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martes, 29 de julio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 60

60. 

QUE EL CAMINO MÁS SUAVE Y MÁS SEGURO DEL CIELO SE MIDE POR LOS DESEOS Y NO POR LOS KILÓMETROS

Quizá la ascensión de Cristo sigue siendo para ti una piedra de escándalo. Él ascendió físicamente en presencia de todos sus discípulos y envió al Espíritu Santo como había prometido. Todo lo cual te hace creer que durante la oración has de dirigir literalmente tu mente hacia arriba.

De hecho, creemos que Cristo en su humanidad resucitada subió a su Padre, pero me vas a permitir que intente explicarte una vez más por qué este hecho no se ha de reconstruir en un sentido literal. Me explicaré lo más sencillamente que pueda aun cuando mi explicación no sea del todo adecuada.

Si, Cristo ascendió a los cielos y desde lo alto envió al Espíritu Santo, pero subió arriba porque esto era más adecuado que descender o dirigirse a la izquierda o a la derecha. Aparte del alto valor simbólico de dirigirse hacia arriba, la dirección de este movimiento, sin embargo, es totalmente accidental a la realidad espiritual. Pues en el reino del espíritu, el cielo está tan cerca de arriba como de abajo, de detrás como de delante, de la izquierda como de la derecha.[1]

El acceso al cielo se hace a través del deseo. El que desea estar en él, realmente está allí en espíritu. La senda que lleva al cielo se mide por el deseo y no por los kilómetros.[2] Por esta razón san Pablo dice en una de sus cartas: «Para nosotros nuestra patria está en el cielo...».[3] Otros santos han dicho sustancialmente lo mismo, pero de diferentes maneras. Quieren decir que el amor y el deseo constituyen la vida del espíritu. Y el espíritu mora donde mora su amor, tan ciertamente como mora en el cuerpo al que llena de vida.

¿Entiendes mejor ahora? No necesitamos tensar nuestro espíritu en todas las direcciones para llegar al cielo, pues ya vivimos en él por el amor y el deseo.

* * *



NOTAS

[1]  Tal vez entendamos esto mejor con la explicación que da santa Teresa a la expresión del Padrenuestro “que estás en el cielo”. ¿Dónde está el cielo? No es un lugar físico (arriba, abajo, delante, detrás, dentro o fuera), sino una realidad espiritual y mística(misteriosa):

“Ahora mirad que dice vuestro Maestro: «Que estás en los cielos».

¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es cielo y adónde se ha de buscar vuestro sacratísimo Padre? Pues yo os digo que para entendimientos derramados que importa mucho, no sólo creer esto, sino procurarlo entender por experiencia. Porque es una de las cosas que ata mucho el entendimiento y hace recoger el alma.

Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija" (Camino de perfección, 28,1-2)

[2] Confieso que hubo un tiempo en que me pareció que había que renunciar a todo deseo, incluso al deseo de Dios. Se trata de una doctrina budista, que sostiene que el sufrimiento viene causado por el deseo; elimínalo y el sufrimiento desaparece. Para salvar en cierto modo el radicalismo de la renuncia a los deseos me servía de la palabra anhelo, que definía como el impulso de búsqueda de Dios connatural al ser humano; un impulso inscrito en el alma y no motivado por nada externo.

Hoy, no tengo inconveniente en reconocer que los deseos son un camino privilegiado para llegar a Dios, porque los deseos son el reflejo de lo que la persona ama y busca. Y según el objeto y la intención del amor y la búsqueda podemos hablar de buenos y malos deseos. Son buenos los deseos que nos acercan a Dios y nos mueven a amar a los hermanos y a cuidar la creación. Sigo creyendo que el deseo de Dios está inscrito en el corazón de cada persona y está intimamente unido al deseo universal de felicidad, que muchos ponen en cosas que a la larga no dan sino insatisfacciones. 

Creados a imagen de Dios sólo en su imagen nos completamossólo Dios da la felicidad plena.  San Agustín expresó esto muy bien cuando dijo: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”. Hemos sido creados para estar en Dios. Al final este santo encontró la felicidad en Dios abandonando los deseos mundanos y dejándose llevar por el Espíritu Santo.

San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, llamó “mociones” (impulsos o movimientos del corazón) a los deseos, y aconsejó que se sigan los buenos deseos y se rechacen los malos. ¿Cómo saber cuáles son los unos y cuáles son los otros? ¿Cómo discernir? Evaluando. Los buenos deseos traen  consolación, es decir,  conmducen a u na vida de paz, alegría, amor, etc.  y deben seguirse; los malos deseos conducen al estado de desolación: inquietud, tristeza, vanidad, etc., y deben evitarse. El acierto en la vida espiritual está en discernir cuáles son los deseos santos, aquellos que llevan a Dios. 

Ampliando resumidamente la enseñanza de Nube. “El acceso al cielo se hace a través del deseo”, añadimos que  los buenos deseos nos empujan hacia Dios y hacia la práctica del bien; los malos deseos nos alejan de Dios y del mandamiento del amor. Los primeros dan felicidad, los segundos tristeza. Es importante discernir cuáles deseos seguir a partir de la sabiduría que viene del Espíritu Santo en la oración y meditación; desde aquí aprendemos acerca de lo que más nos conviene para estar con Dios y ser fieles al mandato divino de amar, teniendo en cuenta que sólo el amor es capaz de llenar el deseo más hondo del corazón.

[3] Flp 3,20.

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Julio 2025

C.A,

lunes, 21 de julio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 59

59. 

QUE LA ASCENSIÓN CORPORAL DE CRISTO NO HA DE TOMARSE COMO EJEMPLO PARA PROBAR QUE LOS HOMBRES HAN DE FORZAR SU MENTE HACIA ARRIBA DURANTE LA ORACIÓN; QUE EN LA CONTEMPLACIÓN SE HA DE OLVIDAR EL TIEMPO, EL LUGAR Y EL CUERPO

Objetas ahora que, puesto que nuestro Señor ascendió a su Padre físicamente como Dios y como hombre, la ascensión tiene también para nosotros una lección tanto física como espiritual. A esto he de contestar diciendo que en su ascensión la humanidad de nuestro Señor quedó transformada y que su cuerpo, aunque físico, era un cuerpo inmortal. Había muerto, pero en su resurrección se vistió de inmortalidad.

Sabemos que nuestros cuerpos resucitarán también en gloria en el último día. Serán, pues, espiritualizados y tan ágiles como lo es ahora nuestro pensamiento. Arriba o abajo, izquierda o derecha, detrás o delante serán una y la misma cosa, como nos dicen los teólogos.[1] Pero todavía no hemos recibido esta gloria, y por lo mismo sólo podemos subir  al cielo de una manera espiritual, que no tiene nada que ver con la dirección de la que hablamos ordinariamente.

Quiero que sepas claramente que los que obran espiritualmente, de modo especial los contemplativos, han de andar con cautela a la hora de interpretar lo que leen. Leemos «eleva» o «entra» o «impulso», pero debemos darnos cuenta de que estas expresiones no se dicen en un sentido literal o físico. «Impulso» o movimiento no se refiere a un movimiento físico ni la palabra «descanso» dice relación a una postura de reposo o de inmovilidad. Pues cuando nuestro trabajo es auténtico y maduro, es totalmente espiritual, alejado tanto del movimiento como del reposo.[2]  Además, se podría efectivamente describir mejor el término «impulso» como una transformación súbita que como una moción. En cualquier caso, tratándose de esta actividad espiritual, olvídate totalmente de lo que es tiempo, localización física y materialidad.

Sé cauto, por tanto, para no interpretar la ascensión en términos literales y materiales. No fuerces tu imaginación durante la oración en un loco intento de elevar tu cuerpo hacia arriba como si quisieras llegar a la luna. En la esfera del espíritu todo esto carece de sentido. Por lo que se refiere a la realidad física de la ascensión, recuerda que sólo Cristo ascendió físicamente, como lo atestiguan las Escrituras cuando dicen: «Nadie ha subido al cielo, sino el que ha bajado del cielo: el Hijo del Hombre»[3]. Así, pues, aun cuando nos fuera posible ahora subir al cielo físicamente (que no lo es), la causa seria una sobreabundancia de poder espiritual y no el esfuerzo de la imaginación hacia arriba o hacia abajo, a la izquierda o a la derecha. Es inútil y harás bien en evitar este error.




NOTAS 

[1] Hay un texto de san Pablo, muy citrado en los estudios misticos, Ef 3,17-19, que dice así: “que  Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios". Las dimensiones que se señalan, abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, han de interpretarse no con sentido localista o geofráfico, sino que sólo pretende indicar la inmensidad del amor de Cristo

San Pablo está usando el lenguaje del espacio tridimensional (o cuatridimensional simbólicamente) para expresar que el amor de Cristo no tiene límites. Es una forma poética de decir que el amor de Dios se extiende a todos lados (anchura), abarca todo el tiempo y la historia (longitud), desciende hasta las mayores miserias humanas (profundidad), y eleva al alma hasta la unión con Dios (altura). Un amor que “trasciende todo conocimiento”. Esta unidad del amor de Dios es lo que indica aquí Nube.

Por tanto, en la oración la cosa no estáen mirar hacia un lado u otro, hacia un lugar sagrado u otro que lo parezca menos. Si ayuda, bien vale. Pero lo realmente importante es entender que el conocimiento y el estar de Dios es eterno y lo abarca todo. Lo importante no es hacia dónde dirigirme en la oración sino sentir la presencia envolvente de Dios que me da un conocimiento trascendental, más allá de los límites de este mundo.

[2] Resulta curioso que mencione el “impulso” en la “inmovilidad”. Se trata de un movimiento que se da en la quietud, que no es por tanto obra humana sino obra de la gracia. La "inacción" aquí no significa pereza o pasividad sin sentido, sino un estado de entrega y receptividad espiritual, donde el alma no actúa desde el ego o la voluntad personal, sino que permite que Dios obre en ella. Un movimiento de atracción de Dios al alma que se deja llevar en la quietud.

[3] Jn 3,13.

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Julio 2025

C.A

miércoles, 2 de julio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 58

Aunque no tengamos encuentros, seguimos avanzando en la lectura de la Nube del no-saber. El capítulo de hoy incluye notas muy largas de san Juan de la Cruz, que se ocupó en explicar el sentido de las visiones, locuciones, milagros y demás hechos sobrenaturales, no negándolos, pero sí relativizándolos. La fe, cuando es grande, no necesita de golosinas que la motiven a cada instante. Es más, las  experiencias místicas que placen a los sentidos (fenonemología), los gustos y regalos espirituales pueden alejar más que acercar a Dios; porque son la puerta a la autocomplacencia y la soberbia. Cuando se alcanza la cima del monte Carmelo: "nada", despojo total. Sólo "estarse amando al amado".

58.

QUE CIERTOS EJEMPLOS DE SAN MARTÍN Y SAN ESTEBAN NO SE HAN DE TOMAR LITERALMENTE COMO EJEMPLOS DE ELEVACIÓN HACIA ARRIBA DURANTE LA ORACIÓN

Con respecto a lo que algunas personas dicen sobre san Martín y san Esteban, debemos recordar que, aunque tuvieron visiones de Cristo, fueron gracias extraordinarias destinadas a confirmar una verdad espiritual. Estas personas saben muy bien que Cristo no llevó nunca la capa de san Martín -¡como si tuviera necesidad de ser protegido contra los elementos!-. No, esta manifestación fue para instrucción de aquellos de nosotros que somos llamados a la salvación como miembros del único cuerpo de Cristo. Cristo confirmaba, de esta forma simbólica, lo que ya había enseñado en el Evangelio.

Allí leemos que todo aquel que viste a un pobre o lo sirve en una necesidad material, física o espiritual por amor de Jesús, ha servido de hecho a Jesús mismo y será recompensado por él. En este ejemplo particular el Señor en su sabiduría decidió ratificar el Evangelio con un milagro y por eso se apareció a san Martín vestido con la capa que este había dado a un pobre.

Toda revelación como esta hecha a los hombres en la tierra tiene un profundo significado espiritual. Y por mi parte, creo que si la persona que la recibe pudiera captar este significado profundo de manera distinta, la visión sería innecesaria.[1] Aprendamos, pues, a ir más allá de la dura corteza y morder en lo jugoso del fruto.

¿Cómo haremos esto? Ciertamente, no como los herejes, pues son como borrachos que han apurado la copa y después la estrellan contra la pared. Mantengámonos en la verdad y evitemos esta grosera conducta. No debemos comer tanta fruta que lleguemos a aborrecer el árbol, ni hemos de beber tan desenfrenadamente que rompamos la copa cuando nos hayamos llenado. Ahora bien, el árbol y la copa representan visiones extraordinarias y otras gracias sensibles tales como los gestos de devoción que he señalado. La fruta y el vino representan el profundo significado espiritual de estas gracias. Si estos gestos están inspirados por el Espíritu, tienen sentido y son genuinos; de lo contrario, son hipócritas y falsos. Cuando son auténticos, son ricos en fruto espiritual, por eso no debemos despreciarlos. ¿No besa reverentemente la gente noble la copa por el vino que contiene? [2]

Por lo que respecta a la ascensión física de nuestro Señor a la vista de su madre y de sus discípulos, ¿han de entender esto los contemplativos como una invitación a estar absortos durante la oración, esperando contemplarle entronizado en su gloria o de pie en los cielos como lo vio san Esteban? Ciertamente, él no espera que escudriñemos el cielo durante el tiempo de nuestra actividad espiritual con el fin de contemplarle de pie, sentado, echado o en cualquier otra postura. No conocemos en realidad la naturaleza de la humanidad glorificada de nuestro Señor, ni conocemos tampoco la posición que ha adoptado en el cielo. Esto es trivial, por otra parte. Lo que sabemos es que su cuerpo humano y su alma están unidos para siempre con su divinidad en la gloria. No sabemos ni necesitamos saber qué hace, sino tan sólo que se posee a si mismo en completa libertad. Cuando en una visión se revela a si mismo en esta o aquella postura, lo hace para poner de relieve su mensaje espiritual y no para manifestar su semblante celestial.

Voy a clarificar más esto con un ejemplo. Estar de pie es símbolo de asistencia o apoyo. Antes de la batalla, por ejemplo, un amigo dirá a otro: «Animo, camarada. Lucha bravamente y no decaigas de ánimo, pues yo estaré a tu lado». Obviamente, cuando dice «yo estaré a tu lado», no se refiere a la postura física, pues quizá caminan en un escuadrón de caballería hacia una batalla que se ha de librar a caballo. Quiere decir que él estará allí dispuesto a ayudar. De modo semejante, nuestro Señor se apareció de pie a san Esteban durante su martirio para darle ánimos. No tenía intención de darnos una lección de cómo soñar despiertos. Más bien, es como si dijera a todos los mártires en la persona de san Esteban: «¡Mira, Esteban! He rasgado el firmamento para revelarme a mí mismo como presente aquí. Has de saber que yo estoy realmente a tu lado con mi fuerza omnipotente dispuesto a ayudarte. Así, pues, mantente en tu fe y soporta animosamente el mortal asalto de los que te apedrean, pues te coronaré con la gloria por el testimonio que has dado de mi, y no sólo a ti, sino a todos aquellos que sufren por mi amor».[3]

Espero que entiendas ahora que estas revelaciones físicas van dirigidas a manifestar una verdad espiritual, aunque pueda quedar oculta a un observador superficial.


NOTAS 

[1] * “... Para mover Dios al alma y levantarla del fin y extremo de su bajeza al otro fin y extremo de su alteza en su divina unión, halo de hacer ordenadamente y suavemente y al modo de la misma alma. ... . Por lo cual, la lleva primero instruyendo por formas e imágenes y vías sensibles a su modo de entender, ahora naturales, ahora sobrenaturales, y por discursos, a ese sumo espíritu de Dios.

Y ésta es la causa por que Dios le da las visiones y formas, imágenes y las demás noticias sensitivas e inteligibles espirituales; no porque no quisiera Dios darle luego en el primer acto la sabiduría del espíritu, ...Va Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre, por lo más bajo y exterior, hasta lo más alto e interior.

De donde primero le perfecciona el sentido corporal, moviéndole a que use de buenos objetos naturales perfectos exteriores, como oír sermones, misas, ver cosas santas, mortificar el gusto en la comida, macerar con penitencia y santo rigor el tacto.

Y cuando ya están estos sentidos algo dispuestos, los suele perfeccionar más, haciéndoles algunas mercedes sobrenaturales y regalos para confirmarlos más en el bien, ofreciéndoles algunas comunicaciones sobrenaturales, así como visiones de santos o cosas santas corporalmente, olores suavísimos y locuciones, y en el tacto grandísimo deleite; con que se confirma mucho el sentido en la virtud y se enajena del apetito de los malos objetos.

... De esta manera, pues, la va Dios instruyendo y haciéndola espiritual, comenzándole a comunicar lo espiritual desde las cosas exteriores, palpables y acomodadas al sentido, según la pequeñez y poca capacidad del alma, para que mediante la corteza de aquellas cosas sensibles, que de suyo son buenas, vaya el espíritu haciendo actos particulares y recibiendo tantos bocados de comunicación espiritual, que venga a hacer hábito en lo espiritual y llegue a actual sustancia de espíritu, que es ajena de todo sentido; al cual, como habemos dicho, no puede llegar el alma sino muy poco a poco, a su modo, por el sentido, a que siempre ha estado asida.

Y así, a la medida que va llegando más al espíritu acerca del trato con Dios, se va más desnudando y vaciando de las vías del sentido, que son las del discurso y meditación imaginaria. De donde, cuando llegare perfectamente al trato con Dios de espíritu, necesariamente ha de haber evacuado todo lo que acerca de Dios podía caer en sentido (cf. 1 Cor. 13, 10), así como cuanto más una cosa se va arrimando más a un extremo, más se va alejando y enajenando del otro, y cuando perfectamente se arrimare, perfectamente se habrá también apartado del otro extremo. Por lo cual, comúnmente se dice un adagio espiritual, y es: Gustato spiritu, desipit omnis caro, que quiere decir: Acabado de recibir el gusto y sabor del espíritu, toda carne es insipiente. 

 (San Juan de la Cruz, Subida del monte Carmelo, Libro 2, cap 17, 3-5 -resumido-).

* En otro texto, el santo carmelita dice que los milagros y las visiones pueden alentar la fe, pero llega un momento en que no la aumentan sino que la disminuyen; un detrimento de la fe que puede ser en dos maneras:

La primera, acerca de los otros; porque, poniéndose a hacer la maravilla o virtud sin tiempo y necesidad, demás de que es tentar a Dios, que es gran pecado, podrá ser no salir con ella y engendrar en los corazones menos crédito y desprecio de la fe. Porque, aunque algunas veces salgan con ello, por quererlo Dios por otras causas y respectos, ...

... En la segunda manera puede asimismo recibir detrimento acerca del mérito de la fe, porque haciendo él mucho caso de estos milagros, se desarrima mucho del hábito sustancial de la fe, la cual es hábito oscuro; y así, donde más señales y testimonios concurren, menos merecimiento hay en creer. ...

...No es de condición de Dios que se hagan milagros, que, como dicen, cuando los hace, a más no poder los hace. Y por eso reprehendía él a los fariseos, porque no daban crédito sino por señales, diciendo: Si no viéredes prodigios y señales, no creéis (Jn. 4, 48). Pierden, pues, mucho acerca de la fe los que aman gozarse en estas obras sobrenaturales. 

(Subida del monte Carmelo, Libro 3,31, 8-9)

[2] *  “El alma no ha de poner los ojos en aquella corteza de figuras y objeto que se le pone de delante sobrenaturalmente, ahora sea acerca del sentido exterior, como son locuciones y palabras al oído y visiones de santos a los ojos, y resplandores hermosos, y olores a las narices, y gustos y suavidades en el paladar, y otros deleites en el tacto, que suelen proceder del espíritu, lo cual es más ordinario a los espirituales; ni tampoco los ha de poner en cualesquier visiones del sentido interior, cuales son las imaginarias; antes renunciarlas todas. Sólo ha de poner los ojos en aquel buen espíritu que causan, procurando conservarle en obrar y poner por ejercicio lo que es de servicio de Dios ordenadamente, sin advertencia de aquellas representaciones ni de querer algún gusto sensible. Y así, se toma de estas cosas sólo lo que Dios pretende y quiere, que es el espíritu de devoción, pues que no las da para otro fin principal; y se deja lo que él dejaría de dar, si se pudiese recibir en el espíritu sin ello (como habemos dicho, que es el ejercicio y aprehensión del sentido). 

(Subida del monte Carmelo, Libr 2 ,17.9)

*Las locuciones divinas  “pueden proceder en el entendimiento de tres causas, conviene a saber: del Espíritu Divino, que mueve y alumbra al entendimiento, y de la lumbre natural del mismo entendimiento, y del demonio, que le puede hablar por sugestión...

Cuando en las palabras y conceptos juntamente el alma va amando y sintiendo amor con humildad y reverencia de Dios, es señal que anda por allí el Espíritu Santo, el cual, siempre que hace algunas mercedes, las hace envueltas en esto.

Cuando procede de la viveza y lumbre solamente del entendimiento, el entendimiento es el que lo hace allí todo, sin aquella operación de virtudes, aunque la voluntad puede naturalmente amar en el conocimiento y luz de aquellas verdades, y, después de pasada la meditación, queda la voluntad seca, aunque no inclinada a vanidad ni a mal si el demonio de nuevo sobre aquello no la tentase. Lo cual no acaece en las que fueron de buen espíritu, porque después la voluntad queda ordinariamente aficionada a Dios e inclinada a bien, puesto que algunas veces después acaecerá quedar la voluntad seca, aunque la comunicación haya sido de buen espíritu, ordenándolo así Dios por algunas causas útiles para el alma; y otras veces no sentirá el alma mucho las operaciones o movimientos de aquellas virtudes, y será bueno lo que tuvo. Que por eso digo que es dificultosa de conocer algunas veces la diferencia que hay de unas a otras, por los varios efectos que en veces hacen; pero estos ya dichos son los comunes, aunque a veces en más, a veces en menos abundancia.

Aun las que son del demonio, a veces son dificultosas de entender y conocer, porque aunque es verdad que ordinariamente dejan la voluntad seca acerca del amor de Dios y el ánimo inclinado a vanidad, estimación o complacencia, todavía pone algunas veces en el ánimo una falsa humildad y afición hervorosa de voluntad fundada en amor propio, que a veces es menester que la persona sea harto espiritual para que lo entienda. Y esto hace el demonio por mejor encubrir(se), el cual sabe muy bien algunas veces hacer derramar lágrimas sobre los sentimientos que él pone, para ir poniendo en el alma las aficiones que él quiere. Pero siempre les procura mover la voluntad a que estimen aquellas comunicaciones interiores, y que hagan mucho caso de ellas, porque se den a ellas y ocupen el alma en lo que no es virtud, sino ocasión de perder la que hubiese.

(Subida del monte Carmelo, Libro 2. Cap 29,11)

[3] Dos ejemplos de cómo no se deben entender las visiones sobrenaturales desde lo que captan los sentidos:

“Demos caso que está un santo muy afligido porque le persiguen sus enemigos, y que le responde Dios, diciendo: Yo te libraré de todos tus enemigos. Esta profecía puede ser verdaderísima y, con todo eso, venir a prevalecer sus enemigos y morir a sus manos. Y así, el que la entendiera temporalmente, quedara engañado, porque Dios pudo hablar de la verdadera y principal libertad y victoria, que es la salvación donde el alma está libre y victoriosa de todos sus enemigos, mucho más verdaderamente y altamente que si acá se librara de ellos. Y así, esta profecía era mucho más verdadera y más copiosa que el hombre pudiera entender...

Pongamos otro ejemplo. Está una alma con grandes deseos de ser mártir. Acaecerá que Dios le responda diciendo: Tú serás mártir, y le dé interiormente gran consuelo y confianza de que lo ha de ser. Y, con todo, acaecerá que no muera mártir, y será la promesa verdadera. Pues ¿cómo no se cumplió así? Porque se cumplirá y podrá cumplir según lo principal y esencial de ella, que será dándole el amor y premio de mártir esencialmente; y así le da verdaderamente al alma lo que ella formalmente deseaba y lo que él la prometió. Porque el deseo formal del alma era, no aquella manera de muerte, sino hacer a Dios aquel servicio de mártir y ejercitar el amor por él como mártir. Porque aquella manera de morir, por si no vale nada sin este amor, el cual (amor) y ejercicio y premio de mártir le da por otros medios muy perfectamente; de manera que, aunque no muera como mártir, queda el alma muy satisfecha en que le dio lo que ella deseaba.

Porque tales deseos, cuando nacen de vivo amor, y otros semejantes, aunque no se les cumpla de aquella manera que ellos los pintan y los entienden, cúmpleseles de otra y muy mejor y más a honra de Dios que ellos sabían pedir. ...  

(Subida del monte Carmelo, Libr 2, 19, 12-13).

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Julio 2025

C. A,

miércoles, 18 de junio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 57

57.

CÓMO ALGUNOS JÓVENES PRESUNTUOSOS PRINCIPIANTES DISTORSIONAN LA PALABRA «ARRIBA»; LOS ENGAÑOS QUE SE SIGUEN.

Dejemos a un lado esta discusión ahora ahora[1] y volvamos a lo que comencé a decir sobre la comprensión espiritual de ciertas palabras clave. 

Dije más arriba que los jóvenes discípulos de espiritualidad que no tienen cuidado con la presunción están muy inclinados a interpretar mal la palabra «arriba». Oirán decir o leerán que los contemplativos deben «levantar su corazón a Dios». Inmediatamente comienzan a clavar la mirada en las estrellas como si estuvieran en otro planeta y a escuchar como si esperaran captar cantos celestiales de ángeles.

A veces enfocan su curiosa imaginación a penetrar los secretos de los planetas y a perforar el firmamento con la esperanza de ver en el espacio exterior. Están inclinados a imaginarse a Dios según sus propias fantasías, viéndole en suntuosa vestimenta y sentado en un trono exótico. Alrededor de él se imaginan ángeles en forma humana, dispuestos como músicos en una orquesta. Créeme, no se ha visto ni oído nada semejante en esta vida.[2]

Algunas de estas personas son engañadas de una manera increíble por el demonio, que incluso les enviará una especie de rocío que pretende ser el alimento celeste de los ángeles. Parece llegar suave y delicadamente de los cielos, dirigiéndose de modo maravilloso hacia su boca. Así han contraído el hábito de estar boquiabiertos como si trataran de coger moscas.

No te engañes. Todo esto es una ilusión, a pesar de sus matices piadosos, pues al mismo tiempo su corazón está vacío de fervor genuino. Por el contrario, esas locas fantasías les han llenado de tal vanidad, que el demonio puede llevarles fácilmente a hacerles oír extraños ruidos, iluminaciones raras y deliciosos olores. Es un engaño lamentable.

Estas gentes, sin embargo, no ven el engaño y están convencidas de que emulan a santos como Martín, que, en una revelación, vio a Cristo entre los ángeles vestido de esplendor; o Esteban, que vio al Señor glorioso en los cielos; o los discípulos, que le estaban mirando mientras desaparecía en las nubes. Creen que, como ellos, deberíamos mantener nuestra mirada fija en los cielos. 

Yo estoy de acuerdo en que deberíamos levantar nuestros ojos y manos en gestos corporales de devoción según nos impulse el Espíritu. Pero insisto en que nuestra actividad contemplativa no ha de dirigirse hacia arriba o abajo, a este lado o al otro, adelante o atrás, como si fuera una máquina. Pues no es actividad de la carne sino aventura de vida interior emprendida en el Espíritu.

* * *
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[1] Se refiere al tema que menciona al final del número anterior, donde habla de los herejes que siguen al anti-Cristo llevando una vida privada mundana mientras se esfuerzan por mostrar apariencia de virtud.

[2] Aunque Nube se refiere a los gustos por visiones exóticas de los misterios y las personas santas, viene bien aquí la reflexión que san Juan de la Cruz hace sobre las imágenes, denunciando que se corre con ellas el peligro de transformarlas en ídolos que más que ayudar a la cercanía de Dios ponen distancia. Hay sólo una linea muy sutil entre venerar (admiración y respeto al santo que representa una iamgen) y adorar (culto debido sólo a Dios) una imagen, ya ssea ésta una imagen material o fruto de nuestra imaginación.  El santo hace notar que “la persona devota de veras, en lo invisible principalmente pone la devoción y pocas imágenes ha menester, y de pocas usa...”. Tiene razón Nube “No te engañes. Todo esto es una ilusión, a pesar de sus matices piadosos, pues al mismo tiempo su corazón está vacío de fervor genuino”. Dice san Juan de la Cruz:

El uso de las imágenes para dos principales fines le ordenó la Iglesia, es a saber: para reverenciar a los Santos en ellas, y para mover la voluntad y despertar la devoción por ellas a ellos; y cuanto sirven de esto son provechosas y el uso de ellas necesario. Y, por eso, las que más al propio y vivo están sacadas y más mueven la voluntad a devoción, se han de escoger, poniendo los ojos en esto más que en el valor y curiosidad de la hechura y su ornato. Porque hay, como digo, algunas personas que miran más en la curiosidad de la imagen y valor de ella que en lo que representa; y la devoción interior, que espiritualmente han de enderezar al santo invisible, olvidando luego la imagen, que no sirve más que de motivo, la emplean en el ornato y curiosidad exterior, de manera que se agrade y deleite el sentido y se quede el amor y gozo de la voluntad en aquello. Lo cual totalmente impide al verdadero espíritu, que requiere aniquilación del afecto en todas las cosas particulares.

Esto se verá bien por el uso abominable que en estos nuestros tiempos usan algunas personas que, no teniendo ellas aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para el cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades, y del traje que en ellas es reprendido visten las imágenes, cosa que a ellas fue tan aborrecible, y lo es; procurando en esto el demonio y ellos en él canonizar sus vanidades, poniéndolas en los santos, no sin agraviarles mucho. Y de esta manera, la honesta y grave devoción del alma, que de sí echa y arroja toda vanidad y rastro de ella, ya se les queda en poco más que en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo. Y así, veréis algunas personas que no se hartan de añadir imagen a imagen, y que no sea sino de tal y tal suerte y (hechura, y que no estén puestas sino de tal o tal manera, de suerte) que deleite al sentido; y la devoción del corazón es muy poca; y tanto asimiento tienen en esto como Micas en sus ídolos o como Labán, que el uno salió de su casa dando voces porque se los llevaban (Jue. 18, 24), y el otro, habiendo ido mucho camino y muy enojado por ellos, trastornó todas las alhajas de Jacob, buscándolos (Gn. 31, 34).

La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquéllas que más se conforman con lo divino que con lo humano, conformándolas a ellas y a sí en ellas con el traje del otro siglo y su condición, y no con éste, porque no solamente no le mueve el apetito la figura de este siglo, pero aun no se acuerda por ella de él, teniendo delante los ojos cosa que a él se parezca. Ni (en) esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se pena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte.

Hasta los motivos y medios que llegan más a Dios, quitándoselos, queda quieto. Porque mayor perfección del alma es estar con tranquilidad y gozo en la privación de estos motivos que en la posesión con apetito y asimiento de ellos. Que, aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción (por lo cual se ha de escoger la que más mueve), pero no es perfección estar tan asida a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca”. (Subida del monte Carmelo, L. 3, ap 35, nn 3-5)

Junio 2025
C.A.

martes, 10 de junio de 2025

NUBE DEL NO-SABER 56

 


56.

QUE AQUELLOS QUE CONFÍAN MÁS EN SU PROPIA INTELIGENCIA NATURAL Y EN EL SABER HUMANO QUE EN LA DOCTRINA COMÚN Y LA DIRECCIÓN DE LA IGLESIA ESTÁN ENGAÑADOS.

Hay todavía otros que, aunque escapen a los engaños que acabo de describir, caen víctimas de su orgullo, de su curiosidad intelectual y de su saber de eruditos al rechazar la doctrina común y la orientación de la Iglesia.[1]

Estas personas y sus seguidores confían demasiado en su propio saber. Nunca estuvieron enraizados en esa humilde y ciega experiencia del amor contemplativo y de la bondad de vida que le acompaña. Son así vulnerables a la pseudo-experiencia trazada y dirigida por su enemigo espiritual. Llegan hasta levantarse y blasfemar contra los santos, los sacramentos y las ordenanzas de la santa Iglesia.

Los hombres sensuales y mundanos que creen que las exigencias de la Iglesia para la enmienda adecuada de su vida son demasiado molestas, corren pronta y fácilmente detrás de estos herejes, y los apoyan. Y todo porque imaginan que estos herejes los conducirán por una senda más suave que la santa Iglesia.

Ahora bien, creo realmente que todo aquel que no emprenda el camino arduo del cielo se deslizará fácilmente por el camino del infierno, como veremos cada uno de nosotros el último día. Estoy convencido de que si pudiéramos ver a estos herejes y sus seguidores en el momento actual, como los veremos en el día del juicio, nos daríamos cuenta de que, además de su abierta presunción al negar la verdad, están cargados con grandes y pesados pecados cometidos en su vida privada. Se dice de ellos que en su vida privada están tan llenos de vil lujuria como lo están de la falsa virtud que despliegan en su vida pública. Con toda verdad bien pueden llamarse los discípulos del Anticristo.

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NOTAS

[1] Es muy común y fácil en nuestro tiempo la crítica a la Iglesia situados en una posición que creemos más elevada que la institución que lleva veinte siglos discerniendo su misión y su tarea, con claroscuros, pero con la confianza puesta en el Espíritu Santo. Como dicen muchos, la prueba de que Dios va en la barca de la Iglesia es que ésta, a pesar de las tormentas internas que ha atravesado, no se ha hundido.

Dice Henri de Lubac, en su excelente libro Meditación sobre la Iglesia,(capítulo octavo, Nuestras tentaciones respecto de la Iglesia)) :

¡Cuántas tentaciones asaltan respecto de esta Madre, a la que solamente deberíamos limitarnos a amar! ...  Para amar a la Iglesia es necesario, venciendo antes toda repugnancia, amarla en toda su tradición y engolfarse, por así decirlo, en toda su vida como el grano se hunde en la tierra. De manera parecida hay que renunciar al veneno sutil de las místicas y de las filosofías religiosas que querrían sustituir la feo que se ofrecerán a trasponerla. Esta es la manera católica de perderse para llegar  a encontrarse. ... 

Hay que llevar hasta sus últimas consecuencias la lógica de la encarnación, por la cual la divinidad se adapta a la debilidad humana. Para poseer este tesoro hay que sostener el “vaso de arcilla” que lo contiene, y fuera del cual se evapora. Hay que ser sin reticencia “de la plebe de Dios”. Dicho de otra manera: la necesidad de ser humilde para adherirse a Cristo lleva consigo la necesidad de ser humilde  para buscarle en la Iglesia y de añadir a la sumisión del entendimiento “el amor de la fraternidad”.

No deja de ser un acto de soberbia creer tener la razón en cuestiones de fe y costumbres contra la tradición milenaria de una Iglesia que, ciertamente, ha dejado mucho que desear en su historia, pero que lleva en su fragilidad humana el tesoro de la divina tradición evangélica. Habría que meditar las palabras de san Pablo: "Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros" (2 Cor 4,7)

Cuando surgen tormentas no está la solución en abandonar la barca sino en mantenerse en ella firmes y entregados para que la nave recupere la estabilidad y se mantenga a flote en un mundo espiritualmente inestable. Deberíamos meditar esta cuetión: ¿hubiera llegado la tradición evangélica a nuestro tiempo sin la existencia de una instirución llamada Iglesia? 

Merece la pena mantener vivo el tesoro espiritualde la Iglesia evitando el deslizamiento hacia caminos de narcisismos espirituales individualistas, muy atractivos pero poco realistas y peligrosos dada la condición frágil y pecadora de la humanidad. Como dice H. de Lubac es conveniente la sumisión del entendimiento a la doctrina común  antes que perder "el amor de la fraternidad"; lo importante es amar, evitando que las ideologías y postureos narcisistas resquebrajen la necesaria unidad. 

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Junio 2025
Casto Acedo


miércoles, 23 de abril de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 55

55.

QUE LOS QUE CONDENAN EL PECADO CON CELO INDISCRETO QUEDAN BURLADOS


El enemigo puede, además, engañar a ciertas personas con otras trampas insidiosas. Les puede incitar con celo a mantener la ley de Dios desarraigando el pecado del corazón de otras personas. No vendrá nunca derecho a tentarlos con algo obviamente pecaminoso.[1] Por el contrario, los incitará a asumir el papel de prelados celosos que supervisan todos los aspectos de la vida cristiana, como abad que inspecciona a sus monjes. Reprende a todos y a cada uno por sus faltas, como si fuera un pastor legítimamente constituido. Siente que debe echarles en cara hasta la ira de Dios que se manifiesta por él, y sostiene que es impelido por el amor de Dios y el fuego de la caridad fraterna. Pero en realidad miente, pues es el fuego del infierno en su cerebro e imaginación lo que le incita.[2]

Lo que sigue parece confirmar esto. El demonio es un espíritu que, como los ángeles, no tiene cuerpo. Pero siempre que con el permiso de Dios él (o cualquier ángel) toma un cuerpo para tratar con los hombres, el cuerpo que elige refleja de alguna manera la naturaleza de su misión.[3] Vemos esto en la Sagrada Escritura. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos que, cuando un ángel era enviado para cualquier obra, su cuerpo o su nombre reflejaba su mensaje espiritual. De la misma manera, siempre que el enemigo toma forma humana, alguna cualidad de su cuerpo reflejará su intención.

Un ejemplo concreto ilustra esto muy bien. He aprendido de algunos de los estudiantes de nigromancia (culto que enseña la comunicación con los espíritus malignos), y de otros a los que se les ha aparecido el diablo en forma humana, el tipo de cuerpo que precisamente suele adoptar. Me han dicho que cuando se aparece, normalmente acostumbra tener un solo orificio nasal ancho y espacioso, y que puede fácilmente volver su cabeza hacia atrás de manera que el hombre puede ver directamente su cerebro, que aparece como el fuego del infierno. Un demonio no puede tener otro cerebro, y se da por muy satisfecho si puede inducir al hombre a contemplarle, pues la visión sacará al ser humano fuera de si para siempre. (El aprendiz experto de magia negra sabe muy bien esto y, por ello, toma las precauciones debidas, para no ponerse en peligro él mismo).

Así, pues, cuando el demonio asume un cuerpo, puedes estar seguro de que este reflejará de alguna manera su intención. En el caso de falso celo que estamos considerando, inflama de tal manera la imaginación de sus contemplativos con el fuego del infierno, que repentina e imprudentemente se desatarán con presunción increíble. Se arrogan a si mismos el derecho de amonestar a otros, con frecuencia de una manera cruel y precipitada. Y todo porque sólo tienen un único orificio nasal espiritual. La división de la nariz del hombre en dos fosas sugiere que debe poseer un discernimiento espiritual que le permita decidir lo bueno de lo malo, lo malo de lo peor, y lo bueno de lo mejor antes de formular un juicio. (Por cerebro entiendo la imaginación espiritual, pues según la naturaleza la imaginación reside y funciona en la cabeza)

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NOTAS 

[1] "Y conociendo el demonio esta prosperidad del alma (el cual, por su gran malicia, todo el bien que en ella ve envidia), a este tiempo usa de toda su habilidad y ejercita todas sus artes para poder turbar en el alma siquiera una mínima parte de este bien. Porque más precia él impedir a esta alma un quilate de esta su riqueza y glorioso deleite que hacer caer a otras muchas en otros muchos y graves pecados; porque las otras tienen poco o nada que perder, y ésta mucho, porque tiene mucho ganado y muy precioso; así como perder un poco de oro muy primo es más que perder mucho de otros bajos metales.

Aprovéchase aquí el demonio de los apetitos sensitivos (aunque con éstos en este estado las más veces puede muy poco o nada, por estar ya ellos amortiguados) y, de que con esto no puede, representa a la imaginación muchas variedades; y a las veces levanta en la parte sensitiva muchos movimientos, como después se dirá, y otras molestias que causa, así espirituales como sensitivas" (San Juan de la Cruz,  Cántico espiritual  16,2)

[2] “Como estos principiantes se sienten tan fervorosos y diligentes en las cosas espirituales y ejercicios devotos, de esta propiedad (aunque es verdad que las cosas santas de suyo humillan) por su imperfección les nace muchas veces cierto ramo de soberbia oculta, de donde vienen a tener alguna satisfacción de sus obras y de sí mismos. Y de aquí también les nace cierta gana algo vana, y a veces muy vana, de hablar cosas espirituales delante de otros, y aun a veces de enseñarlas más que de aprenderlas, y condenan en su corazón a otros cuando no los ven con la manera de devoción que ellos querrían, y aun a veces lo dicen de palabra, pareciéndose en esto al fariseo, que se jactaba alabando a Dios sobre las obras que hacía, y despreciando al publicano (Lc. 18, 11­12).

 A estos muchas veces los acrecienta el demonio el fervor y gana de hacer más estas y otras obras porque les vaya creciendo la soberbia y presunción. Porque sabe muy bien el demonio que todas estas obras y virtudes que obran, no solamente no les valen nada, mas antes se les vuelven en vicio. Y a tanto mal suelen llegar algunos de éstos, que no querrían que pareciese bueno otro sino ellos; y así, con la obra y palabra, cuando se ofrece, les condenan y detraen, mirando la motica en el ojo de su hermano, y no considerando la viga que está en el suyo (Mt.7,37); cuelan el mosquito ajeno y tráganse su camello (Mt. 23, 24)". (Ibid. Noche oscura, Libro 1, 2, 1-2)

[3] Hablando de revelaciones y misterios ocultos, que muchos creen pueden ser de Dios, san Juan de la Cruz previene que en “este género de revelaciones, puede el demonio mucho meter la mano, porque, como las revelaciones de este género ordinariamente son por palabras, figuras y semejanzas, etc., puede el demonio muy bien fingir otro tanto, mucho más que cuando las revelaciones (no) son en espíritu sólo. Y, por tanto, si acerca de la primera manera y la segunda que aquí decimos, en cuanto (a) lo que toca a nuestra fe, se nos revelase algo de nuevo o cosa diferente, en ninguna manera habemos de dar el consentimiento, aunque tuviésemos evidencia que aquel que lo decía era un ángel del cielo; porque así lo dice san Pablo (Gl. 1, 8), diciendo: Licet nos, aut angelus de caelo evangelizet vobis praeterquam quod evangelizavimus vobis, anathema sit; que quiere decir: Aunque nosotros o un ángel del cielo os declare o predique otra cosa fuera de la que os habemos predicado, sea anatema” (Subida del monte Carmelo, Libro 2, 27,3)

Y respecto a las locuciones o revelaciones de Dios al oído, anota  el santo que "también en este género de palabras interiores sucesivas mete mucho el demonio la mano, mayormente en aquellos que tienen alguna inclinación o afición a ellas porque, al tiempo que ellos se comienzan a recoger, suele el demonio ofrecerles harta materia de digresiones, formándole al entendimiento los conceptos palabras por sugestión, y le va precipitando y engañando sutilísimamente con cosas verisímiles. Y ésta es una de las maneras con que se comunica con los que tienen hecho algún pacto con él, tácito o expreso, y como se comunica con algunos herejes, mayormente con algunos heresiarcas, informándolos el entendimiento con conceptos y razones muy sutiles, falsas y erróneas". (Ibid, Libro 2, 29,10)

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Abril 2025

C.A.

sábado, 22 de marzo de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 54

54.

QUE LA CONTEMPLACIÓN AGRACIA AL HOMBRE CON SABIDURÍA Y EQUILIBRIO Y LE HACE ATRACTIVO EN CUERPO Y ESPÍRITU

 A medida que la persona madura en la obra de la contemplación, descubrirá que este amor gobierna su comportamiento de una manera conveniente tanto interna como externamente. Cuando la gracia atrae a un hombre a la contemplación, parece transfigurarlo incluso físicamente de tal forma que, aunque sea contrahecho por naturaleza, aparece cambiado y agradable a la mirada. Toda su personalidad se vuelve tan atractiva, que las buenas personas se honran y se deleitan estando en su compañía, fortalecidas por el sentido de Dios que irradia de ellos.[1]

Haz, pues, lo que está de tu parte y coopera con la gracia para conseguir este gran don, pues te enseñará cómo el hombre que lo posee se sabe gobernar a sí mismo y todo lo que le atañe. Será capaz incluso de discernir el carácter y temperamento de otros cuando sea necesario. Sabrá cómo acomodarse a cualquiera (para asombro de todos), incluso a los pecadores empedernidos, sin pecar él. La gracia de Dios actuará por él, arrastrando a otros a desear ese mismo amor contemplativo que el Espíritu Santo despierta en él. Su comportamiento y conversación serán ricos en sabiduría espiritual, fuego y frutos de amor, pues hablará con una seguridad llena de calma y desprovista de falsedad y del fingido servilismo de los hipócritas.

Hay quienes canalizan todas sus energías físicas y espirituales para aprender a apoyar y rodear su inseguridad con serviles sollozos y afectada piedad. Están más preocupados por aparecer santos ante los hombres que por serlo ante Dios y ante sus ángeles. Tales personas se encuentran más confusas y avergonzadas por un falso gesto o por una falta de etiqueta en sociedad que por mil vanos pensamientos y feas inclinaciones al pecado, intencionadamente estimulados o jugando perezosamente con ellos, en la presencia de Dios y de sus ángeles. ¡Ah, Señor Dios! Una gran dosis de humilde afectación denota ciertamente un corazón orgulloso.

Es cierto que una persona verdaderamente humilde ha de conducirse con modestia en palabras y gestos, reflejando la disposición de su corazón. Pero no puedo soportar una voz humilde afectada, contraria a la sencillez natural de carácter. Si estamos diciendo la verdad, usemos un sencillo y sincero tono de voz que esté acorde con la propia personalidad. Una persona que, por naturaleza, tiene una voz franca y alta y que de modo habitual musita en un cuchicheo a media voz -excepto, naturalmente, si está enfermo o habla en privado a su confesor o en secreto a Dios- es ciertamente un hipócrita. Poco importa que sea novicio o que tenga una gran experiencia; es un hipócrita.

 ¿Qué más puedo decir sobre estos engaños traicioneros? Realmente, si el hombre no tiene la gracia de deshacerse de estos plañideros hipócritas, corre peligro. Pues entre el secreto orgullo de su corazón y la hipocresía de su conducta, el pobre desgraciado puede caer pronto en un terrible fracaso.

NOTAS 


[1] La persona virtuosa y amiga de Dios gana en belleza. En el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, hay varios pasajes donde se dice que el alma, al unirse con Dios y llenarse de su amor, gana  hermosura y atractivo espiritual. Un fragmento clave lo hallamos en la estrofa 36, donde el santo explica cómo el alma, al estar purificada y unida a Dios, se embellece y se hace más digna de amor; y con el alma, ¿no embellecerá también el cuerpo como parte indisoluble del ser?:

“Esto tiene el amor donde hizo asiento, que siempre se quiere andar saboreando en sus gozos y dulzuras, que son el ejercicio de amar interior y exteriormente, como habemos dicho; todo lo cual hace por hacerse más semejante al Amado. Y así, dice luego: “Y vámonos a ver en tu hermosura”.

Que quiere decir: hagamos de manera que por medio de este ejercicio de amor ya dicho lleguemos a vernos en tu hermosura, esto es: que seamos semejantes en hermosura, y sea tu hermosura de manera que, mirando el uno al otro, se parezca a ti en tu hermosura, y se vea en tu hermosura, lo cual será transformándome a mí en tu hermosura; y así te veré yo a ti en tu hermosura, y tú a mí en tu hermosura; y tú te verás en mí en tu hermosura, y yo me veré en ti en tu hermosura; y así parezca yo tú en tu hermosura y parezcas tú yo en tu hermosura, y mi hermosura sea tu hermosura, y tu hermosura mi hermosura; y seré yo tú en tu hermosura, y serás tú yo en tu hermosura, porque tu hermosura misma será mi hermosura.

Ante el hechizo de tanta hermosura el santo no puede resistirse a la creación poética. ¡Cuántas vece aparece "tu hermosura", que será "mi hermosura". Francisca de la Madre de Dios, carmelita descalza en Beas,  refiere: “Preguntándole (el Santo) un dia a esta testigo en qué traía la oración, le dijo que en mirar la hermosura de Dios y holgarse de que la tuviese. Y el santo se alegró tanto de esto que algunos días decía cosas muy levantadas,  que admiraban,  de la hermosura de Dios, y así, llevado de este amor, hizo unas cinco canciones sobre esto”.

En la unión con Dios, recibe el alma una belleza y una gracia que la hacen "agradable y atractiva":  En  esta transformación el alma se hace hermosa y agradable a los ojos de Dios, como también en algún modo a los ojos de los hombres." Esto sugiere que la virtud y la unión con Dios embellecen a la persona de una manera que trasciende lo físico y se convierte en un atractivo espiritual para quienes le miran.

Marzo 2025
C.A.