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lunes, 22 de julio de 2024

NUBE DEL NO-SABER 39

39.

CÓMO ORA EL CONTEMPLATIVO AVANZADO; QUÉ ES LA ORACIÓN; Y QUÉ PALABRAS SON LAS MÁS ADECUADAS A LA NATURALEZA DE LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA

Hemos de orar, pues, con toda la intensidad de nuestro ser en su altura y profundidad, en su largura y anchura. Y no con muchas palabras sino con una palabrita.

Pero ¿qué palabra emplearemos? Ciertamente, la palabra más apropiada es aquella que refleja la naturaleza de la oración misma. ¿Y qué palabra es esa? Bueno, tratemos primero de determinar la naturaleza de la oración y luego quizá estemos en mejores condiciones de decidir.

En si misma, la oración es simplemente una apertura reverente y consciente a Dios, llena del deseo de crecer en bondad y de superar el mal.[1] Y ya sabemos que todo mal, sea por instigación o por obra, se resume en una palabra: «pecado». Por eso, cuando deseamos ardientemente orar para la destrucción del mal no debemos decir, pensar y significar otra cosa que esta palabra: «pecado». No se necesitan otras palabras. Y cuando queramos pedir la bondad, que todo nuestro pensamiento y deseo esté contenido en esta pequeña palabra: «Dios». No se necesita nada más, ni otras palabras, pues Dios es el compendio de todo bien. Él es la fuente de todo bien, pues constituye su verdadero ser.

No te sorprendas de que ponga estas palabras por encima de todas las demás. Si supieras que hay otras palabras más pequeñas y que expresaran tan adecuadamente todo lo que es bueno y malo, o que Dios me hubiere enseñado otras, ciertamente las usaría. Y te aconsejo que tú hagas lo mismo. No te turbes investigando la naturaleza de las palabras, de lo contrario nunca te pondrás a la tarea de aprender a ser contemplativo. Te aseguro que la contemplación no es fruto de estudio sino un don de la gracia.

Aun cuando he recomendado estas dos palabritas, no tienes por qué hacerlas tuyas si la gracia no te inclina a elegirlas. Pero si por la atracción de la gracia de Dios encuentras que tienen significado, entonces fíjalas por todos los medios en tu mente siempre que te sientas arrastrado a orar con palabras, porque son cortas y simples. Si no te sientes inclinado a orar con palabras, entonces olvídate también de estas.

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[1] “La oración propiamente dicha no es otra cosa que un impulso devoto dirigido a Dios para acercarse al bien y apartarse del mal”. Esta definición, que tiene unas connotaciones morales muy acentuadas, contrasta con la sugerente y personal definición que de ella hace santa Teresa de Jesús: “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Vida, 8,5) . Aquí la oración, más que un cambio moral, aspira al  encuentro místico: amistad con quien nos ama. No se desprecia la moral. El amor del amigo sana el corazón, que así  se muestra bondadoso con todos y con todo.

Julio 2024

Casto Acedo

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