Este domingo, 23 de Enero, es el Domingo de la Palabra de Dios. Os paso una parte del comentario sobre el tema que hago en https://trujillanos-sanpedro.blogspot.com/2022/01/al-hilo-de-la-palabra-23-de-enero.html, y que os puede servir de aprendizaje y reflexión-meditación para este día.
Acercarte a la Palabra, escucharla, dejar que entre en tu vida, alimentar tu espíritu con ella y en ella no es otra cosa que tocar, conocer y dar paso en tu vida a Jesucristo, el Señor. “La Palabra se hizo carne” (Jn 1,14). La Encarnación del Verbo muestra la connaturalidad que hay entre revelación (Palabra) y redención (sanación del alma). Dios revela su ser obrando la salvación y salva dándose a conocer. A Dios lo encuentro en la Biblia, y en ella encuentro también las claves para encontrarme a mí mismo.
“Hay... connaturalidad entre la Escritura y el alma. Ambas son templo donde reside el Señor, un paraíso donde se pasea. Ambas son una fuente de la misma agua viva. El Logos, que está en una como Palabra, está en la otra como razón. Ambas, pues, encierran dentro de sí el mismo misterio. También la experiencia de una está en acuerdo previo con la doctrina de la otra, siendo esta propia para expresar aquella y encontrándose en ella. Lo que llamamos en la Escritura sentido espiritual, lo llamamos en el alma imagen de Dios... El alma y la Escritura se simbolizan entre sí, luego se explican mutuamente. Sería una lástima descuidar el estudio tanto de la una como de la otra. Son dos libros que es preciso leer y comentar el uno por el otro. Si tengo necesidad de la Escritura para comprenderme, también es verdad que comprendo la escritura cuando la leo en mí mismo... A medida que penetro en su sentido, la Escritura me hace penetrar en el sentido íntimo de mi ser; ella es, pues, el signo que normalmente me descubre mi alma; lo contrario, empero, tiene también su verdad. Una sirve a la otra de reactivo. Cada vez que soy fiel al Espíritu de Dios en la interpretación de las Escrituras, mi interpretación es válida como quiera que se mire. Cada vez que vuelvo a limpiar mi pozo, obturado sin cesar por los Filisteos (enemigos de mi alma), limpio al mismo tiempo el pozo de las Escrituras. Al agua que brota de uno corresponderá la que brota del otro”. [1]
Merece la pena leer, releer y meditar el texto en este Domingo de la Palabra. Volverse una y otra vez a la escucha y meditación del Evangelio es retornar a la fuente de la alegría, la luz y la salud espiritual.
Los israelitas se veían obligados una y otra vez a excavar los pozos abiertos en sus desérticas tierras y que los Egipcios, cuando les atacaban, cegaban en su táctica militar de tierra quemada. Un escritor del siglo III, Orígenes, ve en esto una enseñanza para la vida espiritual. El acceso al agua interior que esconde el alma también se obtura cuando el consumismo, la avaricia, la pereza, la ira y demás ruidos taponan los sentidos espirituales e impiden adentrarnos en el silencio interior.
Aquí viene bien recurrir a la Palabra como herramienta y medicina que se abre paso entre el barullo de los deseos y apegos; con su eficacia la Palabra repara los daños producidos por ellos. En la "oración centrante" se hace realidad la fe del Centurión: "una palabra tuya (Señor) basta para sanarme" (cf Mt 8,8). Esa Palabra se convierte en tu espíritu en martillo y taladro que abre una y otra vez la vía de acceso al agua viva. Al mismo tiempo el agua de la Palabra es torrente que se desborda en y desde la interioridad (cf Jn 7,37). Misterios del amor de Dios.
Santa Teresa resumió todo esto en unos versos cuyo estribillo pone en boca de Jesús: "Alma, buscarte has en mí, y a mí buscarme has en ti". Puedes hallar la poesía completa en el enlace que sigue, y disfrutarla sustituyendo el "Mí" por Jesús o por la Palabra (Biblia, Escritura).
https://albalearning.com/audiolibros/steresa/alma.html
¡Feliz domingo de la Palabra de Dios!
Enero 2022
Casto Acedo
[1] DE LUBAC, H. Histoire et Esprit, ed Cerf (Paris, 1950) 347-348.
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