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martes, 8 de enero de 2019

Carta de santo Tomás a un estudiante


 
Se atribuye a santo Tomás de Aquino esta carta a un estudiante que le pregunta acerca de cómo aprovechar sus estudios. 
 
Santo Tomás ha pasado a la historia como un gran filósofo y teólogo, pero poco se ha dicho de su dimensión mística. Es verdad que sus escritos parecen no espirar nada de afectividad y emotividad, pero ¿quiere eso decir que no vivió nada de eso? Todos los estudiosos del santo coinciden en que una teología tan profunda no pudo basarse simplemente en la metafísica de Aristóteles y su afirmación de la verdad del ser, llegando a definir a Dios como ipsum ese subsistens (ser cuya existencia se sostiene en sí misma). Lo que hizo santo Tomás fue intentar hacer razonable, echando mano de la filosofía, al que de por sí está más allá de la razón: Dios.
 
No llegó a completar su gran obra (Summa Theologica), y dicen que fue porque, después de tanto escribir sobre el misterio de Dios, llegó a la conclusión de que todo lo que había escrito le parecía paja. Está de fondo, en esta afirmación, la imagen bíblica del grano que se almacena en el granero y la paja que se echa al fuego (Mt 3,12). Hubiera sido un error quemar la obra de santo Tomás y no haberla publicado. Lo que el santo pretende decir es que el Misterio de Dios (grano) es lo que verdaderamente interesa, la  teología es algo accidental y secundario (paja); la teología pasará, Dios permanece para siempre. 
 
Por eso, sin negar la importancia de la razón para ilustrar los caminos de la fe, no podemos desligarla de la experiencia misma de Dios. Nuestras teologías no son Dios. Dios está mucho más allá de todos nuestros discursos (pensamientos). No olvidemos que "Dios primerea"; lo primero es la verdad en sí misma (Dios)  y luego su interpretación (teología). El camino inverso sólo puede conducir a la idolatría de hacer un dios de mi idea o imagen de Dios.
 
Hay que empezar por lo sencillo, dice el texto que sigue. ¿Hay algo más sencillo que el silencio? Deja pues, a un lado, los cotilleos sobre Dios y vive en el silencio su presencia.
 
La carta del santo no tiene desperdicio. Un motivo para meditar y asimilar.
 
 
“Querido amigo:
 
Me preguntaste: ¿Qué he de hacer para encontrar el tesoro de la sabiduría? He aquí mi consejo: No te lances directamente al mar; acude a él por los ríos. Con otras palabras: empieza por lo sencillo, que ya llegará lo complicado.
 
Te añadiré algo más para tu vida personal. Procura pensar lo que dices. Si puedes evitar las tertulias en las que se habla demasiado, mejor. Que en tu conciencia no haya dobleces. Se constante en la oración. Enamórate del recogimiento, pues en él encontrarás luz para entender.
 
Que tu trato sea siempre amable. Interiormente no condenes a nadie. Deja a un lado los cotilleos, que solo producen menosprecio y distracción. Infórmate de lo que ocurre en el mundo, pero no seas mundano. Trázate objetivos claros, evitando toda dispersión. Sigue las huellas que han dejado marcadas los mejores.
 
Archiva en tu memoria todo lo bueno que oigas y veas, venga de donde venga. Esfuérzate por comprender lo que leas. Disipa las dudas que te surjan. Ve llenando tu mente de cosas como quien va llenando un vaso: poco a poco. Calibra tus fuerzas y no pretendas alcanzar lo que rebasa tus posibilidades.
 
Si haces todo esto, mientras vivas, serás como una cepa cargada de racimos en la viña del Señor. Además, conseguirás lo que te propongas”.
 
Casto Acedo. Enero 2019.  paduamerida@gmail.com.

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