55.
QUE LOS QUE CONDENAN EL PECADO CON CELO INDISCRETO QUEDAN BURLADOS
NOTAS
[1] "Y conociendo el demonio
esta prosperidad del alma (el cual, por su gran malicia, todo el bien que en
ella ve envidia), a este tiempo usa de toda su habilidad y ejercita todas sus
artes para poder turbar en el alma siquiera una mínima parte de este bien.
Porque más precia él impedir a esta alma un quilate de esta su riqueza y
glorioso deleite que hacer caer a otras muchas en otros muchos y graves pecados;
porque las otras tienen poco o nada que perder, y ésta mucho, porque tiene
mucho ganado y muy precioso; así como perder un poco de oro muy primo es más
que perder mucho de otros bajos metales.
Aprovéchase
aquí el demonio de los apetitos sensitivos (aunque con éstos en este estado las
más veces puede muy poco o nada, por estar ya ellos amortiguados) y, de que con
esto no puede, representa a la imaginación muchas variedades; y a las veces
levanta en la parte sensitiva muchos movimientos, como después se dirá, y otras
molestias que causa, así espirituales como sensitivas" (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual 16,2)
[2] “Como estos principiantes se sienten tan fervorosos y diligentes en las cosas espirituales y ejercicios devotos, de esta propiedad (aunque es verdad que las cosas santas de suyo humillan) por su imperfección les nace muchas veces cierto ramo de soberbia oculta, de donde vienen a tener alguna satisfacción de sus obras y de sí mismos. Y de aquí también les nace cierta gana algo vana, y a veces muy vana, de hablar cosas espirituales delante de otros, y aun a veces de enseñarlas más que de aprenderlas, y condenan en su corazón a otros cuando no los ven con la manera de devoción que ellos querrían, y aun a veces lo dicen de palabra, pareciéndose en esto al fariseo, que se jactaba alabando a Dios sobre las obras que hacía, y despreciando al publicano (Lc. 18, 1112).
A estos muchas veces los acrecienta el demonio el fervor y gana de hacer más estas y otras obras porque les vaya creciendo la soberbia y presunción. Porque sabe muy bien el demonio que todas estas obras y virtudes que obran, no solamente no les valen nada, mas antes se les vuelven en vicio. Y a tanto mal suelen llegar algunos de éstos, que no querrían que pareciese bueno otro sino ellos; y así, con la obra y palabra, cuando se ofrece, les condenan y detraen, mirando la motica en el ojo de su hermano, y no considerando la viga que está en el suyo (Mt.7,37); cuelan el mosquito ajeno y tráganse su camello (Mt. 23, 24)". (Ibid. Noche oscura, Libro 1, 2, 1-2)
[3] Hablando de revelaciones y misterios ocultos, que muchos creen pueden ser de Dios, san Juan de la Cruz previene que en “este género de revelaciones, puede el demonio mucho meter la mano, porque, como las revelaciones de este género ordinariamente son por palabras, figuras y semejanzas, etc., puede el demonio muy bien fingir otro tanto, mucho más que cuando las revelaciones (no) son en espíritu sólo. Y, por tanto, si acerca de la primera manera y la segunda que aquí decimos, en cuanto (a) lo que toca a nuestra fe, se nos revelase algo de nuevo o cosa diferente, en ninguna manera habemos de dar el consentimiento, aunque tuviésemos evidencia que aquel que lo decía era un ángel del cielo; porque así lo dice san Pablo (Gl. 1, 8), diciendo: Licet nos, aut angelus de caelo evangelizet vobis praeterquam quod evangelizavimus vobis, anathema sit; que quiere decir: Aunque nosotros o un ángel del cielo os declare o predique otra cosa fuera de la que os habemos predicado, sea anatema” (Subida del monte Carmelo, Libro 2, 27,3)
Y respecto a las locuciones o revelaciones
de Dios al oído, anota el santo que "también en este género de palabras
interiores sucesivas mete mucho el demonio la mano, mayormente en aquellos que
tienen alguna inclinación o afición a ellas porque, al tiempo que ellos se
comienzan a recoger, suele el demonio ofrecerles harta materia de digresiones,
formándole al entendimiento los conceptos palabras por sugestión, y le va
precipitando y engañando sutilísimamente con cosas verisímiles. Y ésta es una
de las maneras con que se comunica con los que tienen hecho algún pacto con él,
tácito o expreso, y como se comunica con algunos herejes, mayormente con
algunos heresiarcas, informándolos el entendimiento con conceptos y razones muy
sutiles, falsas y erróneas". (Ibid, Libro 2, 29,10)
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Abril 2025
C.A.
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