Transcribo para todos las notas de la enseñanza del Miércoles y texto de El libro de la orientación particular (anónimo del mismo autor de La Nube del No-saber).
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NOTA IMPORTANTE
para no desanimarse en la oración contemplativa por no percibir frutos, y para no obsesionarse con ellos.
La práctica de la oración de recogimiento (silencio) no debería nunca estar motivada por objetivos y rendimientos, como si de un negocio se tratara. Lo más correcto es decir “no hay objetivos”. Entonces –te preguntas- ¿por qué hablamos de "oración vocal", "oración de meditación", “oración esencial”, “oración existencial”, “paso de la meditación a la contemplación”, “siete moradas”, etc.? Pues lo hacemos simplemente para que podamos discernir (leer, interpretar, evaluar) nuestra oración personal.
Repito una y otra vez que lo nuestro es la “práctica” de la oración, con silencio (que incluye el silencio de la soberbia y de las pretensiones de alcanzar bienes o metas, ya sean materiales o espirituales); los dones que se reciben de la oración no son mérito nuestro, son eso: “dones”, “gracias”, gracia de Dios, y como tal han de ser acogidos con humildad y gratitud si se reciben; pero han de ser también no-deseados cuando no se reciben. Dios es quien marca los ritmos.
Si la sensación que tienes es de no avanzar en esos dones, tranquilízate, si sigues practicando la meditación aunque no haya gustos ni contentos vas por el buen camino. Donde más presente está Dios es en la noche de la fe, en la oscuridad, cuando nada se ve, ni se oye, ni se siente; donde no hay caminos ni seguridades; esta oscuridad es el camino más adecuado para la unión con Dios.
Si la sensación que tienes es de no avanzar en esos dones, tranquilízate, si sigues practicando la meditación aunque no haya gustos ni contentos vas por el buen camino. Donde más presente está Dios es en la noche de la fe, en la oscuridad, cuando nada se ve, ni se oye, ni se siente; donde no hay caminos ni seguridades; esta oscuridad es el camino más adecuado para la unión con Dios.
Dice san Juan de la Cruz: “La noche es el transito que hace el alma a la unión con Dios”. Es noche, porque a veces nos parece un sinsentido la renuncia a los apetitos materiales y espirituales; es noche también por la sequedad de la oración cuando nada parece iluminar la oscuridad; y finalmente es noche por el mismo término de la unión: Dios “el cual es noche oscura para el alma en esta vida” (1 Subida, 2,1).
Soy consciente de que todo esto exige una gran dosis de humildad, y más en un mundo como el nuestro que parece exigir necesariamente el premio debido al esfuerzo de la obra. Muchos abandonan la oración precisamente por esto, porque han dedicado horas y horas al silencio, han estudiado y meditado en profundidad, han sido dóciles a las técnicas y prácticas de meditación, ... pero han fallado en lo más elemental: la humildad. Esperaron lo que no es. Si ahondan con sinceridad en el fondo de su alma, verán que fracasaron porque todo lo hicieron para recibir; unos esperaron la oculta satisfacción de sentirse más dignos que los que le rodean, otros la búsqueda de una mayor consideración entre los espirituales, y puede que otros buscaran de modo más o menos consciente unas experiencias especiales que satisfagan su ego (avaricia espiritual), etc...
Cuando consideres tu vida contemplativa, no caigas en la trampa de evaluarla en clave de productividad (gustos, contentos, prestigio personal, bienestar anímico, etc.). En este caso no harías sino ahondar en la ambición del mundo del que te debes liberar. Si buscas algún interés personal en esto de la contemplación, lo único que estás haciendo es degradar la oración a artículo de consumo. Recuerda a san Juan de la Cruz: "cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo"; "para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada". No quieras tener gusto, es decir, no apetezcas. Lo malo no son los dones, sino el apego, el apetito de ellos, tanto cuando se desean como cuando se reciben.
El camino que te puede llevar a la unión con Dios es el de la "nada", dice san Juan de la Cruz. Nada. Anonadamiento. Humildad. Dejar que Dios sea Dios, y mentalizarme de que "yo no soy nada", sin Dios. Es cuestión de fe.
El camino que te puede llevar a la unión con Dios es el de la "nada", dice san Juan de la Cruz. Nada. Anonadamiento. Humildad. Dejar que Dios sea Dios, y mentalizarme de que "yo no soy nada", sin Dios. Es cuestión de fe.
Notas
· Dos modos de oración:
o Oración esencial (relacionada con lo que Dios es y lo que yo soy; reflexiono sobre los atributos de Dios o sobre la Escritura. Meditación).
o Oración existencial, una forma de contemplación mística. Es la oración del mero ser. Uno se contenta con ser. Se llega a la conciencia existencial: no importa aquí lo que Dios es sino que Dios es; no lo que yo soy, sino que yo soy.
· La oración existencial es una oración de silencio, sin palabras, pensamientos, imágenes ni representaciones gráficas.
· Tu mente sigue estando activa, aunque a otro nivel más profundo; la mente superficial seguirá trabajando; pero no le prestes atención.
· Presta atención al “desnudo impuso de amor dirigido a Dios”. Que el amor de Dios te inunde y tu amor a Dios se potencie. Oración del corazón. La oración no será ya de un “mero ser” sino de un “estar enamorado”. Este “ESTAR ENAMORADO” es la esencia de la contemplación cristiana. Desnudo impulso = ciego movimiento de amor o amorosa sensación de la presencia de Dios. Llama de amor viva (S J+). Percibir que "yo soy" y que "Dios es".
Cuando te retires a hacer oración tú solo, aparta de tu mente todo lo que has estado haciendo o piensas hacer. Rechaza todo pensamiento, sea bueno o malo.
Desnúdala de toda idea particular sobre Dios (cómo es él en sí mismo o en sus obras) y mantén despierta solamente la simple conciencia de que Él es como es. Déjale que sea así, te lo pido, y no le obligues a ser de otra manera. No indagues más en Él, quédate en esta fe como en un sólido fundamento.
Esta simple conciencia, desnuda de ideas y deliberadamente amarrada y anclada en la fe, vaciará tu pensamiento y afecto dejando sólo el pensamiento desnudo y la sensación ciega de tu propio ser. Sentirás como si todo tu deseo clamara a Dios y dijera:
Oh Señor, yo te ofrezco lo que soy, sin mirar a ninguna cualidad de tu ser sino al hecho de que tú eres como eres; esto y nada más que esto.
Que este sosiego y oscuridad ocupe toda tu mente y que seas tú un reflejo de ella. Pues quiero que el pensamiento que tienes de ti mismo sea tan puro y simple como el que tienes de Dios. Así podrás estar espiritualmente unido a Él sin fragmentación alguna y sin disipación de tu mente. Él es tu ser y en Él tú eres lo que eres, no sólo porque Él es la causa y el ser de todo lo que existe, sino porque Él es tu causa y el centro profundo de tu ser.
En esta obra de contemplación, por tanto, has de pensar en Él y en ti de la misma manera: esto es, con la simple conciencia de que Él es como es y de que tú eres como eres. En este sentido tu pensamiento no quedará dividido o disperso, sino unificado en Él, que es el todo.
Acuérdate de esta distinción entre Él y tú: Él es tu ser, pero tú no eres el suyo. Cierto que todo existe en Él como en su fuente y fundamento del ser, y que Él existe en todas las cosas, como su causa y su ser. Pero queda una distinción radical: Él solo es su propia causa y su propio ser. Pues así como nada puede existir sin Él, de la misma manera Él no puede existir sin Él mismo. Él es su propio ser y el ser de todas las demás cosas. De Él sólo puede decirse: Él está separado y es distinto de toda otra cosa creada. Y asimismo, Él es el único en todas las cosas y todas las cosas son una en Él. Repito: todas las cosas existen en Él; Él es el ser de todo.
Siendo esto así, deja que la gracia una tu pensamiento y afecto a Él, mientras que tú te esfuerzas por rechazar hasta la más mínima indagación sobre las cualidades particulares de tu ciego ser o del suyo. Mantén tu pensamiento totalmente desnudo, tu afecto limpio de todo querer y tu ser simplemente tal como eres. Así la gracia de Dios puede tocarte y nutrirte con el conocimiento experimental de Dios tal como es. En esta vida, semejante experiencia permanecerá siempre oscura y parcial, de modo que tu ardiente deseo por Él esté siempre nuevamente encendido por Él.
Levanta, pues, tus ojos con alegría y di a tu Señor, con las palabras o el deseo:
Oh Señor, yo te ofrezco lo que soy pues tú eres todo lo que soy.
Levanta, pues, tus ojos con alegría y di a tu Señor, con las palabras o el deseo:
No prosigas, quédate en esta simple, firme y elemental conciencia de que tú eres como eres.
Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Enero 2019


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