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Julio 2024
Casto Acedo
Julio 2024
Casto Acedo
38.
CÓMO Y
POR QUÉ UNA BREVE ORACIÓN PENETRA LOS CIELOS
¿Por qué supones que esta
breve oración es tan poderosa como para penetrar los cielos? Sin duda, porque
es la oración de todo el ser del hombre. Un hombre que ora como este, ora con
toda la altura y profundidad, la largura y la anchura de su espíritu. Su
oración es alta porque ora con todas las fuerzas de su espíritu; es profunda,
porque ha reunido todo su pensamiento y comprensión en esta palabrita; es
larga, porque si este sentimiento pudiera durar estaría gritando siempre como
lo hace ahora; es ancha, porque con preocupación universal desea para todos lo
que desea para si mismo.
Con esta oración la persona
llega a comprender con todos los santos la largura y la anchura, la altura y la
profundidad del Dios eterno, misericordioso, omnipotente y omnisciente, como
dice san Pablo[1].
No totalmente, por supuesto, sino parcialmente y de esa manera oscura,
característica del conocimiento contemplativo.
La largura habla de la
eternidad de Dios, la anchura de su amor, la altura de su poder y la hondura de
su sabiduría. No ha de extrañarnos, pues, que cuando la gracia transforma de
esta manera a una persona a imagen y semejanza de Dios, su creador, su oración
sea oída tan rápidamente. Y estoy seguro de que Dios oirá y ayudará siempre a
todo hombre que ore como este; sí, aun cuando sea pecador y, por así decirlo,
enemigo de Dios. Pero si su gracia le mueve a lanzar este angustiado grito
desde la profundidad y la altura, la largura y la anchura de su ser, Dios le escuchará.
Déjame ilustrar lo que estoy
diciendo con otro ejemplo. Imagínate que en medio de la noche oyes gritar a tu
peor enemigo con todo su ser «¡Socorro!» o «¡Fuego!». Aun cuando este hombre
fuera tu enemigo, ¿no te moverías de compasión por la agonía de ese grito y te
lanzarías a ayudarle? Si, por supuesto que lo harías. Y aunque estuvieras en lo
más crudo del invierno te apresurarías a apagar el fuego o a calmar su
angustia.
¡Dios mío! Si la gracia puede transformar de tal manera a un hombre hasta el punto de poder olvidar el odio y tener tal compasión por su enemigo, ¿qué no deberemos esperar de Dios cuando oiga gritar a una persona desde lo más alto y más bajo, desde lo largo y ancho de su ser? Pues Dios es por naturaleza la plenitud de cuanto nosotros somos por participación.[2] La misericordia de Dios pertenece a la esencia de su ser; por eso decimos que es todo misericordia. Con toda seguridad, pues, podemos esperar confiadamente en él.
* * *
*
[1] Dice san
Pablo en su carta a los Efesios: “Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el
cielo y en la tierra, pidiéndole que os
conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su
Espíritu en vuestro hombre interior; que
Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y
vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo
ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo,
que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la
plenitud total de Dios. (Ef 3,16-20). ¿Qué quiere decir las expresiones que
señalo en negrita y a las que se remite el texto de Nube?.
Abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo es una metáfora que pretende explicar la totalidad del amor de Cristo, así como la plenitud de vida en Él, invitando a los creyentes a sumergirse completamente en esta experiencia espiritual.
[2] O sea que si Dios es misericordia también nosotros lo somos por participación. La misericordia también pertenece a la esencia de nuestro ser. El vacío interior sólo lo puede llenar la misericordia divina. Participar del amor misericordioso de Cristo, hacerlo mío, es el misterio al que apunta el silencio meditativo, y es la clave del sentido de la vida.
*
Julio 2024
C.A
[1]
“... Es de saber que el alma, en cuanto espíritu, no tiene alto ni bajo, ni más
profundo, ni menos profundo en su ser, como tienen los cuerpos cuantitativos;
que, pues en ella no hay partes, no tiene más diferencia dentro que fuera, que
toda ella es de una manera y no tiene centro de hondo y menos hondo
cuantitativo; porque no puede estar en una parte más ilustrada que en otra,
como los cuerpos físicos, sino toda en una manera, en más o en menos, como el aire
que todo está de una manera ilustrado y no ilustrado en más o en menos...”
“... En las cosas, aquello llamamos centro más profundo que es a lo
que más puede llegar su ser y virtud y la fuerza de su operación y movimiento,
y no puede pasar de allí...”
“... El centro del alma es Dios, al cual cuando ella hubiere llegado
según toda la capacidad de su ser y según la fuerza de su operación e
inclinación, habrá llegado al último y más profundo centro suyo en Dios, que
será cuando con todas sus fuerzas entienda, ame y goce a Dios...”
“... Es, pues, de notar que el amor es la inclinación del alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios, porque mediante el amor se une el alma con Dios; y así, cuantos más grados de amor tuviere, tanto más profundamente entra en Dios y se concentra con él. De donde podemos decir que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros puede tener en Dios, uno más adentro que otro; porque el amor más fuerte es más unitivo, y de esta manera podemos entender las muchas mansiones que dijo el Hijo de Dios (Jn. 14, 2) haber en la casa de su Padre.”. (San Juan de la Cruz. Llama de amor viva, 1,9-14; Aconsejo leer todo el texto de san Juan)
¿Entiendes ahora lo que dice llama en el número 6, cuando insiste: “Sí,
golpea esa densa nune del no saber con el dardo de tu amoroso deseo y no ceses,
suceda lo que suceda”?
[2]
... “En los Actos de los Apóstoles (17,
29) dice san Pablo... : No debemos estimar ni tener por semejante lo divino
al oro ni a la plata, o a la piedra figurada por el arte, y a lo que el hombre
puede fabricar con la imaginación.
De donde yerran mucho muchos espirituales, los cuales, habiendo ellos ejercitádose en llegarse a Dios por imágenes y formas y meditaciones, cual conviene a principiantes, queriéndolos Dios recoger (a bienes) más espirituales interiores e invisibles, quitándoles ya el gusto y jugo de la meditación discursiva, ellos no acaban, ni se atreven, ni saben desasirse de aquellos modos palpables a que están acostumbrados; y así, todavía trabajan por tenerlos, queriendo ir por consideración y meditación de formas, como antes, pensando que siempre había de ser así. En lo cual trabajan ya mucho y hallan poco jugo o nada; antes se les aumenta y crece la sequedad y fatiga e inquietud del alma cuanto más trabajan por aquel jugo primero, el cual es ya excusado poder hallar en aquella manera primera, porque ya no gusta el alma de aquel manjar, como habemos dicho, tan sensible, sino de otro más delicado y más interior y menos sensible, que no consiste en trabajar con la imaginación, sino en reposar el alma y dejarla estar en su quietud y reposo, lo cual es más espiritual. Porque, cuanto el alma se pone más en espíritu, más cesa en obra de las potencias en actos particulares, porque se pone ella más en un acto general y puro; y así, cesan de obrar las potencias que caminaban para aquello donde el alma llegó, así como cesan y paran los pies acabando su jornada, porque, si todo fuese andar, nunca habría llegar, y si todos fuesen medios, ¿dónde o cuándo se gozarían los fines y término? (San Juan de la Cruzm, Subida del monte Carmelo, 2 S ,12,5-6)
36.
DEL MODO DE MEDITAR PROPIO DE LOS CONTEMPLATIVOS
[1] Recuerda que el número 35 hablaba de la “lectura”, “el pensamiento” y "la oración" como modos de orar de los principiantes. Ahora habla a los contemplativos ya avanzados en la vida espiritual. De los principiantes se decía que “cuando un hombre de buena voluntad se ve a si mismo reflejado por las Escrituras o por la predicación de otros y se da cuenta de que su conciencia está manchada, corre inmediatamente a limpiarse".
[2]Para quien ha dejado de ser principiante, en lo referente al pecado, "su meditación se parece más a una intuición repentina o a una oscura certeza". El adelantado no se obsesiona con el pensamiento, palabra u obra pecaminosa, lo cual puede generar cierta violencia interior, sino que contempla relajado y en paz, aunque no sin cierto "temor de Dios", su condición pecadora. El avanzado en la vida espiritual mira "la raíz del pecado", va más allá del acto negativo, más allá de la obra mala concreta (robar, matar, mentir, etc.), y toma conciencia de qué demonio (soberbia, ira, envidia, lujuria, gula, avaricia, pereza) le ha seducido. Acepta su fallo con seriedad, serenidad y honestidad; reconoce haberse dejado arrastrar por la seducción del mal y es consciente de su caída en desgracia. Aceptado esto se compadece y ama a sí mismo y eleva su corazón esperando el perdón de Aquel que le ama y se compadece de él.
35.
DE LA «LECTURA», EL «PENSAMIENTO» Y LA «ORACIÓN», TRES HÁBITOS QUE HA DE DESARROLLAR EL PRINCIPIANTE EN LA CONTEMPLACIÓN.
*
NOTAS
[1] La imagen o simil del espejo tiene resonancias bíblicas: “·Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara” (1 Cor 13,12). Se refiere a la visión de Dios. Ahora bien, esa visión va acompañada por una visión cada vez más clara de uno mismo. En la lectura y contemplación de la Palabra de Dios hallo el colirio que limpia mis ojos para verme a mí mismo y a Dios. Porque la Palabra tiene un efecto purificador, como dice Jesús a los suyos: “Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jn 15,3).
Mirándome en la Palabra, reflexionando y contemplando cada versículo voy limpiando mi alma para poder ver reflejada en ella, como en un espejo, la imagen de Cristo; y mirando a Cristo en mi interior puedo ver la belleza y bondad de mi ser; visión que suelen empañar mis pecados. mis pecados empañan.
Transcribo unos textos de santa Teresa y san Juan de la Cruz sobre esa comparación
con la visión en un espejo:
* “Orando una vez Jesucristo nuestro Señor por sus apóstoles -no sé adónde es- dijo, que fuesen una cosa con el Padre y con El, como Jesucristo nuestro Señor está en el Padre y el Padre en El. ¡No sé qué mayor amor puede ser que éste! Y no dejamos de entrar aquí todos, porque así dijo Su Majestad: No sólo ruego por ellos, sino por todos aquellos que han de creer en mi también, y dice: Yo estoy en ellos.¡Oh, válgame Dios, qué palabras tan verdaderas!, y ¡cómo las entiende el alma, que en esta oración lo ve por sí! Y ¡cómo lo entenderíamos todas si no fuese por nuestra culpa, pues las palabras de Jesucristo nuestro Rey y Señor no pueden faltar! Mas como faltamos en no disponernos y desviarnos de todo lo que puede embarazar esta luz, no nos vemos en este espejo que contemplamos, adonde nuestra imagen está esculpida”. (Teresa de Jesús. Moradas, 7ª, 2, 7-8)
*“Estando una vez en las Horas con todas, de presto se recogió mi alma, y parecióme ser como un espejo claro toda, sin haber espaldas ni lados ni alto ni bajo que no estuviese toda clara, y en el centro de ella se me representó Cristo nuestro Señor, como le suelo ver. Parecíame en todas las partes de mi alma le veía claro como en un espejo, y también este espejo -yo no sé decir cómo- se esculpía todo en el mismo Señor por una comunicación que yo no sabré decir, muy amorosa. Sé que me fue esta visión de gran provecho, cada vez que se me acuerda, en especial cuando acabo de comulgar. Dióseme a entender que estar un alma en pecado mortal es cubrirse este espejo de gran niebla y quedar muy negro, y así no se puede representar ni ver este Señor, aunque esté siempre presente dándonos el ser. Y que los herejes es como si el espejo fuese quebrado, que es muy peor que oscurecido. Es muy diferente el cómo se ve, a decirse, porque se puede mal dar a entender. Mas hame hecho mucho provecho y gran lástima de las veces que con mis culpas oscurecí mi alma para no ver este Señor. (Teresa de Jesús, Libro de la vida, 40,5)
.*"Así como los vapores oscurecen
el aire y no le dejan lucir el sol claro; como el espejo tomado del paño no
puede recibir serenamente en sí el rostro; o como (en) el agua envuelta en
cieno, no se divisa bien la cara del que en ella se mira; así, el alma que de
los apetitos está tomada, según el entendimiento está entenebrecida, y no da
lugar para que ni el sol de la razón natural ni el de la Sabiduría de Dios
sobrenatural la embistan e ilustren de claro. Y así dice David (Sal. 39,13),
hablando a este propósito: Comprehenderunt me iniquitates meae, et non potui,
ut viderem, que quiere decir: Mis maldades me comprehendieron, y no pude tener
poder para ver” (Juan de la Cruz. Subida del monte Carmelo, l.1, cap 8,1)
*"A la M. Ana de san Alberto, Priora de Caravaca ... ¿Hasta cuándo piensa, hija, que ha de andar en brazos ajenos? Ya deseo verla con una gran desnudez de espíritu y tan sin arrimo de criaturas que todo el infierno no baste a turbarla. ¿Qué lágrimas tan impertinentes son esas que derrama estos días? ¿Cuánto tiempo bueno piensa que ha perdido con esos escrúpulos? Si desea comunicar conmigo sus trabajos, váyase a aquel espejo sin mancilla (Sab. 7, 26) del Eterno Padre (que es su Hijo), que allí miro yo su alma cada día, y sin duda saldrá consolada y no tendrá necesidad de mendigar a puertas de gente pobre” (Juan de la Cruz. Cartas, 4)
Junio 2024
C.A.
34.
QUE DIOS DA EL DON DE LA CONTEMPLACIÓN LIBREMENTE Y SIN RECURRIR A MÉTODOS; LOS MÉTODOS SOLOS NUNCA PUEDEN SUSCITARLA
Si me preguntas ahora cómo se
ha de proceder para realizar la obra contemplativa del amor, me pones en un
aprieto. Todo lo que puedo decir es que pido a Dios todopoderoso que en su gran
bondad y dulzura te enseñe él mismo. Pues debo admitir con toda honradez que yo
no lo sé. Y no te has de extrañar, pues es una actividad divina y Dios puede
realizarla en cualquiera que elija. Nadie puede merecerla. Por paradójico que
pueda parecer, ni siquiera puede ocurrírsele a persona alguna -no, ni a un
ángel ni a un santo- el desear el amor de contemplación en caso de que no
estuviera ya vivo en él.[1]
Creo también que, con
frecuencia, llama el Señor deliberadamente a trabajar en esta obra a los que
han sido pecadores habituales con preferencia a aquellos que, en comparación,
nunca le ofendieron gravemente. Sí, parece que lo hace con mucha frecuencia.
Pues pienso que quiere hacernos comprender que es todo misericordia y poder, y
que es perfectamente libre para obrar como, donde y cuando le plazca.
No da, sin embargo, su gracia
ni realiza esta obra en una persona que no tenga aptitud para ella. Pero una
persona que no tiene capacidad de recibir su gracia no la alcanzará tampoco a
través de sus propios esfuerzos. Nadie, ni pecador ni inocente, puede
conseguirla. Pues esta gracia es un don, y no se da a la inocencia ni es negada
al pecado. Advierte que digo negada, no retirada. Cuidado con el error aquí, te
lo suplico. Recuerda que cuanto más cerca está el hombre de la verdad, más
sensible ha de ser al error. La advertencia que hago es correcta, pero si ahora
no puedes captarla, déjala hasta que Dios te ayude a entenderla. Haz como te
digo y no te devanes los sesos.
¡Alerta con el orgullo! Es una
blasfemia contra Dios en sus dones y hace al pecador temerario. Si fueras
realmente humilde entenderías lo que intento decir. La oración contemplativa es
don de Dios, totalmente gratuito. Nadie puede merecerlo. Corresponde a la
naturaleza de este don el que, quien lo recibe, reciba también la aptitud
correspondiente. Nadie puede tener la aptitud sin el don mismo.
La aptitud para esta obra se
identifica con la obra misma; son idénticas. Quien experimenta la acción de Dios
en lo hondo de su espíritu tiene la aptitud para la contemplación y no otra
cosa. Sin la gracia de Dios una persona sería tan insensible a la realidad de
la oración contemplativa que seria incapaz de desearla o buscarla. La posees en
la medida en que deseas poseerla, ni más ni menos. Pero nunca deseas poseerla
hasta que aquel que es inefable e incognoscible te mueve a desear lo inefable e
incognoscible. No seas curioso por saber más, te lo suplico. Sé constantemente
fiel a esta obra hasta que llegue a ser toda tu vida.
Para expresarlo de una manera
más simple, deja que la gracia misteriosa actúe en tu espíritu como quiera y
síguela donde te lleve. Que ella sea el agente activo y tú el receptor pasivo.
No te interfieras con ella (como si te fuera posible aumentar la gracia), más
bien déjala actuar, no sea que la estropees totalmente. Tu parte es la de la
madera con respecto al carpintero o la casa en relación al que la habita.
Permanece ciego durante este tiempo desechando todo deseo de conocer, ya que el
conocimiento es aquí un obstáculo. Conténtate con sentir cómo se despierta
suavemente en lo hondo de tu espíritu esta gracia misteriosa. Olvídate de todo
excepto de Dios y fija en él tu puro deseo, tu anhelo despojado de todo interés
propio.[2]
Si esto de que hablo forma
parte de tu experiencia, entonces llénate de confianza porque realmente es
Dios, y él solo, quien despierta tu voluntad y deseo. Él no necesita técnicas
ni tu asistencia. No tengas miedo del maligno, pues él no se atreve a acercarse
a ti. Por astuto que sea, es incapaz de violar el santuario interior de tu
voluntad, si bien algunas veces puede atentarlo por medios indirectos. Ni
siquiera un ángel puede tocar directamente tu voluntad. Sólo Dios puede entrar
aquí.[3]
Estoy tratando de aclarar con
palabras lo que la experiencia enseña más convenientemente: que las técnicas y
métodos son en última instancia inútiles para despertar el amor contemplativo.
[1]
La persona puede estar en gracia de Dios y sin
embargo no llevar una vida
contemplativa, estar bautizado y no estar iluminado. San Juan de la Cruz habla
de estar en tinieblas (ciego a causa del pecado) y estar a oscuras (a pesar de
no estar en pecado): “Hablando
espiritualmente, una cosa es estar a oscuras, otra es estar en tinieblas.
Porque estar en tinieblas es estar ciego, como habemos dicho, en pecado; pero
estar a oscuras, puédelo estar sin pecado. Y esto de dos maneras, conviene a
saber: acerca de lo natural, no teniendo luz de algunas cosas naturales; y
acerca de lo sobrenatural, no teniendo luz de las cosas sobrenaturales. Y
acerca de estas dos cosas dice aquí el alma que estaba oscuro su entendimiento
antes de esta preciosa unión” (Llama
3,71).
[2] Hablando de los
que “no se dejan quietar, procurando considerar y discurrir, de donde se
llenan de sequedad y trabajo para sacar el jugo que ya por allí no han de sacar”,
añade san Juan de la Cruz: “A estos tales se les ha de decir que aprendan a
estarse con atención y advertencia amorosa en Dios en aquella quietud, y que no
se den nada por la imaginación ni por la obra de ella, pues aquí, como decimos,
descansan las potencias y no obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo
que Dios obra en ellas.” (2 Subid, 12,8; cf Ibid 14,12. 15,2).
Y
más adelante aconseja: “Aprenda el espiritual a estarse con advertencia amorosa
en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le
parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco, y muy presto, se infundirá
en su alma el divino sosiego y paz con admirables y subidas noticias de Dios,
envueltas en divino amor. Y no se entremeta en formas, meditaciones e
imaginaciones, o algún discurso, porque no desasosiegue al alma y la saque de
su contento y paz, en lo cual ella recibe desabrimiento y repugnancia. Y si,
como habemos dicho, le hiciere escrúpulo de que no hace nada, advierta que no
hace poco en pacificar el alma y ponerla en sosiego y paz, sin alguna obra y
apetito, que es lo que Nuestro Señor nos pide por David (Sal. 45, 11),
diciendo: Vacate, et videte quoniam ego sum Deus; como si dijera:
Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber, interior y
exteriormente, y veréis cómo yo soy Dios. (Ibid 15,5)
[3]
“La
causa por que el alma en la oscuridad de esta contemplación va libre y
escondida de las asechanzas del demonio, es porque la contemplación infusa, que
aquí lleva, se infunde pasiva y secretamente en el alma a excusas de los
sentidos y potencias interiores y exteriores de la parte sensitiva. Y de aquí
es que no sólo del impedimento, que con su natural flaqueza le pueden ser estas
potencias, va escondida y libre, sino también del demonio, el cual, si no es
por medio de estas potencias de la parte sensitiva, no puede alcanzar ni
conocer lo que hay en el alma, ni lo que en ella pasa. De donde, cuanto la
comunicación es más espiritual, interior y remota de los sentidos, tanto menos
el demonio alcanza a entenderla” (San Juan de la Cruz. 2
Noche, 23,2; cf también n.4,1112).
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Junio 2024
C.A.