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viernes, 11 de octubre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 45

45.

UNA BUENA EXPOSICIÓN DE CIERTOS ENGAÑOS QUE PUEDEN ACECHAR AL CONTEMPLATIVO [1]

Te debo advertir que un joven novicio, sin experiencia en la contemplación, está expuesto a una gran decepción si no está constantemente alerta y no es lo suficientemente sincero para buscar un guía seguro. El peligro es que puede dar al traste con su fortaleza física y caer en aberraciones mentales por medio del orgullo, la sensualidad y una engañosa sofistería.

He aquí cómo puede insinuarse la decepción. Un joven o una joven recién iniciado en el camino de la contemplación empieza a oír hablar del deseo por el que el hombre eleva su corazón a Dios, ansiando incesantemente experimentar su amor; oye hablar también sobre la tristeza que acabo de describir. Considerándose vanamente diestro y sofisticado en la vida espiritual, no tarda en comenzar a interpretar lo que oye en términos literales y materiales, perdiendo completamente de vista el sentido espiritual más profundo. Y por eso violenta locamente sus recursos físicos y emocionales más allá de toda razón. Despreciando la inspiración de la gracia y excitado por la vanidad y la presunción, fuerza su aguante tan mórbidamente que en poco tiempo se encuentra fatigado y extenuado en cuerpo y espíritu. Después siente la necesidad de aliviar la tensión creada buscando una compensación baladí, material o física, como relajación del cuerpo y del espíritu.[2]

Suponiendo que salga de esto, su ceguera espiritual y el abuso que inflige a su cuerpo en esta pseudo-contemplación (pues difícilmente se puede llamar espiritual) le pueden llevar a fomentar sus pasiones de forma no natural o a crear en él un estado frenético.[3] Y todo ello es el resultado de una pseudo-espiritualidad y de un mal trato del cuerpo. Está instigado por su enemigo, el demonio, que se vale de su orgullo, sensualidad y presunción intelectual para engañarle.[4]

Esta clase de personas creen, por desgracia, que la exaltación que sienten es el fuego del amor encendido en sus pechos por el Espíritu Santo. De este engaño y otros semejantes surgen males de todas clases, mucha hipocresía, herejía y error. Esta especie de pseudo-experiencia trae consigo el falso conocimiento propio de la escuela del diablo, de la misma manera que la auténtica experiencia comporta la comprensión de la verdad enseñada por Dios.[5] Créeme cuando te digo que el diablo tiene sus contemplativos como Dios tiene los suyos.

La falsedad de las pseudo-experiencias y del falso conocimiento se da de mil maneras y situaciones según las diferentes mentalidades y disposiciones de los engañados, de la misma manera que la experiencia verdadera asume muy diferentes formas subjetivas. Pero voy a detenerme aquí. No quiero cargarte con más conocimientos de los que necesitas para hacer seguro tu camino. ¿De qué puede servirte el oír que el maligno ha engañado a grandes clérigos y en diferentes etapas de su vida? De nada, estoy seguro. Por eso, sólo describiré aquellas trampas que puedes encontrar con más facilidad a medida que avanzas en esta obra. Te digo que puedes ser avisado de antemano y evitarías.


[1] Un número este de Nube del no saber que pone en guardia acerca de los peligros de la contemplación. Es importante este número, porque nos avisa. En el siguiente nos dará consejos para evitar los engaños, aquí avisa de que esos engaños existen, y son muy sutiles, tanto como “el demonio”.

[2] Es muy común caer en la tentación de confundir  los avances espirituales con sensaciones placenteras y agradables, confundiendo el don de los gustos y contentos que Dios da con merecimientos fruto de conquistas personales. Se evita todo lo que desagrada “perdiendo completamente de vista el sentido espiritual más profundo”. Llegado a este punto el falso espiritual “violenta locamente sus recursos físicos y emocionales más allá de toda razón”, es decir, pierde el sentido común de la fe y busca sólo la satisfacción personal. Quien inicia este camino suele terminar agotado, incluso físicamente, por ejercicios desmesurados en busca de “novedades”. “En poco tiempo se encuentra fatigado y extenuado en cuerpo y espíritu. Después siente la necesidad de aliviar la tensión creada buscando una compensación baladí, material o física, como relajación del cuerpo y del espíritu”. La frustración de no experimentar lo que busca obsesivamente le llevará a buscar compensaciones fuera (avaricia, lujuria, ira, pereza, etc.). Cuando estas compensaciones dan la cara conviene revisar a fondo la vida espiritual.

[3] “Un estado frenético”, acelerado, obsesivo, amante del ruido y experiencias espectaculares. Todo lo contrario de la calma y serenidad que  da el Espíritu y que ilumina con su paz el camino a seguir.

[4] Iluminador en esto de los tejemanejes del demonio es el el capítulo 4 de las Moradas quintas de santa Teresa; advierte de que ha “conocido personas muy encumbradas llegar a este estado (desposorios) y con gran sutileza y ardid del demonio tornarlas a ganar para sí; porque debe juntarse todo el infierno para ello, porque, como muchas veces digo, no pierden un alma sola sino gran multitud” (4,6). Es decir, que la caída de un avanzado en el camino es escándalo para los que le tienen por vituoso, igual que su testimonio es de ánimo para muchos.  A media que uno se acerca a la Luz las tinieblas se defienden queriendo arrastrar al espiritual hacia ellas. 

[5] El conocimiento propio:  dice santa Teresa que “es cosa tan importante este conocernos que no querría en ello hubiese jamás relajación, por subidas que estéis en los cielos; pues mientras estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la humildad” (1 M 2,9). Aquí Nube del no saber habla de “conocimiento propio de la escuela del diablo”, al que lógicamente no hay cosa que más le importe que la vanidad y la soberbia. Santa Teresas apunta que el remedio contra el ángel de luz que es el demonio que se presenta bajo forma de bien, no puede ser otro que buscar sinceramente la voluntad de Dios: “si esta alma se estuviese siempre asida a la voluntad de Dios, que está claro que no se perdería; mas viene el demonio con unas sutilezas grandes, y debajo de color de bien vala desquiciando en poquitas cosas de ella y metiendo en algunas que él le hace entender que no son malas, y poco a poco oscureciendo el entendimiento y entibiando la voluntad y haciendo crecer en ella el amor propio, hasta que de uno en otro la va apartando de la voluntad de Dios y llegando a la suya.”. ¿Dónde hallar la voluntad de Diosque santa Teresa recomienda como remedio a las tentaciones y desviaciones en la oración? Buscándola en la meditación y estudio de la Sagrada Escritura y estando bajo la dirección de maestros espirituales adecuados. Como dice a su inico este número de Nube, quien es tentado "está expuesto a una gran decepción si no está constantemente alerta y no es lo suficientemente sincero para buscar un guía seguro". 

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Octubre 2024
Casto Acedo

martes, 8 de octubre de 2024

San Pablo

 

Pablo de Tarso

Cada mes hablaremos y profundizaremos en la vida y enseñanzas de místicos relevantes en la historia de nuestra Iglesia. El libro que seguimos para ello, Testigos de la experiencia de fe, nos presenta a doce santos que han marcado las líneas de la espiritualidad cristiana.

Comenzamos con SAN PABLO (Páginas 11-22). ¿Puede ser considerado un místico? Esa es la pregunta que abre el tema. No hay duda de que la predicación de Pablo, que fue capaz de revolucionar y extender el cristianismo por todo el imperio Romano, tiene en sus inicios una experiencia de Dios, un “encuentro místico con Jesucristo”. Eso le lleva a una “conversión” progresiva, hasta poder decir “estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,19-20).

La experiencia del encuentro conduce a una conciencia de la Presencia de Dios en la vida diaria. Eso es la fe, virtud que “no se reduce en absoluto a la adhesión a unas verdades que exceden la capacidad de la razón humana. Es una experiencia que afecta a la persona toda, que impregna toda su vida y origina una vida nueva” (Pg 13).

En la próxima reunión podemos preguntarnos y compartir:

1) ¿Qué es lo que más me llama la atención de san Pablo? 

2) ¿Qué es para mi la fe?

3) ¿Qué relación veo entre fe y “experiencia mística”?

4) ¿Cómo entiendo la expresión de san Pablo: “El justo vive por la fe” (Gal 3,11; Rm 1,17)

5) ¿Cómo entiendo que se “ejercita” la fe?

Las preguntas son orientativas; se trata de que compartamos lo que más nos haya impresionado de lo leído sobre san Pablo en el libro que seguimos o en lo aprendido en otras lecturas o foros.

Como trasfondo del tiempo de silencio ponemos el texto de Gal 2,19-21 que está en la pg. 21:
“Estoy crucificado con Cristo, y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mi. Ahora, en mi vida mortal, vivo creyendo en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí. No quiero hacer estéril la gracia de Dios; pero si la salvación se alcanza por la ley, entonces Cristo habría muerto en vano”.
Los demás textos recogidos al final del capítulo dedicado a san Pablo pueden servir para profundizar en los silencios personales que cada cual haga durante este mes. Cada mes nos ocuparemos de un testigo de la fe.

Octubre 2024
Casto Acedo.

martes, 1 de octubre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 44


44.

CÓMO SE HA DE DISPONER LA PERSONA A FIN DE DESTRUIR LA CONCIENCIA ELEMENTAL DE CONCENTRACIÓN EN SU PROPIO SER [1]

Me preguntas ahora cómo podrás destruir este elemental conocimiento y sentimiento de tu propio ser. Quizá tú llegas a comprender por fin que, si destruyes esto, cualquier otro obstáculo quedaría destruido. Si has llegado a entender esto, ya es mucho. Pero para responderte he de explicar que sin una gracia especial de Dios, libremente otorgada, y sin la perfecta correspondencia a esta gracia por tu parte, no puedes nunca esperar la destrucción de ese elemental conocimiento y sentimiento de tu ser. La perfecta correspondencia a esta gracia consiste en un fuerte y profundo dolor o tristeza interior.

Pero es de suma importancia modelar este dolor. Has de ser cauto para no forzar nunca de forma irreverente tu cuerpo o tu espíritu. Siéntete relajado y tranquilo pero sumergido en el dolor. El dolor del que hablo es genuino y perfecto, y bendito el hombre que lo experimente. Todo hombre tiene muchos motivos de tristeza, pero sólo entiende la razón universal y profunda de la tristeza el que experimenta que es (existe).[2] Todo otro motivo palidece ante este. Sólo siente auténtica tristeza y dolor quien se da cuenta no sólo de lo que es sino de que es. [3] Quien no ha sentido esto debería llorar, pues nunca ha experimentado la verdadera tristeza. Esta tristeza purifica al hombre del pecado y del castigo del pecado. Aún más, prepara su corazón a recibir aquella alegría por medio de la cual trascenderá finalmente el saber y el sentir de su ser.

Cuando esta tristeza es auténtica, está henchida del anhelo reverente de la salvación de Dios, pues de otra manera ningún hombre podría aguantarla.[4] Si el hombre no estuviera un tanto alentado por el consuelo de la oración contemplativa, quedaría completamente aplastado por el conocimiento y sentimiento de su ser. Pues cuántas veces quiere llegar a un conocimiento y sentimiento verdaderos de Dios en pureza de su espíritu (hasta el punto que es posible en esta vida) y siente luego que no puede -pues se da cuenta constantemente de que su conocer y su sentir están como ocupados y llenos de una fétida y pestilente mancha de si mismo, que siempre ha de odiarse, despreciarse y desecharse, si se quiere ser perfecto discípulo de Dios y enseñado por él solo en el monte de la perfección-, casi se desespera por la tristeza que siente, llorando, gimiendo, retorciéndose, imprecando y reprochándose a sí mismo. Siente, en una palabra, el peso de si mismo de una manera tan trágica que ya no se cuida de si mismo con tal de poder amar a Dios.

Y sin embargo, en todo esto no desea dejar de existir, pues esto es locura del diablo y blasfemia contra Dios. De hecho, se alegra de existir y desde lo hondo de su corazón rebosante de agradecimiento da gracias a Dios por el don y el bien de su existencia. Al mismo tiempo, sin embargo, desea incesantemente verse libre del conocimiento y sentimiento de su ser. Antes o después todos han de darse cuenta en alguna medida tanto de esta tristeza como de este anhelo de libertad. Dios, en su sabiduría, enseñará a sus amigos espirituales, según la fuerza física y moral de cada uno, a soportar esta verdad, de acuerdo con el progreso y la apertura a su gracia de cada uno.[5] Él los instruirá poco a poco hasta que sean completamente uno en la plenitud de su amor; esa plenitud posible en la tierra con su gracia.

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[1] El texto no es fácil de comprender; en él se insiste en algo que no suele gustar: el olvido de sí. Debemos partir de que “soy”, es decir, tengo un ser; me conozco y me experimento a mí mismo, e identifico ese conocimiento y esos sentimientos con mi “yo”, mi ser;  y me da pánico el no-ser, la muerte.  Sin embargo, llega un momento en el camino espiritual en el que Dios me pide dar muerte a ese “yo” aparentemente autosostenible para empezar a “vivir en Otro”, sostenido por Dios. Aquí yo no puedo hacer nada si Dios no lo hace: “ sin una gracia especial de Dios, libremente otorgada, y sin la perfecta correspondencia a esta gracia por tu parte, no puedes nunca esperar la destrucción de ese elemental conocimiento y sentimiento de tu ser”.

[2] “Todo hombre -dice Nube 44-  tiene muchos motivos de tristeza, pero sólo entiende la razón universal y profunda de la tristeza el que experimenta que es (existe)”. Al adentrarme en las profundidades del espíritu el alma toma  conciencia de que este ser que soy es débil y está sometido a las pasiones de gozo, tristeza, temor y esperanza. Ante mi fragilidad e insignificancia me vengo abajo. ¿Qué me queda? Nada. Entonces me invade una profunda tristeza. Es la noche oscura del sentido a la que se suma la noche oscura del espíritu, cuando ya ni las cosas de Dios ni las de los hombres satisfacen.  En la noche más profunda suele hacer su aparición una tristeza purificadora. ¿Purificadora por qué? Porque es la consecuencia de soltar todo lo que sustuvo hasta entonces mi ego. Soltados todos mis apetitos sensuales y espirituales debería leer esa tristeza como germen de algo nuevo; pasó la luz de la víspera, entré en oscuridad y ahora estoy más cerca de la aurora. En plena noche sólo me queda la gracia del amor de Dios. Él es lo único que tengo, lo único a donde asirme. Él me sacará de las tinmieblas, del abatimiento de mi ser.  “Dios -dice el autor de Nube-, en su sabiduría, enseñará a sus amigos espirituales, según la fuerza física y moral de cada uno, a soportar esta verdad, de acuerdo con el progreso y la apertura a su gracia de cada uno”.

[3] “Lo que es” se refiere a lo se tiene: existencia, cuerpo, alma, cualidades, etc... “Qué es” se refiere al “ser”, el yo-profundo que se esconce bajo “lo que somos”. Es bueno meditar no sólo en lo que somos sino también en el hecho de que somos. Y el propio ser acabará reconociendo su contingencia. Cuando se admite esto puede venir la “tristeza purificadora”, que es como decir la “humildad salvadora”. La humildad, cuando se ejercita, lleva consigo grandes dosis de tristeza; ¿no le pasó a Jesús en Getsemaní? El abajamiento o kénosis conduce a una sensación de muerte, y de hecho es una muerte social y una muerte personal en lo que tiene de despojo de todo aquello en lo que solemos poner nuestra vida: riquezas, salud, ideas, creencias, costumbres, etc. «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo» (Mt 26,38). Al final Jesús fue abandonado por los suyos y se quedó sólo, desnudo y descolgado de todo lo que humanamente daba sentido a su vida. Y su alma, en gtal trance, permaneció firmemente unida al Padre en la tristeza. Es en estos momentos donde la fe muestra su cualidad de luz en la oscuridad y experimetna un crecimiento excelente.

[4] En Cántico Espiritual se llama a esta etapa de la noche nimbada de tristeza “cierzo”. Comentando el verso “deténte, cierzo muerto” dice san Juan de la Cruz: “El cierzo es un viento frío y seco, y marchita las flores; y porque la sequedad espiritual hace ese mismo efecto en el alma donde mora, la llama cierzo, y muerto, porque apaga y mata la suavidad y jugo espiritual; por el efecto que hace, la llama cierzo muerto. Y deseando la esposa conservarse en la suavidad de su amor, dice a la sequedad que se detenga; lo cual se ha de entender que este dicho es cuidado de hacer obras que la detengan” (Cantico B 17, 2)

[5] ¿Qué obras pueden detener o al menos suavizar el sentimiento de abatiiento de la noche espiritual? ¿Qué obras pueden detener al “cierzo muerto” de la tristeza? San Juan de la Cruz propone: “Para mortificar las cuatro pasiones naturales, que son: gozo, tristeza, temor y esperanza, aprovecha lo siguiente: Procurar siempre inclinarse no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso. No a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino a lo que no da gusto. No inclinarse a lo que es descanso, sino a lo más trabajoso. No a lo que es consuelo, sino a lo que no es consuelo; no a lo más, sino a lo menos. No a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado. No a lo que es querer algo, sino a lo que no es querer nada. No andar buscando lo mejor de las cosas, sino lo peor, y traer desnudez y vacío y pobreza por Jesucristo de cuanto hay en el mundo”·.

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Octubre 2024

Casto Acedo.

 

lunes, 23 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 43

 

43.

QUE EL HOMBRE HA DE PERDER LA CONCIENCIA RADICAL DE CONCENTRACIÓN EN SU PROPIO SER, SI ES QUE QUIERE LLEGAR A LAS ALTAS CIMAS DE LA CONTEMPLACIÓN EN ESTA VIDA

Sé cauto al vaciar tu mente y tu corazón de todo excepto de Dios durante el tiempo de esta obra. Rechaza el conocimiento y la experiencia de todo lo que es inferior a Dios, dejándolo bajo la nube del olvido. Y has de aprender también a olvidar no sólo a toda criatura y sus obras sino también a ti mismo, juntamente con cuanto has hecho por el servicio de Dios. Pues un verdadero amante no sólo quiere a su amado más que a si mismo sino que en cierto sentido se olvida de si mismo en relación al único que ama.[1]

Y esto es lo que has de aprender a hacer. Has de llegar a abominar y detestar todo lo que ocupa tu mente excepto a Dios, pues todo es un obstáculo entre él y tú. Apenas si te ha de extrañar el que llegues a odiar el pensar sobre ti mismo en vistas a tu mayor comprensión del pecado. Esta mancha fétida y detestable llamada pecado no es sino tú mismo, y aunque no lo consideres con todo detalle, ahora sabes que es parte y parcela de tu mismo ser y algo que te separa de Dios.

Rechaza, pues, el pensamiento y la experiencia de todas las cosas creadas, pero aprende más especialmente a olvidarte de ti mismo, ya que todo tu conocimiento y experiencia depende del conocimiento y sentimiento de ti mismo. Todo lo demás se olvida fácilmente en comparación con uno mismo. Comprueba si la experiencia no me da a mí la razón. Aun mucho después de haberte olvidado con éxito de las criaturas y de sus obras, te darás cuenta de que un elemental conocimiento y sentimiento de tu ser sigue permaneciendo entre ti y Dios. Créeme, no serás perfecto en el amor hasta que esto sea también destruido.

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NOTAS


[1] “La afición y asimiento que el alma tiene a la criatura iguala a la misma alma con la criatura, y cuanto mayor es la afición, tanto más la iguala y hace semejante, porque el amor hace semejanza entre lo que ama y es amado. Que por eso dijo David (Sal. 113, 8), hablando de los que ponían su afición en los ídolos: ´Sean semejantes a ellos los que ponen su corazón en ellos. Y así, el que ama criatura, tan bajo se queda como aquella criatura, y, en alguna manera, más bajo; porque el amor no sólo iguala, mas aun sujeta al amante a lo que ama. Y de aquí es que, por el mismo caso que el alma ama algo, se hace incapaz de la pura unión de Dios y su transformación; porque mucho menos es capaz la bajeza de la criatura de la alteza del Criador que las tinieblas lo son de la luz. ... Así como no comprehende a la luz el que tiene tinieblas, así no podrá comprehender a Dios el alma que en criaturas pone su afición; de la cual hasta que se purgue, ni acá podrá poseer por transformación pura de amor, ni allá por clara visión. Y para más claridad, hablaremos más en particular. (San Juan de la Cruz, 1 Subida 4,3)

* ¨No puede dejar de desear el alma enamorada la paga y salario de su amor, por el cual salario sirve al Amado, porque, de otra manera, no sería verdadero amor. El cual salario y paga no es otra cosa, ni el alma puede querer otra, sino más amor, hasta llegar a estar en perfección de amor, el cual no se paga sino de sí mismo, según lo dio a entender el profeta Job (Jb 7, 2) por estas palabras, diciendo: ...  ´Como el ciervo desea la sombra y como el mercenario espera el fin de su obra, así yo también tuve los meses vacíos y contaba las noches trabajosas y prolijas para mí. Si me acostare a dormir, diré: ¿cuándo llegará el día en que me levantaré? Y luego volveré a esperar la tarde, y seré lleno de dolores hasta las tinieblas de la noche´. De esta manera, el alma que anda estando encendida en amor de Dios, desea el cumplimiento y perfección del amor para tener allí cumplido refrigerio... El alma que ama a Dios no ha de pretender ni esperar otra cosa de él sino la perfección del amor. (Ibid Cántico,  9,6)

* ¨El endiosamiento y levantamiento de mente en Dios, en que queda el alma como robada y embebida en amor, toda hecha en Dios, no la deja advertir a cosa alguna del mundo; porque no sólo de todas las cosas, mas aun de sí queda enajenada y aniquilada, como resumida y resuelta en amor, que consiste en pasar de sí al Amado” (Ibid 26,14)

Septiembre 2024

C.A.

martes, 17 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 42

42

QUE NO TENIENDO MODERACIÓN EN LA CONTEMPLACIÓN, EL HOMBRE PUEDE LLEGAR A LA PERFECTA MODERACIÓN EN TODO LO DEMÁS [1]

Quizá estés preguntándote ahora cómo determinar la medida adecuada en la comida, la bebida, el sueño y demás. Te contestaré brevemente: conténtate con aceptar las cosas según vienen. Si te entregas generosamente a la obra del amor, estoy seguro de que sabrás cuándo has de comenzar y terminar cualquier otra actividad. No puedo creer que una persona entregada con toda su alma a la contemplación pueda errar por exceso o por defecto en estos asuntos externos, a menos que sea una persona que siempre yerre.

¡Ojalá yo pudiera estar siempre preocupado y ser fiel a la obra del amor en mi corazón! Dudo que entonces me preocupase mucho de mi comida, bebida, sueño y conversación. Pues ciertamente se consigue antes moderación en estas cosas por despreocupación de las mismas que a través de una introspección angustiosa, como si esta ayudara a determinar la medida adecuada. Con seguridad nada de lo que haga o diga puede realmente conseguirlo. Que otros digan lo que quieran; la experiencia es mi testigo.

Por eso te digo, una vez más, eleva tu corazón con un ciego impulso de amor, consciente ora del pecado, ora de Dios, deseando a Dios y detestando el pecado. A este lo conoces demasiado bien, pero tu deseo tiende hacia Dios. Pido que el buen Dios venga en tu ayuda, pues al llegar a este punto le necesitarás muchísimo

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NOTAS

[1] ¿De fuera hacia dentro?  ¿O de dentro hacia fuera? ¿Llegar a la moderación (medida justa) en la vida -en el caso concreto que se menciona: moderación en la comida y en la bebida- imponiéndome una disciplina exterior o simplemente cultivando mi interior?. Si aplicamos aquí el texto evangélico que habla de las intenciones de corazón  indicando que de dentro,“del corazón salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias. Estas cosas son las que hacen impuro al hombre” (Mt 15,18), podemos también decir que las cosas que hacen puro al hombre, es decir la moderación en las costumbres, salen también de dentro. Y de esta conclusión sobre  la importancia de la exterioridad y la interioridad extraemos  unas lecciones interesantes:

1) La primera es que si queremos moderación y finura exterior debemos comenzar por serenar y pulir lo interior: ”Si te entregas generosamente a la obra del amor, estoy seguro de que sabrás cuándo has de comenzar y terminar cualquier otra actividad”.

2) La segunda enseñanza es que observando tu moderación exterior puedes discernir tu estado espiritual interior: “No puedo creer que una persona entregada con toda su alma a la contemplación pueda errar por exceso o por defecto en estos asuntos externos”. 

3) Una tercera enseñanza  es que cuando se quiere conseguir la moderación exterior recurriendo a la culpabilidad o autocondena, “a través de una introspección angustiosa”, se fracasará en el intento.

4) Finalmente, como cuarta enseñanza tenemos la conclusión del autor de la Nube: lo importante es dedicar el tiempo y las energías a la contemplación para alcanzar amor: “eleva tu corazón con un ciego impulso de amor”; o dicho en lenguaje más bíblico: "Busca primero el reino de Dios y su justicia; y todo lo demás se te dará por añadidura" (Mt 6,33)

Septiembre 2024
C. A.

lunes, 2 de septiembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 41


41.

 QUE EN TODO, EXCEPTO EN LA CONTEMPLACIÓN, LA PERSONA HA DE SER MODERADA

 Si me preguntas ahora qué clase de moderación has de observar en la obra de la contemplación, te responderé lo siguiente: ninguna. En todo lo demás, como el comer, beber y dormir, la moderación es la regla. Evita los extremos de calor y frío; guárdate contra el exceso por más o por menos en la lectura, la oración o el compromiso social. En todas estas cosas, repito, sigue el sendero del medio.[1] Pero en el amor no guardes medida. En realidad, desearía que nunca cesaras en esta obra del amor.

Has de darte cuenta, en efecto, de que en esta vida te será imposible continuar en esta obra con la misma intensidad durante todo el tiempo. La enfermedad, los achaques del cuerpo y del espíritu y otras innumerables necesidades de la naturaleza te dejarán indispuesto y apartado de sus alturas. Al mismo tiempo, sin embargo, te aconsejo que te mantengas siempre con buen ánimo y si quieres, con alegría. Lo que quiero decir es que con el deseo puedes permanecer en ella aun cuando interfieran otras cosas.

Por amor de Dios, evita, pues, la enfermedad en cuanto te sea posible, a fin de que no seas responsable de una enfermedad innecesaria. Te hablo seriamente cuando digo que esta obra exige una disposición relajada, sana y vigorosa tanto de cuerpo como de espíritu. Por amor de Dios, disciplínate en el cuerpo y en el espíritu a fin de mantener tu salud el mayor tiempo posible.

 Pero si, a pesar de tus mejores esfuerzos, la enfermedad te domina, sé paciente en soportarla y espera con humildad la misericordia de Dios.[2] Esto basta. En efecto, tu paciencia en la enfermedad y en la aflicción puede ser a menudo más grata a Dios que los tiernos sentimientos de devoción en tiempos de salud

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NOTAS 


[1] Es curioso que Nube cite el "sendero del medio", una expresión esta muy budista. Ya comentamos que este "en medio" era una invitación a no fijar la mirada en quien va más adelante que nosotros (en este caso de la moderación en el comer, el beber y el trabajo físico o entrega al servicio del prójimo), ni tampoco fijar tu mirada en quien aún no alcanza tu nivel de compromiso. El camino del medio es el de fijarte en ti, en tu momento, y mirarte en Jesucristo y en cómo alimentarte y cuidarte para mejor servirle a él y al prójimo. Desde esa mirada deberías organizarte en el cuidado de tu cuerpo a fin de cultivar la salud física. Pero, como dice Nube a continuación, en el amor no seas moderado.

[2] Cuando se está enfermo es claro que no apetece nada hacer oración contemplativa. No te culpes por ello. ¿Cómo centrarte en tu corazón cuando el dolor apremia? La enfermedad es una prueba de fuego desde la que evaluar el camino espiritual. Y hablo tanto de enfermedades físicas como psicológicas (depresión, desgana, dispersión mental excesiva, etc.). La enfermedad forma parte de las adversidades o cruces de la vida y pueden ayudarnos a tomar conciencia de nuestra debilidad y movernos a la humildad.

Quien lleva una vida ordinaria de oración y contemplación se supone que debería tener ciertos recursos espirituales para sobrellevar la enfermedad. Pero no necesariamente todos serán “faquires” que aguanten estoicamente el dolor. Las hagiografías, biografías de los santos, ofrecen unos testimonios a veces exagerados acerca de ellos afirmando a veces que no dejaban escapar de su corazón ni una queja ante el sufrimiento y el dolor en la enfermedad. Esto puede dar la impresión de que quien es espiritual debe alcanzar una apatía (apatheia, ausencia de pasión) tal que aguante estoicamente todo dolor y sufrimiento. 

No idealices esto. Los santos, como Jesús, tuvieron momentos en los que desahogaron su sufrimiento, aunque l amayor parte de ellos sin llegar a la blasfemia. Y si llegaron no tardaron en pedir perdón.  El mismo Jesús desahogó la incomprensión de su sufrimiento en la cruz: "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46). ¿Acaso piensas que esa expresión fue una ofensa a Dios? No. Más bien fue una confesión de su humanidad. Su corazón se mantuvo firme: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46). 

Cuando llega el sinsentido de la enfermedad pide fuerzas al Espíritu; y si tu mente o tu lengua cae en debilidad aprovecha para hacer un acto de fe y paciencia que te ayudarán a madurar en poco tiempo lo que en un banquito, silla o cojín de meditación te costaría años. 

Y seamos sensibles (empáticos) al sufrimiento de los enfermos, como Jesús, que “tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades” (Mt 8,17). En su Evangelio  del Reino los enfermos ocupan un lugar privilegiado.

Septiembre 2024

C. A

sábado, 24 de agosto de 2024

NUBE DEL NO-SABER 40


40. 
QUE DURANTE LA CONTEMPLACIÓN LA PERSONA DA DE LADO TODA MEDITACIÓN SOBRE LA NATURALEZA DE LA VIRTUD Y DEL VICIO

Como ya he explicado, has de sumergir tu ser en la realidad espiritual significada por la palabra «pecado», no insistiendo, sin embargo, en una clase particular de pecado tal como el orgullo, la ira, envidia, codicia, pereza, gula, lujuria o cualquier otro pecado, sea mortal o venial. Pues, para un contemplativo, ¿qué importa la clase o la gravedad del pecado? A la luz de la contemplación cualquier cosa que le separa de Dios, por leve que sea, aparece como un mal atroz y le roba la paz interior.

Trata de experimentar el pecado como un conjunto de algo, entendiendo que eres tú mismo, pero sin definirlo con precisión. Luego grita en tu corazón esta única palabra: «pecado», «pecado», «pecado», o «socorro», «socorro», «socorro». Dios puede enseñarte lo que quiero decir por medio de la experiencia mucho mejor de lo que puedo hacerlo con palabras. Pues lo mejor es que esta palabra sea totalmente interior sin un pensamiento definido o un sonido real.

En ocasiones, te sentirás tan saturado de lo que es el pecado, que la tristeza y el peso del mismo se extenderá por todo tu cuerpo y alma, hasta llegar a exclamar la misma palabra. Todo esto es igualmente cierto de la palabra «Dios». Sumérgete en la realidad espiritual de que te habla, pero sin ideas precisas de las obras de Dios, sean grandes o pequeñas, espirituales o materiales. No consideres ninguna virtud en particular que Dios pueda enseñarte con su gracia, sea la humildad, la caridad, paciencia, abstinencia, esperanza, fe, moderación, castidad o pobreza evangélica.[1] Porque, en cierto sentido, para el contemplativo todas son lo mismo. Él encuentra y experimenta todas ellas en Dios, quien es la fuente y esencia de toda bondad.

El contemplativo ha llegado a comprender que si posee a Dios, posee todos los bienes, y por eso no desea nada en particular sino sólo al buen Dios mismo. Y tú también debes hacerlo así, en cuanto te es posible con su gracia. Que esta palabra represente para ti a Dios en toda su plenitud y nada más que la plenitud de Dios. Que nada sino Dios predomine en tu mente y en tu corazón. Y dado que, mientras vivas en esta vida mortal, habrás de sentir en alguna medida el peso del pecado como parte y parcela de tu ser, sé lo suficientemente prudente para alternar entre estas dos palabras: «Dios» y «pecado». Acuérdate de este principio general: si posees a Dios te verás libre del pecado, y cuando estás libre del pecado posees a Dios.

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NOTA AMPLIA

[1] Las palabras de este número de Nube sobre las virtudes me recuerdan al texto de Margarita Porete en El espejo de las almas simples, capítulo 6. En un diálogo entre Amor y Alma ésta última incluso llega a decir: “Virtudes, me despido de vosotras para siempre”. Puede que sea esta la principal afirmación que los inquisidores no supieron o no quisieron leer en el sentido que pretendía la autora, lo cual facilitó los argumentos para su condena a muerte por la inquisición en París el año 1310. El texto en cuestión dice así:

Capítulo 6. Cómo el Alma enamorada de Dios, viviendo en paz de caridad, se despide de las Virtudes.

[Amor:] Esta Alma que posee tal amor —dice el propio Amor— puede decirles a las Virtudes que ya ha estado largo tiempo y muchos días a su servicio.

El Alma: Os lo confieso, dama Amor —dice esta Alma—, hubo un tiempo en que lo estuve, pero ahora es otro momento; vuestra cortesía me ha apartado de su servidumbre. Por ello ahora les puedo decir y cantar abiertamente:

Virtudes, me despido de vosotras para siempre,
Tendré el corazón más libre y más alegre,
Serviros es demasiado costoso, lo sé bien,
Puse en otro tiempo mi corazón en vosotras, sin reservas,
Era vuestra, lo sabéis, a vosotras por completo abandonada,
Era entonces vuestra sierva, ahora me he liberado.
Tenía puesto en vosotras todo mi corazón, lo sé bien,
Pues viví por entonces en un gran desfallecer.
Sufrí grandes tormentos mientras duró mi pena,
Es maravilla que haya escapado con vida,
Pero, como es así, poco importa ya: me he separado de vosotras,
Doy por ello las gracias al Dios de las alturas; el día me es favorable,
Me he alejado de vuestros peligros, en los que me hallaba con gran contrariedad.
Nunca fui libre hasta que me desavecé de vosotras;
Partí lejos de vuestros peligros y permanecí en paz.

La afirmación a la que nos referimos choca con la razón lógica de un “buen cristiano”, y así, en la misma obra, capítulo 8, Razón, que es otro personaje en el diálogo lo hace saber a Amor.

Capítulo 8. Cómo Razón se asombra de que esta Alma haya abandonado las Virtudes y cómo lo alaba Amor.

[Razón:] ¡Oh, Amor! —dice Razón que no entiende más que lo basto y deja lo sutil—, ¿qué maravilla es ésta? Esta Alma no tiene ningún sentimiento de gracia ni deseo del espíritu, puesto que se ha despedido de las Virtudes que proporcionan la manera de vivir bien a toda alma buena. Sin las Virtudes nadie puede salvarse ni llegar a la perfección de vida, y quien las posee no puede ser engañado; sin embargo, esta Alma se despide de ellas. ¿No está fuera de sentido el Alma que así habla?

Amor: Ciertamente no —dice Amor—, pues Almas tales poseen todas las Virtudes mejor que cualquier otra criatura, pero ya no las practican, pues no les pertenecen como solían; han estado sujetas a ellas lo suficiente como para ser libres de ahora en adelante.

Razón: ¡Oh, Amor! —dice Razón—, ¿cuándo estuvieron sujetas?

Amor: Cuando permanecieron en el amor y la obediencia a vos, dama Razón y también a las otras Virtudes; y tanto permanecieron que se hicieron libres.

Razón: ¿Y cuándo se hacen libres? —dice Razón.

Amor: Cuando Amor habita en ellas y las Virtudes les sirven sin contradicción y sin esfuerzo de estas Almas.

¡Ay, Razón! Sin duda —dice Amor—, esas Almas que han llegado a ser así de libres han sabido durante largo tiempo lo que suele hacer Dominio; a quienes les preguntasen por el mayor tormento que pueda sufrir una criatura, responderían: permanecer en Amor y estar bajo la obediencia de las Virtudes. Pues es necesario dar a las Virtudes cuanto piden, por mucho que le cueste a Naturaleza. Y resulta que las Virtudes piden honor y haber, corazón, cuerpo y vida; es decir, piden que esas Almas dejen todas esas cosas y aun le dicen a esa Alma, que les ha dado todo esto y no ha retenido nada con que confortar a Naturaleza, que «a duras penas se salva el justo», y por ello esa Alma consternada, que aún está al servicio de las Virtudes, dice que querría verse dominada por Temor y ser atormentada en el infierno hasta el juicio si después había de salvarse

Y esto es verdad —dice Amor—; en una sujeción así vive el Alma sobre la que las Virtudes tienen poder. Pero las Almas de las que hablarnos han puesto en su sitio a las Virtudes, pues estas Almas no hacen nada por ellas. Sino que son las Virtudes las que hacen todo lo que las Almas quieren, sin dominio ni contradicción, pues las Almas son sus dueñas.

El texto es muy sutil. De suyo no menosprecia las virtudes, pero sí que invita a sobrepasarlas en el Amor. Me recuerda al pasaje de san Pablo cuando dice “Así pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta!".(Col 3, 12-14). Observa cómo tras mencionar una lista de virtudes (compasión, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, tolerancia, perdón) acaba poniendo al amor como el ceñidor de todas, “por encima de todo el amor”.

Margarita Porete lo que dice es que, una vez llegado a Amor (unión con Dios), las virtudes no necesitan practicarse porque lo exija Dominio (la ley), otro de los personajes del diálogo, sino que la comunión con el Amado hace que las virtudes se cumplan “sin dominio ni contradicción” sino con amor; el alma es dueña de las virtudes cuando entra en el ámbito del amor de Dios. Cuando dice “virtudes, me despido de vosotras para siempre” lo que está diciendo es que ya no le mueve la ley sino la gracia, el amor de Dios que habita en ella.

La Nube del no saber, en el número que comentamos parece invitar a entender esto: no te enredes en tu oración meditando sobre tal o cual virtud; tampoco sobre tal o cual pecado; deja esto para otro momento; cuando hagas oración contemplativa centra tu atención en “el pecado” o en “Dios”. El "pecado" es uno, más allá de sus concreciones. Y todas las virtudes están en Dios -dice el texto de Nube-; con contemplar a Dios basta.

Si tenemos alguna duda sobre esto podemos hablarlo en el próxinmo encuentro. 

Agosto 2024
C. A.