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jueves, 10 de enero de 2019

Oración existencial (notas)

Transcribo para todos las notas de la enseñanza del Miércoles y  texto de El libro de la orientación particular (anónimo del mismo autor de La Nube del No-saber).
 
 
* * *

NOTA IMPORTANTE
para no desanimarse en la oración contemplativa por no percibir frutos,  y para no obsesionarse con ellos.
  
La práctica de la oración de recogimiento (silencio) no debería nunca  estar  motivada por objetivos y rendimientos, como si de un negocio se tratara. Lo más correcto es decir “no hay objetivos”. Entonces –te preguntas- ¿por qué hablamos de "oración vocal", "oración de meditación", “oración esencial”, “oración existencial”, “paso de la meditación a la contemplación”, “siete moradas”, etc.? Pues lo hacemos simplemente para que podamos discernir (leer, interpretar, evaluar) nuestra oración personal.

Repito una y otra vez que lo nuestro es la “práctica” de la oración, con silencio (que incluye el silencio de la soberbia y de las pretensiones de alcanzar bienes o metas, ya sean materiales o espirituales); los dones que se reciben de la oración no son mérito nuestro, son eso: “dones”, “gracias”, gracia de Dios, y como tal han de ser acogidos con humildad y gratitud si se reciben; pero han de ser también no-deseados cuando no se reciben. Dios es quien marca los ritmos.

 Si la sensación que tienes es de no avanzar en esos dones, tranquilízate, si sigues practicando la meditación aunque no haya gustos ni contentos vas por el buen camino. Donde más presente está Dios es en la noche de la fe, en la oscuridad, cuando nada se ve, ni se oye, ni se siente;  donde no hay caminos ni seguridades; esta oscuridad es el camino más adecuado para la unión con Dios.

Dice san Juan de la Cruz: La noche es el transito que hace el alma a la unión con Dios”. Es noche, porque a veces nos parece un sinsentido la renuncia a los apetitos materiales y espirituales; es noche también por la sequedad de la oración cuando nada parece iluminar la oscuridad; y finalmente es noche por el mismo término de la unión: Dios “el cual es noche oscura para el alma en esta vida” (1 Subida, 2,1).
 
Soy consciente de que todo esto exige una gran dosis de humildad, y más en un mundo como el nuestro que parece exigir necesariamente el premio debido al esfuerzo de la obra. Muchos abandonan la oración precisamente por esto, porque han dedicado horas y horas al silencio, han estudiado y meditado en profundidad, han sido dóciles a las técnicas y prácticas de meditación, ... pero han fallado en lo más elemental: la humildad. Esperaron lo que no es. Si ahondan con sinceridad en el fondo de su alma, verán que fracasaron porque todo lo hicieron para recibir; unos esperaron la oculta satisfacción de sentirse más dignos que los que le rodean, otros la búsqueda de una mayor consideración entre los espirituales, y puede que otros buscaran de modo más o menos consciente unas experiencias especiales que satisfagan su ego (avaricia espiritual), etc...
 
Cuando consideres tu vida contemplativa, no caigas en la trampa de evaluarla en clave de  productividad (gustos, contentos, prestigio personal, bienestar anímico, etc.). En este caso no harías sino ahondar en la ambición del mundo del que te debes liberar. Si buscas algún interés personal en  esto de la contemplación, lo único que estás haciendo es degradar la oración a artículo de consumo. Recuerda a san Juan de la Cruz: "cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo"; "para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada".  No quieras tener gusto, es decir, no apetezcas. Lo malo no son los dones, sino el apego, el apetito de ellos, tanto cuando se desean como cuando se reciben.

El camino que te puede llevar a la unión con Dios es el de la  "nada", dice san Juan de la Cruz. Nada. Anonadamiento. Humildad. Dejar que Dios sea Dios, y mentalizarme de que "yo no soy nada", sin Dios. Es cuestión de fe.
 

ORACION EXISTENCIAL
Notas
·        Dos modos de oración:
o   Oración esencial (relacionada con lo que Dios es y lo que yo soy; reflexiono sobre los atributos de Dios o sobre la Escritura. Meditación).
o   Oración existencial, una forma de contemplación mística. Es la oración del mero ser. Uno se contenta con ser. Se llega a la conciencia existencial: no importa aquí lo que Dios es sino que Dios es; no lo que yo soy, sino que yo soy.
·        La oración existencial es una oración de silencio, sin palabras, pensamientos, imágenes  ni representaciones gráficas.
·        Tu mente sigue estando activa, aunque a otro nivel más profundo; la mente superficial  seguirá trabajando; pero no le prestes atención.
·        Presta atención al “desnudo impuso de amor dirigido a Dios”. Que el amor de Dios te inunde y tu amor a Dios se potencie. Oración del corazón. La oración no será ya de un “mero ser” sino de un “estar enamorado”. Este “ESTAR ENAMORADO” es la esencia de la contemplación cristiana. Desnudo impulso = ciego movimiento de amor o amorosa sensación de la presencia de Dios. Llama de amor viva (S J+). Percibir  que "yo soy" y que "Dios es".
 
 
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Capitulo I
Libro de la orientación particular
(Anónimo inglés del siglo XIV)
 
Cuando te retires a hacer oración tú solo, aparta de tu mente todo lo que has estado haciendo o piensas hacer. Rechaza todo pensamiento, sea bueno o malo.
 
No ores con palabras a no ser que te sientas movido a ello; y si oras con palabras, no prestes atención a si son muchas o pocas. No ponderes las palabras ni su significado. No te preocupes de la clase de oraciones que empleas, pues no tiene importancia que sean oraciones litúrgicas oficiales, salmos, himnos o antífonas; o que tengan intenciones particulares o generales; o que las formules interiormente con el pensamiento o las expreses en voz alta con palabras. Trata de que no quede en tu mente consciente nada a excepción de un puro impulso dirigido hacia Dios.
Desnúdala de toda idea particular sobre Dios (cómo es  él en sí mismo o en sus obras) y mantén despierta solamente la simple conciencia de que Él es como es. Déjale que sea así,  te lo pido, y no le obligues a ser de otra manera. No indagues más en  Él, quédate en esta fe como en un sólido fundamento.
 
Esta simple conciencia, desnuda de ideas y deliberadamente amarrada y anclada en la fe, vaciará tu pensamiento y afecto dejando sólo el pensamiento desnudo y la sensación ciega de tu propio ser. Sentirás como si todo tu deseo clamara a Dios y dijera:
Oh Señor, yo te ofrezco lo que soy, sin mirar a ninguna cualidad de tu ser sino al hecho de que tú eres como eres; esto y nada más que esto.
 
Que este sosiego y oscuridad ocupe toda tu mente y que seas tú un reflejo de ella. Pues quiero que el pensamiento que tienes de ti mismo sea tan puro y simple como el que tienes de Dios. Así  podrás estar espiritualmente unido a Él sin fragmentación alguna y sin disipación de tu mente. Él es tu ser y en Él tú eres lo que eres, no sólo porque Él es la causa y el ser de todo lo que existe, sino porque Él es tu causa y el centro profundo de tu ser.
 
En esta obra de contemplación, por tanto, has de pensar en Él y en ti de la misma manera: esto es, con la simple conciencia de que Él es como es y de que tú eres como eres. En este sentido tu pensamiento no quedará dividido o disperso, sino unificado en Él, que es el todo.
 
Acuérdate de esta distinción entre Él y tú: Él es tu ser, pero tú no eres el suyo. Cierto que todo existe en Él como en su fuente y fundamento del ser, y que Él existe en todas las cosas, como su causa y su ser. Pero queda una distinción radical: Él solo es su propia causa y su propio ser. Pues así como nada puede existir sin Él, de la misma manera Él no puede existir sin Él mismo. Él es su propio ser y el ser de todas las demás cosas. De Él sólo puede decirse: Él está separado y es distinto de toda otra cosa creada. Y asimismo, Él es el único en todas las cosas y todas las cosas son una en Él. Repito: todas las cosas existen en Él; Él es el ser de todo.
 
Siendo esto así, deja que la gracia una tu pensamiento y afecto a Él, mientras que tú te esfuerzas por rechazar hasta la más mínima indagación sobre las cualidades particulares de tu ciego ser o del suyo. Mantén tu pensamiento totalmente desnudo, tu afecto limpio de todo querer y tu ser simplemente tal como eres. Así la gracia de Dios puede tocarte y nutrirte con el conocimiento experimental de Dios tal como es. En esta vida, semejante experiencia permanecerá siempre oscura y parcial, de modo que tu ardiente deseo por Él esté siempre nuevamente encendido por Él.


Levanta, pues, tus ojos con alegría y di a tu Señor, con las palabras o el deseo:
 
Oh Señor, yo te ofrezco lo que soy pues tú eres todo lo que soy.

No prosigas, quédate en esta simple, firme y elemental conciencia de que tú eres como eres.

Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Enero 2019

martes, 8 de enero de 2019

Carta de santo Tomás a un estudiante


 
Se atribuye a santo Tomás de Aquino esta carta a un estudiante que le pregunta acerca de cómo aprovechar sus estudios. 
 
Santo Tomás ha pasado a la historia como un gran filósofo y teólogo, pero poco se ha dicho de su dimensión mística. Es verdad que sus escritos parecen no espirar nada de afectividad y emotividad, pero ¿quiere eso decir que no vivió nada de eso? Todos los estudiosos del santo coinciden en que una teología tan profunda no pudo basarse simplemente en la metafísica de Aristóteles y su afirmación de la verdad del ser, llegando a definir a Dios como ipsum ese subsistens (ser cuya existencia se sostiene en sí misma). Lo que hizo santo Tomás fue intentar hacer razonable, echando mano de la filosofía, al que de por sí está más allá de la razón: Dios.
 
No llegó a completar su gran obra (Summa Theologica), y dicen que fue porque, después de tanto escribir sobre el misterio de Dios, llegó a la conclusión de que todo lo que había escrito le parecía paja. Está de fondo, en esta afirmación, la imagen bíblica del grano que se almacena en el granero y la paja que se echa al fuego (Mt 3,12). Hubiera sido un error quemar la obra de santo Tomás y no haberla publicado. Lo que el santo pretende decir es que el Misterio de Dios (grano) es lo que verdaderamente interesa, la  teología es algo accidental y secundario (paja); la teología pasará, Dios permanece para siempre. 
 
Por eso, sin negar la importancia de la razón para ilustrar los caminos de la fe, no podemos desligarla de la experiencia misma de Dios. Nuestras teologías no son Dios. Dios está mucho más allá de todos nuestros discursos (pensamientos). No olvidemos que "Dios primerea"; lo primero es la verdad en sí misma (Dios)  y luego su interpretación (teología). El camino inverso sólo puede conducir a la idolatría de hacer un dios de mi idea o imagen de Dios.
 
Hay que empezar por lo sencillo, dice el texto que sigue. ¿Hay algo más sencillo que el silencio? Deja pues, a un lado, los cotilleos sobre Dios y vive en el silencio su presencia.
 
La carta del santo no tiene desperdicio. Un motivo para meditar y asimilar.
 
 
“Querido amigo:
 
Me preguntaste: ¿Qué he de hacer para encontrar el tesoro de la sabiduría? He aquí mi consejo: No te lances directamente al mar; acude a él por los ríos. Con otras palabras: empieza por lo sencillo, que ya llegará lo complicado.
 
Te añadiré algo más para tu vida personal. Procura pensar lo que dices. Si puedes evitar las tertulias en las que se habla demasiado, mejor. Que en tu conciencia no haya dobleces. Se constante en la oración. Enamórate del recogimiento, pues en él encontrarás luz para entender.
 
Que tu trato sea siempre amable. Interiormente no condenes a nadie. Deja a un lado los cotilleos, que solo producen menosprecio y distracción. Infórmate de lo que ocurre en el mundo, pero no seas mundano. Trázate objetivos claros, evitando toda dispersión. Sigue las huellas que han dejado marcadas los mejores.
 
Archiva en tu memoria todo lo bueno que oigas y veas, venga de donde venga. Esfuérzate por comprender lo que leas. Disipa las dudas que te surjan. Ve llenando tu mente de cosas como quien va llenando un vaso: poco a poco. Calibra tus fuerzas y no pretendas alcanzar lo que rebasa tus posibilidades.
 
Si haces todo esto, mientras vivas, serás como una cepa cargada de racimos en la viña del Señor. Además, conseguirás lo que te propongas”.
 
Casto Acedo. Enero 2019.  paduamerida@gmail.com.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Descansa, Laura.


Hoy absorve mi tiempo de meditación Laura Luelmo, una chica encantadora que ha visto truncada su vida por el ciego impulso de un “capricho”, por la incomprensible banalidad del mal que en un simple “me encapriché de ella” halla razones para pisotear la dignidad humana.

No puedo contemplar la imagen de su asesino sin que se me remuevan las entrañas. ¿Cómo hallar paz teniendo delante tanta infamia? ¿Cómo serenar mi corazón conmovido por la sinrazón de tanta violencia  infringida a esta mujer? La rabia enturbia mi silencio, rompe mi serenidad interior.  Ni siquiera en el más desordenado esquema de mi conciencia  logro encajar algo tan inhumano. En mi horizonte, de por sí difuso, apunta un negro abatimiento. ¿Qué hacer? ¿Venganza? ¿Resignación? No sé.

Intento decirme a mí mismo y convencerme de que eso no va conmigo, que debo mirar las cosas desde la distancia, desde fuera; pero no puedo dejar de sentir lo que Laura ha sufrido, y vienen a mi mente la dolorosa pasión que sufren otras muchas  mujeres en circunstancias similares; unas a mano de marginales violentos y salvajes, como en el caso de Laura, otras por obra de mafiosos sin escrúpulos que desde sus elegantes casas trafican con la pobreza y la indefensión de tantas y tantas esclavas encadenadas al sucio negocio del sexo.

Me da miedo abrir mi conciencia a tanto sufrimiento. Preferiría volver el rostro, no mirar. ¿Qué hacer? ¿Dibujar en mi rostro muecas de desagrado? ¿Menear la cabeza?, ¿Golpearme el pecho? ¿Volver el rostro ante el cuerpo herido y destrozado por la locura de la violencia asesina? … No sé qué es lo más adecuado. Sólo sé que siento odio y rabia, un deseo fruitivo de verme yo mismo embriagado de violencia, loco, incontrolado, obcecado por golpear y golpear al infame agresor; y con asco despreciar de paso a este mundo del que formo parte, y que seguirá  impasible su ritmo de consumo y olvido…

Me duele por mí, por todos, por todas. Laura podría ser cualquiera de esas mujeres que amo y admiro. Laura son ellas.

No quisiera sentir lo que siento, porque veo que mi odio se vuelve contra mí. … Y me pregunto cómo lo haría el Nazareno, … ¿Cómo pudo sacar palabras de perdón en el corazón de su tortura? … ¿Cómo sacó vida de la muerte? Yo no sé como hacerlo, ni puedo, incluso dudo si quiero perdonar. No entiendo la brutalidad del mal que se encapricha con el sufrimiento del inocente hasta matarle.

Hoy no puedo meditar. Por eso escribo, para sacar afuera mi protesta contra todo lo divino y humano que propicia que sean realidad cosas que creía  solo posible en pesadillas. Imposible encajar lo que esta mujer hubo de sufrir sin merecerlo.

En este día el silencio es espeso, áspero, punzante, … Va a costar mucho disolver la inquietud. Habré de hacerlo, pero no sin grabar antes en mi mente, y en la piel de mi conciencia, como un tatuaje indeleble, que Laura son todas esas mujeres que amo y admiro.  

Gracias, Laura, por despertar en mí la solidaridad con el dolor ajeno y la comunión con todas las mujeres a las que, hoy en ti, amo y admiro.

Descansa en la paz y en la belleza que siempre amaste.
 
Casto Acedo. 20 de diciembre de 2018, paduamerida@gmail.com

sábado, 8 de diciembre de 2018

Orar en la naturaleza

Os paso las notas del último día con parte del texto de los Papalagi.
 
Tomado, con leves variantes,
de Williams Johnston,
Enamorarse de Dios, pgs. 50-54 
 
 
 ·         Un modo de orar muy arraigado en el cristianismo es la oración en plena naturaleza. Jesús solía retirarse al monte o al desierto a orar. Sus parábolas dan pistas para pensar que era un contemplativo (observador) de la naturaleza; la naturaleza y el sencillo mundo agrícola y ganadero forman parte de su lenguaje. El monacato primitivo vio siempre una relación íntima entre trabajo manual y vida contemplativa. … Hoy como ayer, el trabajo manual es para el monje tan importante como el sentarse a meditar. 

·        Tenemos la tradición de la práctica de entrar en comunión con la naturaleza. ¿Panteísmo? No. Se trata de orar en y con  la naturaleza, no de orar a la naturaleza. Dios está ahí, y se trata de mantenernos abiertos a ese misterioso e indefinible sentido de  presencia.

·        Paséate por la naturaleza y hazte consciente de la presencia de Dios en los montes, los pájaros, la ciénagas, los árboles, las flores… Déjate envolver por el aire, empapar por la lluvia, bañar por el sol,… Es una excelente forma de oración … Cuando tu mente y tu corazón estén perturbados, paséate por la naturaleza, que renovará tus fuerzas, te liberará y te sanará.
 
·        Aprende los poetas místicos, que hablan con los montes y con el mar: Francisco de Asís, Juan de la Cruz preguntando a la naturaleza dónde está el Amado.
 
 
·        Relee una y otra vez el texto de Mateo 6 25-34 donde habla de los lirios del campo y las aves del cielo.  Jesús nos dice que los miremos. Recréate en su belleza. No pienses, mira. Y mientras miras ten presente el mensaje evangélico: deja de lado tus angustias. ¡Cómo nos gusta aferrarnos a nuestras angustias y ansiedades! … Fuera de nosotros está pa presencia, la verdad de Dios que nos ama y nos ama. 
 
·     Libérate no sólo de las angustias sino también de todo pensamiento, de todo razonar, pensar conceptuar o planificación. No te preocupes de botánica  u ornitología, simplemente contempla los pájaros y los lirios.

·        ¡Maravillosa naturaleza! Nos enseña a ser. Nuestra obsesión por el trabajo, la actividad o la productividad, oculta a nuestros ojos lo que somos. Y no olvides nunca: Lo que eres tiene mucha más importancia que  lo que haces. Importante enseñanza para los enfermos e imposibilitados de moverse.
 
·        Una manera más de orar: la contemplación o conciencia de tu propio cuerpo. “¿No vale más la vida que el alimento o el cuerpo que el vestido?”. … Haz oración contemplando tu cuerpo, no pienses en tu vida y en tu cuerpo, contémplalos, experiméntalos. … Puedes hacerlo con la respiración.
 
·        La tradición estética del Japón habla del simple mirar,  del simple escuchar, caminar, sentarse o hacer lo que uno esté haciendo. De ahí nos viene la expresión hacerse” flor, planta, pájaro o cualquier otra cosa; te desprendes de tu “yo” y adquieres el estado de “no yo” (mu-ga;  an-atman); consiste en perder el yo ilusorio (ego) para encontrar el yo-mismo (“sí mismo”) auténtico abierto al mundo entero. El descubrimiento de este “yo verdadero” es la puerta abierta a la experiencia de la mística (del Misterio). Lo veremos en su momento.  

Finalmente: igual que puedes orar en la naturaleza, lo puedes hacer en medio de la gran ciudad. Dios está en todas partes. Y cuando lo estés buscando recuerda que Él también te busca.

 * * *



Los Papalagi
Discursos de Tuiavii de Tiavea, jefe Samoano –
LA ENFERMEDAD DEL PENSAMIENTO PROFUNDO
(Fragmento)

Puede ser cierto que nunca practicamos el conocimiento o, como dicen los Papalagi (hombres occidentales), «el pensar». Pero es cuestión evidente quién es el más estúpido: el que no piensa muy a menudo o el que piensa demasiado. Mi cabaña es más pequeña que la palmera. La palmera se inclina en la tormenta. La tormenta habla con voz profunda. Esta es la forma en que piensan, a su particular modo, naturalmente. Pero también piensan sobre sí mismos: yo soy pequeño; mi corazón siempre se pone contento cuando veo a una muchacha; me divierto mucho yendo de malaga (viaje)
, etc…

Todo esto puede estar muy bien y ser muy bueno; incluso puede comportar toda clase de provechos a aquéllos a los que les gustan esos juegos en el interior de sus cabezas. Pero los Papalagi piensan tanto, porque para ellos el pensar se ha convertido en un hábito, una necesidad y una carencia. Tienen que continuar pensando. Sólo después de muchas dificultades logran realmente no pensar y, en vez de esto, viven de una vez con su cuerpo entero. A menudo viven únicamente con sus cabezas, mientras el resto de sus cuerpos está profundamente dormido, aunque caminen, hablen, coman y rían mientras tanto.

Crear pensamientos (el fruto del pensar) le mantiene esclavizado, intoxicado por sus propias reflexiones. Cuando el sol está brillando, él piensa todo el tiempo cuán bellamente brilla. Pero cuando el sol brilla, es mejor no pensar absolutamente nada. Un hombre sabio extendería sus miembros a la cálida luz y no produciría ni un pensamiento mientras tanto. Él no absorbería únicamente el sol en su cabeza, sino también con sus manos y pies, su estómago, sus tobillos y todos sus miembros. Dejaría que su piel y sus miembros pensaran por él, pues esas partes piensan también, aunque no del mismo modo que piensa la cabeza. Pero a menudo los pensamientos se yerguen en medio del camino del Papalagi como un gran pedregón de lava que no puede hacerse a un lado. Puede tener pensamientos felices, pero no le hacen reír, ni sus pensamientos más tristes le hacen llorar. Está hambriento, pero no va a por el taro o el palusami. La mayor parte del tiempo es un hombre cuyos sentidos viven en discordia con su espíritu, un hombre dividido en dos mitades.

La vida del Papalagi es muy parecida al viaje en bote de alguien a Savii, alguien que desde el momento de zarpar está pensando: ¿cuánto tiempo me tomará llegar a Sauii? El piensa y no se da cuenta del amistoso panorama por el que está viajando. Por el lado izquierdo, percibe una cordillera. Tan pronto como la han visto sus ojos ya la ha encerrado en su mente. ¿Qué habrá detrás de esa montaña? Quizás un desfiladero estrecho y profundo. Con todos esos pensamientos no puede unirse al cantar de los jóvenes remeros. Tampoco se da cuenta del parloteo feliz de las doncellas. Inmediatamente después de pasar la bahía con sus cordilleras, un nuevo pensamiento empieza a importunarle. ¿Se levantará una tormenta, antes de la caída de la noche? Sus ojos escrutan los claros cielos en busca de nubes. Todo el tiempo pensando en la tormenta que podría venir. La tormenta no llega y al caer la noche llegan a Savii.

Pero él tiene la sensación de que no ha hecho este viaje en bote, pues sus pensamientos han permanecido lejos de su cuerpo y lejos del bote. Podría perfectamente haberse quedado en su choza de Upolu. Un espíritu que es como una carga, yo lo considero un aitu, y para mí no está en absoluto claro por qué debo amarlo tanto.
 
Los Papalagi aman al espíritu, lo adoran y alimentan con pensamientos de sus cabezas. Nunca lo matan de hambre, pero no les importa demasiado si un pensamiento devora a otro. Hablan sobre sus pensamientos con una veneración que hace que el valor de un hombre y la belleza de una doncella no valgan nada en comparación. Se comportan como si el género humano estuviera destinado a pensar tanto, como si fuera una orden del mismo Gran Espíritu. Si la palmera y la montaña pensaran, al menos no harían tanto alboroto. Y si pensasen ruidosamente e incontroladas como los Papalagi, con certeza las palmeras no producirían tan bellas hojas verdes ni frutas doradas. Por ahora sabemos que pensar nos haría viejos y feos antes de tiempo. La fruta caería antes de madurar, pero lo más probable es que ellas no piensen en absoluto.

Casto Acedo. Diciembre 2018