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miércoles, 18 de junio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 57

57.

CÓMO ALGUNOS JÓVENES PRESUNTUOSOS PRINCIPIANTES DISTORSIONAN LA PALABRA «ARRIBA»; LOS ENGAÑOS QUE SE SIGUEN.

Dejemos a un lado esta discusión ahora ahora[1] y volvamos a lo que comencé a decir sobre la comprensión espiritual de ciertas palabras clave. 

Dije más arriba que los jóvenes discípulos de espiritualidad que no tienen cuidado con la presunción están muy inclinados a interpretar mal la palabra «arriba». Oirán decir o leerán que los contemplativos deben «levantar su corazón a Dios». Inmediatamente comienzan a clavar la mirada en las estrellas como si estuvieran en otro planeta y a escuchar como si esperaran captar cantos celestiales de ángeles.

A veces enfocan su curiosa imaginación a penetrar los secretos de los planetas y a perforar el firmamento con la esperanza de ver en el espacio exterior. Están inclinados a imaginarse a Dios según sus propias fantasías, viéndole en suntuosa vestimenta y sentado en un trono exótico. Alrededor de él se imaginan ángeles en forma humana, dispuestos como músicos en una orquesta. Créeme, no se ha visto ni oído nada semejante en esta vida.[2]

Algunas de estas personas son engañadas de una manera increíble por el demonio, que incluso les enviará una especie de rocío que pretende ser el alimento celeste de los ángeles. Parece llegar suave y delicadamente de los cielos, dirigiéndose de modo maravilloso hacia su boca. Así han contraído el hábito de estar boquiabiertos como si trataran de coger moscas.

No te engañes. Todo esto es una ilusión, a pesar de sus matices piadosos, pues al mismo tiempo su corazón está vacío de fervor genuino. Por el contrario, esas locas fantasías les han llenado de tal vanidad, que el demonio puede llevarles fácilmente a hacerles oír extraños ruidos, iluminaciones raras y deliciosos olores. Es un engaño lamentable.

Estas gentes, sin embargo, no ven el engaño y están convencidas de que emulan a santos como Martín, que, en una revelación, vio a Cristo entre los ángeles vestido de esplendor; o Esteban, que vio al Señor glorioso en los cielos; o los discípulos, que le estaban mirando mientras desaparecía en las nubes. Creen que, como ellos, deberíamos mantener nuestra mirada fija en los cielos. 

Yo estoy de acuerdo en que deberíamos levantar nuestros ojos y manos en gestos corporales de devoción según nos impulse el Espíritu. Pero insisto en que nuestra actividad contemplativa no ha de dirigirse hacia arriba o abajo, a este lado o al otro, adelante o atrás, como si fuera una máquina. Pues no es actividad de la carne sino aventura de vida interior emprendida en el Espíritu.

* * *
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[1] Se refiere al tema que menciona al final del número anterior, donde habla de los herejes que siguen al anti-Cristo llevando una vida privada mundana mientras se esfuerzan por mostrar apariencia de virtud.

[2] Aunque Nube se refiere a los gustos por visiones exóticas de los misterios y las personas santas, viene bien aquí la reflexión que san Juan de la Cruz hace sobre las imágenes, denunciando que se corre con ellas el peligro de transformarlas en ídolos que más que ayudar a la cercanía de Dios ponen distancia. Hay sólo una linea muy sutil entre venerar (admiración y respeto al santo que representa una iamgen) y adorar (culto debido sólo a Dios) una imagen, ya ssea ésta una imagen material o fruto de nuestra imaginación.  El santo hace notar que “la persona devota de veras, en lo invisible principalmente pone la devoción y pocas imágenes ha menester, y de pocas usa...”. Tiene razón Nube “No te engañes. Todo esto es una ilusión, a pesar de sus matices piadosos, pues al mismo tiempo su corazón está vacío de fervor genuino”. Dice san Juan de la Cruz:

“El uso de las imágenes para dos principales fines le ordenó la Iglesia, es a saber: para reverenciar a los Santos en ellas, y para mover la voluntad y despertar la devoción por ellas a ellos; y cuanto sirven de esto son provechosas y el uso de ellas necesario. Y, por eso, las que más al propio y vivo están sacadas y más mueven la voluntad a devoción, se han de escoger, poniendo los ojos en esto más que en el valor y curiosidad de la hechura y su ornato. Porque hay, como digo, algunas personas que miran más en la curiosidad de la imagen y valor de ella que en lo que representa; y la devoción interior, que espiritualmente han de enderezar al santo invisible, olvidando luego la imagen, que no sirve más que de motivo, la emplean en el ornato y curiosidad exterior, de manera que se agrade y deleite el sentido y se quede el amor y gozo de la voluntad en aquello. Lo cual totalmente impide al verdadero espíritu, que requiere aniquilación del afecto en todas las cosas particulares.

Esto se verá bien por el uso abominable que en estos nuestros tiempos usan algunas personas que, no teniendo ellas aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para el cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades, y del traje que en ellas es reprendido visten las imágenes, cosa que a ellas fue tan aborrecible, y lo es; procurando en esto el demonio y ellos en él canonizar sus vanidades, poniéndolas en los santos, no sin agraviarles mucho. Y de esta manera, la honesta y grave devoción del alma, que de sí echa y arroja toda vanidad y rastro de ella, ya se les queda en poco más que en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo. Y así, veréis algunas personas que no se hartan de añadir imagen a imagen, y que no sea sino de tal y tal suerte y (hechura, y que no estén puestas sino de tal o tal manera, de suerte) que deleite al sentido; y la devoción del corazón es muy poca; y tanto asimiento tienen en esto como Micas en sus ídolos o como Labán, que el uno salió de su casa dando voces porque se los llevaban (Jue. 18, 24), y el otro, habiendo ido mucho camino y muy enojado por ellos, trastornó todas las alhajas de Jacob, buscándolos (Gn. 31, 34).

La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquéllas que más se conforman con lo divino que con lo humano, conformándolas a ellas y a sí en ellas con el traje del otro siglo y su condición, y no con éste, porque no solamente no le mueve el apetito la figura de este siglo, pero aun no se acuerda por ella de él, teniendo delante los ojos cosa que a él se parezca. Ni (en) esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se pena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte.

Hasta los motivos y medios que llegan más a Dios, quitándoselos, queda quieto. Porque mayor perfección del alma es estar con tranquilidad y gozo en la privación de estos motivos que en la posesión con apetito y asimiento de ellos. Que, aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción (por lo cual se ha de escoger la que más mueve), pero no es perfección estar tan asida a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca”. (Subida del monte Carmelo, L. 3, ap 35, nn 3-5)

Junio 2025
C.A.

martes, 10 de junio de 2025

NUBE DEL NO-SABER 56

 


56.

QUE AQUELLOS QUE CONFÍAN MÁS EN SU PROPIA INTELIGENCIA NATURAL Y EN EL SABER HUMANO QUE EN LA DOCTRINA COMÚN Y LA DIRECCIÓN DE LA IGLESIA ESTÁN ENGAÑADOS.

Hay todavía otros que, aunque escapen a los engaños que acabo de describir, caen víctimas de su orgullo, de su curiosidad intelectual y de su saber de eruditos al rechazar la doctrina común y la orientación de la Iglesia.[1]

Estas personas y sus seguidores confían demasiado en su propio saber. Nunca estuvieron enraizados en esa humilde y ciega experiencia del amor contemplativo y de la bondad de vida que le acompaña. Son así vulnerables a la pseudo-experiencia trazada y dirigida por su enemigo espiritual. Llegan hasta levantarse y blasfemar contra los santos, los sacramentos y las ordenanzas de la santa Iglesia.

Los hombres sensuales y mundanos que creen que las exigencias de la Iglesia para la enmienda adecuada de su vida son demasiado molestas, corren pronta y fácilmente detrás de estos herejes, y los apoyan. Y todo porque imaginan que estos herejes los conducirán por una senda más suave que la santa Iglesia.

Ahora bien, creo realmente que todo aquel que no emprenda el camino arduo del cielo se deslizará fácilmente por el camino del infierno, como veremos cada uno de nosotros el último día. Estoy convencido de que si pudiéramos ver a estos herejes y sus seguidores en el momento actual, como los veremos en el día del juicio, nos daríamos cuenta de que, además de su abierta presunción al negar la verdad, están cargados con grandes y pesados pecados cometidos en su vida privada. Se dice de ellos que en su vida privada están tan llenos de vil lujuria como lo están de la falsa virtud que despliegan en su vida pública. Con toda verdad bien pueden llamarse los discípulos del Anticristo.

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NOTAS

[1] Es muy común y fácil en nuestro tiempo la crítica a la Iglesia situados en una posición que creemos más elevada que la institución que lleva veinte siglos discerniendo su misión y su tarea, con claroscuros, pero con la confianza puesta en el Espíritu Santo. Como dicen muchos, la prueba de que Dios va en la barca de la Iglesia es que ésta, a pesar de las tormentas internas que ha atravesado, no se ha hundido.

Dice Henri de Lubac, en su excelente libro Meditación sobre la Iglesia,(capítulo octavo, Nuestras tentaciones respecto de la Iglesia)) :

¡Cuántas tentaciones asaltan respecto de esta Madre, a la que solamente deberíamos limitarnos a amar! ...  Para amar a la Iglesia es necesario, venciendo antes toda repugnancia, amarla en toda su tradición y engolfarse, por así decirlo, en toda su vida como el grano se hunde en la tierra. De manera parecida hay que renunciar al veneno sutil de las místicas y de las filosofías religiosas que querrían sustituir la feo que se ofrecerán a trasponerla. Esta es la manera católica de perderse para llegar  a encontrarse. ... 

Hay que llevar hasta sus últimas consecuencias la lógica de la encarnación, por la cual la divinidad se adapta a la debilidad humana. Para poseer este tesoro hay que sostener el “vaso de arcilla” que lo contiene, y fuera del cual se evapora. Hay que ser sin reticencia “de la plebe de Dios”. Dicho de otra manera: la necesidad de ser humilde para adherirse a Cristo lleva consigo la necesidad de ser humilde  para buscarle en la Iglesia y de añadir a la sumisión del entendimiento “el amor de la fraternidad”.

No deja de ser un acto de soberbia creer tener la razón en cuestiones de fe y costumbres contra la tradición milenaria de una Iglesia que, ciertamente, ha dejado mucho que desear en su historia, pero que lleva en su fragilidad humana el tesoro de la divina tradición evangélica. Habría que meditar las palabras de san Pablo: "Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros" (2 Cor 4,7)

Cuando surgen tormentas no está la solución en abandonar la barca sino en mantenerse en ella firmes y entregados para que la nave recupere la estabilidad y se mantenga a flote en un mundo espiritualmente inestable. Deberíamos meditar esta cuetión: ¿hubiera llegado la tradición evangélica a nuestro tiempo sin la existencia de una instirución llamada Iglesia? 

Merece la pena mantener vivo el tesoro espiritualde la Iglesia evitando el deslizamiento hacia caminos de narcisismos espirituales individualistas, muy atractivos pero poco realistas y peligrosos dada la condición frágil y pecadora de la humanidad. Como dice H. de Lubac es conveniente la sumisión del entendimiento a la doctrina común  antes que perder "el amor de la fraternidad"; lo importante es amar, evitando que las ideologías y postureos narcisistas resquebrajen la necesaria unidad. 

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Junio 2025
Casto Acedo


miércoles, 23 de abril de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 55

55.

QUE LOS QUE CONDENAN EL PECADO CON CELO INDISCRETO QUEDAN BURLADOS


El enemigo puede, además, engañar a ciertas personas con otras trampas insidiosas. Les puede incitar con celo a mantener la ley de Dios desarraigando el pecado del corazón de otras personas. No vendrá nunca derecho a tentarlos con algo obviamente pecaminoso.[1] Por el contrario, los incitará a asumir el papel de prelados celosos que supervisan todos los aspectos de la vida cristiana, como abad que inspecciona a sus monjes. Reprende a todos y a cada uno por sus faltas, como si fuera un pastor legítimamente constituido. Siente que debe echarles en cara hasta la ira de Dios que se manifiesta por él, y sostiene que es impelido por el amor de Dios y el fuego de la caridad fraterna. Pero en realidad miente, pues es el fuego del infierno en su cerebro e imaginación lo que le incita.[2]

Lo que sigue parece confirmar esto. El demonio es un espíritu que, como los ángeles, no tiene cuerpo. Pero siempre que con el permiso de Dios él (o cualquier ángel) toma un cuerpo para tratar con los hombres, el cuerpo que elige refleja de alguna manera la naturaleza de su misión.[3] Vemos esto en la Sagrada Escritura. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos que, cuando un ángel era enviado para cualquier obra, su cuerpo o su nombre reflejaba su mensaje espiritual. De la misma manera, siempre que el enemigo toma forma humana, alguna cualidad de su cuerpo reflejará su intención.

Un ejemplo concreto ilustra esto muy bien. He aprendido de algunos de los estudiantes de nigromancia (culto que enseña la comunicación con los espíritus malignos), y de otros a los que se les ha aparecido el diablo en forma humana, el tipo de cuerpo que precisamente suele adoptar. Me han dicho que cuando se aparece, normalmente acostumbra tener un solo orificio nasal ancho y espacioso, y que puede fácilmente volver su cabeza hacia atrás de manera que el hombre puede ver directamente su cerebro, que aparece como el fuego del infierno. Un demonio no puede tener otro cerebro, y se da por muy satisfecho si puede inducir al hombre a contemplarle, pues la visión sacará al ser humano fuera de si para siempre. (El aprendiz experto de magia negra sabe muy bien esto y, por ello, toma las precauciones debidas, para no ponerse en peligro él mismo).

Así, pues, cuando el demonio asume un cuerpo, puedes estar seguro de que este reflejará de alguna manera su intención. En el caso de falso celo que estamos considerando, inflama de tal manera la imaginación de sus contemplativos con el fuego del infierno, que repentina e imprudentemente se desatarán con presunción increíble. Se arrogan a si mismos el derecho de amonestar a otros, con frecuencia de una manera cruel y precipitada. Y todo porque sólo tienen un único orificio nasal espiritual. La división de la nariz del hombre en dos fosas sugiere que debe poseer un discernimiento espiritual que le permita decidir lo bueno de lo malo, lo malo de lo peor, y lo bueno de lo mejor antes de formular un juicio. (Por cerebro entiendo la imaginación espiritual, pues según la naturaleza la imaginación reside y funciona en la cabeza)

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NOTAS 

[1] "Y conociendo el demonio esta prosperidad del alma (el cual, por su gran malicia, todo el bien que en ella ve envidia), a este tiempo usa de toda su habilidad y ejercita todas sus artes para poder turbar en el alma siquiera una mínima parte de este bien. Porque más precia él impedir a esta alma un quilate de esta su riqueza y glorioso deleite que hacer caer a otras muchas en otros muchos y graves pecados; porque las otras tienen poco o nada que perder, y ésta mucho, porque tiene mucho ganado y muy precioso; así como perder un poco de oro muy primo es más que perder mucho de otros bajos metales.

Aprovéchase aquí el demonio de los apetitos sensitivos (aunque con éstos en este estado las más veces puede muy poco o nada, por estar ya ellos amortiguados) y, de que con esto no puede, representa a la imaginación muchas variedades; y a las veces levanta en la parte sensitiva muchos movimientos, como después se dirá, y otras molestias que causa, así espirituales como sensitivas" (San Juan de la Cruz,  Cántico espiritual  16,2)

[2] “Como estos principiantes se sienten tan fervorosos y diligentes en las cosas espirituales y ejercicios devotos, de esta propiedad (aunque es verdad que las cosas santas de suyo humillan) por su imperfección les nace muchas veces cierto ramo de soberbia oculta, de donde vienen a tener alguna satisfacción de sus obras y de sí mismos. Y de aquí también les nace cierta gana algo vana, y a veces muy vana, de hablar cosas espirituales delante de otros, y aun a veces de enseñarlas más que de aprenderlas, y condenan en su corazón a otros cuando no los ven con la manera de devoción que ellos querrían, y aun a veces lo dicen de palabra, pareciéndose en esto al fariseo, que se jactaba alabando a Dios sobre las obras que hacía, y despreciando al publicano (Lc. 18, 11­12).

 A estos muchas veces los acrecienta el demonio el fervor y gana de hacer más estas y otras obras porque les vaya creciendo la soberbia y presunción. Porque sabe muy bien el demonio que todas estas obras y virtudes que obran, no solamente no les valen nada, mas antes se les vuelven en vicio. Y a tanto mal suelen llegar algunos de éstos, que no querrían que pareciese bueno otro sino ellos; y así, con la obra y palabra, cuando se ofrece, les condenan y detraen, mirando la motica en el ojo de su hermano, y no considerando la viga que está en el suyo (Mt.7,37); cuelan el mosquito ajeno y tráganse su camello (Mt. 23, 24)". (Ibid. Noche oscura, Libro 1, 2, 1-2)

[3] Hablando de revelaciones y misterios ocultos, que muchos creen pueden ser de Dios, san Juan de la Cruz previene que en “este género de revelaciones, puede el demonio mucho meter la mano, porque, como las revelaciones de este género ordinariamente son por palabras, figuras y semejanzas, etc., puede el demonio muy bien fingir otro tanto, mucho más que cuando las revelaciones (no) son en espíritu sólo. Y, por tanto, si acerca de la primera manera y la segunda que aquí decimos, en cuanto (a) lo que toca a nuestra fe, se nos revelase algo de nuevo o cosa diferente, en ninguna manera habemos de dar el consentimiento, aunque tuviésemos evidencia que aquel que lo decía era un ángel del cielo; porque así lo dice san Pablo (Gl. 1, 8), diciendo: Licet nos, aut angelus de caelo evangelizet vobis praeterquam quod evangelizavimus vobis, anathema sit; que quiere decir: Aunque nosotros o un ángel del cielo os declare o predique otra cosa fuera de la que os habemos predicado, sea anatema” (Subida del monte Carmelo, Libro 2, 27,3)

Y respecto a las locuciones o revelaciones de Dios al oído, anota  el santo que "también en este género de palabras interiores sucesivas mete mucho el demonio la mano, mayormente en aquellos que tienen alguna inclinación o afición a ellas porque, al tiempo que ellos se comienzan a recoger, suele el demonio ofrecerles harta materia de digresiones, formándole al entendimiento los conceptos palabras por sugestión, y le va precipitando y engañando sutilísimamente con cosas verisímiles. Y ésta es una de las maneras con que se comunica con los que tienen hecho algún pacto con él, tácito o expreso, y como se comunica con algunos herejes, mayormente con algunos heresiarcas, informándolos el entendimiento con conceptos y razones muy sutiles, falsas y erróneas". (Ibid, Libro 2, 29,10)

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Abril 2025

C.A.

sábado, 22 de marzo de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 54

54.

QUE LA CONTEMPLACIÓN AGRACIA AL HOMBRE CON SABIDURÍA Y EQUILIBRIO Y LE HACE ATRACTIVO EN CUERPO Y ESPÍRITU

 A medida que la persona madura en la obra de la contemplación, descubrirá que este amor gobierna su comportamiento de una manera conveniente tanto interna como externamente. Cuando la gracia atrae a un hombre a la contemplación, parece transfigurarlo incluso físicamente de tal forma que, aunque sea contrahecho por naturaleza, aparece cambiado y agradable a la mirada. Toda su personalidad se vuelve tan atractiva, que las buenas personas se honran y se deleitan estando en su compañía, fortalecidas por el sentido de Dios que irradia de ellos.[1]

Haz, pues, lo que está de tu parte y coopera con la gracia para conseguir este gran don, pues te enseñará cómo el hombre que lo posee se sabe gobernar a sí mismo y todo lo que le atañe. Será capaz incluso de discernir el carácter y temperamento de otros cuando sea necesario. Sabrá cómo acomodarse a cualquiera (para asombro de todos), incluso a los pecadores empedernidos, sin pecar él. La gracia de Dios actuará por él, arrastrando a otros a desear ese mismo amor contemplativo que el Espíritu Santo despierta en él. Su comportamiento y conversación serán ricos en sabiduría espiritual, fuego y frutos de amor, pues hablará con una seguridad llena de calma y desprovista de falsedad y del fingido servilismo de los hipócritas.

Hay quienes canalizan todas sus energías físicas y espirituales para aprender a apoyar y rodear su inseguridad con serviles sollozos y afectada piedad. Están más preocupados por aparecer santos ante los hombres que por serlo ante Dios y ante sus ángeles. Tales personas se encuentran más confusas y avergonzadas por un falso gesto o por una falta de etiqueta en sociedad que por mil vanos pensamientos y feas inclinaciones al pecado, intencionadamente estimulados o jugando perezosamente con ellos, en la presencia de Dios y de sus ángeles. ¡Ah, Señor Dios! Una gran dosis de humilde afectación denota ciertamente un corazón orgulloso.

Es cierto que una persona verdaderamente humilde ha de conducirse con modestia en palabras y gestos, reflejando la disposición de su corazón. Pero no puedo soportar una voz humilde afectada, contraria a la sencillez natural de carácter. Si estamos diciendo la verdad, usemos un sencillo y sincero tono de voz que esté acorde con la propia personalidad. Una persona que, por naturaleza, tiene una voz franca y alta y que de modo habitual musita en un cuchicheo a media voz -excepto, naturalmente, si está enfermo o habla en privado a su confesor o en secreto a Dios- es ciertamente un hipócrita. Poco importa que sea novicio o que tenga una gran experiencia; es un hipócrita.

 ¿Qué más puedo decir sobre estos engaños traicioneros? Realmente, si el hombre no tiene la gracia de deshacerse de estos plañideros hipócritas, corre peligro. Pues entre el secreto orgullo de su corazón y la hipocresía de su conducta, el pobre desgraciado puede caer pronto en un terrible fracaso.

NOTAS 


[1] La persona virtuosa y amiga de Dios gana en belleza. En el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, hay varios pasajes donde se dice que el alma, al unirse con Dios y llenarse de su amor, gana  hermosura y atractivo espiritual. Un fragmento clave lo hallamos en la estrofa 36, donde el santo explica cómo el alma, al estar purificada y unida a Dios, se embellece y se hace más digna de amor; y con el alma, ¿no embellecerá también el cuerpo como parte indisoluble del ser?:

“Esto tiene el amor donde hizo asiento, que siempre se quiere andar saboreando en sus gozos y dulzuras, que son el ejercicio de amar interior y exteriormente, como habemos dicho; todo lo cual hace por hacerse más semejante al Amado. Y así, dice luego: “Y vámonos a ver en tu hermosura”.

Que quiere decir: hagamos de manera que por medio de este ejercicio de amor ya dicho lleguemos a vernos en tu hermosura, esto es: que seamos semejantes en hermosura, y sea tu hermosura de manera que, mirando el uno al otro, se parezca a ti en tu hermosura, y se vea en tu hermosura, lo cual será transformándome a mí en tu hermosura; y así te veré yo a ti en tu hermosura, y tú a mí en tu hermosura; y tú te verás en mí en tu hermosura, y yo me veré en ti en tu hermosura; y así parezca yo tú en tu hermosura y parezcas tú yo en tu hermosura, y mi hermosura sea tu hermosura, y tu hermosura mi hermosura; y seré yo tú en tu hermosura, y serás tú yo en tu hermosura, porque tu hermosura misma será mi hermosura.

Ante el hechizo de tanta hermosura el santo no puede resistirse a la creación poética. ¡Cuántas vece aparece "tu hermosura", que será "mi hermosura". Francisca de la Madre de Dios, carmelita descalza en Beas,  refiere: “Preguntándole (el Santo) un dia a esta testigo en qué traía la oración, le dijo que en mirar la hermosura de Dios y holgarse de que la tuviese. Y el santo se alegró tanto de esto que algunos días decía cosas muy levantadas,  que admiraban,  de la hermosura de Dios, y así, llevado de este amor, hizo unas cinco canciones sobre esto”.

En la unión con Dios, recibe el alma una belleza y una gracia que la hacen "agradable y atractiva":  En  esta transformación el alma se hace hermosa y agradable a los ojos de Dios, como también en algún modo a los ojos de los hombres." Esto sugiere que la virtud y la unión con Dios embellecen a la persona de una manera que trasciende lo físico y se convierte en un atractivo espiritual para quienes le miran.

Marzo 2025
C.A.

miércoles, 12 de marzo de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 53



53. 
DE LOS DIVERSOS AMANERAMIENTOS INADECUADOS EN QUE CAEN LOS PSEUDO CONTEMPLATIVOS

El comportamiento espiritual y físico de los que se entregan a cualquier tipo de pseudo-contemplación se presta a aparecer muy excéntrico, mientras que los amigos de Dios siempre se conducen con sencillez y naturalidad.

Cualquiera que conozca a estos ilusos en la oración podría ver cosas verdaderamente extrañas. Si sus ojos están abiertos, pueden llegar a mirar fijamente como los de un perturbado mental, o estar desorbitados de horror como quien ve al diablo, y bien podría ser, porque no está lejos. A veces sus ojos miran como los de una oveja herida próxima a la muerte. Unos inclinan la cabeza hacia un lado, como si llevaran un gusano en las orejas. Otros, cual espíritus, emiten sonidos estridentes y plañideros que suponen sustituyen al habla. Normalmente son hipócritas. Otros, finalmente, gimen y sollozan en su deseo y ansia de ser escuchados. Están a un paso de los herejes y de aquellas personas astutas y engañosas que arguyen contra la verdad.

Cualquiera que los observe podría advertir sin duda muchos otros amaneramientos grotescos e inadecuados, aunque algunos son tan inteligentes que logran mantener en público una actitud respetable. Si se los observara cuando están desprevenidos, creo que su vergüenza seria evidente, y todo aquel que con audacia se atreviera a contradecirlos seria objeto de su ira.
Creen, sin embargo, que todo lo que hacen lo hacen por Dios y en servicio a la verdad. Pero estoy convencido de que si Dios no interviene con un milagro para que renuncien a su engañosa locura, su «estilo de amar a Dios» los conduciría derechos a las garras del diablo rematadamente locos. No digo que todo el que esté bajo la influencia del diablo se vea afligido con todos estos achaques, aun que no lo considero imposible. Pero todos sus discípulos se hallan corrompidos por alguno de ellos o por otros semejantes, como explicaré ahora, si Dios quiere.

Hay algunos tan cargados con toda suerte de excentricidades y amaneramientos refinados, que cuando escuchan adoptan una forma recatada de retorcer la cabeza hacia arriba y hacia un lado, quedando boquiabiertos. ¡Diríase que tratan de escuchar con la boca en lugar de hacerlo con los oídos! Algunos, cuando hablan, apuntan con los dedos hacia sus propias manos o al pecho o hacia aquellos a los que están sermoneando. Otros no pueden estar sentados, ni de pie, ni acostados sin mover los pies o gesticular con las manos. Algunos reman con los brazos como si trataran de atravesar a nado una gran extensión de agua. Otros, finalmente, están siempre haciendo muecas o riéndose sin motivo a cada momento como chicos atolondrados o payasos absurdos sin educación. Cuánto mejor es una postura modesta, un porte tranquilo y compuesto, un candor alegre.

Con esto no pretendo dar a entender que estos amaneramientos sean un gran pecado en sí mismos o que todos aquellos que los emplean sean necesariamente grandes pecadores. Pero es mi opinión que si estas afectaciones dominan a una persona hasta el punto de tenerla esclavizada, son prueba de orgullo, de sofistería, exhibicionismo y curiosidad. Por lo menos, demuestran el corazón veleidoso y la inquieta imaginación de una persona que carece tristemente de un espíritu verdaderamente contemplativo. Si hablo de ellos es únicamente con el fin de que el contemplativo pueda preservar la autenticidad de su propia actividad evitándolos.

Marzo 2025
C.A.

miércoles, 5 de marzo de 2025

Miércoles de Ceniza

Comenzamos el tiempo de Cuaresma. Y creo que no nos viene mal hacer una breve reflexión sobre el silencio que nos ayude a practicar meditación durante estos cuarenta días.

El evangelio de este día -lo tienes al final de esta entrada- puede servirnos de apoyo. En él se menciona por tres veces la invitación a vivirnos en y desde  “lo secreto” o “escondido”: 

*Cuando des limosna, o sea, cuando hagas el bien, hazlo sin ruidos, y “tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará”. 
*En la oración no seas amigo de muchas palabras, tú, cuando ores entra en tu interior, cierra el paso a lo que te pueda molestar, “y tu padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. 
*Que tus renuncias (ayuno) no las conozca nadie más que tú y Dios, “y tu Padre que, que ve en lo escondido, te recompensará”. 

Podemos leer "lo secreto” y “lo escondido”, como el espacio de Dios, o incluso como el mismo Dios que ocupa su lugar allí donde no habita nada contrario a él. San Ignacio de Antioquía da a entender que Dios es silencio: “Hay un solo Dios, el cual se manifestó a sí mismo por medio de Jesucristo, su hijo, que es Palabra suya, que procedió del silencio, y de todo en todo agradó a Aquel que le había enviado”.[1] 

Del silencio de la Trinidad procede la Palabra, Jesucristo. Jesús vino a liberarnos de todos los ruidos que impiden oir la voz de Dios, y seguir el camino, la verdad y la vida que es Él (Jn 14,6). Cumplida su misión, vuelve al silencio del Padre en su ascensión, y nos espera allí, en el Silencio de la Trinidad de donde nosotros también procedemos, ya que fuimos creados por la Palabra misma de Dios:  "Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; ... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó" (Gn 1,26-27). 

Con el silencio entramos en el gozo del ser de Dios y se cumplen nuestras esperanzas: “Si hubiera alguien en quien callase el tumulto de la carne; callasen las imágenes de la tierra, del agua y del aire; callasen los mismos cielos y aun el alma misma callase y se remontara sobre sí, no pensando en sí; si callasen los sueños y revelaciones imaginarias, y, finalmente, si callase por completo toda lengua, … dirigiendo el oído hacia aquel que las ha hecho, y sólo él hablase, no por ellas, sino por sí mismo, …, ¿no sería esto el ´Entra en el gozo de tu Señor´?´”[2].

Aprovecha el tiempo de Cuaresma para dejarte en el Silencio.  Tus ejercicios de meditación consciente favorecen en ti la capacidad de:
*ayunar, es decir, de desapegarte de todo lo que engorda tu ego: consumismo, vanagloria, hedonismo, egolatría, etc.; 
*y la capacidad de dar limosna; la "libertad de" que facilita el ayuno ha de apuntar a la  "libertad para"  el cuidado del prójimo y de toda la creación.

Desde esa doble dimensión de tu libertad puedes salir en procesión desde tu centro  hacia afuera llevando a Dios contigo, y vivir así la bienaventuranza del Reino, como Jésus, "Palabra que procedió del silencio, y de todo en todo agradó a Aquel que le había enviado”.

¡Felíz Cuaresma! Y no olvides de encomendar al inico de tu oración a todos y  cada uno de los componentes de nuestro grupo de oración. 


[1]  IGNACIO DE ANTIOQUIA,  Carta a los magnesios, 8.

[2] SAN AGUSTIN: Confesiones, libro  IX, cap 10 ,nº 25.

* * *

EVANGELIO Mt 6,1-6.16-18 

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

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5 de Marzo de 2025

Casto Acedo 

miércoles, 26 de febrero de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 52


52. 
CÓMO ALGUNOS JÓVENES PRINCIPIANTES PRESUNTUOSOS INTERPRETAN MAL LA PALA BRA «DENTRO»; LOS ENGAÑOS QUE RESULTAN DE ELLO

El fracaso del que estoy hablando se origina del siguiente modo. El neófito oye y lee que debe dejar de aplicar sus facultades externas a las cosas externas y trabajar interiormente. Bien entendido, esto es cierto. Pero como este sujeto no es capaz de trabajar interiormente, sus esfuerzos llegan a frustrarse. Se vuelve morbosamente introspectivo y fuerza sus facultades, como si por la fuerza bruta pudiera hacer que sus ojos vieran y sus oídos oyeran cosas interiores. De igual manera abusa de sus sentidos exteriores y de sus emociones. Así violenta su naturaleza presionando sobre su imaginación tan brutalmente con su estupidez, que su mente al fin estalla.

Entonces queda abierto el camino al enemigo para simular cualquier fantasía de luz o sonido, algún suave olor o gusto delicioso. El demonio puede también excitar sus pasiones y despertar toda suerte de sensaciones raras en su pecho o entrañas, su espalda, sus extremidades y otros órganos.

El pobre insensato, por desgracia, queda atrapado por estos engaños y cree que ha alcanzado una contemplación de Dios llena de paz por encima de toda tentación de pensamientos vanos. En realidad, no está del todo equivocado, ya que ahora se encuentra tan saciado de mentiras que los vanos pensamientos realmente no le turban. ¿Por qué? Porque el mismo enemigo, que le podría molestar con tentaciones si estuviera entregado a una oración genuina, es el encargado de dirigir esta pseudo-actividad y no es tan estúpido como para entorpecer su propia obra. Con gran astucia deja al insensato atrapado en sus redes entretenido en suaves pensamientos sobre Dios, a fin de que no se descubra su perversa mano.[1]
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NOTAS

[1] La advertencia del mismo peligro que expone aquí Nube la expone así san  Juan de la Cruz enfocándola en el modo con que el demonio ve la oportunidad que se le ofrece de distraer al novicio haciéndole creer que va muy avanzado. ¿Cómo lo engaña?  

*"Y conociendo el demonio esta prosperidad del alma (el cual, por su gran malicia, todo el bien que en ella ve envidia), a este tiempo usa de toda su habilidad y ejercita todas sus artes para poder turbar en el alma siquiera una mínima parte de este bien. Porque más precia él impedir a esta alma un quilate de esta su riqueza y glorioso deleite que hacer caer a otras muchas en otros muchos y graves pecados; porque las otras tienen poco o nada que perder, y ésta mucho, porque tiene mucho ganado y muy precioso; así como perder un poco de oro muy primo es más que perder mucho de otros bajos metales.

Aprovéchase aquí el demonio de los apetitos sensitivos (aunque con éstos en este estado las más veces puede muy poco o nada, por estar ya ellos amortiguados) y, de que con esto no puede, representa a la imaginación muchas variedades; y a las veces levanta en la parte sensitiva muchos movimientos, como después se dirá, y otras molestias que causa, así espirituales como sensitivas. De las cuales no es en mano del alma poderse librar hasta que el Señor envía su ángel, como se dice en el salmo (33, 8), en derredor de los que le temen, y los libra, y hace paz y tranquilidad, así en la parte sensitiva como en la espiritual del alma".(Cántico 16,2).

*"Los maliciosos demonios de su parte hacen aquí molestia al alma de dos maneras. Porque ellos incitan y levantan estos apetitos con vehemencia, y con ellos y otras imaginaciones, etc., hacen guerra a este reino pacífico y florido del alma. Y lo segundo, y que peor es, que cuando de esta manera no pueden, embisten en ella con tormentos y ruidos corporales para hacerla divertir; y, lo que es más malo, que la combaten con temores y horrores espirituales, a veces de terrible tormento. Lo cual a este tiempo, si se les da licencia, pueden ellos muy bien hacer; porque, como el alma se pone en muy desnudo espíritu para este ejercicio espiritual, puede con facilidad él hacerse presente a ella, pues también él es espíritu.

Otras veces la hace otros embestimientos de horrores antes que comience ella a gustar estas dulces flores, al tiempo que Dios la comienza algo a sacar de la casa de sus sentidos para que entre en el dicho ejercicio interior al huerto del Esposo; porque sabe que, si una vez se entra en aquel recogimiento, está tan amparada, que por más que haga, no puede hacerle daño. Y muchas veces, cuando aquí el demonio sale a tomarle el paso, suele el alma con gran presteza recogerse en el hondo escondrijo de su interior, donde halla gran deleite y amparo, y entonces padece aquellos terrores tan por de fuera y tan a lo lejos, que no sólo no le hacen temor, mas le causan alegría y gozo" (Cántico 16,6)

Febrero 2025
C.A.