3,70). La antorcha de la Palabra inspirada es una herramienta privilegiada con la que el Espíritu accede a las profundidades del alma y pone en ella la claridad que anhela. 

“Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 118,105). La luz del Espíritu que arde en la Palabra alumbra "las profundas cavernas del sentido". "Estas cavernas son las potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad; las cuales son tan profundas cuanto de grandes bienes son capaces, pues no se llenan con menos que infinito" (Ibid Ll 3,18). Dice el dominico J. Taulero que Dios no puede resistirse al vacío. Dios se ve atraído irresistiblemente por un alma libre de posesiones, orgullo y hostilidad. Purificadas, vacías o silenciadas las potencias, Dios ocupa todo el espacio del alma, quedando ésta llena del  "Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son luz y fuego de amor en ella" (Ibid Ll 3,80).

¿Hay mayor riqueza para un alma enamorada que hacerse luz con la Luz del Amado? 

* * *

La poesía de san Juan de la Cruz describe de modo insuperable esta experiencia del amor que enciende e ilumina el hondón del alma hasta hacer de ella una sola cosa en Dios:

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!
Que a vida eterna sabe
y toda deuda paga ;
matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

!Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras.

Recitar este poema con el corazón puesto en Dios es toda una oración. Recitarlo pausadamente y meditarlo con detenimiento puede abrir las puertas de la contemplación. 


MEDITACIÓN 

No olvides comenzar ofreciendo tu oración para bien de todos y de todo: 

"Señor y Dios mío, 
 ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria a Ti por siempre, 
Señor del universo. Amén".

1. Como siempre, relaja tu cuerpo en la postura más adecuada para la quietud,  y descarga tu alma de  pensamientos, emociones, deseos. Hazte presente a ti para estar con Él. 

2.  Recita pausadamente el poema de san Juan de la Cruz "Oh llama de amor viva" y déjate cautivar. Ahí donde te sientas interpelado párate y repite; deja que tu imaginación y tu corazón vayan y vengan sobre lo que te ha conmovido.

3. Silénciate y contempla el contraste de tus oscuridades con esa Luz que se te regala. Permite que alcance la hondura de tu alma, ahí "donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos"... Deja que al Amor de Dios juzgue "los deseos e intenciones de tu corazón".  Nada se le oculta. Déjate mirar por Dios. Abandónate a su mirada misericordiosa. Sus ojos son luz en los que puedes ver tus sombras y recuperar una visión nueva.

4. Sintiendo los ojos misericordiosos de Dios, plegándote a su amor sin medida,  acalla tu mente (ideas, emociones, pulsiones) y haz silencio al ritmo de tu respiración apoyado en la frase: ¡ENTRA HASTA EL FONDO DE MI ALMA, DIVINA LUZ, Y ENRIQUÉCELA! (Permanece en oración al menos quince minutos)

4. Puedes terminar escuchando e interiorizando el canto  de Amancio Prada,  Oh llama de amor viva. 

Febrero, 2023

Casto Acedo

lunes, 30 de enero de 2023

Oración con "lectio divina". Bienaventuranzas.


1. LECTIO (Lectura).

* Lee detenidamente el texto de Mt 5, 1-12a. (Puede servirte de orientación algún comentario sobre él. V.g.  https://trujillanos-sanpedro.blogspot.com/2023/01/evangelio-mt-51-12a-en-aquel-tiempo-al.html)

* El texto de las bienaventuranzas se pronuncia en el Contexto del Sermón del monte, donde se expone lo esencial del mensaje de Jesús.

* No lo leas ni interpretes las bienaventuranzas como un resumen de "moral" (¡tengo que ... ser pobre, trabajar por la paz, luchar por la justicia, sentir y llorar los sufrimientos ajenos, etc)., sino como una proclamación de que Dios está con quienas se identifican con estas sentencias de felicidad.

* Tras silenciarte y ofrecer tu oración "para "gloria de Dios, bien de los hermanos y beneficio de toda la creación", relájate, hazte presente y abre tus oídos a la escucha.

*Lee sin prisas, dejando que cada palabra empape tu alma...

"En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,  porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,  porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

2. MEDITATIO (Meditación)

*Elije el versículo o la frase que más te haya llamado, la que más te haya interpelado,  la que más al descubierto haya puesto tu vida ... Y mírala poniendo la mirada en  Jesús... Ten en cuenta que las bienaventuranzas son un "retrato del Maestro"... Puedes traer a tu imaginación eso que te ha tocado y ha despertado tu atención, y aplícalo a Jesús en comparación contigo... Mira si, viéndolo a Él,  te sientes llamado a interiorizar y vivir la bienaventuranza que eliges; hazlo siempre sintiendo el amor de Jesús.... El ha vivido y vive esa bienaventuranza, y con él tú puedes vivirla.

*Vuelve una y otra vez sobre la frase elegida;  deja que la frase-enseñanza que centra tu meditación se convierta en latido de tu corazón...

3. ORATIO (Oración) 

*No pongas pegas a que la palabra que has elegido  desnude tu alma despojándote de tus máscaras (miedos, infidelidades, equivocaciones, ignorancias...). ... Permite que tu corazón se conmueva ante "el bienaventurado" por excelencia que es Jesús... Déjate seducir por Él,  descansa en sus brazos.

4. CONTEMPLATIO (Contemplación) 

*Si paran los discursos de tu mente y los sentimientos de tu corazón y te invado un estado de "sólo presencia" déjate estar en él sin juicios ni miedos. ... No busques  ni aspires a esto, sólo dale la bienvenida a ese estado, acógelo si Dios te lo concede.

* * *
Termina tu oración poniendo ante Dios tus mejores  deseos para ti, para el prójimo y para todo, en forma de peticiones ; o da gracias; o alaba a Dios por su inmenso amor.

Y puedes ahora anotar en tu cuaderno lo que te ha impactado, lo que te ha dicho, lo que has vivido, lo que piensas, tanto del tema como del momento de oración.

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Casto Acedo