38.
CÓMO Y
POR QUÉ UNA BREVE ORACIÓN PENETRA LOS CIELOS
¿Por qué supones que esta
breve oración es tan poderosa como para penetrar los cielos? Sin duda, porque
es la oración de todo el ser del hombre. Un hombre que ora como este, ora con
toda la altura y profundidad, la largura y la anchura de su espíritu. Su
oración es alta porque ora con todas las fuerzas de su espíritu; es profunda,
porque ha reunido todo su pensamiento y comprensión en esta palabrita; es
larga, porque si este sentimiento pudiera durar estaría gritando siempre como
lo hace ahora; es ancha, porque con preocupación universal desea para todos lo
que desea para si mismo.
Con esta oración la persona
llega a comprender con todos los santos la largura y la anchura, la altura y la
profundidad del Dios eterno, misericordioso, omnipotente y omnisciente, como
dice san Pablo[1].
No totalmente, por supuesto, sino parcialmente y de esa manera oscura,
característica del conocimiento contemplativo.
La largura habla de la
eternidad de Dios, la anchura de su amor, la altura de su poder y la hondura de
su sabiduría. No ha de extrañarnos, pues, que cuando la gracia transforma de
esta manera a una persona a imagen y semejanza de Dios, su creador, su oración
sea oída tan rápidamente. Y estoy seguro de que Dios oirá y ayudará siempre a
todo hombre que ore como este; sí, aun cuando sea pecador y, por así decirlo,
enemigo de Dios. Pero si su gracia le mueve a lanzar este angustiado grito
desde la profundidad y la altura, la largura y la anchura de su ser, Dios le escuchará.
Déjame ilustrar lo que estoy
diciendo con otro ejemplo. Imagínate que en medio de la noche oyes gritar a tu
peor enemigo con todo su ser «¡Socorro!» o «¡Fuego!». Aun cuando este hombre
fuera tu enemigo, ¿no te moverías de compasión por la agonía de ese grito y te
lanzarías a ayudarle? Si, por supuesto que lo harías. Y aunque estuvieras en lo
más crudo del invierno te apresurarías a apagar el fuego o a calmar su
angustia.
¡Dios mío! Si la gracia puede transformar de tal manera a un hombre hasta el punto de poder olvidar el odio y tener tal compasión por su enemigo, ¿qué no deberemos esperar de Dios cuando oiga gritar a una persona desde lo más alto y más bajo, desde lo largo y ancho de su ser? Pues Dios es por naturaleza la plenitud de cuanto nosotros somos por participación.[2] La misericordia de Dios pertenece a la esencia de su ser; por eso decimos que es todo misericordia. Con toda seguridad, pues, podemos esperar confiadamente en él.
* * *
*
[1] Dice san
Pablo en su carta a los Efesios: “Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el
cielo y en la tierra, pidiéndole que os
conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su
Espíritu en vuestro hombre interior; que
Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y
vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo
ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo,
que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la
plenitud total de Dios. (Ef 3,16-20). ¿Qué quiere decir las expresiones que
señalo en negrita y a las que se remite el texto de Nube?.
Abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo es una metáfora que pretende explicar la totalidad del amor de Cristo, así como la plenitud de vida en Él, invitando a los creyentes a sumergirse completamente en esta experiencia espiritual.
2. * Encuentro con Jesucristo, el Hijo, presente en el mundo en los hermanos (anchura).
3. *Encuentro con el Dios de Jesús en el presente de una esperanza abierta al futuro en perseverancia y paciencia (largura).
[2] O sea que si Dios es misericordia también nosotros lo somos por participación. La misericordia también pertenece a la esencia de nuestro ser. El vacío interior sólo lo puede llenar la misericordia divina. Participar del amor misericordioso de Cristo, hacerlo mío, es el misterio al que apunta el silencio meditativo, y es la clave del sentido de la vida.
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Julio 2024
C.A

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