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lunes, 23 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 43

 

43.

QUE EL HOMBRE HA DE PERDER LA CONCIENCIA RADICAL DE CONCENTRACIÓN EN SU PROPIO SER, SI ES QUE QUIERE LLEGAR A LAS ALTAS CIMAS DE LA CONTEMPLACIÓN EN ESTA VIDA

Sé cauto al vaciar tu mente y tu corazón de todo excepto de Dios durante el tiempo de esta obra. Rechaza el conocimiento y la experiencia de todo lo que es inferior a Dios, dejándolo bajo la nube del olvido. Y has de aprender también a olvidar no sólo a toda criatura y sus obras sino también a ti mismo, juntamente con cuanto has hecho por el servicio de Dios. Pues un verdadero amante no sólo quiere a su amado más que a si mismo sino que en cierto sentido se olvida de si mismo en relación al único que ama.[1]

Y esto es lo que has de aprender a hacer. Has de llegar a abominar y detestar todo lo que ocupa tu mente excepto a Dios, pues todo es un obstáculo entre él y tú. Apenas si te ha de extrañar el que llegues a odiar el pensar sobre ti mismo en vistas a tu mayor comprensión del pecado. Esta mancha fétida y detestable llamada pecado no es sino tú mismo, y aunque no lo consideres con todo detalle, ahora sabes que es parte y parcela de tu mismo ser y algo que te separa de Dios.

Rechaza, pues, el pensamiento y la experiencia de todas las cosas creadas, pero aprende más especialmente a olvidarte de ti mismo, ya que todo tu conocimiento y experiencia depende del conocimiento y sentimiento de ti mismo. Todo lo demás se olvida fácilmente en comparación con uno mismo. Comprueba si la experiencia no me da a mí la razón. Aun mucho después de haberte olvidado con éxito de las criaturas y de sus obras, te darás cuenta de que un elemental conocimiento y sentimiento de tu ser sigue permaneciendo entre ti y Dios. Créeme, no serás perfecto en el amor hasta que esto sea también destruido.

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NOTAS


[1] “La afición y asimiento que el alma tiene a la criatura iguala a la misma alma con la criatura, y cuanto mayor es la afición, tanto más la iguala y hace semejante, porque el amor hace semejanza entre lo que ama y es amado. Que por eso dijo David (Sal. 113, 8), hablando de los que ponían su afición en los ídolos: ´Sean semejantes a ellos los que ponen su corazón en ellos. Y así, el que ama criatura, tan bajo se queda como aquella criatura, y, en alguna manera, más bajo; porque el amor no sólo iguala, mas aun sujeta al amante a lo que ama. Y de aquí es que, por el mismo caso que el alma ama algo, se hace incapaz de la pura unión de Dios y su transformación; porque mucho menos es capaz la bajeza de la criatura de la alteza del Criador que las tinieblas lo son de la luz. ... Así como no comprehende a la luz el que tiene tinieblas, así no podrá comprehender a Dios el alma que en criaturas pone su afición; de la cual hasta que se purgue, ni acá podrá poseer por transformación pura de amor, ni allá por clara visión. Y para más claridad, hablaremos más en particular. (San Juan de la Cruz, 1 Subida 4,3)

* ¨No puede dejar de desear el alma enamorada la paga y salario de su amor, por el cual salario sirve al Amado, porque, de otra manera, no sería verdadero amor. El cual salario y paga no es otra cosa, ni el alma puede querer otra, sino más amor, hasta llegar a estar en perfección de amor, el cual no se paga sino de sí mismo, según lo dio a entender el profeta Job (Jb 7, 2) por estas palabras, diciendo: ...  ´Como el ciervo desea la sombra y como el mercenario espera el fin de su obra, así yo también tuve los meses vacíos y contaba las noches trabajosas y prolijas para mí. Si me acostare a dormir, diré: ¿cuándo llegará el día en que me levantaré? Y luego volveré a esperar la tarde, y seré lleno de dolores hasta las tinieblas de la noche´. De esta manera, el alma que anda estando encendida en amor de Dios, desea el cumplimiento y perfección del amor para tener allí cumplido refrigerio... El alma que ama a Dios no ha de pretender ni esperar otra cosa de él sino la perfección del amor. (Ibid Cántico,  9,6)

* ¨El endiosamiento y levantamiento de mente en Dios, en que queda el alma como robada y embebida en amor, toda hecha en Dios, no la deja advertir a cosa alguna del mundo; porque no sólo de todas las cosas, mas aun de sí queda enajenada y aniquilada, como resumida y resuelta en amor, que consiste en pasar de sí al Amado” (Ibid 26,14)

Septiembre 2024

C.A.

martes, 17 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 42

42

QUE NO TENIENDO MODERACIÓN EN LA CONTEMPLACIÓN, EL HOMBRE PUEDE LLEGAR A LA PERFECTA MODERACIÓN EN TODO LO DEMÁS [1]

Quizá estés preguntándote ahora cómo determinar la medida adecuada en la comida, la bebida, el sueño y demás. Te contestaré brevemente: conténtate con aceptar las cosas según vienen. Si te entregas generosamente a la obra del amor, estoy seguro de que sabrás cuándo has de comenzar y terminar cualquier otra actividad. No puedo creer que una persona entregada con toda su alma a la contemplación pueda errar por exceso o por defecto en estos asuntos externos, a menos que sea una persona que siempre yerre.

¡Ojalá yo pudiera estar siempre preocupado y ser fiel a la obra del amor en mi corazón! Dudo que entonces me preocupase mucho de mi comida, bebida, sueño y conversación. Pues ciertamente se consigue antes moderación en estas cosas por despreocupación de las mismas que a través de una introspección angustiosa, como si esta ayudara a determinar la medida adecuada. Con seguridad nada de lo que haga o diga puede realmente conseguirlo. Que otros digan lo que quieran; la experiencia es mi testigo.

Por eso te digo, una vez más, eleva tu corazón con un ciego impulso de amor, consciente ora del pecado, ora de Dios, deseando a Dios y detestando el pecado. A este lo conoces demasiado bien, pero tu deseo tiende hacia Dios. Pido que el buen Dios venga en tu ayuda, pues al llegar a este punto le necesitarás muchísimo

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NOTAS

[1] ¿De fuera hacia dentro?  ¿O de dentro hacia fuera? ¿Llegar a la moderación (medida justa) en la vida -en el caso concreto que se menciona: moderación en la comida y en la bebida- imponiéndome una disciplina exterior o simplemente cultivando mi interior?. Si aplicamos aquí el texto evangélico que habla de las intenciones de corazón  indicando que de dentro,“del corazón salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias. Estas cosas son las que hacen impuro al hombre” (Mt 15,18), podemos también decir que las cosas que hacen puro al hombre, es decir la moderación en las costumbres, salen también de dentro. Y de esta conclusión sobre  la importancia de la exterioridad y la interioridad extraemos  unas lecciones interesantes:

1) La primera es que si queremos moderación y finura exterior debemos comenzar por serenar y pulir lo interior: ”Si te entregas generosamente a la obra del amor, estoy seguro de que sabrás cuándo has de comenzar y terminar cualquier otra actividad”.

2) La segunda enseñanza es que observando tu moderación exterior puedes discernir tu estado espiritual interior: “No puedo creer que una persona entregada con toda su alma a la contemplación pueda errar por exceso o por defecto en estos asuntos externos”. 

3) Una tercera enseñanza  es que cuando se quiere conseguir la moderación exterior recurriendo a la culpabilidad o autocondena, “a través de una introspección angustiosa”, se fracasará en el intento.

4) Finalmente, como cuarta enseñanza tenemos la conclusión del autor de la Nube: lo importante es dedicar el tiempo y las energías a la contemplación para alcanzar amor: “eleva tu corazón con un ciego impulso de amor”; o dicho en lenguaje más bíblico: "Busca primero el reino de Dios y su justicia; y todo lo demás se te dará por añadidura" (Mt 6,33)

Septiembre 2024
C. A.

lunes, 2 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 41


41.

 QUE EN TODO, EXCEPTO EN LA CONTEMPLACIÓN, LA PERSONA HA DE SER MODERADA

 Si me preguntas ahora qué clase de moderación has de observar en la obra de la contemplación, te responderé lo siguiente: ninguna. En todo lo demás, como el comer, beber y dormir, la moderación es la regla. Evita los extremos de calor y frío; guárdate contra el exceso por más o por menos en la lectura, la oración o el compromiso social. En todas estas cosas, repito, sigue el sendero del medio.[1] Pero en el amor no guardes medida. En realidad, desearía que nunca cesaras en esta obra del amor.

Has de darte cuenta, en efecto, de que en esta vida te será imposible continuar en esta obra con la misma intensidad durante todo el tiempo. La enfermedad, los achaques del cuerpo y del espíritu y otras innumerables necesidades de la naturaleza te dejarán indispuesto y apartado de sus alturas. Al mismo tiempo, sin embargo, te aconsejo que te mantengas siempre con buen ánimo y si quieres, con alegría. Lo que quiero decir es que con el deseo puedes permanecer en ella aun cuando interfieran otras cosas.

Por amor de Dios, evita, pues, la enfermedad en cuanto te sea posible, a fin de que no seas responsable de una enfermedad innecesaria. Te hablo seriamente cuando digo que esta obra exige una disposición relajada, sana y vigorosa tanto de cuerpo como de espíritu. Por amor de Dios, disciplínate en el cuerpo y en el espíritu a fin de mantener tu salud el mayor tiempo posible.

 Pero si, a pesar de tus mejores esfuerzos, la enfermedad te domina, sé paciente en soportarla y espera con humildad la misericordia de Dios.[2] Esto basta. En efecto, tu paciencia en la enfermedad y en la aflicción puede ser a menudo más grata a Dios que los tiernos sentimientos de devoción en tiempos de salud

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NOTAS 


[1] Es curioso que Nube cite el "sendero del medio", una expresión esta muy budista. Ya comentamos que este "en medio" era una invitación a no fijar la mirada en quien va más adelante que nosotros (en este caso de la moderación en el comer, el beber y el trabajo físico o entrega al servicio del prójimo), ni tampoco fijar tu mirada en quien aún no alcanza tu nivel de compromiso. El camino del medio es el de fijarte en ti, en tu momento, y mirarte en Jesucristo y en cómo alimentarte y cuidarte para mejor servirle a él y al prójimo. Desde esa mirada deberías organizarte en el cuidado de tu cuerpo a fin de cultivar la salud física. Pero, como dice Nube a continuación, en el amor no seas moderado.

[2] Cuando se está enfermo es claro que no apetece nada hacer oración contemplativa. No te culpes por ello. ¿Cómo centrarte en tu corazón cuando el dolor apremia? La enfermedad es una prueba de fuego desde la que evaluar el camino espiritual. Y hablo tanto de enfermedades físicas como psicológicas (depresión, desgana, dispersión mental excesiva, etc.). La enfermedad forma parte de las adversidades o cruces de la vida y pueden ayudarnos a tomar conciencia de nuestra debilidad y movernos a la humildad.

Quien lleva una vida ordinaria de oración y contemplación se supone que debería tener ciertos recursos espirituales para sobrellevar la enfermedad. Pero no necesariamente todos serán “faquires” que aguanten estoicamente el dolor. Las hagiografías, biografías de los santos, ofrecen unos testimonios a veces exagerados acerca de ellos afirmando a veces que no dejaban escapar de su corazón ni una queja ante el sufrimiento y el dolor en la enfermedad. Esto puede dar la impresión de que quien es espiritual debe alcanzar una apatía (apatheia, ausencia de pasión) tal que aguante estoicamente todo dolor y sufrimiento. 

No idealices esto. Los santos, como Jesús, tuvieron momentos en los que desahogaron su sufrimiento, aunque l amayor parte de ellos sin llegar a la blasfemia. Y si llegaron no tardaron en pedir perdón.  El mismo Jesús desahogó la incomprensión de su sufrimiento en la cruz: "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46). ¿Acaso piensas que esa expresión fue una ofensa a Dios? No. Más bien fue una confesión de su humanidad. Su corazón se mantuvo firme: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46). 

Cuando llega el sinsentido de la enfermedad pide fuerzas al Espíritu; y si tu mente o tu lengua cae en debilidad aprovecha para hacer un acto de fe y paciencia que te ayudarán a madurar en poco tiempo lo que en un banquito, silla o cojín de meditación te costaría años. 

Y seamos sensibles (empáticos) al sufrimiento de los enfermos, como Jesús, que “tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades” (Mt 8,17). En su Evangelio  del Reino los enfermos ocupan un lugar privilegiado.

Septiembre 2024

C. A

sábado, 24 de agosto de 2024

NUBE DEL NO-SABER 40


40. 
QUE DURANTE LA CONTEMPLACIÓN LA PERSONA DA DE LADO TODA MEDITACIÓN SOBRE LA NATURALEZA DE LA VIRTUD Y DEL VICIO

Como ya he explicado, has de sumergir tu ser en la realidad espiritual significada por la palabra «pecado», no insistiendo, sin embargo, en una clase particular de pecado tal como el orgullo, la ira, envidia, codicia, pereza, gula, lujuria o cualquier otro pecado, sea mortal o venial. Pues, para un contemplativo, ¿qué importa la clase o la gravedad del pecado? A la luz de la contemplación cualquier cosa que le separa de Dios, por leve que sea, aparece como un mal atroz y le roba la paz interior.

Trata de experimentar el pecado como un conjunto de algo, entendiendo que eres tú mismo, pero sin definirlo con precisión. Luego grita en tu corazón esta única palabra: «pecado», «pecado», «pecado», o «socorro», «socorro», «socorro». Dios puede enseñarte lo que quiero decir por medio de la experiencia mucho mejor de lo que puedo hacerlo con palabras. Pues lo mejor es que esta palabra sea totalmente interior sin un pensamiento definido o un sonido real.

En ocasiones, te sentirás tan saturado de lo que es el pecado, que la tristeza y el peso del mismo se extenderá por todo tu cuerpo y alma, hasta llegar a exclamar la misma palabra. Todo esto es igualmente cierto de la palabra «Dios». Sumérgete en la realidad espiritual de que te habla, pero sin ideas precisas de las obras de Dios, sean grandes o pequeñas, espirituales o materiales. No consideres ninguna virtud en particular que Dios pueda enseñarte con su gracia, sea la humildad, la caridad, paciencia, abstinencia, esperanza, fe, moderación, castidad o pobreza evangélica.[1] Porque, en cierto sentido, para el contemplativo todas son lo mismo. Él encuentra y experimenta todas ellas en Dios, quien es la fuente y esencia de toda bondad.

El contemplativo ha llegado a comprender que si posee a Dios, posee todos los bienes, y por eso no desea nada en particular sino sólo al buen Dios mismo. Y tú también debes hacerlo así, en cuanto te es posible con su gracia. Que esta palabra represente para ti a Dios en toda su plenitud y nada más que la plenitud de Dios. Que nada sino Dios predomine en tu mente y en tu corazón. Y dado que, mientras vivas en esta vida mortal, habrás de sentir en alguna medida el peso del pecado como parte y parcela de tu ser, sé lo suficientemente prudente para alternar entre estas dos palabras: «Dios» y «pecado». Acuérdate de este principio general: si posees a Dios te verás libre del pecado, y cuando estás libre del pecado posees a Dios.

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NOTA AMPLIA

[1] Las palabras de este número de Nube sobre las virtudes me recuerdan al texto de Margarita Porete en El espejo de las almas simples, capítulo 6. En un diálogo entre Amor y Alma ésta última incluso llega a decir: “Virtudes, me despido de vosotras para siempre”. Puede que sea esta la principal afirmación que los inquisidores no supieron o no quisieron leer en el sentido que pretendía la autora, lo cual facilitó los argumentos para su condena a muerte por la inquisición en París el año 1310. El texto en cuestión dice así:

Capítulo 6. Cómo el Alma enamorada de Dios, viviendo en paz de caridad, se despide de las Virtudes.

[Amor:] Esta Alma que posee tal amor —dice el propio Amor— puede decirles a las Virtudes que ya ha estado largo tiempo y muchos días a su servicio.

El Alma: Os lo confieso, dama Amor —dice esta Alma—, hubo un tiempo en que lo estuve, pero ahora es otro momento; vuestra cortesía me ha apartado de su servidumbre. Por ello ahora les puedo decir y cantar abiertamente:

Virtudes, me despido de vosotras para siempre,
Tendré el corazón más libre y más alegre,
Serviros es demasiado costoso, lo sé bien,
Puse en otro tiempo mi corazón en vosotras, sin reservas,
Era vuestra, lo sabéis, a vosotras por completo abandonada,
Era entonces vuestra sierva, ahora me he liberado.
Tenía puesto en vosotras todo mi corazón, lo sé bien,
Pues viví por entonces en un gran desfallecer.
Sufrí grandes tormentos mientras duró mi pena,
Es maravilla que haya escapado con vida,
Pero, como es así, poco importa ya: me he separado de vosotras,
Doy por ello las gracias al Dios de las alturas; el día me es favorable,
Me he alejado de vuestros peligros, en los que me hallaba con gran contrariedad.
Nunca fui libre hasta que me desavecé de vosotras;
Partí lejos de vuestros peligros y permanecí en paz.

La afirmación a la que nos referimos choca con la razón lógica de un “buen cristiano”, y así, en la misma obra, capítulo 8, Razón, que es otro personaje en el diálogo lo hace saber a Amor.

Capítulo 8. Cómo Razón se asombra de que esta Alma haya abandonado las Virtudes y cómo lo alaba Amor.

[Razón:] ¡Oh, Amor! —dice Razón que no entiende más que lo basto y deja lo sutil—, ¿qué maravilla es ésta? Esta Alma no tiene ningún sentimiento de gracia ni deseo del espíritu, puesto que se ha despedido de las Virtudes que proporcionan la manera de vivir bien a toda alma buena. Sin las Virtudes nadie puede salvarse ni llegar a la perfección de vida, y quien las posee no puede ser engañado; sin embargo, esta Alma se despide de ellas. ¿No está fuera de sentido el Alma que así habla?

Amor: Ciertamente no —dice Amor—, pues Almas tales poseen todas las Virtudes mejor que cualquier otra criatura, pero ya no las practican, pues no les pertenecen como solían; han estado sujetas a ellas lo suficiente como para ser libres de ahora en adelante.

Razón: ¡Oh, Amor! —dice Razón—, ¿cuándo estuvieron sujetas?

Amor: Cuando permanecieron en el amor y la obediencia a vos, dama Razón y también a las otras Virtudes; y tanto permanecieron que se hicieron libres.

Razón: ¿Y cuándo se hacen libres? —dice Razón.

Amor: Cuando Amor habita en ellas y las Virtudes les sirven sin contradicción y sin esfuerzo de estas Almas.

¡Ay, Razón! Sin duda —dice Amor—, esas Almas que han llegado a ser así de libres han sabido durante largo tiempo lo que suele hacer Dominio; a quienes les preguntasen por el mayor tormento que pueda sufrir una criatura, responderían: permanecer en Amor y estar bajo la obediencia de las Virtudes. Pues es necesario dar a las Virtudes cuanto piden, por mucho que le cueste a Naturaleza. Y resulta que las Virtudes piden honor y haber, corazón, cuerpo y vida; es decir, piden que esas Almas dejen todas esas cosas y aun le dicen a esa Alma, que les ha dado todo esto y no ha retenido nada con que confortar a Naturaleza, que «a duras penas se salva el justo», y por ello esa Alma consternada, que aún está al servicio de las Virtudes, dice que querría verse dominada por Temor y ser atormentada en el infierno hasta el juicio si después había de salvarse

Y esto es verdad —dice Amor—; en una sujeción así vive el Alma sobre la que las Virtudes tienen poder. Pero las Almas de las que hablarnos han puesto en su sitio a las Virtudes, pues estas Almas no hacen nada por ellas. Sino que son las Virtudes las que hacen todo lo que las Almas quieren, sin dominio ni contradicción, pues las Almas son sus dueñas.

El texto es muy sutil. De suyo no menosprecia las virtudes, pero sí que invita a sobrepasarlas en el Amor. Me recuerda al pasaje de san Pablo cuando dice “Así pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta!".(Col 3, 12-14). Observa cómo tras mencionar una lista de virtudes (compasión, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, tolerancia, perdón) acaba poniendo al amor como el ceñidor de todas, “por encima de todo el amor”.

Margarita Porete lo que dice es que, una vez llegado a Amor (unión con Dios), las virtudes no necesitan practicarse porque lo exija Dominio (la ley), otro de los personajes del diálogo, sino que la comunión con el Amado hace que las virtudes se cumplan “sin dominio ni contradicción” sino con amor; el alma es dueña de las virtudes cuando entra en el ámbito del amor de Dios. Cuando dice “virtudes, me despido de vosotras para siempre” lo que está diciendo es que ya no le mueve la ley sino la gracia, el amor de Dios que habita en ella.

La Nube del no saber, en el número que comentamos parece invitar a entender esto: no te enredes en tu oración meditando sobre tal o cual virtud; tampoco sobre tal o cual pecado; deja esto para otro momento; cuando hagas oración contemplativa centra tu atención en “el pecado” o en “Dios”. El "pecado" es uno, más allá de sus concreciones. Y todas las virtudes están en Dios -dice el texto de Nube-; con contemplar a Dios basta.

Si tenemos alguna duda sobre esto podemos hablarlo en el próxinmo encuentro. 

Agosto 2024
C. A.

lunes, 22 de julio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 39

39.

CÓMO ORA EL CONTEMPLATIVO AVANZADO; QUÉ ES LA ORACIÓN; Y QUÉ PALABRAS SON LAS MÁS ADECUADAS A LA NATURALEZA DE LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA

Hemos de orar, pues, con toda la intensidad de nuestro ser en su altura y profundidad, en su largura y anchura. Y no con muchas palabras sino con una palabrita.

Pero ¿qué palabra emplearemos? Ciertamente, la palabra más apropiada es aquella que refleja la naturaleza de la oración misma. ¿Y qué palabra es esa? Bueno, tratemos primero de determinar la naturaleza de la oración y luego quizá estemos en mejores condiciones de decidir.

En si misma, la oración es simplemente una apertura reverente y consciente a Dios, llena del deseo de crecer en bondad y de superar el mal.[1] Y ya sabemos que todo mal, sea por instigación o por obra, se resume en una palabra: «pecado». Por eso, cuando deseamos ardientemente orar para la destrucción del mal no debemos decir, pensar y significar otra cosa que esta palabra: «pecado». No se necesitan otras palabras. Y cuando queramos pedir la bondad, que todo nuestro pensamiento y deseo esté contenido en esta pequeña palabra: «Dios». No se necesita nada más, ni otras palabras, pues Dios es el compendio de todo bien. Él es la fuente de todo bien, pues constituye su verdadero ser.

No te sorprendas de que ponga estas palabras por encima de todas las demás. Si supieras que hay otras palabras más pequeñas y que expresaran tan adecuadamente todo lo que es bueno y malo, o que Dios me hubiere enseñado otras, ciertamente las usaría. Y te aconsejo que tú hagas lo mismo. No te turbes investigando la naturaleza de las palabras, de lo contrario nunca te pondrás a la tarea de aprender a ser contemplativo. Te aseguro que la contemplación no es fruto de estudio sino un don de la gracia.

Aun cuando he recomendado estas dos palabritas, no tienes por qué hacerlas tuyas si la gracia no te inclina a elegirlas. Pero si por la atracción de la gracia de Dios encuentras que tienen significado, entonces fíjalas por todos los medios en tu mente siempre que te sientas arrastrado a orar con palabras, porque son cortas y simples. Si no te sientes inclinado a orar con palabras, entonces olvídate también de estas.

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[1] “La oración propiamente dicha no es otra cosa que un impulso devoto dirigido a Dios para acercarse al bien y apartarse del mal”. Esta definición, que tiene unas connotaciones morales muy acentuadas, contrasta con la sugerente y personal definición que de ella hace santa Teresa de Jesús: “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Vida, 8,5) . Aquí la oración, más que un cambio moral, aspira al  encuentro místico: amistad con quien nos ama. No se desprecia la moral. El amor del amigo sana el corazón, que así  se muestra bondadoso con todos y con todo.

Julio 2024

Casto Acedo

sábado, 13 de julio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 38

38.

CÓMO Y POR QUÉ UNA BREVE ORACIÓN PENETRA LOS CIELOS

¿Por qué supones que esta breve oración es tan poderosa como para penetrar los cielos? Sin duda, porque es la oración de todo el ser del hombre. Un hombre que ora como este, ora con toda la altura y profundidad, la largura y la anchura de su espíritu. Su oración es alta porque ora con todas las fuerzas de su espíritu; es profunda, porque ha reunido todo su pensamiento y comprensión en esta palabrita; es larga, porque si este sentimiento pudiera durar estaría gritando siempre como lo hace ahora; es ancha, porque con preocupación universal desea para todos lo que desea para si mismo.

Con esta oración la persona llega a comprender con todos los santos la largura y la anchura, la altura y la profundidad del Dios eterno, misericordioso, omnipotente y omnisciente, como dice san Pablo[1]. No totalmente, por supuesto, sino parcialmente y de esa manera oscura, característica del conocimiento contemplativo.

La largura habla de la eternidad de Dios, la anchura de su amor, la altura de su poder y la hondura de su sabiduría. No ha de extrañarnos, pues, que cuando la gracia transforma de esta manera a una persona a imagen y semejanza de Dios, su creador, su oración sea oída tan rápidamente. Y estoy seguro de que Dios oirá y ayudará siempre a todo hombre que ore como este; sí, aun cuando sea pecador y, por así decirlo, enemigo de Dios. Pero si su gracia le mueve a lanzar este angustiado grito desde la profundidad y la altura, la largura y la anchura de su ser, Dios le escuchará.

Déjame ilustrar lo que estoy diciendo con otro ejemplo. Imagínate que en medio de la noche oyes gritar a tu peor enemigo con todo su ser «¡Socorro!» o «¡Fuego!». Aun cuando este hombre fuera tu enemigo, ¿no te moverías de compasión por la agonía de ese grito y te lanzarías a ayudarle? Si, por supuesto que lo harías. Y aunque estuvieras en lo más crudo del invierno te apresurarías a apagar el fuego o a calmar su angustia.

¡Dios mío! Si la gracia puede transformar de tal manera a un hombre hasta el punto de poder olvidar el odio y tener tal compasión por su enemigo, ¿qué no deberemos esperar de Dios cuando oiga gritar a una persona desde lo más alto y más bajo, desde lo largo y ancho de su ser? Pues Dios es por naturaleza la plenitud de cuanto nosotros somos por participación.[2] La misericordia de Dios pertenece a la esencia de su ser; por eso decimos que es todo misericordia. Con toda seguridad, pues, podemos esperar confiadamente en él.

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[1] Dice san Pablo en su carta a los Efesios: “Doblo las rodillas ante el Padre,  de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra,  pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior;  que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. (Ef 3,16-20). ¿Qué quiere decir las expresiones que señalo en negrita y a las que se remite el texto de Nube?.

Abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo  es una metáfora que pretende explicar la totalidad del amor de Cristo, así como la plenitud de vida en Él, invitando a los creyentes a sumergirse completamente en esta experiencia espiritual.

El amor de Cristo es vasto e incomprensible en todas las dimensiones posibles. No se puede medir ni limitar; abarca todo lo imaginable y más allá. En él está la plenitud de la experienica cristiana. Al mencionar las cuatro dimensiones (ancho, alto, largo, profundo), San Pablo sugiere que la vida en Cristo y el conocimiento de su amor son experiencias completas y totales. Abarcan todas las áreas de la vida y del ser humano. "La largura habla de la eternidad de Dios, la anchura de su amor, la altura de su poder y la hondura de su sabiduría", dice el autor de la Nube. Plenitud del encuentro amoroso con Dios:

1. *Encuentro con Dios Padre nuestro todopoderoso que está en el cielo (altura);
2. * Encuentro con Jesucristo, el Hijo, presente en el mundo en los hermanos (anchura).
3. *Encuentro con el Dios de Jesús en el presente de una esperanza abierta al futuro en perseverancia y paciencia (largura).
4. *Y, en fin, encuentro con el Espíritu divino que habita en la propia interioridad humana; como dice san Agustín: Dios es interior intimo meo (más interior a mí que yo mismo; profundidad).

[2]  O sea que si Dios es misericordia también nosotros lo somos por participación. La misericordia también pertenece a la esencia de nuestro ser. El vacío interior sólo lo puede llenar la misericordia divina. Participar del amor misericordioso de Cristo, hacerlo mío, es el misterio al que apunta el silencio meditativo, y es la clave del sentido de la vida.

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Julio 2024

C.A

lunes, 8 de julio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 37

37.

DE LA ORACIÓN PERSONAL PROPIA DE LOS CONTEMPLATIVOS

El experto contemplativo, pues, no depende del razonamiento discursivo del mismo modo que los principiantes y los poco avanzados. Sus conocimientos surgen espontáneamente sin la ayuda del proceso intelectual, como intuiciones directas de la verdad.

Algo similar puede decirse también de su oración. Hablo de su oración personal, no del culto litúrgico de la Iglesia, aunque no quiero dar a entender que se desprecia la oración litúrgica. Por el contrario, el verdadero contemplativo tiene la más alta estima de la liturgia y es cuidadoso y exacto en su celebración, siguiendo la tradición de nuestros padres.

Pero estoy hablando ahora de la oración privada y personal del contemplativo. Esta, lo mismo que su meditación, es totalmente espontánea y no depende de métodos específicos de preparación. Los contemplativos raras veces oran con palabras, y si lo hacen, son pocas. En realidad, cuanto menos mejor. Y además una palabra monosílaba es más adecuada a la naturaleza espiritual de esta obra que las largas. Pues desde ahora el contemplativo se ha de mantener continuamente presente en el más profundo e íntimo centro del alma.[1]

Déjame ilustrar lo que digo con un ejemplo tomado de la vida real. Si un hombre o mujer, aterrorizado por un repentino desastre, toca el límite de sus posibilidades personales, concentra toda su energía en un gran grito de auxilio. En circunstancias extremas como esta, una persona no se entrega a muchas palabras, ni siquiera a las más largas. Por el contrario, reuniendo toda su fuerza, expresa su desesperada necesidad en un grito agudo: «¡Socorro!". Y con esta exclamación suscita efectivamente la atención y la asistencia de los demás.

De manera semejante, podemos entender la eficacia de una palabrita interior, que no llega a pronunciarse o pensarse, pero que surge desde lo hondo del espíritu de un hombre y que es la expresión de todo su ser.[2] (Por lo hondo o profundidad entiendo lo mismo que altura, pues, en el ámbito del espíritu, altura y profundidad, largura y anchura, es lo mismo). Por eso esta simple oración que prorrumpe desde lo hondo de tu espíritu mueve el corazón de Dios todopoderoso con más seguridad que un largo salmo recitado mecánicamente en voz baja. Este es el significado de aquel dicho de la Escritura: «Una breve oración penetra los cielos».[3]

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NOTAS 

[1] “... Es de saber que el alma, en cuanto espíritu, no tiene alto ni bajo, ni más profundo, ni menos profundo en su ser, como tienen los cuerpos cuantitativos; que, pues en ella no hay partes, no tiene más diferencia dentro que fuera, que toda ella es de una manera y no tiene centro de hondo y menos hondo cuantitativo; porque no puede estar en una parte más ilustrada que en otra, como los cuerpos físicos, sino toda en una manera, en más o en menos, como el aire que todo está de una manera ilustrado y no ilustrado en más o en menos...”

“... En las cosas, aquello llamamos centro más profundo que es a lo que más puede llegar su ser y virtud y la fuerza de su operación y movimiento, y no puede pasar de allí...”

“... El centro del alma es Dios, al cual cuando ella hubiere llegado según toda la capacidad de su ser y según la fuerza de su operación e inclinación, habrá llegado al último y más profundo centro suyo en Dios, que será cuando con todas sus fuerzas entienda, ame y goce a Dios...”

“... Es, pues, de notar que el amor es la inclinación del alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios, porque mediante el amor se une el alma con Dios; y así, cuantos más grados de amor tuviere, tanto más profundamente entra en Dios y se concentra con él. De donde podemos decir que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros puede tener en Dios, uno más adentro que otro; porque el amor más fuerte es más unitivo, y de esta manera podemos entender las muchas mansiones que dijo el Hijo de Dios (Jn. 14, 2) haber en la casa de su Padre.”. (San Juan de la Cruz. Llama de amor viva,  1,9-14; Aconsejo leer todo el texto de san Juan)

¿Entiendes ahora lo que dice llama en el número 6, cuando insiste: “Sí, golpea esa densa nune del no saber con el dardo de tu amoroso deseo y no ceses, suceda lo que suceda”?  

[2]  ... “En los Actos de los Apóstoles (17, 29) dice san Pablo... : No debemos estimar ni tener por semejante lo divino al oro ni a la plata, o a la piedra figurada por el arte, y a lo que el hombre puede fabricar con la imaginación.

De donde yerran mucho muchos espirituales, los cuales, habiendo ellos ejercitádose en llegarse a Dios por imágenes y formas y meditaciones, cual conviene a principiantes, queriéndolos Dios recoger (a bienes) más espirituales interiores e invisibles, quitándoles ya el gusto y jugo de la meditación discursiva, ellos no acaban, ni se atreven, ni saben desasirse de aquellos modos palpables a que están acostumbrados; y así, todavía trabajan por tenerlos, queriendo ir por consideración y meditación de formas, como antes, pensando que siempre había de ser así. En lo cual trabajan ya mucho y hallan poco jugo o nada; antes se les aumenta y crece la sequedad y fatiga e inquietud del alma cuanto más trabajan por aquel jugo primero, el cual es ya excusado poder hallar en aquella manera primera, porque ya no gusta el alma de aquel manjar, como habemos dicho, tan sensible, sino de otro más delicado y más interior y menos sensible, que no consiste en trabajar con la imaginación, sino en reposar el alma y dejarla estar en su quietud y reposo, lo cual es más espiritual. Porque, cuanto el alma se pone más en espíritu, más cesa en obra de las potencias en actos particulares, porque se pone ella más en un acto general y puro; y así, cesan de obrar las potencias que caminaban para aquello donde el alma llegó, así como cesan y paran los pies acabando su jornada, porque, si todo fuese andar, nunca habría llegar, y si todos fuesen medios, ¿dónde o cuándo se gozarían los fines y término? (San Juan de la Cruzm, Subida del monte Carmelo, 2 S ,12,5-6)


[3] “Dijo el Sabio (Ecli. 7, 9) que es mejor el fin de la oración que el principio. Mas los que llegan, en un punto se forman en Dios, por lo cual se dice que la oración breve penetra los cielos. De donde el alma dispuesta muchos más actos y más intensos puede hacer en breve tiempo que la no dispuesta en mucho; porque a ésta todo se le va en disponer el espíritu, y aún después se suele quedar el fuego por entrar en el madero: mas en la dispuesta, por momentos entra el amor, que la centella prende al primer toque en la seca yesca. Y así, el alma enamorada más quiere la brevedad del romper que el espacio del cortar y del esperar a acabar.”  (San Juan de la Cruz,  Llama de amor viva,  1,33).

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Julio 2024
C.A.