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viernes, 20 de noviembre de 2020

Orar la misericordia (Domingo 22 de Noviembre)

Hablando de los tiempos mesiánicos, dice el profeta que “se llenará la tierra del conocimiento de del Señor". (Hbc, 2,14). 

¡Qué importante es el "conocimiento" de Dios! Los que nos declaramos creyentes presumimos a menudo de conocer  bien a Dios. Incluso nos atrevemos a hablar de Él con una soltura impresionante, como si fuera un amigo entrañable, alguien conocido de toda la vida. Pero ¿será cierto? ¿conocemos a Dios realmente? 

La pregunta es importante; y más cuando, paradójicamente,   decimos que Dios es el inefable (aquel del que no se puede hablar), el incognoscible (que no podemos conocer), el “más allá de todo” (inalcanzable).  ¿Cómo lo vamos a conocer? Es verdad que se ha revelado en Jesucristo, que es lenguaje de Dios, encarnación del Verbo eterno. Por eso decimos que cuando vemos la humanidad de Jesús podemos ver a Dios en Él. 

Sin embargo, ¿cómo nos atrevemos a decir alegremente que en Jesús vemos a Dios cuando ni los mismos discípulos que caminaron con el Jesús histórico, le llegaron a conocer en su identidad más genuina? Le vieron físicamente, le abrazaron, le oyeron hablar y actuar, pero fueron incapaces de reconocer en Él a Dios? “Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? (Jn 14,8-9). 

¿Por qué no vemos a Dios? ¿Por qué no le conocemos incluso teniendo a Jesús (Dios mismo) ante nosotros? Creo que el Evangelio de este domingo nos da unas pistas que responden a estas preguntas. No le conocemos porque le buscamos en las ideas o en los ritos, y la clave está en la compasión y la misericordia. Sólo desde ésta última se conoce de veras a Dios. No con la luz de la mente sino con las neuronas del corazón. 

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"Señor, -dicen los justos de la parábola de este domingo-¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." (Mt 5,37-40)

El mismo proceso de preguntas hacen los que no practicaron la misericordia, aunque la respuesta del Señor fue distinta: “cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo no lo hicisteis" (Mt 25,45). 

Lo curioso de todo esto es que ni los misericordiosos ni los duros de corazón habían conocido a Dios. “Señor ¿cuándo te vimos?” Me cuadra lo de los malos, pero ¿cómo puede decir la parábola que los misericordiosos no habían visto a Dios? 

Pues parece ser así, que no lo conocen de veras hasta que llegan a su plenitud espiritual, que no es otra que una vida llena de compasión y misericordia; entonces desaparece el ego, brilla el yo original personal, y  con esos ojos nuevos  son  capaces de ver y conocer a Dios: “Dichosos los misericordigosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5,7). Alcanzarán misericordia, es decir, verán a Dios con ojos limpios de todo egoísmo (cf Mt 5,8). 

Enseñanzas prácticas

1) Primera enseñanza: buscar a Dios en nuestras teologías y actos rituales, más que un camino correcto, puede ser un camino envenenado. A menudo queremos solucionarlo todo partiendo de la teoría y los ritos, sin ahondar en la verdad de la vida, que no es letra sino espíritu encarnado. La oración y los sacramentos no tienen sentido si al tiempo no se va dando un proceso de conversión a la misericordia. Si me falta esto puede que esté haciendo de mi persona un fariseo ególatra que vive en una deprimente ignorancia. 

2) La vida de Jesús tuvo lugar antes que su evangelio y su Iglesia, y si queremos llegar al evangelio y a la Iglesia de Jesús, no hay más remedio que partir de su vida. ¿Cómo? Viviendo como él vivió, practicando las obras de misericordia. Creer en Él es estar convencido de que el camino de la compasión es el único que nos abrirá a la sabiduría divina.

3) La Iglesia es "casa de misericordia". Hermosa definición teórica. Pero, pisando tierra ¿qué es la Iglesia? Soy yo practicando la misericordia con otros y para otros. Sin personas concretas que crezcan en la práctica de la compasión hacia dentro (koinonía) y hacia fuera de ella misma (diakonía) no hay una Iglesia plenamente cristiana. 

4) Y una cuarta y breve reflexión, tal vez muy fuerte para timoratas mentes religiosas. En última instancia importa poco el ser creyente o ateo. Si la misericordia es mi bandera, practicándola estoy en el camino de Dios, entonces soy suyo, aunque no le haya conocido en ninguna escuela religiosa. Si la compasión es mi eje de vida, desde una mirada cristiana  formo parte del grupo de aquellos a los que  teólogos y místicos del siglo XX llamaron “cristianos anónimos”, que son los que se declaran ateos o no se definen públicamente como pertenecientes a alguna religión no-cristiana, pero viven su no-fe o religión, en conformidad de vida con Jesús. 


Hay una verdad frecuentemente olvidada: la verdadera religión es la misericordia (Dios es misericordia). El verdadero conocimiento de Dios solo se da en ella. Lo dice el profeta Isaías: “Este es el ayuno (el culto, la práctica, la religión) que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tu heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: «Aquí estoy». (Is 58,6-9) 

Si te preguntas por qué Dios no se te da a conocer claramente, por qué te aburren las prácticas religiosas, porqué no ves la vida con la claridad que quisieras, por qué sufres, por qué Dios no te escucha, … aquí tienes la respuesta. Dios es sordo a quienes no practican la misericordia; no porque no escuche, que el amor de Dios no los olvida, sino porque quienes viven en la egolatría se imposibilitan para dialogar con quien es Misericordia.

¿Recuerdas la parábola del buen samaritano? ¿No es claro el mensaje?  La historia la cuenta Jesús a un teórico de la religión que le pregunta acerca de quién es mi prójimo al que amar: la respuesta no fue teórica sino práctica: ¿Has visto lo que ha hecho ese samaritano ateo? Pues, vete y haz tú lo mismo. No es necesario saber, basta con ejercer la misericordia, que no es un discurso muerto sino una realidad viva. 
* * *
Las consecuencias morales de esta reflexión creo que no habría que escribirlas, aunque si te sirve de pista, medita: ¿cuánto hay en tu corazón de soberbia, ira y envidia, que te impide amar? ¿Haz una lista de las personas contra las que tienes resentimiento? ¿Qué sentimientos te producen los presos, los que pasan hambre, los que te molestan con sus necesidades? ¿Desde cuándo no visitas a esos enfermos o ancianos que no pueden salir de su casa o de la residencia donde están recluidos? ¿Por qué rehuyes a esa persona que quiere ser escuchada y que tildas de pesado? … Pues ya sabes cómo empezar a conocer y amar  a Dios: abriéndote a conocerle  y amarle en sus criaturas.
 
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Para orar hoy partamos de que "somos ateos”. Es un mensaje subliminal de la parábola de hoy. Eso sí, hay ateos buenos y ateos malos. Aunque a los malos ateos de hoy yo los definiría más bien como “indiferentes”, es decir, ególatras que pasan soberanamente de los sufrimientos ajenos, aunque vayan a la Iglesia. "Ateos prácticos" les llaman otros; dicen creer en Dios pero viven como si no existiera.

La práctica de las obras de misericordia supone tener los ojos muy abiertos a la humanidad toda. Se trata de que mires a todos con amor compasivo, de dejar a un lado la carga de prejuicios que tu egoísmo ha ido acumulando, de des-apegarte de todo lo que no sea el ser y la voluntad de Dios, que es Amor. 

Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2,4), y sólo hay una verdad: Dios es amor, y en el amor se le encuentra. 


Orar la misericordia

* Comienza aquietando tu cuerpo y tu mente. 

* Tal vez te inquietan las palabras de la meditación y te cuesta pararte ahí, en silencio, sin “hacer nada”, con la sensación de que hacer silencio no es ser misericordioso. Te equivocas. En el silencio te preparas para escuchar la voz que te invita a la práctica de las obras de misericordia. Si la fuerza para amar no te sale de dentro, sino de tu ego, no llegarás muy lejos. 

* Por tanto, aleja de ti toda consideración, y haz silencio.  

* Sábete ateo. Deja pasar cualquier imagen de Dios que tengas. Simplemente respira y vive. 

* En tu respiración siente la Vida que es misericordia y se compadece de ti dándote el aliento, regalándote cada inspiración y cada espiración… 

* * * 

* Dios es misericordia. Dios te ama. Eres amado de Dios. Te ama a pesar de tu soberbia, a pesar de tu ira, a pesar tu envidia… 

* Dios te ama porque es amor, y sólo sabe y le preocupa amar… Gózate en la mirada de amor misericordioso de Dios sobre ti… 

* Mira ahora a las personas a las que amas y a las que deberías amar más: familia, amigos, compañeros de trabajo, hermanos de comunidad… ¿Cuáles son sus necesidades? ¿Qué necesitan? Pan, compañía, ánimos… Míralos y envíales amor desde tu más íntimo centro… Deséales lo mejor y activa tu disposición a ayudarles en lo que necesiten. 

* Ahora, mira a quienes odias o rechazas, a aquellos que consideras tus enemigos, lo sean o no… Sobre muchos de ellos puedes tener prejuicios raciales, de clase, de religión, etc… También a ellos mándales un mensaje de reconciliación, un deseo de eliminar las barreras que os separan … Aunque te cueste, exprésales  tu deseo de ayudarles si necesitan algo. 

* Y finalmente siéntete ciudadano del universo. Piensa en las personas que no conoces y que diariamente se cruzan en tu camino…, en las que habitan el mismo mundo que tú. Envía a toda la humanidad un mensaje de paz y amor, un deseo sincero de que puedan cubrir suficientemente sus necesidades espirituales y materiales… 

* Para acabar la contemplación, pon el rostro de Cristo a todas las personas que has contemplado. … Si has repartido amor y misericordia, y te sientes feliz por ello, empiezas a conocer a Dios. 

* * * 
* Poco a poco, con unas inspiraciones profundas vas saliendo de la meditación. 

* Ahora toma nota de las mociones (movimientos del corazón) vividas, de las llamadas recibidas.

* Luego, decide qué obra de misericordia vas a realizar esta semana. Concreta. Y al final de la semana, si la has realizado, podrás ver que la Luz comienza a abrirse paso en tu vida. Cada gesto de misericordia y amor es una bombillita de la apoteosis  de la Navidad que alumbra el mundo para ver a Dios en él. 

Buena semana de oración y práctica de misericordia. Y ve preparando tu corazón para el Adviento.

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EVANGELIO
Mateo 25,31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." 

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna."

Casto Acedo. Noviembre 2020

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