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lunes, 21 de julio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 59

59. 

QUE LA ASCENSIÓN CORPORAL DE CRISTO NO HA DE TOMARSE COMO EJEMPLO PARA PROBAR QUE LOS HOMBRES HAN DE FORZAR SU MENTE HACIA ARRIBA DURANTE LA ORACIÓN; QUE EN LA CONTEMPLACIÓN SE HA DE OLVIDAR EL TIEMPO, EL LUGAR Y EL CUERPO

Objetas ahora que, puesto que nuestro Señor ascendió a su Padre físicamente como Dios y como hombre, la ascensión tiene también para nosotros una lección tanto física como espiritual. A esto he de contestar diciendo que en su ascensión la humanidad de nuestro Señor quedó transformada y que su cuerpo, aunque físico, era un cuerpo inmortal. Había muerto, pero en su resurrección se vistió de inmortalidad.

Sabemos que nuestros cuerpos resucitarán también en gloria en el último día. Serán, pues, espiritualizados y tan ágiles como lo es ahora nuestro pensamiento. Arriba o abajo, izquierda o derecha, detrás o delante serán una y la misma cosa, como nos dicen los teólogos.[1] Pero todavía no hemos recibido esta gloria, y por lo mismo sólo podemos subir  al cielo de una manera espiritual, que no tiene nada que ver con la dirección de la que hablamos ordinariamente.

Quiero que sepas claramente que los que obran espiritualmente, de modo especial los contemplativos, han de andar con cautela a la hora de interpretar lo que leen. Leemos «eleva» o «entra» o «impulso», pero debemos darnos cuenta de que estas expresiones no se dicen en un sentido literal o físico. «Impulso» o movimiento no se refiere a un movimiento físico ni la palabra «descanso» dice relación a una postura de reposo o de inmovilidad. Pues cuando nuestro trabajo es auténtico y maduro, es totalmente espiritual, alejado tanto del movimiento como del reposo.[2]  Además, se podría efectivamente describir mejor el término «impulso» como una transformación súbita que como una moción. En cualquier caso, tratándose de esta actividad espiritual, olvídate totalmente de lo que es tiempo, localización física y materialidad.

Sé cauto, por tanto, para no interpretar la ascensión en términos literales y materiales. No fuerces tu imaginación durante la oración en un loco intento de elevar tu cuerpo hacia arriba como si quisieras llegar a la luna. En la esfera del espíritu todo esto carece de sentido. Por lo que se refiere a la realidad física de la ascensión, recuerda que sólo Cristo ascendió físicamente, como lo atestiguan las Escrituras cuando dicen: «Nadie ha subido al cielo, sino el que ha bajado del cielo: el Hijo del Hombre»[3]. Así, pues, aun cuando nos fuera posible ahora subir al cielo físicamente (que no lo es), la causa seria una sobreabundancia de poder espiritual y no el esfuerzo de la imaginación hacia arriba o hacia abajo, a la izquierda o a la derecha. Es inútil y harás bien en evitar este error.




NOTAS 

[1] Hay un texto de san Pablo, muy citrado en los estudios misticos, Ef 3,17-19, que dice así: “que  Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios". Las dimensiones que se señalan, abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, han de interpretarse no con sentido localista o geofráfico, sino que sólo pretende indicar la inmensidad del amor de Cristo

San Pablo está usando el lenguaje del espacio tridimensional (o cuatridimensional simbólicamente) para expresar que el amor de Cristo no tiene límites. Es una forma poética de decir que el amor de Dios se extiende a todos lados (anchura), abarca todo el tiempo y la historia (longitud), desciende hasta las mayores miserias humanas (profundidad), y eleva al alma hasta la unión con Dios (altura). Un amor que “trasciende todo conocimiento”. Esta unidad del amor de Dios es lo que indica aquí Nube.

Por tanto, en la oración la cosa no estáen mirar hacia un lado u otro, hacia un lugar sagrado u otro que lo parezca menos. Si ayuda, bien vale. Pero lo realmente importante es entender que el conocimiento y el estar de Dios es eterno y lo abarca todo. Lo importante no es hacia dónde dirigirme en la oración sino sentir la presencia envolvente de Dios que me da un conocimiento trascendental, más allá de los límites de este mundo.

[2] Resulta curioso que mencione el “impulso” en la “inmovilidad”. Se trata de un movimiento que se da en la quietud, que no es por tanto obra humana sino obra de la gracia. La "inacción" aquí no significa pereza o pasividad sin sentido, sino un estado de entrega y receptividad espiritual, donde el alma no actúa desde el ego o la voluntad personal, sino que permite que Dios obre en ella. Un movimiento de atracción de Dios al alma que se deja llevar en la quietud.

[3] Jn 3,13.

*

Julio 2025

C.A

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