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jueves, 31 de marzo de 2022

Ejercicios para vivir siendo consciente.

Comenté en el encuentro de oración del miércoles la práctica de lo que Thich Nhat Hanh llama "Ejercicios para vivir conscientes", vivir con atención. Os paso algunos de los que propone. Son ejercicios que, como complemento a la atención debida en el silencio, nos entrenan y ayudan a salir de la absorción mental y a vivir el presente con una conciencia más plena y gratificante.


Ejercicios para vivir siendo consciente

L os siguientes ejercicios y métodos de meditación, que he utilizado con frecuencia -dice Thich Nhat Hanh-, los he adaptado de diversos métodos para que se acomodaran a mis propias circunstancias y preferencias. Elige los que más te gusten y descubre los que sean más adecuados para ti. El valor de cada método varía, según cuáles sean las necesidades únicas de cada persona. Aunque estos ejercicios son relativamente fáciles, constituyen la base en la que todo lo demás se fundamenta.

Al despertar por la mañana esboza una ligera sonrisa

Cuelga del techo, o en la pared, una rama o cualquiera otra señal, que incluso puede ser la palabra «sonríe», para que la veas en cuanto abras los ojos. Esta señal te servirá de recordatorio. Utiliza esos segundos que pasas en la cama antes de levantarte para ser consciente de tu respiración. Inhala y exhala tres veces con suavidad mientras mantienes una ligera sonrisa. Sigue tu respiración.

Sonríe ligeramente en los momentos libres

Estés donde estés, tanto si estás sentado como de pie, sonríe ligeramente. Contempla a un niño, una hoja, un cuadro en la pared, cualquier cosa que sea tranquila y sonríe. Inspira y espira con suavidad tres veces. Mantén una ligera sonrisa y considera el objeto de tu atención como tu verdadera naturaleza.


Sonríe ligeramente mientras escuchas música

Escucha una pieza musical durante dos o tres minutos. Fíjate en las palabras, la música, el ritmo y los sentimientos que transmite. Sonríe mientras observas cómo inspiras y espiras.

Sonríe ligeramente cuando estés irritado

Cuando adviertas que estás irritado, sonríe un poco enseguida. Inspira y espira en silencio, sonriendo ligeramente durante tres respiraciones.

Relájate mientras estás tendido

Tiéndete boca arriba sobre una superficie plana sin un colchón ni una almohada. Mantén los brazos relajados a los lados del cuerpo y las piernas un poco separadas, estiradas ante ti. Mantén una ligera sonrisa. Inspira y espira con suavidad, concentrándote en la respiración. Relaja cada músculo del cuerpo. Deja que se relajen como si se hundieran en el suelo o como si fueran tan suaves y flexibles como una pieza de seda tendida para secarse ondeando con la brisa. Suéltate por completo, concéntrate sólo en la respiración y en la ligera sonrisa que esbozas. Imagina que eres un gato totalmente relajado junto al calor de un agradable fuego y que sus músculos no se tensan cuando alguien intenta acariciarlo. Sigue así durante 15 respiraciones.

Relájate mientras estás sentado

Siéntate en la postura del loto o del medio loto, o con las piernas cruzadas, o arrodillado sobre los talones, o incluso en una silla, con los pies planos en el suelo. Sonríe ligeramente. Inspira y espira mientras mantienes una ligera sonrisa. Relájate.

Respira profundamente

Tiéndete boca arriba. Respira con regularidad y suavidad, concentrándote en los movimientos del estómago. Al inspirar, deja que el estómago suba para llenar la mitad inferior de los pulmones. Mientras la mitad superior de los pulmones se llenan de aire, el pecho empezará a subir y el estómago, a bajar. No te canses. Sigue así durante 10 respiraciones. La exhalación ha de ser más larga que la inhalación.

Mide la respiración a través de tus pasos

Camina lentamente y sin prisas por un jardín, la orilla de un río o el camino de un pueblo. Respira con normalidad. Mide la duración de tu respiración, de la exhalación y la inhalación, contando tus pasos. Sigue haciéndolo durante varios minutos. Alarga ahora la exhalación un paso más. No intentes alargar la inhalación. Deja que sea natural. Obsérvala atentamente para ver si deseas prolongarla. Sigue así durante 10 respiraciones.

Alarga ahora la exhalación un paso más. Observa si la inhalación también se prolonga o no un paso. Alarga sólo la inhalación cuando sientas que te resulta agradable hacerlo. Después de 20 respiraciones, vuelve a respirar con normalidad. Al cabo de 5 minutos, practica de nuevo el alargar la respiración. Cuando sientas el más mínimo cansancio, vuelve a respirar normalmente. Después de haber hecho varias sesiones prolongando la respiración, tu exhalación durará lo mismo que la inhalación. Haz que duren lo mismo durante 10 o 20 respiraciones como máximo y luego respira con normalidad.

Cuenta la respiración

Siéntate en la postura del loto o la del medio loto, o sal a pasear. Cuando inspires, sé consciente de: «Estoy inspirando, uno». Al espirar, sé consciente de: «Estoy espirando, uno». Acuérdate de respirar desde el estómago. Al empezar la segunda inspiración, sé consciente de: «Estoy inspirando, dos». Y al espirar lentamente, sé consciente de: «Estoy espirando, dos». Hazlo durante 10 respiraciones. Al llegar a 10, vuelve al 1. Siempre que pierdas la cuenta, vuelve al 1.

Sigue la respiración mientras escuchas música

Escucha una pieza musical. Respira de forma lenta, relajada y regular. Sigue la respiración, obsérvala mientras eres consciente del movimiento de la música y de los sentimientos que te produce. Pero no dejes que te distraiga, sigue observando la respiración y observándote a ti.

Sigue la respiración mientras conversas

Respira de forma lenta, relajada y regular. Sigue la respiración mientras escuchas las palabras de un amigo y las respuestas que le das. Sigue concentrándote en la respiración, al igual que has hecho con la música, sin dejar que la conversación te distraiga.

Sigue la respiración

Siéntate en la postura del loto o la del medio loto, o sal a pasear. Inhala con suavidad y normalidad (desde el estómago) sabiendo que: «Estoy inhalando con normalidad». Exhala el aire sabiendo que: «Estoy exhalando con normalidad». Sigue así durante tres respiraciones. En la cuarta, prolonga la inhalación, sabiendo que: «Estoy alargando la inhalación». Exhala el aire sabiendo que: «Estoy alargando la exhalación». Sigue así durante tres respiraciones.

Sigue ahora la respiración atentamente, siendo consciente de cada movimiento del estómago y los pulmones. Sigue la entrada y la salida del aire. Sé consciente de: «Estoy inspirando y siguiendo la inspiración desde el principio hasta el final. Estoy espirando y siguiendo la espiración desde el principio hasta el final».

Sigue así durante 20 respiraciones. Vuelve ahora a respirar con normalidad. Al cabo de 5 minutos repite el ejercicio. Acuérdate de sonreír ligeramente mientras respiras. En cuanto hayas aprendido este ejercicio puedes hacer el siguiente.

Respira para aquietar la mente y el cuerpo, y sentir paz y gozo

Siéntate en la postura del loto o del medio loto. Sonríe ligeramente. Sigue la respiración. Cuando la mente y el cuerpo se hayan aquietado, sigue inhalando y exhalando con mucha suavidad, sabiendo que: «Estoy inhalando y haciendo que la inspiración y el cuerpo sean ligeros y tranquilos. Estoy exhalando y haciendo que la espiración y el cuerpo sean ligeros y tranquilos». Sigue así durante tres respiraciones, sabiendo que: «Estoy inhalando y haciendo que todo mi cuerpo se sienta ligero, en paz y feliz». Sigue así durante tres respiraciones, sabiendo que: «Estoy inhalando mientras el cuerpo y la mente sienten paz y gozo. Estoy exhalando mientras el cuerpo y la mente sienten paz y gozo».

Mantén este pensamiento de 5 a 30 minutos, o durante una hora, siendo consciente de él, depende de tu capacidad y del tiempo que tengas. El inicio y el final de la práctica deben ser relajados y suaves. Cuando desees detenerte, date un masaje con suavidad en los ojos y en el rostro con las dos manos y luego en los músculos de las piernas antes de volver a sentarte en una postura normal. Espera un poco antes de levantarte.

Sé consciente mientras preparas una taza de té

Prepara una taza de té para ofrecérsela a un invitado o para tomártela. Haz cada movimiento lentamente, sabiendo que lo estás realizando. No dejes de ser consciente ni pierdas un solo detalle de tus movimientos. Sé consciente de cuando tu mano levanta la tetera por el asa, de cuando viertes el fragante y humeante té en la taza. Sigue cada paso sabiendo que lo estás dando. Respira con más suavidad y profundidad que de lo habitual. Si tu mente se distrae, sigue la respiración.


Cuando lavas los platos

Lava los platos relajado, como si cada bol fuera un objeto de contemplación. Considera cada bol como sagrado. Sigue la respiración para evitar que tu mente se distraiga. No intentes apresurarte para sacarte la tarea de encima. Considera que el lavar los platos es lo más importante en la vida en esos momentos. Lavar los platos es meditar. Si no puedes lavarlos siendo consciente de ello, tampoco podrás meditar mientras estás sentado en silencio.

Cuando lavas la ropa

No laves demasiada ropa de golpe. Elige sólo tres o cuatro piezas. Busca la postura más cómoda para hacerlo sentado o de pie, así no te dolerá la espalda. Frota la ropa de manera relajada. Fíjate en cada movimiento de las manos y los brazos. Presta atención al jabón y al agua. Cuando hayas acabado de frotarla y enjuagarla, tu cuerpo y tu mente han de sentirse tan limpios y frescos como la ropa. Acuérdate de mantener una ligera sonrisa y de seguir la respiración siempre que tu mente se distraiga.

Cuando limpias la casa

Divide las tareas domésticas en etapas: ordenar las cosas y guardar los libros, limpiar el váter y el cuarto de baño, barrer el suelo y sacar el polvo. Dedica una buena cantidad de tiempo a cada tarea. Muévete lentamente, tres veces más lento que de lo habitual. Concéntrate en cada tarea. Por ejemplo, mientras guardas un libro en la estantería, obsérvalo, sé consciente del libro que se trata y de estar guardándolo en ella, sabiendo que lo estás dejando ahí. Sé consciente de que tu mano se dirige a él y lo agarra. Evita los movimientos bruscos o violentos. Sigue la respiración, sobre todo cuando tu mente se distraiga.

El baño a cámara lenta

Dedica de 30 a 45 minutos a tomar un baño. No te apresures ni siquiera un segundo. Desde el momento en que viertes el agua en la bañera hasta que te pones la ropa limpia, deja que cada uno de tus movimientos sea suave y pausado. Fíjate en ellos. Concéntrate en cada parte del cuerpo, sin discriminación alguna ni miedo. Sé consciente del agua deslizándose por la piel. Cuando hayas terminado, tu mente ha de sentirse tan serena y ligera como el cuerpo. Sigue la respiración. Piensa que eres una flor de loto limpia y fragante flotando en una laguna en el verano.


Un día de plena conciencia

Resérvate un día a la semana, el que te vaya mejor en tu situación. Olvídate del trabajo que realizas los otros días. No organices en él ninguna reunión ni invites a ningún amigo a tu casa. Haz sólo tareas sencillas, como limpiar la casa, cocinar, lavar la ropa y sacar el polvo.

En cuanto tu hogar esté ordenado y limpio, y todo esté en su sitio, date un baño a cámara lenta. Prepárate luego una taza de té. Puedes leer las escrituras o escribir cartas a los amigos íntimos. Sal a continuación a pasear para practicar la respiración. Mientras lees las escrituras o escribes las cartas, sé consciente, no dejes que el texto o las cartas te distraigan. Mientras lees los textos sagrados, sé consciente de estar leyéndolos; mientras escribes la carta, sé consciente de estarla escribiendo. Sigue el mismo proceso al escuchar música o conversar con un amigo. Por la noche, prepárate una cena ligera, come quizá sólo una pequeña fruta o tómate un zumo de frutas. Medita sentado durante una hora antes de acostarte. Durante el día sal a pasear dos veces por un espacio de 30 o 45 minutos. En lugar de leer antes de dormir, practica una relajación completa de 5 a 10 minutos. Sigue la respiración. Respira suavemente (la respiración no debe ser demasiado larga), sintiendo cómo el estómago y el pecho suben y bajan, con los ojos cerrados. Cada movimiento que hagas en este día ha de ser al menos el doble de lento que de lo habitual.

* * *

Es una selección; espero que os sirva alguno para aterrizar en la vida saliendo de la mente .

C.A.



miércoles, 9 de marzo de 2022

Orar en Cuaresma.

Os repongo una antigua entrada como reflexión acerca de la oración en el tiempo de Cuaresma. Espero que os sea útil releerla. ¡Feliz Cuaresma!

En cuaresma, adéntrate en el ámbito de la oración. Cierra la puerta de tus sentidos exteriores y ora en lo secreto, en tu  interioridad, y tu Padre, que ve en lo interior, te responderá (cf Mt 6,6). Déjate en el silencio de Dios; abandona  en este tiempo sagrado todos tus apegos y todos tus pensamientos, tanto los malos como los buenos, y adéntrate en la esfera del silencio amoroso, del amor sin palabras.   

Cuando la interioridad entra en crisis
 
Posiblemente  no siempre  sientas la oración como esa experiencia de "estar enamorado y en manos del Amado" y es fácil que tengas la sensación de que estas perdiendo el tiempo. Pero no es así;  la oración de recogimiento  es un “viaje” en apariencia estático. Sin embargo, aunque en la quietud (que no quietismo) lo exterior parece inactivo,  los niveles inconscientes, penetrados de amor y fe, están muy activos. 

La vida espiritual puede compararse al itinerario del éxodo desde Egipto hasta la tierra prometida a través del desierto; o con el camino de los discípulos de Emaús, que parten de una situación de oscuridad hasta que se le abren los ojos al Misterio (cf Lc 24,13-35). Se trata de recorrido que puede llamarse viaje interior a las profundidades del propio ser; o viaje al interior de la noche.

Al principio el viaje transcurre sin incidentes, con suavidad, pero tarde o temprano vendrán las turbulencias. Nadie te ha prometido un jardín de rosas.  Llegará la "crisis"; y llegará también la "gran crisis", trastorno que puede tener lugar dos o tres veces a lo largo de la vida y que afectará a las raíces profundas de tu ser. Entonces todo parece perdido.

La crisis puede ser exógena (externa),  producida por motivos externos: rechazo de quienes creías tu amigo, fracaso en el trabajo, perdida de buena fama, humillación por parecer que te muestras débil o estúpido ante los demás,  angustia, bajón.

Pero también puede ser endógena (interior), originada por las convulsiones del interior. De pronto te sientes mal. Insomnio, temblores, etc. parece que se desintegra el armazón de tu vida.  Se hace evidente la presencia del mal. Todo lo que te parecía seguro parece derrumbarse y no sabes hacia donde dirigirte. Las cosas que antes te satisfacían, ahora no te importan. Se pueden dar en ti dan en ti cambios de estado de ánimo brutales que te ponen  al borde del ataque de nervios. ¿Cómo he llegado a esto?

 
El Espíritu te lleva al desierto
 
La meditación es un ejercicio cuaresmal de adentramiento en el silencioso desierto de tu interioridad.  A Jesús, tras el bautismo,  "el Espíritu lo llevó al desierto para ser tentado por el diablo"; a ti, bautizado, también te lleva el Espíritu al desierto. ¿Porqué tenemos la obsesión de pensar que la vida cristiana es un oasis perpetuo? No. Es desierto y oasis; tal vez más desierto que oasis.
 
Dios, en el camino de tu vida, te hace pasar por desiertos exteriores: problemas familiares, enfermedades, paro laboral,  situaciones sociales difíciles, etc. y también por tu desierto interior.  ¿Quieres conocerte de veras?  Prueba a no tener comida, a perder todo tu prestigio, a ser humillado por todos. ¿Qué queda entonces de ti? Pues bien, vivir el desierto es vivir el despojo de las vanidades, la soledad más absoluta, el abandono de todo lo que hasta ahora era la razón de tu vida, la pérdida de todo aquello en lo que tu ego se ha sostenido hasta ahora.  

La primera sensación cuando te quitan el suelo donde pisas es de vértigo; viene luego el miedo; hay quienes no dudan en volver cuanto antes a lo anterior. Son tentados como el pueblo de Israel en el desierto, cuando al poco de ser liberados y cantar agradecidos su nueva vida, ya no les satisface el maná que Dios les dio, y "se pusieron a llorar , diciendo: «¡Quién nos diera carne para comer! ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos! En cambio ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná". (Nm 3,4-6). La rutina de lo que empezó con ilusión cansa, ¿no tienes ya experiencia de ello? La primera tentación ante la crisis es la de volver a Egipto, a como estábamos antes, como si el regreso a la esclavitud fuera la solución. Pero hay que seguir, no hay otra salida que la fe, es decir, la confianza a pesar de la sequedad. A su tiempo Dios proveerá un nuevo alimento que nos satisfaga. 

La fe tiene su vertiente oscura; "la fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve" (Hbr 11,1); una fe que ve con claridad, que no duda, no es tal. Un alma solo pude orar "puesta en fe". Me gusta esa expresión, muy de san Juan de la Cruz, de que la oración sólo es verdadera cuando el hombre se pone "en fe"; o lo que es lo mismo, situado con esperanza, paz y serenidad en la oscuridad de la noche. En momentos de crisis la fe da a la meditación el único alimento que la mantiene viva: la confianza en Dios; se trata de la aceptación del despojo de todo aquello en que confiaba, a la espera de que Dios haga resurgir desde la interioridad al hombre nuevo, una vez despojado de todo lo viejo.

Lo más hermoso de todo esto es que tu verdadero yo, tu identidad más real, es hermosa, has sido creado "a imagen de Dios", y en el núcleo de tu corazón está Él. Nunca ha dejado de estar. Si Dios está ahí, y si Dios es amor, ¿por qué temo adentrarme en las profundidades de mi ser? Porque el demonio me engaña, me hace sentir miedo, me seduce haciéndome creer que sólo en el dinero, el prestigio y la autosuficiencia está la vida.
 
Hermoso y saludable ejercicio para esta cuaresma ese de abrir los ojos para ver las seducciones de ese encantador de serpientes que me distrae con sus ruidos para que no llegue al fondo de mi vida. Él sabe que si doy paso a la Luz que hay en mi interior la oscuridad que es él desaparecerá.
 
 
Caminar sabiendo que vas en buena dirección

Cuando logras apartar de tu conciencia las mentiras de tu ego, la conciencia de tu verdadera identidad aflora a la superficie y se va haciendo presente en ella. Cuando te adentras en el desierto, cuando dejas atrás tus “capas de cebolla”, cuando te despojas de tus “adornos” mentales y físicos, aparece ante ti lo que hay en el fondo; y en ese fondo hay mucho de inconsciente que no te agrada; hay una parte de nuestra personalidad que hemos arrinconado y odiamos contemplar, y que al ser removidas en la travesía espiritual puede despertar en forma de  sueños, malos deseos, pesadillas, etc. Pueden emerger aquí también las pulsiones sexuales que creíamos que ya teníamos controladas. Los demonios del ego se niegan a abandonar la casa que tan cómodamente han habitado hasta ahora.
 
Si observas en ti miedos, pesadillas, insomnios, etc.   es bueno comunicar esto a alguien que te escuche. Muchos abandonan aquí su camino por temor.
 
Cuando por la meditación se ahonda en uno mismo sale a la superficie la propia máscara;  tu papel-rol-máscara (padre, madre, maestro, sacerdote profesor, niño bueno, persona simpática…), que está ahí,  vivo y latente, se defiende de la verdad que amenaza con hacerlo desaparecer.  El pedestal del ego se viene abajo, y te preguntas: ¿me seguirán queriendo quienes solo conocen mi ego?  ¿Se reirán de mi?... Puede que entres en pánico.

Reconocer como eres, lo que piensas, lo que crees realmente, ante los demás -incluso ante ti mismo-, lleva consigo su dolor, pero una vez superado,  te hace crecer en la virtud por excelencia del hombre feliz: la humildad. No me canso de repetir la definición que santa teresa da de esta virtud: "humildad es vivir en verdad".
 
La dirección correcta la marca Moisés en el Éxodo. En nuestra meditación el camino es Cristo, Él señala la ruta. Si Él fue arrastrado al desierto por el Espíritu para conocer la noche de la prueba, si en Getsemaní soportó la oscuridad y la duda fiado en el Padre, está claro que nuestro sendero pasa por esa misma fe y abandono a la voluntad de Dios. ¡No te dejes embaucar por los cantos de sirena del mundo!
 

Adquirir una mirada global
 
Puede que entres en una “gran crisis” (derrumbe de todo; vacío que te hace decir como santa Teresa que “ni las cosas de Dios ni las de los hombres me satisfacen”). Cuando lleguen las crisis, repito, debes encontrar un consejero. Y debes mirar tu situación espiritual como una totalidad:

1. En su dimensión psicológica.  Tal vez debas acudir a un psicólogo que resitúe las vivencias de tu infancia, juventud, relaciones con tus padres, problemas de encaje sexual… etc.

2. Pero la psicología no debe ocultar la dimensión religiosa de lo que está sucediendo. En la crisis te encuentras con el insondable misterio de la persona y la existencia humana. La psicología puede ser tu ayuda, pero no te salvará; Jesús es tu Salvador, y deberás tener fe en él. Grítale como los discípulos en la barca que zozobra; Él duerme en tu misma barca (cf Mt 8,23-27) ) En momentos de crisis no abandones la oración, aunque tal vez no te convenga aumentar el tiempo; aunque sí es conveniente variar el modo; puede ser mejor orar dando largos paseos, dejando que el proceso interior se asimile interiormente de manera más pausada. Y por supuesto: acércate a la EUCARISTIA (alimento para el camino).

3. Finalmente no olvides la dimensión física. Los problemas internos suelen somatizarse. En momentos de crisis cuida tu alimentación y no abandones el ejercicio físico. Eso sí:  ¡ojo con las drogas químicas! No recurras a ellas. Son pan para hoy y hambre para mañana.

Repito que lo mires todo de forma global (holística, integral). Algunos te dirán que estás “cansado”, otros que “necesitas un terapeuta”, alguien   te recomendará que reces con más confianza. No cabe duda de que todo es bueno, pero nada es suficiente por sí solo.


Y en la globalidad de la mirada entra también el salirte del momento obsesivo en que te mete la crisis y contemplar tu vida en su totalidad; "no hay mal que cien años dure", y tu crisis no es sino una parte, posiblemente muy pequeña, de la globalidad de tu vida.
 

Finalmente, no olvides que  no estás sólo, hay un grupo de oración que "hace espaldas" contigo. Y tienes el testimonio de muchos que pasaron estas “crisis” (Pablo de Tarso, Juan de la Cruz, etc).   Hoy se suele hablar de “crisis de la mitad de la vida” (demonio meridiano)  o de un “viaje” al mundo del inconsciente o interioridad. Es ley de vida, y la literatura la ha descrito prolijamente: viajes de Ulises, Libro bíblico del Éxodo, Divina comedia, etc.  La vida espiritual es, en cierto modo, una aventura, un descenso a los infiernos, a la noche para despertar luego a la luz clara y limpia de la aurora.
 
Para este viaje tienes guías (sagradas escrituras, libros de oración) y maestros. Nuestro maestro es uno: Jesucristo. Pero no olvides que el viaje lo haces tú, y es tu constancia en la lucha (meditación, silencio) de cada día la que hará posible que, como Samuel, oigas la voz de Dios que te llama en la noche: "¡Samuel, Samuel!" (cf 1 Sam 3,1-14).
 
 
 
Casto Acedo.  2022

viernes, 21 de enero de 2022

Alma y Palabra.

 Este domingo, 23 de Enero, es el Domingo de la Palabra de Dios. Os paso una parte del comentario sobre el tema que hago en https://trujillanos-sanpedro.blogspot.com/2022/01/al-hilo-de-la-palabra-23-de-enero.html y que os puede servir de aprendizaje y reflexión-meditación para este día. 

Acercarte a la Palabra, escucharla, dejar que entre en tu vida, alimentar tu espíritu con ella y en ella no es otra cosa que tocar, conocer y dar paso en tu vida a Jesucristo, el Señor. “La Palabra se hizo carne” (Jn 1,14). La Encarnación del Verbo muestra la connaturalidad que hay entre revelación (Palabra) y redención (sanación del alma). Dios revela su ser obrando la salvación y salva dándose a conocer. A Dios lo encuentro en la Biblia, y en ella encuentro también las claves para encontrarme a mí mismo. 

En la escucha y rumia de la Palabra encuentra el alma (el espíritu humano) la meta de su vocación. La llamada del alma a la unión con Dios (GS 19) tiene su fundamento en la connaturalidad que existe entre las Sagradas Escrituras y el alma humana. Un precioso texto del teólogo Henri de Lubac, expresa maravillosamente la relación mística que se da entre la Escritura (la Palabra de Dios) y el alma que busca. Consciente de que es difícil de entender para quien no tenga cierta sensibilidad y formación espiritual, no me resisto a transcribirlo. 

“Hay... connaturalidad entre la Escritura y el alma. Ambas son templo donde reside el Señor, un paraíso donde se pasea. Ambas son una fuente de la misma agua viva. El Logos, que está en una como Palabra, está en la otra como razón. Ambas, pues, encierran dentro de sí el mismo misterio. También la experiencia de una está en acuerdo previo con la doctrina de la otra, siendo esta propia para expresar aquella y encontrándose en ella. Lo que llamamos en la Escritura sentido espiritual, lo llamamos en el alma imagen de Dios... El alma y la Escritura se simbolizan entre sí, luego se explican mutuamente. Sería una lástima descuidar el estudio tanto de la una como de la otra. Son dos libros que es preciso leer y comentar el uno por el otro. Si tengo necesidad de la Escritura para comprenderme, también es verdad que comprendo la escritura cuando la leo en mí mismo... A medida que penetro en su sentido, la Escritura me hace penetrar en el sentido íntimo de mi ser; ella es, pues, el signo que normalmente me descubre mi alma; lo contrario, empero, tiene también su verdad. Una sirve a la otra de reactivo. Cada vez que soy fiel al Espíritu de Dios en la interpretación de las Escrituras, mi interpretación es válida como quiera que se mire. Cada vez que vuelvo a limpiar mi pozo, obturado sin cesar por los Filisteos (enemigos de mi alma), limpio al mismo tiempo el pozo de las Escrituras. Al agua que brota de uno corresponderá la que brota del otro”. [1]

Merece la pena leer, releer y meditar el texto en este Domingo de la Palabra. Volverse una y otra vez a la escucha y meditación del Evangelio es retornar a la fuente de la alegría, la luz y la salud espiritual. 

Los israelitas se veían obligados una y otra vez a excavar los pozos abiertos en sus desérticas tierras y que los Egipcios, cuando les atacaban, cegaban en su táctica militar de tierra quemada. Un escritor del siglo III, Orígenes, ve en esto una enseñanza para la vida espiritual. El acceso al agua interior que esconde el alma también se obtura cuando el consumismo, la avaricia, la pereza, la ira  y demás ruidos taponan los sentidos espirituales e impiden adentrarnos en el silencio interior.

Aquí viene bien recurrir a la Palabra como herramienta y medicina que se abre paso entre el barullo de los deseos y apegos; con su eficacia la Palabra repara los daños producidos por ellos. En la "oración centrante" se hace realidad la fe del Centurión: "una palabra tuya (Señor) basta para sanarme" (cf Mt 8,8). Esa Palabra se convierte en tu espíritu en martillo y taladro que abre una y otra vez la vía de acceso al agua viva. Al mismo tiempo el agua de la Palabra es torrente que se desborda en y desde la interioridad (cf Jn 7,37). Misterios del amor de Dios. 

Cuando la ignorancia del pecado me ciega no me viene mal ejercitarme en la meditación, reexcavar una y otra vez el pozo de mi alma obstruida por los ruidos del mundo. Cuando se oscurece mi percepción de "ser hijo de Dios" no hay mejor herramienta que la escucha y meditación del Evangelio para reencontrarme con Dios y al tiempo conmigo; algo posible en virtud de la connaturalidad que hay entre mi alma y la Sagrada Escritura. En ambas habita Dios misteriosamente (místicamente).

Santa Teresa  resumió todo esto en unos versos cuyo estribillo pone en boca de Jesús: "Alma, buscarte has en mí, y a mí buscarme has en ti". Puedes hallar la poesía completa en el enlace que sigue, y disfrutarla sustituyendo el "Mí" por Jesús o por la Palabra (Biblia, Escritura). 

https://albalearning.com/audiolibros/steresa/alma.html

¡Feliz domingo de la Palabra de Dios!

Enero 2022

Casto Acedo


[1] DE LUBAC, H.  Histoire et Esprit, ed Cerf (Paris, 1950) 347-348.

sábado, 18 de diciembre de 2021

"Tu luz, Señor, nos hace ver la luz" (Sal 35,10)


 "Cuando un silencio sereno lo envolvía todo, y la noche estaba a la mitad de su carrera, tu Palabra se lanzó desde los cielos" (Sb 18,14-16). Me parece que estas palabras pueden iluminar nuestra meditación en estos días de Navidad. En la noche desciende la Luz desde el cielo. La meditación abre el corazón y la mente para que la Luz de Dios prenda nuestra lámpara interior a fin de que  nuestros ojos puedan ver y edificar un mundo nuevo.

Paulatinamente, la meditación nos va abriendo a la realidad que somos y que nos rodea.Así lo explica el Padre Larrañaga:

Supongamos que estamos a oscuras en una sala, sólo se oyen nuestras voces; encendemos una pequeña vela, y un pequeño círculo se ilumina; vamos encendiendo más velas y comenzamos a vernos los que estamos aquí; se encienden unas luces y nosotros y todo lo que nos rodea parece que toma volumen y rasgos más definidos; se encienden unos focos bien situados y potentes y el espacio en el que estamos se llena de color. ¿Qué ha cambiado? Este lugar estaba ahí, pero no era perceptible para mí; era como si no existencia. La luz la ha hecho presencia “para mí”; las cosas estaban ahí, pero yo no las veía; la luz ha llevado a descubrir su presencia. La luz transforma la sala en un “rostro”, en una presencia para mí.

Pues bien, con Dios ocurre igual: Está presente en cada uno de los seres creados, de las cosas y de los hombres. Ahora bien, si medito como una vela Dios se comienza a ver, si medito como varias Dios va dejándose ver en mi entorno, si medito como una lámpara Dios va tomando cuerpo en los otros, si medito como un foco potente a Dios comienzo a verlo en todos y en todas las cosas. Recordemos el canto de las criaturas de san Francisco de Asís; el mundo y sus acontecimientos –muerte, lobo, todo- comienza a ser visto como fraterno; Si meditara como lo hizo san Francisco, también para mí Dios sería mi todo.

¿Qué cambia en nosotros la meditación? Nuestra forma de ver las cosas, nuestra visión: mirar con una linterna en la oscuridad de la noche es pobre; si iluminamos todo con una luz que venga desde fuera, veremos “toda la realidad como es”, no solo “aquello que a nosotros nos parece que es”.

La meditación nos ilumina, nos hace ver, nos ayuda a tomar conciencia de nuestro mundo interior (lo que somos) y exterior (donde estamos) , y del lugar que debemos ocupar, lo que debemos hacer,  en la realidad que nos toca vivir para no ver frustrada nuestra vida.

Prepara la Navidad dedicando tiempo a meditar. 

Diciembre 2021.

Casto Acedo. 

domingo, 5 de diciembre de 2021

Prepara el camino.


“Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabrosos será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios” (Lc 3,6).

Dos tipos de dificultades encuentras en la vida cuando quieres sacar adelante algún proyecto, bien sea familiar, laboral, social, espiritual o religioso.

1.- La primera dificultad viene de la soberbia con la que solemos actuar. Comienzas algo, y enseguida quieres imponer tu ritmo, tus criterios, tu visión personal de las cosas…. Y chocas con los criterios, el ritmo y la visión de los que te acompañan. Porque no viajas solo … Y si la soberbia es extrema, todo se va al traste.

2.- La segunda dificultad viene de la baja confianza en ti mismo y en tus posibilidades, del miedo a aventurarte en algo nuevo, de las decepciones previas en tareas similares. ¡He fracasado ya en tantos proyectos que no creo que este salga adelante! … La depresión está servida, la oscuridad y el miedo paralizan.

El Señor no viene a realizar tu proyecto por ti, no hace lo que tú puedes hacer; sería inmiscuirse en tu libertad; pero te va a facilitar el camino. De hecho, hará lo más grueso: rebajar las colinas, ayudarte a desmontar tu ego, tu soberbia. En una obra de ingeniería de vías y caminos es lo más costoso, lo que no te atreves a hacer solo porque sabes que te desborda. 

También sanará tus miedos y te dará una visión incluso optimista de tus fracasos anteriores. cubre el abismo para que no vuelvas a hundirte en la desesperación. No temas, Él está contigo. No dice el evangelio que rellenes los valles, “serán rellenados”, “Dios ha mandado rellenarse a los barrancos hasta hacer que el suelo se nivele para que Israel camine seguro”, dice el profeta Barúc (5,4-9).

A ti sólo te toca hacer el trabajo fino, lo más fácil: ser transparente, sincero, enderezar lo que en ti haya de torcido; reconocer tus equivocaciones y poner buena voluntad para volver al camino recto; y allanar las asperezas de tu espíritu, pulir las zonas escabrosas de tu alma, crear dentro de ti el ambiente, las condiciones necesarias para que la marcha sea fluida.

Así, con la presencia de Dios y tu colaboración, no sólo tú, sino también “toda carne”, la humanidad entera, "verá la salvación de Dios".

Esto es el Adviento, don de Dios y tarea tuya parea que todos nos beneficiemos.

Feliz Domingo segundo de Adviento.

Diciembre 2021

Casto Acedo.

lunes, 4 de octubre de 2021

A vueltas con "la verdadera alegría"



Al celebrar el día de san Francisco de Asís siempre me viene a la mente la florecilla de “La verdadera alegría” que ya transcribí en una entrada de  otro blog. Os propongo hacer hoy una lectura de esta historia siguiendo el esquema de novicio-profeso-monje; desierto-vida pública-pascua, o más plásticamente: cueva-valle-cementerio, que presentamos hace unos días para ilustrar la visión general  de nuestra nueva etapa. 

Pero vayamos por partes. Primero la florecilla:


El mismo fray Leonardo refirió allí mismo que cierto día el bienaventurado Francisco, en Santa María, llamó a fray León y le dijo:
– «Hermano León, escribe.»
El cual respondió:
– «Heme aquí preparado.»
– «Escribe –dijo– cuál es la verdadera alegría.

Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría.
Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría.

También, que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.

Pero ¿cuál es la verdadera alegría?

Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas.

Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco.
Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás.
E insistiendo yo de nuevo, me responde: Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos.
Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: Por amor de Dios recogedme esta noche.
Y él responde: No lo haré.
Vete al lugar de los Crucíferos y pide allí.
Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.

Y el breve comentario: 

1. 

Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría.
Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría.
La  alegría que nace de aquí es la que se viviría en la cueva. No está mal, pero no es la definitiva. Rompo con los "enemigos", con todo lo que me estorba para entrar en mi mismo y poder encontrarme con Dios. Cuando me quedo solo y entre "conversos" ya no hay problemas, todo es silencio y armonía con los hermanos. Desaparecen los peligros que suponían hasta entonces aquellos que me ataban por apego o aversión. Todo està tranquilo, no hay divergencias. Ahora sólo me queda vivir en la cómoda zona de confort de mi celda y purificarme para afrontar mi posterior regreso al mundo de  los que me alejaban de mí mismo y de Dios. Un buen paso, pero sólo es el principio. 

2.

El mensajero me dice que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.
Abandono mi celda, regreso a la comunidad, bajo al valle. Me relaciono con los infieles de los que me aparté para irme a fortalecer en la cueva. A mi regreso mis relaciones con ellos son más fluidas. No me dejo llevar tan fácilmente por la presión social; ya no cultivo la imagen que ellos esperan de mí. Soy cada vez más y mismo. Se va produciendo el milagro de un trato amigable y cordial con aquellos de quienes que me alejé en mi retiro al desierto o la montaña. Vuelvo a vivir en la calle, en el trabajo, en el ocio compartido. Pero ya no conduzco mi vida desde el miedo a que me dejen solo si no respondo a sus expectativas;  ahora la bondad llena mi corazón. Descubro que amando a todos sin falsedad, practicanso la compasión con todos, hablando y haciendo la verdad, siendo yo mismo, también se me acepta. Todo en mi vida va creciendo en armonía. Pero aún no he logrado la verdadera alegría y libertad.

3.
Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó aquí, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas.
Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco.
Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás.
Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.

Aquí he llegado a la etapa de perfección, la madurez, soy capaz de vivir entre los malolientes cadáveres del cementerio sin inmutarme. Mi interioridad no se ve afectada ni por lo  agradable que descubrí en la cueva y el valle ni por lo desagradable, presente en este caso en la actitud del hermano portero. Me apalea y desprecia, "a mí, que soy un santo". Pero no me importa, porque he alcanzado la verdadera alegría. Mi corazón está repleto de compasión incluso hacia mi adversario. No deseo ningún daño o castigo al hermano que me apalea, ni siquiera profiero una sola palabra de reproche. Mi vida es pura compasión y misericordia. ¡Perdónales, porque no saben lo que hacen!, esta es mi oración.  En mitad de la tormenta mi corazón permanece en equilibrio y serenidad. He alcanzado la libertad y la paz. La verdadera alegría.
Llegado a este punto aprendo que la felicidad y la paz sólo pueden ser el fruto maduro de un corazón compasivo, y consciente de ello me preparo para que los regocijos y los golpes de la vida me afecten y conmuevan cada vez menos, hasta llegar a la verdadera apatheia, el equilibrio, la ecuanimidad que predicó Jesús, que Él vivió de modo excelente en la cruz y que san Pablo resume en su carta a los Tesalonicenses (5,15-24);
"Que nadie devuelva a otro mal por mal; esmeraos siempre en haceros el bien unos a otros y a todos. Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.  No apaguéis el espíritu,  no despreciéis las profecías.  Examinadlo todo; quedaos con lo bueno. Guardaos de toda clase de mal.  Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.  El que os llama es fiel, y él lo realizará".

Todo un resumen de prácticas apropiadas para avanzar en el camino espiritual que conduce a la sabiduría que es la verdadera alegría.

Felicidades a todos y que aprovechemos la enhorabuena de tener a san Francisco de Asís como referente para nuestro camino. Un camino en el que nunca estamos solos y que podemos culminar si lo ponemos en manos de Dios. "El que os llama es fiel, y él lo realizará".

 4 de Octubre de 2021

Casto Acedo.

sábado, 2 de octubre de 2021

Iniciación a la oración contemplativa


PRESENTACION DEL CURSO 

ORACION CONTEMPLATIVA 

1. PREMISA  

 Una de las cosas que hemos aprendido en los últimos años en el grupo es que no puede haber un crecimiento espiritual si no se da a un tiempo un crecimiento personal integral. A este crecimiento integral apuntamos.

2.     UNA PREGUNTA CLAVE  

¿Qué valor concedo a la vida espiritual?   Hay muchas cosas en muestra vida, pero nada se puede comparar con el valor del camino espiritual. En él nos lo jugamos todo. Cosas como la libertad, la paz, el equilibrio personal, … eliminar patrones de comportamiento y defectos, desarrollar cualidades latentes en nosotros como el amor y la compasión… desarrollar nuestra capacidad de atención, de conocimiento, etc… Si esto no tiene un valor superior a lo meramente corporal y externo no merece la pena embarcarse en el proyecto.

3.     OBJETIVO PRIMERO 

Despertar a la esencia de lo que somos: seres espirituales. En la oración-meditación nos encontramos con Dios y con nosotros mismos.  Por tanto pretendemos descubrir lo que somos (no lo que pensamos, sentimos, o deseamos; no lo que hacemos o lo que hemos conseguido…) mirándonos el espejo que es Cristo.... Despertar a lo que de "original" (creados a imagen u semejanza de Dios)  hay en nosotros.

4.     OBJETIVO ÚLTIMO 

Objetivo último: “Ser discípulos de Jesucristo”. En la base de todo estará seguir la tradición cristiana, que  es seguir los pasos de Jesús… siendo discípulos. “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos». (Mt 28,19-20). Lo primero: “hacer discípulos”, que escuchan, contactan, aprenden, viven con el Maestro. Formarnos como discípulos. 


5.     UN CAMINO INTEGRAL. 

Iniciamos un camino INTEGRAL de espiritualidad. No vamos a meditar de manera aislada, sino que vamos a integrar la meditación con unas reflexiones, una cosmovisión, una manera de integrar los temas a la vida diaria, una manera de afrontar las dificultades y adversidad, unas pistas para evaluar los progresos y una conducta que esté en armonía con lo que estudiamos y meditamos. Integral quiere decir que incluimos todos los aspectos del ser y de la vida. Esto  crea una sinergia que hará que cada parte se potencie con las otras. Resumiendo: Conocimientos (mente, ideas, inteligencia), experiencias, (vibraciones-emociones, acontecimientos) y vida exterior  (modo de vida, conducta...). Todo forma parte de la vida personal. Todo ha de crecer en armonía. 

6. ESCENARIO DE NUESTRO PROYECTO

Vamos a actuar sobre nuestra mente y corazón. Utilizamos la palabra mente como algo que incluye la razón, pero va más allá. También incluye el corazón. El camino que comenzamos es un “camino de conversión”, una respuesta a la  llamada de Jesús a despertar y a cambiar (conversión). La invitación evangélica "convertios y creed en el evangelio” está en el fondo de nuestro proyecto. 

  Conviene recordar que “conversión” en la Biblia es la traducción del término griego "metanoia", que significa cambio de mente, o mejor, de mentalidad. Y eso no se hace exclusivamente en el cojín o el banquito, sino en un escenario más amplio. Vamos a aprovechar nuestra vida para crecer. Todo lo que vivimos será fuente de sabiduría: nuestras relaciones personales, nuestra vida familiar, laboral, de ocio, lo que comemos… todo, de alguna manera está llamado a cambiar en una vida nueva.  Una cosas es “cambiar tu vida en media hora de cojín” y otra es poner toda tu vida participando en el proyecto. La práctica formal (banquito) nos introduce en la vida diaria y la vida diaria en la práctica formal. Cuando la meditación va acompañada de una visión correcta de la vida, una conducta correcta, unas actitudes adecuadas, un abordaje sabio de la adversidad, etc. podemos avanzar mucho más. 

7.     ESTRATEGIAS :

·       * Charlas para alimentar el  conocimiento (mente, ideas, inteligencia) Práctica de oración meditativa (técnicas oración y  de meditación)

·       *Desafíos para afrontar el necesario cambio personal en la adversidad.

·       *Acordar pautas de conducta acordes a lo que pretendemos en cada tema.

·       *Pistas para evaluar progresos.

·       *… Siempre contando con la “Gracia de Dios”

 

8.    MODO CONCRETO DE MEDITACION. 

En lo referente a técnicas de meditación echaremos mano de la tradición contemplativa de la humanidad (cristiana, budista o de otro signo). Y creo que aquí conviene aclarar algo importante acerca de los modos de orar. Hacer meditación siguiendo determinadas técnicas no es renunciar a la propia identidad. De hecho, la misma Iglesia, “no impide que auténticas prácticas de meditación provenientes del Oriente cristiano y de las grandes religiones no cristianas, que ejercen un atractivo sobre el hombre de hoy, alienado y turbado, puedan constituir un medio adecuado para ayudar a la persona que hace oración a estar interiormente distendida delante de Dios, aunque le urjan las solicitaciones exteriores[1].


9.    CUATRO ETAPAS

El proceso puede durar sobre 3 o 4 años. El esquema general es el de ir viviendo en cierta manera un “monacato laico”, con encuentros comunes de oración semanal, práctica de la oración privada “en la celda” (hogar o cualquier otro sitio donde hallar silencio exterior y soledad física), y retiros de profundización.

El esquema general de todo el proceso:


Etapa 1

Etapas 2 y 3

Etapa 4

                  Cueva                      (estabilidad y equilibrio)

                     Valle                    (Amor, bondad compasión)

            Cementerio                (Vivir en sabiduría)

             Jesús en desierto              (vida oculta en Nazaret)

        Jesús en el mundo        (Vida pública)

              Jesús en Pascua                (Muerte resurrección)

San Pablo. Desierto      ¿Desierto de Petra?

Pablo en Jerusalén   (Comunidad cristiana)

           Entre paganos               Atenas

Vía purgativa

Vía iluminativa

Vía unitiva

Novicio

Profeso

Monje

Principiantes

Adelantados

Perfectos

Infancia

Juventud

Madurez

          Entra en tu celda             y reordena tu vida

Ordena tus relaciones fraternas

        Afronta los problemas            que te salen al paso

Bajo la mirada del Padre

Bajo la mirada del Hijo

Bajo la mirada del E.S.

Oración vocal

Oración mental

Oración contemplativa.

10.     RECURSOS EXTRAORDINARIOS.

o   Entrevista personal

o   Retiros de silencio.

GSJC. Mérida, 29 de Septiembre de 2021

castoacedo@gmail.com



[1] Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los obispos de la iglesia católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, 28. (15 de octubre de 1989). Interesante los apartados  de la carta sobre Cuestiones de métodos psicofísico-corpóreos (nn 16-28).