61.
QUE EN EL RECTO ORDEN DE LA
NATURALEZA LA CARNE ESTÁ SUJETA AL ESPÍRITU Y NO VICEVERSA
A la vez, cuando arrastrados por el Espíritu levantamos nuestros ojos y nuestras manos hacia los cielos donde brillan las estrellas, alabamos a Dios en un hermoso gesto de devoción. Si el Espíritu Santo inspira en nosotros tal plegaria, debemos seguirle. Pero, por otra parte, no debemos preocuparnos del gesto, porque todo gesto físico ha de sujetarse al espíritu y no viceversa.[1]
La ascensión de nuestro Señor lo pone de manifiesto. En su divinidad, Jesús nunca estuvo (ni pudo estar) separado de Dios. Pero cuando, estando en la tierra, le llegó la hora prevista de volver al Padre, retornó al Padre corporalmente en su humanidad. Si, revestido de poder y de la fuerza del Espíritu, él, como una sola persona, volvió al Padre en su humanidad. Este misterio quedó expresado de la manera más adecuada por su ascensión hacia arriba.
De una forma similar, aunque menos
completa, han de experimentar la verdadera relación de la materia con el
espíritu aquellos que generosamente se entregan a la obra interior del amor que
hemos descrito en este libro. Aun cuando el contemplativo no se dé cuenta de
ello de una manera consciente, su cuerpo quedará influenciado por la disposición
de su espíritu.[2]
Pues cuando se
recoge para comenzar esta actividad, su cuerpo, que quizá estuvo postrado en una postura indolente, se recoge súbitamente en una postura de atención y alerta.[3] La alerta interior de su espíritu afecta a la disposición exterior de su cuerpo, y con qué precisión.
Es propio de la dignidad del hombre estar erecto, su rostro vuelto hacia las estrellas y no hacia la tierra como las bestias, pues es la más excelsa de las obras de Dios. La nobleza de su destino espiritual, que le llama a llegar espiritualmente hacia Dios, se refleja en el porte y dignidad de su postura erecta. Pero, fíjate bien. Dije que llega «espiritualmente» a Dios, no físicamente. Pues ¿puede un espíritu no material ser dirigido de acá para allá como algo físico? De ninguna manera.
Sé, por tanto, prudente para no interpretar lo espiritual en términos materiales. Es necesario usar palabras como «arriba», «abajo», «dentro», «fuera», «detrás», «delante», «izquierda» y «derecha». Pues por espiritual que pueda ser nuestro tema, nosotros somos hombres y debemos apoyarnos en el vocabulario del lenguaje humano ordinario para comunicarnos. El lenguaje pertenece al reino de la materia porque nuestras palabras derivan de la experiencia humana y se pronuncian con la lengua física. ¿Significa esto, sin embargo, que hayan de entenderse en un sentido literal? Por supuesto que no. Como seres humanos, podemos ir más allá de su significación inmediata y captar el significado espiritual que comportan a otro nivel.[4]
* * *
NOTAS
[1] Es
verdad que la postura corporal y los gestos ayudan a la oración; de ahí la
importancia que damos, por ejemplo, a elevar las manos al cielo en la oración
de alabanza, juntarlas y hacer una inclinación como signo de reverencia o
mantener la quietud corporal en la oración de silencio contemplativo. Los gestos
corporales ayudan a la vivencia espiritual No obstante, debemos caer en el fanatismo
de las posturas o gestos, creyendo que
unos perfectos gestos de adoración, alabanza o meditación son esenciales para la
oración. En una palabra: “evitemos el postureo”. La interiroridad debe
prevalecer siempre sobre la exterioridad.
[2] Aquí se indica cómo es el espíritu el que debería marcar la respuesta física. Tal es la importancia de esta influencia que incluso el mismo rostro del espiritual termina por modificarse físicamente reflejando la dulzura de su alma. Como hemos dicho, los gestos exteriores, como las acciones (amor-odio, aceptación-rechazo), influyen en la interioridad. Del mismo modo, quien somete su interioridad al estrés de las pasiones (pecados capitales) ve cómo se deteriora su cuerpo y se convierte en icono de su maldad. Una interioridad cultivada en la meditación y el silencio da frutos de salud, bienestar y bondad. "Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto" (Mt 12,33).
[3] “Postura
de atención y alerta”; esa es la más adecuada para la oración; atentos a la
Palabra, a la Presencia, al Misterio del Silencio.... Esa alerta interior repercute
en la disposición exterior. Por el porte exterior, si no se trata de un farsante del postureo (hipócrita), se conoce la vivencia interior. De todos modos, lo que da la medida del nivel de espìritulidad es la práctica del amor y la misericordia. Y no olvidemos lo que dice el número 35 de Nube: "Las técnicas y métodos son en última instancia inútiles para despertar el amor contemplativo".
[4] Los gestos, el lenguaje, son modos limitados de expresión. Pero no los idolatremos. Nosotros sabemos que el Misterio se mueve en otro ámbito superior, que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar” (1 Cor 2,9). Quien ha vivido la experiencia del encuentro sabe que no hay categorías físicas ni lingüísticas que puedan expresarlo adecuadamente. Pero como somos limitados, de cara al diálogo con nosotros mismos y con los hermanos, es lícito usar un lenguaje que nos ayude a saber y a mostrar que, aunque racionalmente inexplicable, la experiencia de Dios es razonable. A esto se refiere san Pedro cuando habla de “dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza” (1 P3 3,15),
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Agosto 2025
C.A.
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