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lunes, 15 de diciembre de 2025

NUBE DE NO-SABER 66-67

 

 66.

DE LA OTRA FACULTAD SECUNDARIA, LA PERCEPCIÓN SENSORIAL; CÓMO FUNCIONA Y CÓMO HA SIDO DAÑADA POR EL PECADO ORIGINAL

La percepción sensorial es la facultad de nuestra alma que se vale de los sentidos y es dueña de ellos. Esta facultad es una bendición para nosotros porque nos permite conocer y experimentar todas las criaturas materiales y determinar si son buenas o no para nosotros. La percepción sensorial incluye tanto los sentidos externos como los internos. Los sentidos externos atienden a la satisfacción de nuestras necesidades físicas, y los internos sirven a la inteligencia. Es la facultad que se rebela cuando el cuerpo experimenta alguna necesidad y la que nos puede mover también a excedemos en la satisfacción de cualquier necesidad. Refunfuña ante la privación del placer y cuando se le inflige un dolor, alegrándose vivamente cuando se le quita el dolor y se le devuelve el placer. La memoria abarca también la facultad de la percepción sensorial y todo lo que experimenta.

Así como la imaginación es la criada de la razón, la percepción sensorial es la esclava de la voluntad. Antes de que el hombre pecara, era una esclava perfecta, puesto que cualquier deleite o dolor suyo estaba en perfecta consonancia con la realidad. No comunicaba a la voluntad ninguna sensación desordenada acerca de criatura alguna material, ni el demonio despertaba experiencia espiritual engañosa en los sentidos internos.

Pero ya no es así. Debido al pecado original, experimenta dolor cuando se ve privada de placeres desordenados, por los que suspira ciegamente, y cuando se ve sometida a una disciplina saludable, que rechaza. La gracia ha de fortalecer la voluntad para que acepte humildemente su parte en las consecuencias del pecado original, manteniendo a raya la percepción sensorial para que no se exceda en los placeres legítimos y adquiera el gusto por una disciplina saludable. Sin la gracia, la percepción sensorial se entregaría caprichosamente a los placeres de la vida y de la carne degradando al hombre hasta convertirlo más en una bestia que en un ser humano, que tiene un destino espiritual.

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67

LA IGNORANCIA RESPECTO AL FUNCIONAMIENTO DE LAS POTENCIAS DEL ALMA PUEDE LLEVAR FÁCILMENTE A ERROR Y A ENTENDER MAL LA INSTRUCCIÓN SOBRE LA CONTEMPLACIÓN; DE CÓMO LA PERSONA SE HACE CASI DIVINA[1] POR LA GRACIA

Mi querido amigo en Dios, fíjate a qué riesgos nos vemos expuestos por el pecado original. ¿Ha de extrañarnos el que estemos ciegos y engañados a la hora de interpretar el significado espiritual de ciertas expresiones, especialmente si somos tan ignorantes de nuestras propias facultades y de su funcionamiento?

Has de darte cuenta de que siempre que estás ocupado en cosas materiales, por buenas que sean en si mismas, estás ocupado en algo que es exterior a ti y que está por debajo de ti en el orden de la creación. Otras veces estarás absorto en introspección en el ámbito más sutil de tu conciencia, pues a medida que crezcas en el conocimiento propio y en la humana perfección, tus facultades espirituales se dirigirán hacia tu desarrollo espiritual, los buenos hábitos que vas adquiriendo, los malos que vas dominando y tus relaciones con los demás. En tales momentos estás ocupado en algo que es interior a ti mismo y que está a tu mismo nivel de hombre. Pero habrá veces también en que tu alma se vea libre de toda ocupación en algo material o espiritual y totalmente absorta en el ser de Dios mismo. Esta es la actividad contemplativa que he venido describiendo en este libro. En esos momentos te trasciendes a ti mismo, haciéndote casi divino, si bien permaneciendo por debajo de Dios.

Digo que te trasciendes a ti mismo, haciéndote casi divino, porque has conseguido por la gracia lo que te es imposible por naturaleza, ya que esta unión con Dios en espíritu, en amor y en la unidad de deseo es el don de la gracia. Casi divino; si, tú y Dios sois tan uno que tú (y todo verdadero contemplativo) puedes ser llamado divino en un sentido verdadero. De hecho, las Escrituras nos dicen esto.[2] Naturalmente, tú no eres divino en el mismo sentido en que lo es Dios; pues él, sin principio ni fin, es divino por naturaleza. Tú, en cambio viniste al ser desde la nada y en un determinado momento en el tiempo. Además, después que Dios te creó con el inmenso poder de su amor, tú te hiciste menos que nada por el pecado. Por el pecado no merecías nada, pero el Dios de toda misericordia te recreó amorosamente en gracia, haciéndote, como si dijéramos, divino y uno con él en el tiempo y en la eternidad. Pero, aunque eres verdaderamente uno con él por gracia, sigues siendo menor que él por naturaleza.

Mi querido amigo, ¿comprendes todo lo que estoy diciendo? Todo aquel que desconoce sus propias facultades espirituales y su funcionamiento es propenso a tergiversar las palabras usadas en sentido espiritual. ¿Ves ahora más claramente por qué no me atrevía a decirte: «Muestra tu deseo a Dios»? Te enseñé, por el contrario, a usar tu ingenuidad y a ocultarlo alegremente (ver n .47 y 51). Temía que llegaras a interpretar literalmente lo que había querido expresar espiritualmente.

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NOTAS 

 (1) Resulta escandalosa la afirmación de san Atanasio (siglo IV) cuando dice "El Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera hacerse Dios". Esta frase hay que entenderla no en el sentido de volverse deidad igual a Dios, sino de ser "participes de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4). San Ireneo dice algo semejante: "Dios se hizo hombre para hacernos hijos de Dios"; y san Agustín vio en el Verbo encarnado la esencia del proyecto de Dios, la invitación a la "divinización" (theosis) del hombre. Jesús, en fin, se encarnó para  salvar (sanar), redimir y reconciliar a la humanidad con Dios, dándoless la potestad de ser hijos de Dios (Juan 1:12). La unión mística es la participación en la plenitud de este misterio de santificación-perfección del hombre.

(2) 2.0. Sal 81,6: “Yo declaro: «Aunque seáis dioses, | e hijos del Altísimo todos” Jn 10,34:. “¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”?.

*2.1. Dice san Juan de la Cruz: El alma es como una vidriera en la que siempre está embistiendo o morando la divina luz del ser de Dios; “en dando lugar el alma -al paso de luz- (que es quitar de sí todo velo y mancha de criatura, lo cual consiste en tener la voluntad perfectamente unida con la de Dios, porque el amar es obrar en despojarse y desnudarse por Dios de todo lo que no es Dios) luego queda esclarecida y transformada en Dios, y le comunica Dios su ser sobrenatural de tal manera, que parece el mismo Dios y tiene lo que tiene el mismo Dios. Y se hace tal unión cuando Dios hace al alma esta sobrenatural merced, que todas las cosas de Dios y el alma son unas en transformación participante. Y el alma más parece Dios que alma, y aun es Dios por participación; aunque es verdad que su ser naturalmente tan distinto se le tiene del de Dios como antes, aunque está transformada, como también la vidriera le tiene distinto del rayo, estando de él clarificada". (2 Subida  5,7).

*2.2. Y comentando el verso  del Cántico “Mira que la dolencia / de amor, que no se cura / sino con la presencia y la figura.”, dice san Juan de la Cruz que “el amor nunca llega a estar perfecto hasta que emparejan tan en uno los amantes, que se transfiguran el uno en el otro, y entonces está el amor todo sano. Y, porque aquí el alma se siente con cierto dibujo de amor, que es la dolencia que aquí dice, deseando que se acabe de figurar con la figura cuyo es el dibujo, que es su Esposo el Verbo, Hijo de Dios, el cual, como dice san Pablo (Heb. 1, 3), es resplandor de su gloria y figura de su sustancia (porque esta figura es la que aquí entiende el alma en que se desea transfigurar por amor)” (Cántico 11,12; Cf también Cántico 12,7-8; 31,1).

*2.3. Y en Llama de amor vida dice: "El alma que está en estado de transformación de amor, podemos decir que su ordinario hábito es como el madero que siempre está embestido en fuego; y los actos de esta alma son la llama que nace del fuego de amor, que tan vehemente sale cuanto es más intenso el fuego de la unión: en la cual llama se unen y suben los actos de la voluntad arrebatada y absorta en la llama del Espíritu Santo, que es como el ángel que subió a Dios en la llama del sacrificio de Manué (Jc. 13, 20). Y así, en este estado no puede el alma hacer actos, que el Espíritu Santo la mueve a ellos; y por eso, todos los actos de ella son divinos, pues es hecha y movida por Dios. De donde al alma le parece que cada vez que llamea esta llama, haciéndola amar con sabor y temple divino, la está dando vida eterna, pues la levanta a operación de Dios en Dios" (Ll 1,4; Cf  también 1,13; 2,32-34)

*2.4. La unión con Dios o la divinización “es como el aire que está dentro de la llama encendido y transformado en fuego, porque la llama no es otra cosa sino aire inflamado, y los movimientos que hace aquella llama ni son sólo de aire, ni son sólo de fuego, sino junto de aire y fuego, y el fuego hace arder al aire que en sí tiene inflamado” (Ll 3,9; Cf Ll 3,78)

 Diciembre 2025

C.A.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Carlos de Foucauld

 

Carlos de Foucauld

Carlos de Foucauld fue un explorador, militar y religioso francés cuya espiritualidad ha influido profundamente en la Iglesia y en el mopdo de entender la vida eremítica y monástica del siglo XX. Su camino de fe estuvo marcado por una intensa búsqueda de Dios a través de la soledad, la pobreza y la imitación radical de la vida de Jesús.

Laconversión de Carlos de Foucault  fue muy sorprendente. Hubo un momento culminante en la Iglesia de San Agustín, en París, donde arrodillado comprendió que si hay un Dios la vida no merece vivirse sino en entrega absoluta a Él. Pero este acontecimiento estuvo precedido por un largo camino tejido deinsatisfacción, juergas, aventuras  y preguntas profundas. 

Poco a poco fue descubriendo cómo Dios lo acompañaba mientras él se alejaba de Él. Si Carlos buscó a Dios, Dios lo buscó aún más. Esta búsqueda mutua es un proceso apasionante, pues desvela algo de la historia personal con Dios. Los escritos del hermano Carlos de Foucauld no dejan de mostrar la constante ternura y la proximidad de un Dios que no deja de llamar.

A partir de su encuentro con Dios la experiencia vivida por él genera una teología del “Absoluto de Dios”. Es una teología espiritual que no tiene nada de teórica: lo primero es la vida, luego las formulaciones seguidas de decisiones, de proyectos, de ir más allá; siempre en búsqueda para hallar la respuesta a la pregunta ¿qué debo hacer? ¿qué quiere Dios de mí?

También es propio de Carlos de Foucauld el vivir siempre en itinerancia; Carlos transita desde la increencia hasta el descubrimiento de Dios como Absoluto; insatisfecho siempre, pero no con amargura sino con la ilusión por su búsqueda constante, su ir más allá en pos de Dios: ¿Qué quieres Señor? Y la respuesta a esta pregunta acerca del Absoluto de Dios la encuentra el hermano Carlos en lo más concreto, en lo humano en lo que Jesús se encarnó, en las necesidades de los que le rodean. Encuentra la dimensión contemplativa en el estar en contacto con el prójimo, no en aislarse. Carlos de Foucauld se descentra de si mismo y pone su centro en Dios y en los hermanos; un camino plenamente evangélico. Queda “impactado” por el “núcleo duro” de la fe cristiana: a Dios sólo lo podemos encontrar en la “carne humana”, en el hombre-hermano.

La espiritualidad de Carlos de Foucauld es una espiritualidad para nuestro mundo; y consiste en asimilar que la llamada de Dios no es otra que ser y vivir para los “otros”. Es una espiritualidad de la encarnación que desenmascara la falsedad de las pseudo-espiritualidades que reducen lo espiritual a ritualismos y legalismos morales, olvidando que la espiritualidad es ante todo experiencia y relación directa con Dios y con los hermanos. Para el Hermano Universal Dios está en el corazón del mundo, ahí está el lugar donde hacer experiencia de Dios. Una espiritualidad de la encarnación, que podemos resumir en estos puntos:

1.     Imitación de la vida oculta de Jesús: Uno de los pilares de la espiritualidad del hermano Carlos fue su deseo de imitar la vida de Jesús en Nazaret. Carlos de Foucauld valoraba profundamente la vida sencilla, humilde y oculta que Jesús llevó antes de comenzar su ministerio público. En su vida en el desierto, buscó reflejar esa cercanía con Dios a través de la oración y el trabajo cotidiano.

2.   Abandono total en Dios: El abandono confiado en la voluntad de Dios fue central para él. Creía que, como Jesús, debía entregarse completamente a la voluntad del Padre, con una confianza absoluta, incluso en medio de la incertidumbre y el sufrimiento. Esto se expresa en su famosa "Oración de abandono", "Padre, me pongo en tus manos..."

3.  Fraternidad universal: Inspirado por el amor de Jesús hacia todas las personas, Foucauld promovió la idea de la fraternidad universal. Vivió entre los pueblos tuaregs en el Sahara, sin tratar de convertirlos, sino simplemente compartiendo su vida con ellos, mostrando amor y respeto. Buscaba ser un “hermano universal”, un puente entre diferentes culturas y religiones.

4.  Presencia contemplativa: Aunque Carlos de Foucauld no fundó ninguna orden religiosa en vida, dejó un legado de vida contemplativa en el corazón del mundo. Para él, estar en silencio ante el Señor y contemplar su amor era una parte esencial de su relación con Dios. Esa contemplación debe ser vivida en medio de las realidades del mundo, no solo en el aislamiento.

5.  Pobreza y humildad radical: Otra característica de su espiritualidad fue su deseo de vivir en la pobreza material, siguiendo el ejemplo de Jesús. Este estilo de vida le permitió estar más cerca de los pobres y marginados, compartiendo sus condiciones y mostrando que el Reino de Dios es para todos.

Noviembre 2025

lunes, 3 de noviembre de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 65

 

65

DE LA PRIMERA FACULTAD SECUNDARIA, LA IMAGINACIÓN; CÓMO FUNCIONA Y CÓMO LA HA DAÑADO EL PECADO ORIGINAL. [1]

Con la facultad de la imaginación reproducimos para nosotros la imagen de las cosas presentes o ausentes. La imaginación y todas las imágenes que reproduce se hallan contenidas en la memoria.

Antes del pecado original, la imaginación cooperaba totalmente con la razón. Como una criada, reflejaba fielmente cada imagen de acuerdo con la realidad, y así la razón nunca era engañada en sus juicios por una imagen deformada de cualquier cosa, fuera material o espiritual. Ahora, sin embargo, esta integridad de nuestra naturaleza se ha perdido, y la imaginación no cesa día y noche de deformar la imagen de las criaturas materiales, de tergiversar su esencia espiritual o de engendrar en nuestra memoria fantasmas de cosas espirituales. Sin la ayuda de la gracia corremos el peligro de tener grandes errores de percepción, produciéndose así muchas deformaciones de la realidad.

La naturaleza indisciplinada de la imaginación es evidente en la experiencia de los neófitos que acaban de dejar el mundo y que están en el comienzo de la vida contemplativa. No sin gran dificultad apartan su alma de millares de pensamientos e imágenes placenteras, o de fantasías en torno a su pasado que la imaginación desbocada proyecta continuamente sobre la pantalla de su alma. Esta habitual actividad indisciplinada de la imaginación es una de las consecuencias dolorosas del pecado original.

A medida que estos neófitos progresan en las prácticas de la vida contemplativa, meditando fielmente en su humana fragilidad, en la Pasión de Cristo, su bondad trascendente y en las demás verdades de la vida interior, la razón va gradualmente sanando, recuperando su justo predominio sobre la imaginación.

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NOTAS

[1] Me parece que podríamos entender este número de Nube como una invitación a recuperar una sana “razón” o la "verdadera filosofía" (amor al saber verdadero, búsqueda de la verdad).

Es verdad que nuestra imaginación, dañada por el pecado (aparición del ego) tergiversa la verdad de lo que vemos y vivimos. Imaginamos mundos maravillosos, placeres inagotables, espiritualidades fantásticas que nos acercan a una felicidad sensualmente eterna, etc. El “yo aparente o ego”  lleva al alma a mirar la realidad no como es sino como nos gustaría que fuera.

Como si fueramos un ordenador (hardware), la imaginación graba en nuestro interior una memoria (software) concreta que puede ser sanadora o enfermiza. Si es el ego quien manda sobre el alma, hará que nuestras experiencias personales (gozos, sufrimientos, alegrías, dolores, etc.) las guardemos y recordemos desde sus parámetros, y al recordar nuestras experiencias recaeremos en nuestros errores; pero si en la contemplación ponemos la imaginación al servicio de Dios, “meditando fielmente en su humana fragilidad, en la Pasión de Cristo, su bondad trascendente y en las demás verdades de la vida interior, la razón va gradualmente sanando, recuperando su justo predominio sobre la imaginación”.

Podríamos decir que hay una razón o sabiduría mundana, que alimenta la imaginación manipulada por el ego, y una razón o sabiduría divina, que imprime en el alma el Espíritu Santo, y que se cultiva en la contemplación de las realidades divinas.

El mundo actual, por medio de las redes, suscita unas expectativas, una realidad que imaginamos generalmente según los parámetros mundanos. Hacer silencio contemplativo, “imaginar a Dios”, o mejor “dejar que Dios llene el vacío de nuestra imaginación”, es una buena medicina para sanar el alma y volverla a su belleza, verdad y bondad original. Antes del pecado,“la imaginación cooperaba totalmente con la razón -alimentaba los pensamientos y las acciones dejándose llevar por la sabiduría divina-. Como una criada, reflejaba fielmente cada imagen de acuerdo con la realidad, y así la razón nunca era engañada en sus juicios por una imagen deformada de cualquier cosa, fuera material o espiritual."

Merece la pena “contemplar las cosas de Dios”, moldear la memoria desde el realismo de la sabiduría divina, porque sirven al cuidado de una vida saludable según la voluntad de quien de veras nos ama. La oración y los sacramentos nos ayudan a vivir en "lo que es de veras" (realidad) y a escapar del engaño de "lo que es sólo fantasía" de nuestra imaginación. "Sin la ayuda de la gracia -dice el texto- corremos el peligro de tener grandes errores de percepción, produciéndose así muchas deformaciones de la realidad". El noveno mandamiento previene de esto cuando aconseja: "no consentirás pensamientos ni deseos impuros"; es la imaginación la que pone esos pensamientos y ensoñaciones en nuestra mente; ser dueño de ella no dejando que se corompa con la mentira y  poniéndola al servicio de los "pensamientos de Dios" (Is 55,8-9) es un trabajo obligado para quien quiere progresar en la vida espiritual. 

El trabajo de sanar la memoria, liberándola de miedos y de ensoñaciones engañosas es fundamental.  Es preciso que nos preguntemos cada día: ¿cómo alimentamos nuestra razón (interioridad, mente)?, ¿dónde buscamos la sabiduría (verdad)?. Más que las experiencias concretas vividas son los constructos que la imaginación hace de ellas loque determina en gran parte nuestra visión de la vida y las decisiones  que tomamos. ¿En qué te basas o con qué elementos gestionas tus experiencias, con qué enfoques o desde qué mirada imaginas lo que vives y lo guardas en tu memoria? Un cultivo sano de la imaginación es ponerla al servicio de Dios en la oración y en la práctica de las virtudes. 

Noviembre 2025
C.A.

viernes, 24 de octubre de 2025

NUBE DEL NO-SABER 64

 64. 

DE LAS OTRAS DOS FACULTADES PRINCIPALES, LA RAZÓN Y LA VOLUNTAD; CÓMO FUNCIONABAN ANTES DEL PECADO ORIGINAL.

La razón es la facultad que nos permite distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo. O, según los casos, lo bueno de lo malo, lo malo de lo peor y lo peor de lo malísimo. Antes de pecar, el hombre hacía esto de una manera natural y fácil, pero ahora la razón, cegada a consecuencia del pecado original, yerra a menos que esté iluminada por la gracia.[1]

La memoria abarca tanto la razón como su objeto. Después de que la razón ha determinado lo que es bueno, la voluntad se dirige hacia ello con amor y deseo y descansa finalmente en ello con satisfacción, deleite y pleno consentimiento.[2]

Antes del pecado original, el hombre no se encontraba en peligro de elegir y de amar un falso bien, ya que en su integridad original experimentaba cada cosa como realmente era. Ninguna de sus facultades estaba perturbada y no era propenso a ser engañado por ninguna de ellas. Pero en el presente orden de cosas, el hombre no puede elegir el bien de una manera firme sin la asistencia de la gracia.[3] El pecado original le dejó herido y ciego, de manera que es fácilmente engañado por las apariencias y llevado a elegir un mal disfrazado de bien. La memoria abarca, asimismo, la voluntad y su objeto.



NOTAS

[1] Podemos decir que al hecho de saber “distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo”, se le llama sabiduría. La potencia del alma que llamamos inteligencia, entendimiento o razón, pierde con el pecado (apego a las cosa del mundo) la inteligencia de lo bueno y lo buenísimo. Si estudias con detenimiento los libros sapienciales (Job, proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría), puedes observar que se dan consejos sabios que iluminan para entender y actuar de modo que no nos alejemos de Dios. No es posible recuperar esa pureza de la inteligencia original  “a menos que esté iluminada por la gracia”,  y los libros sapienciales son luz divina, gracia de Dios para reorientar adecuadamente la vida pecadora.

[2] Esto también lo hemos comentando muchas veces. El primer paso que se da en la vida espiritual es la percepción (contacto directo con un objeto, persona o acontecimiento), a lo que le sigue un pensamiento (la razón o el entendimiento) que se ha de procurar sea “pensamiento de Dios”,  "porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos(cf Is 55,8-11), dice Dios. Aquí juega un papel importante  la formación espiritual por medio del estudio, la meditación y la contemplación. Y el tercer paso es la acción, que corresponde a la voluntad, que quiere hallar en el cumplimiento de las obras la satisfacción y deleite del paraiso. 

[3] Tras el pecado original,  para realizar actos bondadosos se requiere de la gracia de Dios, sino se corre el peligro de “ser fácilmente engañado por las apariencias” de verdad y bondad; podemos elegir “un mal disfrazado de bien”, algo más común de lo que parece. Hay que contar con la gracia de Dios, estar dispuesto a que sea Él y no tú quien se erija en criterio de discernimiento.Con  la oración, la lectura de las Sagradas Escrituras, la Tradición  o/y la guía de un buen acompañante espiritual, podemos recibir la iluminación adecuada; y en el Bautismo, la Reconciliación, la Eucaristía  y los demás sacramentos recibimos la gracia-fuerza sobrenatural  necesaria para que nuestra voluntad se incline con determinación a obrar según las enseñanzas de Cristo.

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Octubre 2025

C.A.


lunes, 13 de octubre de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 63

63

DE LAS FACULTADES DEL ESPÍRITU EN GENERAL; CÓMO LA MEMORIA, COMO FACULTAD PRINCIPAL, ABARCA EN SÍ MISMA TODAS LAS DEMÁS FACULTADES Y SUS OBRAS

La razón, la voluntad, la imaginación y la percepción sensorial son las potencias con las que el hombre opera para elaborar los datos de la realidad.La memoria es la facultad comprehensiva que recibe, selecciona y retiene el conocimiento adquirido a través de las otras cuatro facultades.[1]  Puesto que la naturaleza de la función de la memoria es tan diferente de la de las otras facultades, no podemos decir propiamente que opera, en sentido activo, sino que más bien entiende en una actitud propiamente receptiva.

A unas facultades del hombre las llamo primarias y a otras secundarias, no porque el espíritu del hombre sea divisible, sino porque los datos que elaboran se pueden dividir en dos categorías principales. La primera incluye todos los datos relativos al espíritu, y la llamo primaria; la segunda incluye todo lo relativo a la materia, y la considero secundaria. Cuando las dos facultades principales, razón y voluntad, tratan directamente las cosas espirituales, pueden funcionar independientemente de la imaginación y de la percepción sensorial.

La imaginación y la percepción sensorial operan con lo material, tanto presente como ausente. Residen en el cuerpo y funcionan a través de los cinco sentidos del cuerpo. Pero mientras la razón y la voluntad funcionan de una manera autónoma, la imaginación y la percepción sensorial requieren la asistencia de la razón y de la voluntad a fin de poder captar incluso las cosas materiales en su totalidad. La esencia, las causas, las propiedades y diferencias de las cosas materiales son inaccesibles a la imaginación y a la percepción sensorial sin la ayuda de las facultades primarias.

Resumiendo, pues, la razón y la voluntad se llaman primarias, porque no son materiales y pueden funcionar independientemente de las otras facultades dentro de la esfera de lo espiritual. La imaginación y la percepción sensorial se llaman secundarias, porque operan con las cosas materiales y actúan en el cuerpo a través de los cinco sentidos. La memoria es una facultad primaria porque, si bien no opera directamente con los datos de la realidad, abarca en si misma las otras cuatro facultades, juntamente con el conocimiento que estas adquieren. Explicaré esto más detenidamente.

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[1] En la entrada anterior se especificaba a qué se refiere el autor de Nube cuando habla de la memoria: el autor escribe “Mind”, que significa “memoria” en el sentido agustiniano: sensibilidad psicosomática que abarca lo consciente y lo inconsciente, fondo del alma. Se traduce, según los casos, por memoria, mente o alma.  En este numero da a entender el autor que por “memoria” podríamos entender las facultades de la imaginación y la percepción.

Yo os he hablado muy a menudo de la “memoria” como las impresiones que quedan en el alma a raíz de las experiencias; el recuerdo de lo vivido genera un modo muy subjetivo de percibir e imaginar el mundo y la vida. El “silencio de la memoria” es necesario para crecer en la virtud de la esperanza; las experiencias gozosas o dolorosas determinan mucho esta virtud. Purificar la memoria supone volver al estado inicial de “silencio primigenio del alma”, donde la esperanza está puesta solo en Dios. “Solo Dios basta”.

Depurar la memoria es volver al estado primigenio. El cartujano autor de Las puertas de la esperanza apunta a que depurar la memoria es volver a la pureza original recibida en el Bautismo. Merece la pena meditar sus palabras: 

"Dios creó tu alma silenciosa en el Bautismo, en un silencio inviolado. La llenó de sí mismo al descender a ella toda la Trinidad santa; nada más que para Él. Fue más tarde, poco a poco cuando el mundo hizo irrupción. El ruido la invadió, cubriendo la dulce voz de Dios. Desde el barullo se amplifica 

¡Vuelve al silencio bautismal, hermano! El ruido tiene tres generadores: 1. los recuerdos, 2. la curiosidad, 3. las inquietudes. ¡Paraliza sus acciones!”

Eliminar ruidos, acallar recuerdos (memoria) curiosidad (intelecto) e inquietudes (voluntad), es un buen ejercicio para trabajar el silencio interior e impedir que la memoria interrumpa la unión con Dios en la oración.

Octubre 2025

C.A.


lunes, 15 de septiembre de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 62

62.

De cómo el hombre puede saber cuándo su actividad espiritual está por debajo y fuera de él, a su mismo nivel y dentro de él, y cuándo está por encima de él, pero debajo de Dios.

Pienso que te resultaría más fácil detectar el significado espiritual que está detrás de las expresiones ordinarias, si te explicara algunos términos comúnmente usados en relación a la actividad contemplativa. Esto te puede dar más seguridad a la hora de discernir con precisión cuándo tratas con cosas exteriores y por debajo de ti mismo, cuándo con cosas interiores e iguales a ti, y finalmente cuándo son las que te trascienden, aunque estén por debajo de Dios.

Por debajo de ti y exterior a ti se extiende todo el universo creado. Si, incluso el sol, la luna y las estrellas. Están situadas por encima de ti resplandeciendo en el firmamento; sin embargo, no se pueden comparar con tu excelsa dignidad de ser humano.

Los ángeles y las almas de los justos son superiores a ti, por cuanto están confirmados en gracia y revestidos gloriosamente de toda clase de virtudes, pero son iguales en naturaleza como criaturas inteligentes. Por naturaleza estás adornado de tres maravillosas facultades espirituales: memoria [1], razón y voluntad [2], y de dos facultades secundarias: imaginación [3] y percepción sensorial [4] . No hay nada por encima de ti en la naturaleza a excepción de Dios.

Cuando leas libros sobre la vida interior y encuentres alusiones a ti mismo, has de saber que quieren expresar tu yo total como ser humano de dignidad espiritual y no simplemente tu cuerpo físico. Como hombre, estás relacionado con todo lo que existe en la creación por medio de tus facultades.[5]

Si llegas a entender todo esto relativo a la jerarquía de la creación y a tu propia naturaleza y tu lugar en ella, tendrás algunos criterios para valorar la importancia de cada una de tus relaciones.

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NOTAS:

[1] El autor pone el término “Mind”, que significa “memoria” en el sentido agustiniano: sensibilidad psicosomática que abarca lo consciente y lo inconsciente, fondo del alma. Se traduce, según los casos, por memoria, mente o alma.

[2] Según la antropología clásica de la teología cristiana. Somos materia (cuerpo físico),somos alma (cuerpo espiritual) y somos espíritu (tocados por la chispa divina). Y el alma tiene tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad. San Juan de la Cruz, en su espiritulidad, habla de "purificacion del alma";  y pluralziando dice que hay que procurar la purificación del entendimiento (pensamientos), la memoria (experiencias y vivencias conscientes o inconscientes que se han adherido a lo largo de nuestra historia personal) y la voluntad (decisión, actos, movimiento exterior), a las que llamamos potencias (poderse, capacidades) del alma. La vida espiritulidad, por tanto, es un camino de purificación o silencio de las propias ideas, las propias vivencias y los propios actos para dejar que todo eso esté en manos de Dios. que nuestro pensamiento esté en Dios (fe), nuestra experiencia se asiente en la experiencia de Dios (esperanza) y nuetras acciones sean la voluntad de Dios (amor). Se trata, diría san Juan de la Cruz, de purificar las potencias para que el alma toda alcance la unión con Dios. 

[4] Facultad mediante la cual "reprocucimos la imagen de las cosas presentes o ausentes" que guardamoe en la memoria (Nube 65)

[4] "La percepción sensorial es la facultad de nuestra alma que se vale de los sentidos y es dueña de ellos" (Nube, 66)

[5] Las facultades enumeradas serán tratadas cada una de ellas en los números 63-66.

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Septiembre 2025

C.A.

jueves, 28 de agosto de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 61

 


61.

QUE EN EL RECTO ORDEN DE LA NATURALEZA LA CARNE ESTÁ SUJETA AL ESPÍRITU Y NO VICEVERSA

A la vez, cuando arrastrados por el Espíritu levantamos nuestros ojos y nuestras manos hacia los cielos donde brillan las estrellas, alabamos a Dios en un hermoso gesto de devoción. Si el Espíritu Santo inspira en nosotros tal plegaria, debemos seguirle. Pero, por otra parte, no debemos preocuparnos del gesto, porque todo gesto físico ha de sujetarse al espíritu y no viceversa.[1]

La ascensión de nuestro Señor lo pone de manifiesto. En su divinidad, Jesús nunca estuvo (ni pudo estar) separado de Dios. Pero cuando, estando en la tierra, le llegó la hora prevista de volver al Padre, retornó al Padre corporalmente en su humanidad. Si, revestido de poder y de la fuerza del Espíritu, él, como una sola persona, volvió al Padre en su humanidad. Este misterio quedó expresado de la manera más adecuada por su ascensión hacia arriba.

De una forma similar, aunque menos completa, han de experimentar la verdadera relación de la materia con el espíritu aquellos que generosamente se entregan a la obra interior del amor que hemos descrito en este libro. Aun cuando el contemplativo no se dé cuenta de ello de una manera consciente, su cuerpo quedará influenciado por la disposición de su espíritu.[2] Pues cuando se

recoge para comenzar esta actividad, su cuerpo, que quizá estuvo postrado en una postura indolente, se recoge súbitamente en una postura de atención y alerta.[3] La alerta interior de su espíritu afecta a la disposición exterior de su cuerpo, y con qué precisión.

Es propio de la dignidad del hombre estar erecto, su rostro vuelto hacia las estrellas y no hacia la tierra como las bestias, pues es la más excelsa de las obras de Dios. La nobleza de su destino espiritual, que le llama a llegar espiritualmente hacia Dios, se refleja en el porte y dignidad de su postura erecta. Pero, fíjate bien. Dije que llega «espiritualmente» a Dios, no físicamente. Pues ¿puede un espíritu no material ser dirigido de acá para allá como algo físico? De ninguna manera.

Sé, por tanto, prudente para no interpretar lo espiritual en términos materiales. Es necesario usar palabras como «arriba», «abajo», «dentro», «fuera», «detrás», «delante», «izquierda» y «derecha». Pues por espiritual que pueda ser nuestro tema, nosotros somos hombres y debemos apoyarnos en el vocabulario del lenguaje humano ordinario para comunicarnos. El lenguaje pertenece al reino de la materia porque nuestras palabras derivan de la experiencia humana y se pronuncian con la lengua física. ¿Significa esto, sin embargo, que hayan de entenderse en un sentido literal? Por supuesto que no. Como seres humanos, podemos ir más allá de su significación inmediata y captar el significado espiritual que comportan a otro nivel.[4]

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NOTAS

[1] Es verdad que la postura corporal y los gestos ayudan a la oración; de ahí la importancia que damos, por ejemplo, a elevar las manos al cielo en la oración de alabanza, juntarlas y hacer una inclinación como signo de reverencia o mantener la quietud corporal en la oración de silencio contemplativo. Los gestos corporales ayudan a la vivencia espiritual No obstante, debemos caer en el fanatismo de las posturas o  gestos, creyendo que unos perfectos gestos de adoración, alabanza o meditación son esenciales para la oración. En una palabra: “evitemos el postureo”. La interiroridad debe prevalecer siempre sobre la exterioridad.

[2] Aquí se indica cómo es el espíritu el que debería marcar la respuesta física. Tal es la importancia de esta influencia que incluso el mismo rostro del espiritual termina por modificarse físicamente reflejando la dulzura de su alma. Como hemos dicho, los gestos exteriores, como las acciones (amor-odio, aceptación-rechazo), influyen en la interioridad. Del mismo modo, quien somete su interioridad al estrés de las pasiones (pecados capitales) ve cómo se deteriora su cuerpo y se convierte en icono de su maldad.   Una interioridad cultivada en la meditación y el silencio da frutos de salud, bienestar y bondad. "Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto" (Mt 12,33). 

[3] “Postura de atención y alerta”; esa es la más adecuada para la oración; atentos a la Palabra, a la Presencia, al Misterio del Silencio.... Esa alerta interior repercute en la disposición exterior. Por el porte exterior, si no se trata de un farsante del postureo (hipócrita), se conoce la vivencia interior. De todos modos, lo que da la medida del nivel de espìritulidad es la práctica del amor y la misericordia. Y no olvidemos lo que dice el número 35 de Nube: "Las técnicas y métodos son en última instancia inútiles para despertar el amor contemplativo".

[4] Los gestos, el lenguaje, son modos limitados de expresión. Pero no los idolatremos. Nosotros sabemos que el Misterio se mueve en otro ámbito superior, que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar” (1 Cor 2,9). Quien ha vivido la experiencia del encuentro sabe que no hay categorías físicas ni lingüísticas que puedan expresarlo adecuadamente. Pero como somos limitados, de cara al diálogo con nosotros mismos y con los hermanos, es lícito usar un lenguaje que nos ayude a saber y a mostrar que, aunque racionalmente inexplicable, la experiencia de Dios es razonable.  A esto se refiere san Pedro cuando habla de “dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza” (1 P3 3,15),

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Agosto 2025

C.A.