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lunes, 3 de noviembre de 2025
NUBE DEL NO-SABER, 65
viernes, 24 de octubre de 2025
NUBE DEL NO-SABER 64
64.
DE LAS OTRAS DOS FACULTADES PRINCIPALES, LA RAZÓN Y LA VOLUNTAD; CÓMO FUNCIONABAN ANTES DEL PECADO ORIGINAL.
La razón es la facultad que nos permite distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo. O, según los casos, lo bueno de lo malo, lo malo de lo peor y lo peor de lo malísimo. Antes de pecar, el hombre hacía esto de una manera natural y fácil, pero ahora la razón, cegada a consecuencia del pecado original, yerra a menos que esté iluminada por la gracia.[1]
La memoria abarca tanto la razón como su objeto. Después de que la razón ha determinado lo que es bueno, la voluntad se dirige hacia ello con amor y deseo y descansa finalmente en ello con satisfacción, deleite y pleno consentimiento.[2]
Antes del pecado original, el hombre no se encontraba en peligro de elegir y de amar un falso bien, ya que en su integridad original experimentaba cada cosa como realmente era. Ninguna de sus facultades estaba perturbada y no era propenso a ser engañado por ninguna de ellas. Pero en el presente orden de cosas, el hombre no puede elegir el bien de una manera firme sin la asistencia de la gracia.[3] El pecado original le dejó herido y ciego, de manera que es fácilmente engañado por las apariencias y llevado a elegir un mal disfrazado de bien. La memoria abarca, asimismo, la voluntad y su objeto.
NOTAS
[1] Podemos decir que al hecho de saber “distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo”, se le llama sabiduría. La potencia del alma que llamamos inteligencia, entendimiento o razón, pierde con el pecado (apego a las cosa del mundo) la inteligencia de lo bueno y lo buenísimo. Si estudias con detenimiento los libros sapienciales (Job, proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría), puedes observar que se dan consejos sabios que iluminan para entender y actuar de modo que no nos alejemos de Dios. No es posible recuperar esa pureza de la inteligencia original “a menos que esté iluminada por la gracia”, y los libros sapienciales son luz divina, gracia de Dios para reorientar adecuadamente la vida pecadora.
[2] Esto
también lo hemos comentando muchas veces. El primer paso que se da en la vida
espiritual es la percepción (contacto directo con un objeto, persona o
acontecimiento), a lo que le sigue un pensamiento (la razón o el
entendimiento) que se ha de procurar sea “pensamiento de Dios”, "porque mis pensamientos no son vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (cf Is 55,8-11), dice
Dios. Aquí juega un papel importante la
formación espiritual por medio del estudio, la meditación y la contemplación. Y
el tercer paso es la acción, que corresponde a la voluntad, que quiere hallar en el cumplimiento de las obras la satisfacción y deleite del paraiso.
[3] Tras el pecado original, para realizar actos bondadosos se requiere de la gracia de Dios, sino se corre el peligro de “ser fácilmente engañado por las apariencias” de verdad y bondad; podemos elegir “un mal disfrazado de bien”, algo más común de lo que parece. Hay que contar con la gracia de Dios, estar dispuesto a que sea Él y no tú quien se erija en criterio de discernimiento.Con la oración, la lectura de las Sagradas Escrituras, la Tradición o/y la guía de un buen acompañante espiritual, podemos recibir la iluminación adecuada; y en el Bautismo, la Reconciliación, la Eucaristía y los demás sacramentos recibimos la gracia-fuerza sobrenatural necesaria para que nuestra voluntad se incline con determinación a obrar según las enseñanzas de Cristo.
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Octubre 2025
C.A.
lunes, 13 de octubre de 2025
NUBE DEL NO-SABER, 63
63
La razón, la voluntad, la imaginación y la percepción sensorial son las potencias con las que el hombre opera para elaborar los datos de la realidad.La memoria es la facultad comprehensiva que recibe, selecciona y retiene el conocimiento adquirido a través de las otras cuatro facultades.[1] Puesto que la naturaleza de la función de la memoria es tan diferente de la de las otras facultades, no podemos decir propiamente que opera, en sentido activo, sino que más bien entiende en una actitud propiamente receptiva.
A unas facultades del hombre las llamo primarias y a otras secundarias, no porque el espíritu del hombre sea divisible, sino porque los datos que elaboran se pueden dividir en dos categorías principales. La primera incluye todos los datos relativos al espíritu, y la llamo primaria; la segunda incluye todo lo relativo a la materia, y la considero secundaria. Cuando las dos facultades principales, razón y voluntad, tratan directamente las cosas espirituales, pueden funcionar independientemente de la imaginación y de la percepción sensorial.
La imaginación y la percepción sensorial operan con lo material, tanto presente como ausente. Residen en el cuerpo y funcionan a través de los cinco sentidos del cuerpo. Pero mientras la razón y la voluntad funcionan de una manera autónoma, la imaginación y la percepción sensorial requieren la asistencia de la razón y de la voluntad a fin de poder captar incluso las cosas materiales en su totalidad. La esencia, las causas, las propiedades y diferencias de las cosas materiales son inaccesibles a la imaginación y a la percepción sensorial sin la ayuda de las facultades primarias.
Resumiendo, pues, la razón y la voluntad
se llaman primarias, porque no son materiales y pueden funcionar
independientemente de las otras facultades dentro de la esfera de lo
espiritual. La imaginación y la percepción sensorial se llaman secundarias,
porque operan con las cosas materiales y actúan en el cuerpo a través de los
cinco sentidos. La memoria es una facultad primaria porque, si bien no opera
directamente con los datos de la realidad, abarca en si misma las otras cuatro
facultades, juntamente con el conocimiento que estas adquieren. Explicaré esto
más detenidamente.
* * *
[1] En la entrada anterior se especificaba a qué se refiere el autor de Nube cuando habla de la memoria: el autor escribe “Mind”, que significa “memoria” en el sentido agustiniano: sensibilidad psicosomática que abarca lo consciente y lo inconsciente, fondo del alma. Se traduce, según los casos, por memoria, mente o alma. En este numero da a entender el autor que por “memoria” podríamos entender las facultades de la imaginación y la percepción.
Yo os he hablado muy a menudo de la “memoria” como las impresiones que quedan en el alma a raíz de las experiencias; el recuerdo de lo vivido genera un modo muy subjetivo de percibir e imaginar el mundo y la vida. El “silencio de la memoria” es necesario para crecer en la virtud de la esperanza; las experiencias gozosas o dolorosas determinan mucho esta virtud. Purificar la memoria supone volver al estado inicial de “silencio primigenio del alma”, donde la esperanza está puesta solo en Dios. “Solo Dios basta”.
Depurar la memoria es volver al estado primigenio. El cartujano autor de Las puertas de la esperanza apunta a que depurar la memoria es volver a la pureza original recibida en el Bautismo. Merece la pena meditar sus palabras:
"Dios creó tu alma silenciosa en el Bautismo, en un silencio inviolado. La llenó de sí mismo al descender a ella toda la Trinidad santa; nada más que para Él. Fue más tarde, poco a poco cuando el mundo hizo irrupción. El ruido la invadió, cubriendo la dulce voz de Dios. Desde el barullo se amplifica
¡Vuelve al silencio bautismal, hermano! El ruido tiene tres generadores: 1. los recuerdos, 2. la curiosidad, 3. las inquietudes. ¡Paraliza sus acciones!”
Eliminar ruidos, acallar recuerdos (memoria) curiosidad (intelecto) e inquietudes (voluntad), es un buen ejercicio para trabajar el silencio interior e impedir que la
memoria interrumpa la unión con Dios en la oración.
Octubre 2025
C.A.
lunes, 15 de septiembre de 2025
NUBE DEL NO-SABER, 62
62.
De cómo el hombre puede saber cuándo su actividad espiritual está por debajo y fuera de él, a su mismo nivel y dentro de él, y cuándo está por encima de él, pero debajo de Dios.
Pienso que te resultaría más fácil detectar el significado espiritual que está detrás de las expresiones ordinarias, si te explicara algunos términos comúnmente usados en relación a la actividad contemplativa. Esto te puede dar más seguridad a la hora de discernir con precisión cuándo tratas con cosas exteriores y por debajo de ti mismo, cuándo con cosas interiores e iguales a ti, y finalmente cuándo son las que te trascienden, aunque estén por debajo de Dios.
Por debajo de ti y exterior a ti se extiende todo el universo creado. Si, incluso el sol, la luna y las estrellas. Están situadas por encima de ti resplandeciendo en el firmamento; sin embargo, no se pueden comparar con tu excelsa dignidad de ser humano.
Los ángeles y las almas de los justos son superiores a ti, por cuanto están confirmados en gracia y revestidos gloriosamente de toda clase de virtudes, pero son iguales en naturaleza como criaturas inteligentes. Por naturaleza estás adornado de tres maravillosas facultades espirituales: memoria [1], razón y voluntad [2], y de dos facultades secundarias: imaginación [3] y percepción sensorial [4] . No hay nada por encima de ti en la naturaleza a excepción de Dios.
Cuando leas libros sobre la vida interior y encuentres alusiones a ti mismo, has de saber que quieren expresar tu yo total como ser humano de dignidad espiritual y no simplemente tu cuerpo físico. Como hombre, estás relacionado con todo lo que existe en la creación por medio de tus facultades.[5]
Si llegas a entender todo esto relativo a la jerarquía de la creación y a tu propia naturaleza y tu lugar en ella, tendrás algunos criterios para valorar la importancia de cada una de tus relaciones.
* * *
[1] El autor
pone el término “Mind”, que significa “memoria” en el sentido agustiniano:
sensibilidad psicosomática que abarca lo consciente y lo inconsciente, fondo
del alma. Se traduce, según los casos, por memoria, mente o alma.
[2] Según la antropología clásica de la teología cristiana. Somos materia (cuerpo físico),somos alma (cuerpo espiritual) y somos espíritu (tocados por la chispa divina). Y el alma tiene tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad. San Juan de la Cruz, en su espiritulidad, habla de "purificacion del alma"; y pluralziando dice que hay que procurar la purificación del entendimiento (pensamientos), la memoria (experiencias y vivencias conscientes o inconscientes que se han adherido a lo largo de nuestra historia personal) y la voluntad (decisión, actos, movimiento exterior), a las que llamamos potencias (poderse, capacidades) del alma. La vida espiritulidad, por tanto, es un camino de purificación o silencio de las propias ideas, las propias vivencias y los propios actos para dejar que todo eso esté en manos de Dios. que nuestro pensamiento esté en Dios (fe), nuestra experiencia se asiente en la experiencia de Dios (esperanza) y nuetras acciones sean la voluntad de Dios (amor). Se trata, diría san Juan de la Cruz, de purificar las potencias para que el alma toda alcance la unión con Dios.
[4] Facultad mediante la cual "reprocucimos la imagen de las cosas presentes o ausentes" que guardamoe en la memoria (Nube 65)
[4] "La percepción sensorial es la facultad de nuestra alma que se vale de los sentidos y es dueña de ellos" (Nube, 66)
[5] Las facultades enumeradas serán tratadas cada una de ellas en los números 63-66.
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Septiembre 2025
C.A.
jueves, 28 de agosto de 2025
NUBE DEL NO-SABER, 61
61.
QUE EN EL RECTO ORDEN DE LA
NATURALEZA LA CARNE ESTÁ SUJETA AL ESPÍRITU Y NO VICEVERSA
A la vez, cuando arrastrados por el Espíritu levantamos nuestros ojos y nuestras manos hacia los cielos donde brillan las estrellas, alabamos a Dios en un hermoso gesto de devoción. Si el Espíritu Santo inspira en nosotros tal plegaria, debemos seguirle. Pero, por otra parte, no debemos preocuparnos del gesto, porque todo gesto físico ha de sujetarse al espíritu y no viceversa.[1]
La ascensión de nuestro Señor lo pone de manifiesto. En su divinidad, Jesús nunca estuvo (ni pudo estar) separado de Dios. Pero cuando, estando en la tierra, le llegó la hora prevista de volver al Padre, retornó al Padre corporalmente en su humanidad. Si, revestido de poder y de la fuerza del Espíritu, él, como una sola persona, volvió al Padre en su humanidad. Este misterio quedó expresado de la manera más adecuada por su ascensión hacia arriba.
De una forma similar, aunque menos
completa, han de experimentar la verdadera relación de la materia con el
espíritu aquellos que generosamente se entregan a la obra interior del amor que
hemos descrito en este libro. Aun cuando el contemplativo no se dé cuenta de
ello de una manera consciente, su cuerpo quedará influenciado por la disposición
de su espíritu.[2]
Pues cuando se
recoge para comenzar esta actividad, su cuerpo, que quizá estuvo postrado en una postura indolente, se recoge súbitamente en una postura de atención y alerta.[3] La alerta interior de su espíritu afecta a la disposición exterior de su cuerpo, y con qué precisión.
Es propio de la dignidad del hombre estar erecto, su rostro vuelto hacia las estrellas y no hacia la tierra como las bestias, pues es la más excelsa de las obras de Dios. La nobleza de su destino espiritual, que le llama a llegar espiritualmente hacia Dios, se refleja en el porte y dignidad de su postura erecta. Pero, fíjate bien. Dije que llega «espiritualmente» a Dios, no físicamente. Pues ¿puede un espíritu no material ser dirigido de acá para allá como algo físico? De ninguna manera.
Sé, por tanto, prudente para no interpretar lo espiritual en términos materiales. Es necesario usar palabras como «arriba», «abajo», «dentro», «fuera», «detrás», «delante», «izquierda» y «derecha». Pues por espiritual que pueda ser nuestro tema, nosotros somos hombres y debemos apoyarnos en el vocabulario del lenguaje humano ordinario para comunicarnos. El lenguaje pertenece al reino de la materia porque nuestras palabras derivan de la experiencia humana y se pronuncian con la lengua física. ¿Significa esto, sin embargo, que hayan de entenderse en un sentido literal? Por supuesto que no. Como seres humanos, podemos ir más allá de su significación inmediata y captar el significado espiritual que comportan a otro nivel.[4]
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NOTAS
[1] Es
verdad que la postura corporal y los gestos ayudan a la oración; de ahí la
importancia que damos, por ejemplo, a elevar las manos al cielo en la oración
de alabanza, juntarlas y hacer una inclinación como signo de reverencia o
mantener la quietud corporal en la oración de silencio contemplativo. Los gestos
corporales ayudan a la vivencia espiritual No obstante, debemos caer en el fanatismo
de las posturas o gestos, creyendo que
unos perfectos gestos de adoración, alabanza o meditación son esenciales para la
oración. En una palabra: “evitemos el postureo”. La interiroridad debe
prevalecer siempre sobre la exterioridad.
[2] Aquí se indica cómo es el espíritu el que debería marcar la respuesta física. Tal es la importancia de esta influencia que incluso el mismo rostro del espiritual termina por modificarse físicamente reflejando la dulzura de su alma. Como hemos dicho, los gestos exteriores, como las acciones (amor-odio, aceptación-rechazo), influyen en la interioridad. Del mismo modo, quien somete su interioridad al estrés de las pasiones (pecados capitales) ve cómo se deteriora su cuerpo y se convierte en icono de su maldad. Una interioridad cultivada en la meditación y el silencio da frutos de salud, bienestar y bondad. "Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto" (Mt 12,33).
[3] “Postura
de atención y alerta”; esa es la más adecuada para la oración; atentos a la
Palabra, a la Presencia, al Misterio del Silencio.... Esa alerta interior repercute
en la disposición exterior. Por el porte exterior, si no se trata de un farsante del postureo (hipócrita), se conoce la vivencia interior. De todos modos, lo que da la medida del nivel de espìritulidad es la práctica del amor y la misericordia. Y no olvidemos lo que dice el número 35 de Nube: "Las técnicas y métodos son en última instancia inútiles para despertar el amor contemplativo".
[4] Los gestos, el lenguaje, son modos limitados de expresión. Pero no los idolatremos. Nosotros sabemos que el Misterio se mueve en otro ámbito superior, que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar” (1 Cor 2,9). Quien ha vivido la experiencia del encuentro sabe que no hay categorías físicas ni lingüísticas que puedan expresarlo adecuadamente. Pero como somos limitados, de cara al diálogo con nosotros mismos y con los hermanos, es lícito usar un lenguaje que nos ayude a saber y a mostrar que, aunque racionalmente inexplicable, la experiencia de Dios es razonable. A esto se refiere san Pedro cuando habla de “dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza” (1 P3 3,15),
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Agosto 2025
C.A.
martes, 29 de julio de 2025
NUBE DEL NO-SABER, 60
60.
QUE EL CAMINO MÁS SUAVE Y MÁS SEGURO DEL CIELO SE MIDE POR LOS DESEOS Y NO POR LOS KILÓMETROS
Quizá la ascensión de Cristo sigue siendo para ti una piedra de escándalo. Él ascendió físicamente en presencia de todos sus discípulos y envió al Espíritu Santo como había prometido. Todo lo cual te hace creer que durante la oración has de dirigir literalmente tu mente hacia arriba.
De hecho, creemos que Cristo en su humanidad resucitada subió a su Padre, pero me vas a permitir que intente explicarte una vez más por qué este hecho no se ha de reconstruir en un sentido literal. Me explicaré lo más sencillamente que pueda aun cuando mi explicación no sea del todo adecuada.
Si, Cristo ascendió a los cielos y desde lo alto envió al Espíritu Santo, pero subió arriba porque esto era más adecuado que descender o dirigirse a la izquierda o a la derecha. Aparte del alto valor simbólico de dirigirse hacia arriba, la dirección de este movimiento, sin embargo, es totalmente accidental a la realidad espiritual. Pues en el reino del espíritu, el cielo está tan cerca de arriba como de abajo, de detrás como de delante, de la izquierda como de la derecha.[1]
El acceso al cielo se hace a través del deseo. El que desea estar en él, realmente está allí en espíritu. La senda que lleva al cielo se mide por el deseo y no por los kilómetros.[2] Por esta razón san Pablo dice en una de sus cartas: «Para nosotros nuestra patria está en el cielo...».[3] Otros santos han dicho sustancialmente lo mismo, pero de diferentes maneras. Quieren decir que el amor y el deseo constituyen la vida del espíritu. Y el espíritu mora donde mora su amor, tan ciertamente como mora en el cuerpo al que llena de vida.
¿Entiendes mejor ahora? No necesitamos tensar nuestro espíritu en todas las direcciones para llegar al cielo, pues ya vivimos en él por el amor y el deseo.
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NOTAS
[1] Tal vez entendamos esto mejor con la explicación que da santa Teresa a la expresión del Padrenuestro “que estás en el cielo”. ¿Dónde está el cielo? No es un lugar físico (arriba, abajo, delante, detrás, dentro o fuera), sino una realidad espiritual y mística(misteriosa):
“Ahora mirad que dice vuestro Maestro: «Que estás en los cielos».
¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es cielo y adónde se ha de buscar vuestro sacratísimo Padre? Pues yo os digo que para entendimientos derramados que importa mucho, no sólo creer esto, sino procurarlo entender por experiencia. Porque es una de las cosas que ata mucho el entendimiento y hace recoger el alma.
Ya sabéis que Dios está
en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la
corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que
adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín
que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo.
¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que
no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse
con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que
nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle
dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad
hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle
remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija" (Camino de perfección,
28,1-2)
[2] Confieso que hubo un tiempo en que me pareció que había que renunciar a todo deseo, incluso al deseo de Dios. Se trata de una doctrina budista, que sostiene que el sufrimiento viene causado por el deseo; elimínalo y el sufrimiento desaparece. Para salvar en cierto modo el radicalismo de la renuncia a los deseos me servía de la palabra anhelo, que definía como el impulso de búsqueda de Dios connatural al ser humano; un impulso inscrito en el alma y no motivado por nada externo.
Hoy, no tengo inconveniente en reconocer que los deseos son un camino privilegiado para llegar a Dios, porque los deseos son el reflejo de lo que la persona ama y busca. Y según el objeto y la intención del amor y la búsqueda podemos hablar de buenos y malos deseos. Son buenos los deseos que nos acercan a Dios y nos mueven a amar a los hermanos y a cuidar la creación. Sigo creyendo que el deseo de Dios está inscrito en el corazón de cada persona y está intimamente unido al deseo universal de felicidad, que muchos ponen en cosas que a la larga no dan sino insatisfacciones.
Creados a imagen de Dios sólo en su imagen nos completamossólo Dios da la felicidad plena. San Agustín expresó esto muy bien cuando dijo: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”. Hemos sido creados para estar en Dios. Al final este santo encontró la felicidad en Dios abandonando los deseos mundanos y dejándose llevar por el Espíritu Santo.
San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, llamó “mociones” (impulsos o movimientos del corazón) a los deseos, y aconsejó que se sigan los buenos deseos y se rechacen los malos. ¿Cómo saber cuáles son los unos y cuáles son los otros? ¿Cómo discernir? Evaluando. Los buenos deseos traen consolación, es decir, conmducen a u na vida de paz, alegría, amor, etc. y deben seguirse; los malos deseos conducen al estado de desolación: inquietud, tristeza, vanidad, etc., y deben evitarse. El acierto en la vida espiritual está en discernir cuáles son los deseos santos, aquellos que llevan a Dios.
Ampliando resumidamente la enseñanza de Nube. “El acceso al cielo se hace a través del deseo”, añadimos que los buenos deseos nos empujan hacia Dios y hacia la práctica del bien; los malos deseos nos alejan de Dios y del mandamiento del amor. Los primeros dan felicidad, los segundos tristeza. Es importante discernir cuáles deseos seguir a partir de la sabiduría que viene del Espíritu Santo en la oración y meditación; desde aquí aprendemos acerca de lo que más nos conviene para estar con Dios y ser fieles al mandato divino de amar, teniendo en cuenta que sólo el amor es capaz de llenar el deseo más hondo del corazón.
lunes, 21 de julio de 2025
NUBE DEL NO-SABER, 59
59.
QUE LA ASCENSIÓN CORPORAL DE CRISTO NO HA DE TOMARSE COMO EJEMPLO PARA PROBAR QUE LOS HOMBRES HAN DE FORZAR SU MENTE HACIA ARRIBA DURANTE LA ORACIÓN; QUE EN LA CONTEMPLACIÓN SE HA DE OLVIDAR EL TIEMPO, EL LUGAR Y EL CUERPO
Objetas ahora que, puesto que nuestro Señor ascendió a su Padre físicamente como Dios y como hombre, la ascensión tiene también para nosotros una lección tanto física como espiritual. A esto he de contestar diciendo que en su ascensión la humanidad de nuestro Señor quedó transformada y que su cuerpo, aunque físico, era un cuerpo inmortal. Había muerto, pero en su resurrección se vistió de inmortalidad.
Sabemos que nuestros cuerpos resucitarán también en gloria en el último día. Serán, pues, espiritualizados y tan ágiles como lo es ahora nuestro pensamiento. Arriba o abajo, izquierda o derecha, detrás o delante serán una y la misma cosa, como nos dicen los teólogos.[1] Pero todavía no hemos recibido esta gloria, y por lo mismo sólo podemos subir al cielo de una manera espiritual, que no tiene nada que ver con la dirección de la que hablamos ordinariamente.
Quiero que sepas claramente que los que obran espiritualmente, de modo especial los contemplativos, han de andar con cautela a la hora de interpretar lo que leen. Leemos «eleva» o «entra» o «impulso», pero debemos darnos cuenta de que estas expresiones no se dicen en un sentido literal o físico. «Impulso» o movimiento no se refiere a un movimiento físico ni la palabra «descanso» dice relación a una postura de reposo o de inmovilidad. Pues cuando nuestro trabajo es auténtico y maduro, es totalmente espiritual, alejado tanto del movimiento como del reposo.[2] Además, se podría efectivamente describir mejor el término «impulso» como una transformación súbita que como una moción. En cualquier caso, tratándose de esta actividad espiritual, olvídate totalmente de lo que es tiempo, localización física y materialidad.
Sé cauto, por tanto, para no interpretar
la ascensión en términos literales y materiales. No fuerces tu imaginación
durante la oración en un loco intento de elevar tu cuerpo hacia arriba como si
quisieras llegar a la luna. En la esfera del espíritu todo esto carece de
sentido. Por lo que se refiere a la realidad física de la ascensión, recuerda
que sólo Cristo ascendió físicamente, como lo atestiguan las Escrituras cuando
dicen: «Nadie ha subido al cielo, sino el que ha bajado del cielo: el Hijo del
Hombre»[3]. Así, pues, aun cuando nos
fuera posible ahora subir al cielo físicamente (que no lo es), la causa seria
una sobreabundancia de poder espiritual y no el esfuerzo de la imaginación
hacia arriba o hacia abajo, a la izquierda o a la derecha. Es inútil y harás
bien en evitar este error.
NOTAS
[1] Hay un texto de san Pablo, muy citrado en los estudios misticos, Ef 3,17-19, que dice así: “que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios". Las dimensiones que se señalan, abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, han de interpretarse no con sentido localista o geofráfico, sino que sólo pretende indicar la inmensidad del amor de Cristo
San Pablo está usando el lenguaje del espacio tridimensional
(o cuatridimensional simbólicamente) para expresar que el amor de Cristo no
tiene límites. Es una forma poética de decir que el amor de Dios se extiende
a todos lados (anchura), abarca todo el tiempo y la historia (longitud), desciende
hasta las mayores miserias humanas (profundidad), y eleva al alma hasta la
unión con Dios (altura). Un amor que “trasciende todo conocimiento”. Esta
unidad del amor de Dios es lo que indica aquí Nube.
Por tanto, en la oración la cosa no estáen mirar hacia un lado u otro, hacia un lugar sagrado u otro que lo parezca menos. Si ayuda, bien vale. Pero lo realmente importante es entender que el conocimiento y el estar de Dios es eterno y lo abarca todo. Lo importante no es hacia dónde dirigirme en la oración sino sentir la presencia envolvente de Dios que me da un conocimiento trascendental, más allá de los límites de este mundo.
[2] Resulta curioso que mencione el “impulso” en la “inmovilidad”. Se trata de un movimiento que se da en la quietud, que no es por tanto obra humana sino obra de la gracia. La "inacción" aquí no significa pereza o pasividad sin sentido, sino un estado de entrega y receptividad espiritual, donde el alma no actúa desde el ego o la voluntad personal, sino que permite que Dios obre en ella. Un movimiento de atracción de Dios al alma que se deja llevar en la quietud.
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El tema es fácil de entender. Si negamos los apetitos o deseos, que se perciben por los sentidos, nos quedamos a oscuras... es la primera no...
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Comenzamos este año con un nuevo enfoque de nuestra formación espiritual en el grupo. Coincidiendo con el Año Jubilar de san Juan de la Cr...

